Sentencia de tutela T025 de 2004. T-025-04

Derechos a la vida, integridad personal, igualdad, trabajo, salud, seguridad social, educacion, minimo vital y peticion. Goce efectivo. Atencion integral. Respuesta clara y oportuna. Desplazamiento forzado interno. Evaluacion situacion para inscripcion en sistema unico de registro. Existencia estado de cosas inconstitucional. Suministro ayuda humanitaria. Apropiacion de recursos segÚn disponibilidad presupuestal. Agencia oficiosa. Legitimidad de asociaciones. Actuacion temeraria. Estado social de derecho. Llamado a prevencion.   concedida.

Sentencia T-025/04

Referencia: expediente T-653010 y acumulados

Acción de tutela instaurada por Abel Antonio Jaramillo, Adela Polanía Montaño, Agripina María Nuñez y otros contra la Red de Solidaridad Social, el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, el Ministerio de Protección Social, el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Educación, el Inurbe, el Incora, el SENA, y otros

Magistrado Ponente:

Dr. MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA

Bogotá, D. C., veintidós (22) de enero de dos mil cuatro (2004).

La Sala Tercera de Revisión de la Corte Constitucional, integrada por los magistrados Manuel José Cepeda Espinosa, Jaime Córdoba Triviño y Rodrigo Escobar Gil, en ejercicio de sus competencias constitucionales y legales, ha proferido la siguiente 

SENTENCIA

I. ANTECEDENTES

1. Hechos 

Bajo el expediente T-653010, fueron acumulados otros 108 expedientes, correspondientes a igual número de acciones de tutela interpuestas por 1150 núcleos familiares, todos pertenecientes a la población desplazada, con un promedio de 4 personas por núcleo, y compuestas principalmente por mujeres cabezas de familia, personas de la tercera edad y menores, así como algunos indígenas. La última acumulación se llevó a cabo el 10 de noviembre de 2003, mediante Auto de esa misma fecha, con el cual se acumuló el expediente T-775898 al expediente T-653010.

Los nombres de los accionantes en cada expediente acumulado se listan a continuación:

Expediente

ACCIONANTES

T- 653010, (demandante: Fundación Ayudémonos Fundayude a través de su representante legal Javier Augusto Silva Madero)

Abel Antonio Jaramillo, Adela Polania Montaño, Agripina María Nuñez, Aida Gutiérrez Vásquez, Alberto Cervantes, Alfredo Antonio Lara, Álvaro Antonio Aguilar, Álvaro Torres Riatiga, Amparo de la Hoz Julio, Ana de Dios Lerez Hernández, Ana Elsa Maldonado, Ana Julia de León, Ana Leonor Díaz Sierra, Ana Lucía Armesto M., Ana Magali Fernández, Ana Polo Camacho, Ana Rosa Marín, Ana Rosa Mendoza Torres, Ángel Miro Balaguera Paredes, Aracelis de Avila Peña, Asdrúbal Andrade, Aurora Balaguera, Benjamín de la Cruz Ceballos, Bienvenida Santos, Blanca Jaramillo Jiménez, Carlos Wisman Murgas, Carmen Aroca Jiménez, Carmen Cecilia Ochoa Contreras, Carmen Jiménez, Casilda de la Cruz Peña, Celita María Gutiérrez, Dagoberto Ramos, Dalcímenes Mejía Toncel, Daniel Andrade Rodríguez, Deley María Casares, Denis Edith Noriega Blanco, Diógenes Simón Retamoso, Edilberto Cabas Orozco, Edilma Guzmán M., Eliana Cecilia Parejo Oliveros, Elvia Becerra Riatiga, Emerson Florez Gómez, Erminia Cervantes Ortega, Etilvia Álvarez Díaz, Etilvia Rosa Rodríguez, Ezequiel Florez Bustos, Faridis Ariza Mendoza, Fredy Valdez González, Georgina Isabel Moreno Díaz, Glenis Miranda Castillo, Humberto Alfaro Zaldua, Ibaldo Enrique Gutiérrez, Ilce Norelis Díaz Jiménez, Inés Rodríguez Perdomo, Jaime A. González Peña, Jaime Rafael Angarita, Jairo García Agudelo, Javier A. Silva Madero, Javier Gamarra Senior, José Ángel Aristizabal, José Cañas Santiago, José Gregorio Estrada, José Muñoz Monte, José Otoniel Idárraga Duque, José S. Franco, Juan de Dios Sánchez, Ladis Navas Martínez, Laureano de León Carrascal, Leidy A. Castillo Nieto, Lidia Rosa Jiménez, Lidies Noriega de Cuello, Lilia Ariza Mendoza, Liliana Guerra, Luis Carlos Morales, Luis Felipe Ríos Manzano, Luz Marelis Pallares Ceballos, Luz Marina Ayala, Madeline Jiménez Ramos, Magaly Zarate Orozco, Magola Cecilia Pérez, Manuela Isabel Castillo, María Aide Villegas Pérez, María Antonia Bustos, María Aracely Tobón, María de Jesús López, María Filomena Ruíz Ramírez, María Ospino, Maríana Palacios, Marlene Vásquez Lacio, Marleny Isabel Blanco, Martha Tobón Dique, Martha Vargas Ibáñez, Miguel Ángel Escobar Restrepo, Miriam Buelvas Barreto, Mónica Medellín Arrieta R., Nadia Yanet González, Narciso Alberto Reales, Nelcy Elena Aguirre Suárez, Nestar Juana García, Nilson Aguilar Mateus, Nohemy Satizabal, Nuris Cecilia Alvarado, Oladis Pérez Deicofz, Olga Gutiérrez, Olga López Martínez, Pastor de Jesús García Agudelo, Pedro Pallares Soto, Ramiro Hernando Zapata, Ramón Antonio Reyes, Ramón Silva Vide, Raúl Antonio Ospino Zuleta, Rubén Darío Romero Blanco, Samuel Segundo González, Sandra Milena García, Sebastiana María Ortega, Shirley Barreto Santos, Soraida Padilla Flórez, Stella Esther Villero Nuñez, Tania Cecilia Rojas, Tomás Carmona, Trinidad Sánchez, Víctor Manuel Moreno M., Víctor Manuel Pérez Valero, Walter Cuadros Gil, Wilson Rafael Rabeloc, Yorlenis González U., Yudy Pérez Rudas, Zoraida Cabrera García

T- 619610, (demandante:  Cristóbal Quevedo Medina y otros)

Cristóbal Quevedo Medina, Griselda Medina Devia, Custodia Cruz Pérez, Jorge Aníbal Lozada Hernández, Wilson Ariel Bustos, Ricardo Garzón Sánchez, Gregorio Vanegas Zapata, Luis Alfonso Álvarez Ortiz, Eden Lozada Hernández, Fabián Molano Díaz, Fanny Guzmán Castro, Bellanid Acosta Guzmán, Elida Salazar Murcia, Nilson Pérez Céspedes, Enrique Motta, Lui Ever Guzmán Castro, Luis Guzmán Sánchez, Ciro Guzmán Castro, Eugenio Leyton Correa, Olga Lucia Moreno, Concepción Valderrama León, José Luis Valderrama, Lady Patricia Bernal Rincón, Elizabeth Carmona Montealegre, Sandra Fernanda Perdomo, Sthela Ríos Devia, José Isaura Palma González, María Luisa Cuenca Roa, Glori Yaneth Ortiz, Luz Consuelo Rivas, Jhon Freddy Linares Melo, Luis Ganzaga García  Mendoza, María Denis Buitrago García , Edier Peña García , Emperatriz Díaz de Varón , Uriel Peña Sarcia, Blanca Estella Muñoz Restrepo, Luis Felipe Lancheros Zambrano, Nazario Morales Casallas, Gabriel Lozano Paeres, Arquímedes Guarín, María Ubaldina González, Manuel Salvador Muñoz, Ananias Vázquez Prieto, Albeiro Prieto Aguiar, Silvio Renza Valderrama, José Arles Prieto Aguilar, Gilma María Vásquez Prieto, Margeri Polania Garzón, Aminta Rojas Bustos, Alfredo Parra Arce, Germán Guayacán Vaca, José Ramón Hurtatis Perdomo, Jesús Albeiro Gutiérrez Tamayo, José Israel Marroquín Ortiz, Riquelma González Barrios, María Edita Cabrera Polania, Jaime Rodríguez Agudelo, Abel Barreiro, Celso Garzón Sapuy, José Omar Soto, Miller Ales Trujillo, María Emilgen Gutiérrez, Jaime Bernal, Gloria Marcela Moscoso Caicedo, Gildardo Aley Trujillo, María de Carmen Peralta, Diana Shirley Tapia, Mario Jesús Ramírez, Ana Elisa García  de Peña, Gabriel Arnulfo Quevedo Medina, Otoniel Guayara Tovar, Yisela Lozada Castro, Yolanda Hernández, Nicodemus Molano Guzmán, Luz Esmeralda Motta, Jorge William Acosta Pineda, José David Reina, Delio Tarsicio López Fernández.

T- 674158, (demandante: Mario Alberto Estrada Palacio)

Mario Alberto Estrada Palacio y sus dos 2 hijas: Yharnea y Gisela Estrada

T- 675028, (demandante: Jairo Melo Ramírez)

Jairo Melo Ramírez, Lavis Martínez.

T- 675074, (demandante: Abdías Sánchez Almanza y otros)

Abdias Sánchez Almanza, Adelio Ramírez, Adriana Patricia Madrid Sánchez, Alba María Araco, Alba Nellyda Orrego de Jiménez, Alcira Prada Loaiza, Aleyda Valencia Alzate, Alfredo Antonio Lara,  Álvaro Hernán Salinas Ordóñez, Ana Cristina Barrera, Ana Rubiela Vargas, Antonio Alcides Becerra Buesaquillo, Aristoniel Martínez Moreno, Aristóbulo Ortiz Chavarro, Betty Rodríguez Lozano, Blanca Aurora Rueda Graciano, Blanca Nubia Marín Marín, Carlos Alberto Flórez García, Carlos Arturo Urbano García, Celimo de Jesús Nupán Bermúdez, Cesar González Acevedo, Custodia Aroca Ángel, Danover Peláez, Deicer Sánchez Ordóñez, Deisy Manjarres, Deisy Marcela Morales Herrera, Fernando Dagoberto Moreno B, Flor Alba Vidal Astudillo, Gloria Olivia Rueda Graciano, Hilder Baos Acosta, Iván Darío Rueda Graciano, Jaime de Jesús Arredondo Ruiz, Javier de Jesús Parierna Holguín, Joaquín Rojas Marín, Jorge Hernán Vallejo Barona, José Antonio Moscoso Moreno, José Balmore Carvajal García, José Fernando Aponte Giraldo., José Luis Calderón Cruz, José Octavio Henao Guarín, José Orfilio López, José Sorel Rodríguez Galvis, José Rubelio Cardona Cardona, José Urbano Valencia Roa, José Yery Irira Vargas, Juan Bautista Giraldo Garcés, Juan de Jesús Marquez Franco, Julia Margarita Quiceno, Julio Cesar Rueda Graciano, Leonardo de Jesús Rueda Graciano, Libardo de Jesús Echavarría, Liliana Castellanos Salazar, Luis Carlos Vidal Isaza, Luis Javier Galvis Hernández, Luis Javier Torres Salazar, Luz Adiela Arias Navales, Luz Elena Henao Cardona, Luz Elena Rueda Graciano, Luz Marleny Hernández, María Esneda Moreno Cruz, María Fernanda Urueta Quintero,  María Rufina Andica Andica,  Martha Lucía Gamboa, Milciades de Jesús Salazar Álvarez, Nini Johana Castro Ocampo, Omer Rocha Valenzuela, Orlando Buitrago Brito, Pedro Antonio Valderrama Bermeo, Pedro Ignacio González Guzmán, Pilar Gazca González, Ramón Egidio Sánchez Gaviria, Ramón González Guzmán, Raúl Saavedra, Ricardo Bejarano Cardona, Rosa Cecilia Ruiz Varón, Rubén Darío Gómez Grisales, Sandra Milena Castro Ocampo, Solfari Arias Navales, Víctor Alonso Blandón Toro, Yamile Varela Valencia, Yony de Jesús Valencia Roa, Zoilo Vásquez Bermeo, Zonia Rocio Klinger Salamanca, James Arturo Ruiz, Fabio Ospina Naranjo.

T- 675081, (demandante: Guillermina Ferreira)

Guillermina Ferreira.

T- 675083, (demandante: Jorge Osorio Peña como Personero de Neiva a nombre de varios adultos y menores de edad)

Los Adultos: Ever Perilla Morales, Ana Pinilla de Páez, Prudencio Osuna Sunce, Gerardo Esquivel García , Luis Francisco Losada Calderón, Mireya Medina, Carolina Londoño Gómez, Gabriel Quejada Maquillon, Patricia Sánchez, Ramona Maceto de Figueroa, Campo Elías Pulido Ángel, Leticia Palencia Ossa, Neider Esquivel García, Mercedes Rodríguez de Sánchez, Henry Vega Ramírez, Samuel Parra Barreto, María del Carmen Benítez de Ramírez

Los Menores de Edad: Karen Yulieth Polo Guerrero , Paola Andrea Lozada, Angie Carolina Roa Gutiérrez, Audri Yusneidi Muñoz, Jassam Damián Trujillo, Robinson Cabiedes, Luis Felipe Ávila, Ingrid Katerine Narváez, Juan Gabriel Cabrera, Daniela Alejandra Ramírez, Chelsin Dayana Rodríguez, Diego Alexander Castrillon, Sara Luz Conde, Anyi Carolina Figueroa, Brandon Wbeimar Rojas, Vivian Yiseth Bobadilla, Amyi Tatiana Meneses, Juan David Ortiz, Paola Andrea Chilito, Leidy Katerine Forero, Cristian Felipe Mejía, Brayan Fernando Aya, Jonatan González, Yeiner Alexis Cortés, Jhoan Javier Murcia, Erika Alexandra Cardozo, Maddy Alexandra Baquero, María Saulina Mejía, María Alejandra Parra, Flor Anyela Quiroz, Carol Briyi Díaz, Brayan Alaya, Luis Carlos García , Erika Gissela González, José Guillermo Aviles, Julio Cesar Polanco, Jommy Alejandro Charry, Juan Esteban Prieto, Johan Andrés Pascuas, Diana Patricia Andrade, Juan David Ceballos, Sergio Andrés Trujillo, Danny Julieth Alvarado, Everly Johana Herrera, Junior Arlex Hoyos, Jennifer Adela Leal, Diana Margod García, María Nancy Hipus, Marlon Gerardo Triana, Cristian Andres Cuenca, Natalia Feria Alba, Maikol Estiven González, María Paula Yunda, Norma Lery Rojas, Yan Carlos Guzmán, Donoban Mauricio Beltrán, Deicy Johana Fierro, Yurani Vanessa Peña, Marlory Alejandra Pérez, Miguel Ángel Villabon, José Julián Marquines, Ludy Jimena Esquivel, Claudia Liliana Soto, María Liliana Perdomo, Erika Ramos, Yuri Katerine Arias, Cesar Luis Cristóbal Yano, Cristóbal Valencia, Jefferson Mateo González, Oclibia Vanegas, Dayana Peña, Dairo Nieto, Yudy Paola Fonseca, Joiner Steven Hoyos, Edgar Reina, Laura Sofia Quesada, Dairo Gutiérrez, Francy Rocio Guevara, Andrés Felipe Reyes, Oscar David Claros, Rosendo Martínez, Paula Cristina Estrada, Yuri Yulieth Serrato, Tatiana Marcela Rodríguez, Carlos Andres Cuesta, Jevinson Esquivel, Juan Pablo Aldana, Cristian Favian Ortiz, Charles Robert Monroy, Cristian Hernando Herrera, Lina Sofia Rivera, Andres Felipe Roa, Néstor Fabian Córdoba, Yency Bolañoz, Carlos Ariel Rey, Linda Esmeralda Romero, Anderson Cuellar, Miguel Ángel Guar, Esequiel Díaz, Jeison Ramírez, Victoria Sánchez, German Cuellar, Yumier Steek Ospitia, Olbinett Sogamoso, Oscar Mauricio Sánchez, Marla Liseth Charry, Antonio Romero, Eidy Carina Silva, Yoldi de Jesus Ojeda, Tania Constanza Uni, Cristóbal Sánchez Soto, Jessica Camila Cerdoso, Hernán Alexis Parra, Shirley Vanessa Cuellar, Wilfredo Córdoba, Yeimi Edubiges Guzmán, Yorleny Ariza, Laura Victoria Sánchez, Jeison Ramírez, Diana Karina Ramírez, Olga Lucia Roa, Bryan Lizardo Hernández, María Alejandra Cuellar, Antonio Romero, Yeison Aroca, Jon Mauricio Gaspar, Faiber Soto, Helber Jaramillo, Daniela García, Miguel Ángel Villamil, Jurani Ariza, Sergio Andres Delgado, Yeison Fabian Saldaña, Yadira Andrea Murcia, Robinson Navia, Yerli María Ortiz, Camilo Antonio Calderón, Alba Milena Castellano, Dayahana Yiceth Paz, Carlos Raúl Sánchez, Saydi Lorena Waldo, Ronal Alexander Mora, Jorge Luis Páez, John Jenderson Vargas, Jessica Fernanda Arbeláez, Kevin Damián Ossa, Tatiana Yaqueline Cárdenas, Juan Carlos Figueroa, Jonhatan Rangel, Leonel Zúñiga, Eduar Mauricio Hernández, Luis Alberto Otrega, Sebastián Darío Ramírez, Elizabet Ortiz, Néstor Eduardo Atuesta, Francy Lorena Losada, Andrea Alarcón, Carlos Raúl Sánchez

T- 675096, (demandante: Gregorio Hernández Oyola)

Gregorio Hernández Oyola.

T- 675844, (demandante: Gabriel Antonio Pérez Ramírez)

Gabriel Antonio Pérez Ramírez.

T- 675955, (demandante: Enoc Campo Polanco y otros)

Alejandro Estela Suárez, Ana Emilce Avendaño Molina, Ana Isolina Palma, Ananais Rodríguez, Aura María Bueno, Aura María Salcedo, Benito Perdomo, Blanca Inés Beltrán, Carmen Rosa Useche, Claudia Yaneth Jaimes, Daniel Antonio Bernal Huertas, Delio de Jesús Loaiza, Doris Milena Triana, Elva Ester Pacheco Lopez, Elvia María Castillo Forero, Enoc Campo Polanco , Ernestina Culman, Francia Elena Salazar Rua, Germán Eduardo Bernal, Gilberto de Jesús Bohorquez, Gladys María Albao Robles, Guillermo José Sandoval, Gustavo Rojas, Hector Hernando Bernal, Hugo Rafael Real, Ivón de Jesús Borja Borja, Jazmin Albao Robles, Jhony Mauricio González, Jorge Darío Pineda Valencia, Jorge Eliecer Limas, José Albano Cardona Cifuentes, José Anastacio Velazquez, José de Jesús Usma, Juan Alberto Causil, Juan Alberto Causil, Ligia Guzmán, Liliana Patricia Gómez González, Lucey Rayo Rojas, Lucrecia Peña, Luis Eduardo Jadedt Martínez, Luis Enrique Alarcón Gallo, Luz Amanda Muños Rozo, Marco Tulio Claros Cuellar, María Aide Delgado, María Aleandrina Pineda Velazquez, María Del Rosario Nuñez Cuellar, María Elba Salazar, María Elena Olivares, María Elina Mejía, María Helena Cardona, Marina Olaya, Marta Lucía Castro, Miguel Amariz Garzón, Miriam Ardila Rodríguez, Nancy Isabel Martínez, Nelly Barrios Caucil, Ninfa María Trejos Montes, Niria Sánchez, Nohelia González, Olfer Medina, Olinda Lozando de Guzmán, Orfa Lilia Madrigal, Otoniel España Lopez, Pedro Sánchez Vanegas, Rigoberto Montero, Rocío Madrigual, Romilio Madrigual Delgado, Rosalba Beltrán, Rubiela Salinas, Servio Tulio Gómez, Susana Canacue, Teresa Cardona, Tito Libio Cardona, Tobiás Hernández Altamar, Virgenis Marín, Viviana Anaya Romero, Yamile Mur Rodríguez 

T- 675076, (demandante: Alba Luz Ruiz Mosquera y otros

Alba Luz Ruis Mosquera, Albeiro de Jesús Sánchez Montoya, Alberto Arana Valencia, Alberto Cabrera Medina, Alexander Castañeda Mosquera, Aleyda Tabarez de Ruiz, Alonso Castagñeda Benitez, Álvaro Murillo Rentería, Amanda Cruz Muñoz, Ana Celida Naranjo Zapata, Ana Fransisca Mosquera de Matur, Ariel de Jesús Serna Jiménez, Belén Henao Giraldo, Blanca Sonia Paniagua Muñoz, Celso Cosio Mosquera, Cristobal Emilio González Jiménez, Cruz Helena Moreno Mosquera, Dorilia Cossio, Eduardo Cuenut, Fabio de Jesús Moreno Flórez, Fannery Garzón, Fitsoder de Jesús Herrera Hincapié, Gabriel de Jesús Suárez Florez, Gilberto Morales Florez, Gladys Yanini Romero Noriega, Gustavo Moreno Nagle, Héctor José Sánchez Montoya, Jael Alicia Cañaveral Fernandez, Jesús Alexis Copete Perea, José Alirio Campaña Rentería, José Daniel Ramírez Maturana, José Edilberto Rua Jiménez, José Efredy Gómez, José Jesús Vinazco Aristizabal, José Otilio Suárez Bartolo, José Walter Parra Torres, Juan Bautista Naranjo Marín, Juan Del Carmen Mosquera Mosque, Juan Pablo de Jesús Campeón Pescado, Laurentina Correa Maturana, Luis Horacio Ramírez Caro, Ma Alejandrina Mosquera Cepeda, Ma Aracelly Campeón Pescador, Marco Tulio Vélez Castaño, María Del Carmen Romero Serna, María Del Pilar Martínez Saavedra, María Dora Guevara Vargas, María Gleidy Cañón Rodríguez, María Lorenza Mosquera Pereira, María Lucelly Lloreda Mosquera, María Matilde Ruiz Gallego, María Patricia López Flórez, Martha Cecilia Caviche, Martha Elena Torres Machado, Martha Rubiela González de Romero, Matilde Isabel Leal Ojeda, Miriam Rosa Campeón Pescador, Myriam Mosquera Rentería, Nelson Montoya Urrego, Nora Córdoba Mosquera, Nubiel Antonio Correa, Olga Omardy Campeón Pescador, Pedro Antonio Cardona, Ramiro González, Ramón Gustavo Moreno, Rocío de los Ángeles Rueda, Rosemberg Antonio Montoya González, Ruth del Carmen Valencia Cruz, Salome Cuenut Maturana, Ubeibar de Jesús Campeón Pescador

T- 679482, (demandante: Dora Alba Ramírez Aguirre y otros)

Los Adultos: Dora Alba Ramírez Aguirre, Diana María Benitez, Luis Enrique Benitez; y Los Menores Euniris Benitez, María Neyibia Benitez, María Milvia Benitez.

T- 680268 , (demandante: Jorge E Peralta de Brigard, como representante legal de la Asociación Humanitaria de Colombia en representación de Jaime de Jesús Echeverri Pérez).

Jaime de Jesús Echeverry (Núcleo familiar compuesto por dos adultos y tres menores).

T- 680627, (demandante: juvenal navarro Arroyo y otros, todos representantes legales de asociaciones de desplazados)

Juvenal Navarro Arroyo, Deyanira Herrera, Eduardo Orozco, Pedro Pacheco, Ismael Maestre, Juan Montes, Jony Meriño, Luis Carlos Fernández representantes legales de las organizaciones de desplazados: Asociación de Desplazados del Caribe Colombiano, Asociación por un mejor vivir feliz, Asociación Nueva Vida, Asociación Nuevo Horizonte, Asociación Desplazados Unidos, Asociación Asodespente, Asociación Justicia y Paz, Asociación Renacer, en nombre y representación de sus asociados (no se anexa lista de miembros)

T- 680670, (demandante: Efraín Navarrete)

Efraín Navarrete, Ana Rosa Valencia, Rosa Caicedo, Mercedes Sinisterra, Lucy Sinisterra, Darlyn Sinisterra, Wilson Mora.

T- 680805, (demandante:Diana María Benítez Ramírez)

Diana María Benítez Ramírez, Aldemar Hinestroza (Esposo).

T- 681418, (demandante:Javier Rayo Pérez y otros)

Javier Pérez Rayo, Antonio Medina Vega, María Mary Vargas, Arcelia Palomino.

T- 681839, (demandante: José Edgar Navarro Solórzano representado por Henry Rivera Acosta como representante legal de la Asociación de familias desplazadas (Asofadecol)

José Edgar Navarro Solórzano (1 Adulto y 1 Menor).

T- 682674, (demandante: Elsy Valencia Lozano)

Elsy Valencia Lozano.

T-683849, (demandante: Doris Alba Robles Castellanos)

Doris Alba Robles Castellanos, Facundo Cortés Trujillo.

T-683850, (demandante: John Wilson Perdomo Polanía)

John Wilson Perdomo Polanía, Erika Milagros Barreto Rodríguez.

T-684071, (demandante: Ruby Jadith Oyola Ramírez)

Ruby Jadith Oyola Ramírez.

T-684470, (demandante: Jorge Eliécer Betancourt Márquez)

Jorge Eliécer Betancourt Márquez.

T- 684548, (demandante: Manuel José Hoyos González)

Manuel José Hoyos González.

T- 684560, (demandante: María Marli Riobo Caleño)

María Marli Riobo Caleño.

T- 684566, (demandante: Edith Silva Trillos)

Edith Silva Trillos.

T- 684572, (demandante: Moisés Pomar Lozano)

Moisés Pomar Lozano.

T- 684573, (demandante:Leonidas Montilla Sánchez)

Leonidas Montilla Sánchez.

T- 684574, (demandante: Amparo Suasa Forero)

Amparo Suasa Forero.

T- 684579, (demandante: Omayra Henao Correa)

Omayra Henao Correa.

T- 684744, (demandante: José Daniel Santofimio Castro)

José Daniel Santofimio Castro.

T- 685774, (demandante: Cerafina Huila)

Cerafina Huila.

T- 685986, (demandante:  Carlos Omar Rodríguez)

Carlos Omar Rodríguez.

T- 685987, (demandante: Gladis Ortiz Montejo y otros)

Gladis Ortiz Montejo, Maximiliano Ortiz Montejo, Angélica Gálvez Henao.

T-686154, (demandante: Eustacio Fonseca Barraza, como representante legal de la Asociación de Desplazados de Fonseca, Adesfongua.)

Eustacio Fonseca Barraza, Felipe Zárate V, Xiomara L. Ariño, Ernesto Epinayú, Omar Erazo López, Carmen Sierra, William Ariño, Luis E. Duarte, Luz Marina González, Rosana Ludo Urbaéz, Ubida María Urbaéz Ariño, Yudis Mari Castillo, Simón Corzo Flórez, Betty García Díaz, Luis M. García Díaz, César Maldonado Avila, Paulina Salina, Yulis Córdoba, Elizabeth Ariño, Numnel Amaya, Olido Cujio, Mónica Daza, Tercilia García, Cecilio Granados, Antonio Arciniegas, Ángel Guerrero, Orlando Orozco, Ismael E. Ferrer, Adriano Fidel  Sierra Rambauth, Eduardo Sierra Rambauth, Rafael Sierra Rambauth Pedro Español, Julia Duarte, Victorino Romero, Elba Urbay C, José Epinayú, Graciela Aroca, Federico Montoya, Neiber Erazo, Gloria Navarro, Berna Jaraba, Madeleine Jaraba, Evangelino A., Marta Gómez, Eleidis Rosa.

T- 686751, (demandante: María del Socorro García Díaz)

María Del Socorro García Díaz, Luis Emilio García Díaz, María Eudilia Gutiérrez Padilla (menor de edad).

T- 686775, (demandante: Carlos Julio Aroca Díaz)

Carlos Julio Aroca Díaz.

T- 687040, (demandante: Jackeline Rentería Angulo)

Jackeline Rentería Angulo.

T- 687244, (demandante: Pantaleón Oyola Camacho)

Pantaleón Oyola Camacho.

T- 687274, (demandante: Olinda Londoño Peña)

Olinda Londoño Peña.

T-687276, (demandante: Arvey Marín Latorre)

Arvey Marín Latorre.

T- 687325, (demandante: Silvestre Bautista Londoño)

Silvestre Bautista Londoño

T- 687987, (demandante: Hernando Aldana y otros)

Hernando Aldana, Felix Ospina Carrillo, Irlandez Calderón Perafán, Juan Antonio Rovallo Rodríguez, Luz Marina Triviño, Alexander Elías Jiménez Sandoval, Adonai Monje, Pedro Eudoro Prieto Palacios, Nohora Isabel Triviño, Amanda Ramírez Vásquez, Víctor Hugo Mercado, Luis Enrique Rubio Oviedo, Alfredo Gutiérrez, Ermened Rubio González, Divalba Alape Lozano, Ana Zulay Rayo Garzón, María Cecilia Carrillo Barragán, Argot Silenia Bernal Moreno, Alexandra Bolaños Usa, Abraham Ramírez, Carlos Joaquín Moreno Palma, Marly Jorleny Guevara, Rafael Alfonso Botello, Carmen Julia Moreno Palma, Manuel Ortiz Bermúdez, Enilda Rosa Martínez, Fernando Edwin Vides, Ricardo Contreras, Roberto Hernández, Manuel Salvador Arévalo Claro, Alberto Ramírez, Ana Victoria Moreno de Palma, Libia Pinzón, Uriel Bermúdez Reyes, Nancy Ramírez, Numael Rayo, Carlos Joaquín Moreno Viuche, Ledys Vides Quiroz, Gloria Amparo Moreno Palma, Jakeline Becerra Rodríguez.

T- 688002, (demandante: Gloria Yaneth Hernández)

Gloria Yaneth Hernández, Carlos Enrique Montoya B., Gustavo Sanz Ordóñez, Rubén Darío Villegas, Carlos Antonio Posada, Liced Yuliana Posada, Diana Milena Ortiz Gutiérrez, Jhon Jairo Mayor Sánchez, José Ignacio Mapura Jiménez, Rubiela Cataño Hernández, Ana María Suaza, Mara Nancy Villa, Luis Fernando Mapura Vinasco, Luis Alberto Bermúdez Tobón, Pablo Emilio Vélez Gallón, Adalberto Sanz Ordóñez, Luis Gonzaga Arias, Carmen Emilia Restrepo, Blanca Libia Salas, Jorge Eliécer B.

T- 688508, (demandante: Henry Gañán Salazar)

Henry Gañán Salazar  y su núcleo familiar

T- 688767, (demandante: Henry Rivera Acosta, representante legal de (Asofadecol), en nombre de Yamel Alirio Tamayo Giraldo)

Yamel Alirio Tamayo Giraldo y su núcleo familiar

T- 688769, (demandante: Adolfo Sánchez Castrillón)

Adolfo Sánchez Castrillón.

T- 688868, (demandante: Luis Hernando Moncayo)

Luis Hernando Moncayo Urbano.

T-689017, (demandante: Cristina Medina Mejía y otros)

Cristina Onaida Medina Mejía (y núcleo familiar compuesto por 7 personas, 2 adultos y 5 menores de edad), Marlene Morales López (y núcleo familiar compuesto por 5 personas, 2 adultos y 3 menores de edad), Yanet Borja Hernández (y núcleo familiar compuesto por 3 personas, 1 adulto y 2 menores de edad), Rosa Delia Dietes (y núcleo familiar compuesto por 6 personas, 1 adulto y 5 menores de edad), Jesús María Holguín  (núcleo familiar compuesto por 2 adultos tercera edad), Carlos Felipe Sarmiento Díaz (núcleo familiar compuesto por 5 personas, 4 adultos y  1 menor de edad), Benigno Antonio Mancera Berrueco (núcleo familiar compuesto por 5 personas, 2 adultos y 3 menores de edad)

T- 689020, (demandante: María Morelia Ciro Ramírez y otros )

María Morelia Ciro Ramírez, Elsa Madera Carranza, Yesid Bermúdez, Sandra Patricia Vides Guzmán, Luz América Monsalve, Eloina Rodríguez Oviedo, Emilse Fernández Pereira, Luz Edilia Calvache Osorio, Arturo Méndez Rodríguez, Sandra García, Jaidith Martínez, José Luis Osorio, José Emiro Ramírez.

T- 689104, (demandante: Oliverio Pacheco Galeano)

Oliveiro Pacheco Galeano.

T-689131, (demandante: Jesús Antonio Álvarez Rivera)

Jesús Antonio Álvarez Rivera. 

T- 689186, (demandante: Ernestina Suárez Riascos)

Ernestina Suárez Riascos.

T-689206; (demandante: Rubiela Prias Méndez)

Rubiela Prias Méndez,  William Alexander Prias Méndez, Mónica Tatiana Prias Méndez.

T-689307, (demandante: Antonio Castro Vélez y otros)

Antonio Castro Vélez, Raul Muñoz Sanabria, Ana Joaquina Narváez, Elsa Montero Silva, Lilia Del Carmen Cuadros, Esther Benavides Meneses, Humberto Fonseca, Arelys Ruiz Ortiz, Hermes Mojica, Laureano Mosquera, Rubén Darío Zuleta, Delfina Pagüena, Antonia Vera Ariza, Elia Josefa Vásquez, Belisario Olivares, Ana Felicia Carpio, Francia Nubia Trillos, Nelson Ardila Valencia, Cristina Onaida Medina, Marlene Morales, Yanet Borja, Rosa Delia Dietes, Jesús María Holguín, Carlos Felipe Sarmiento, Benigno Antonio Macera.

T- 689503, (demandante: Félix Leopoldo Acosta)

Félix Leopoldo Acosta.

T- 689697, (demandante: Elizabeth Moreno García)

Elizabeth Moreno García.

T-690250, (demandante: Pomar Lozano Olivero)

Pomar Lozano Oliveiro, Amparo Rodríguez, Luis Ángel Pomar Rodríguez 

T- 690254, (demandante: Ricardino Riascos Mantilla)

Ricardino Riascos Mantilla 

T- 690437, (demandante: Wilson Romero Gómez)

Wilson Romero Gómez, Bertha Carreño López,Blanca Nelly Romero, Jonathan Andrés Romero.

T-692182, (demandante: Jesús Eduardo Triana Calle  en  representación de Josué Godoy González)

Josué Godoy González.

T- 692183, (demandante:  María Belarmina Suaza Giraldo)

María Belarmina Suaza Giraldo.

T- 692204, (demandante: José Dolores Rentaría y otros)

José Dolores Renteria, Aida Lucía Mosquera Maturana, Alida Mosquera Mosquera, Alis María Machado, Ana Dionisia Mosquera, Ana Dolores Mosquera Mosquera, Ana Dominga Hurtado  Córdoba, Ana Francisca Rentería Maturana, Ana Julia Mosquera Murilllo, Antonio de Jesús Restrepo Aguilar, Apolonides Ibarguen  Ramírez, Argemiro Upegui Galeano, Ariel Pineda Uribe, Ariosto Moreno Lemus, Armanda Machado Mosquera, Aurelio José Bermúdez Rentería, Aurelio Mosquera Rentería, Beatriz Elena Rivas Machado, Benancio Machado Córdoba, Blanca Nubia Martínez de Blandón, Boris Antonio Mena, Candida Rosa Mosquera, Carlos Alberto Mosquera Serna, Carlos Alberto Rentería Ramírez, Carlos Tulio Mosquera Pereira, Carmelina Andica de Gañán, Carmen Bolivia Perea Mosquera, César Augusto Mosqura, César Augusto Salazar  Penagos, Clara Hilda Hinestroza, Concepción Maturana Mosquera, Cruz Emilia Rentería, Cruz María Pino Bonilla, Daisi Rubiela Torres Perea, Damaris Rentería Rentería, Daniel Bedoya Raigoza, David Moreno Arango, Digna María Mosquera Buenaños, Doralia Maturana Escarpeta, Doris María Maturana Machado, Edilberto Agudelo Pareja, Eduardo Machado Machado, Eida Mosquera Murillo, Eloicer Mena Rentería, Emilsa María Hernández Benavides, Eris María Córdoba, Erminda Rentería Mosquera, Ernestina Maturana Castillo, Eugenia Guaramu Aricap, Eulogia Córdoba Mosquera, Eutasio Serna Moreno, Evaristo Murillo Mosquera, Evelio Córdoba Mosquera, Fabio de Jesús Moreno Flores, Fernando de Jesús Upegui Velasco, Flor María Moreno Ayala, Francisca Arnole Mosquera, Francisco Javier Rivas Rentería, Gonzalo Mosquera Murillo, Harvelis Ximena Mosquera, Héctor Alonso Mosquera Mosquera, Isaac Rentería Moreno, Isabel Mosquera Mena,  Isnel Antonio Rentería Maturana, Iver Demetrio Mosquera Murillo, Jairo Barrera Villanueva, Jairo Herando Rentería Maturana, James Rodríguez Henao, Jesús Arnoldo Rentería Buenaños, Jesús María Moreno Ayala, Jhon Wilmar Mosquera Figueroa, Jorge Machado Córdoba, José Arismesio Mosquera, José  Clímaco Mosquera Perea, José Delio Escarpeta Palacio, José Gerardo Rosero  Melo, José Gamboa Arroyo, José Gilberto Gañán Bueno, José Indulfo Mosquera Machado, José Marino Mosquera, José Orlando Osorio Mosquera, José Vidal Mosquera Mosquera, Juan  Alberto Escarpeta Machado, Juan Bautista Palacios, Juan de Dios Sepúlveda, Julio Mosquera Sánchez, Justiniana Mena Machado, Limbanio Antonio Rentería Ramírez, Lizardo de Jesús Sepúlveda Urán, Lourdes Isabel Álvarez Martínez, Lucía Castillo Jiménez, Lucía Rudecinda Mena Rentería, Luis Alfonso Trujillo Renjifo, Luis Aníbal Mosquera, Luis Arturo González García, Luis Jesús Rolón León, Luis Alba Muñoz, Luz Caridad Moreno Campaña, Luz Dary Maturana Buenaños, Luz Del Carmen Maturana, Luz Marina Zamora Delgado, Luz Mary Martínez Maturana, Luz Nelly Rentería Mosquera, María Ramos Maturana de Posada, María Yamile Rentería Campaña, Magnolia Machado Rentería, Manuel Angélico Sánchez Mena, Marco Fidel Pava Ramos, Margarita González Arias, Margarita Hinestrosa de Mena, María Aleida Perea Nagle, María Antonia Rentería Maturana, María Carolina Renteria Renteria, María de la Cruz Mosquera, María Escilda Sánchez Perea, María Felicidad Gómez Mosquera, María Griseldina Hinestroza, María Irelisa Mosquera Murillo, María Luceli Cordoba Perea, María Lucinda Machado Mosquera, María Lucinet Mosquera, María Mercedes Palacio Cosio, María Miriam Mosquera Rentería, María Nulfa Quiñones Mosquera, María Soledad Mosquera Machado, María Yadilfa Machado Moreno, Martha Elena Torres Machado, Martha Ofelia Palacios Agualimpia, Martinina Rentería Castillo, Máximo Rentería Mena, Medardo Antonio Rentería Rentería, Melba Cossio Mosquera, Nelis Beatriz Andrade Perea, Nelson Montoya Urrego, Nilo Antonio Herrera, Nohemy Lloreda, Nora Córdoba Mosquera, Norma Luz Lloreda Mosquera, Norma Mosquera Mosquera, Olga Cecilia Cuartas Pérez, Olivia Perea Mosquera, Omer Murillo Herrera, Ordóñez Herrera, Orfelina Mosquera Machado, Paulina  Agualimpia Córdoba, Reinaldo Loaiza Gracia, Roberto Odilom Mosquera Rentería, Rocío de Los Ángeles Rueda, Román Moreno Ayala, Rosa Elvira Upegui Vinasco, Rosa Enoe Mosquera, Rosa Esnea Mosquera Mosquera, Rosa Esperanza Mosquera Machado, Rosalia Cordoba, Rosa María Mena Roa, Rosa Melia Renteria, Ruperto Pencua Rincon, Samuel Renteria Ramírez, Simon Elias Cardona Zambrano, Suriel Ramos Mosquera, Teresa Bedoya Caicedo, Valdramina Parra Machado, Vicenta Mena Renteria, Victor Eduardo Gómez, Victorino Mosquera, Virgilio Padilla Moreno, Wilson Antonio Manco Muñoz, Wiston Antonio Renteria Cuesta, Yamilet Machado Moreno, Yenier Yesid Arias Díaz, María Ligia Quintero Cano, María Del Tránsito Machado de Mosquera, Alba Cecilia Mena Rentería, Elvia Amparo Cardona Cardona, María Paulina Mosquera Córdoba, Sandra Hincapié Herrera Y Luz Dary Hincapié Herrera.

T-692218, (demandante: José Eduardo Ayala Ayala)

José Eduardo Ayala Ayala y su núcleo familiar

T- 692398, (demandante: Heber Molano Rojas)

Heber Molano Rojas y su núcleo familiar

T-692410, (demandante: Nina Patricia San Miguel)

Nina Patricia Sanmiguel y su núcleo familiar

T- 692415, (demandante: Luz Marina Pacheco Sambrano)

Luz Marina Pacheco Sambrano.

T- 692867, (demandante: María Cristina Rodríguez Vásquez.)

María Cristina Rodríguez Vásquez, Libardo Antonio Ramírez, Libardo, Antonio, Javier Antonio, Dora Lilia y Jhon Fredy Ramírez Rodríguez

T- 692880, (demandante: Héctor William Suárez Moreno, personero Municipal de Florencia)

Los Menores: Leidy Marien Polania, Wilmen  Polania, Lizeth Daniela Polania, Jeyner Adrian Ossa, Alexander Ossa, Jehison Sossa, Angelica Trujillo, Yarlin Arledy Cuellar, Lucerito Cuellar, Diego Vargas Quino, Gladis Vargas, Davinson Chaguala, Jeison Arley Sotto, Yeferson Peña, Aie Dajana Soto, Jaime Ospina Bolaños, Vicky Alejandra Ospina, Erney Sánchez, Didier Arrigui Rojas, Jasneidy Arrigui, Jeferson Gallego, Deyner Chocue, Darlinson Chocue, Yina Milady Herrera

T- 693606, (demandante: Edgar Verján Chambo)

Edgar Verján Chambo y su núcleo familiar

T-695161, (demandante: Henry Rivera Acosta, representante de ASOFADECOL como apoderado de Nancy Quintero Castañeda)

Nancy Quintero Castañeda y Elizabeth Quesada Tovar, y sus núcleos familiares

T-695242, (demandante: Sosmery Cadavid Tavorda)

Sosmery y Sergio Alexander Giraldo Cadavid y sus núcleos familiares

T-695691, (demandante: Elizabeth Quesada Tovar)

Elizabeth Quesada Tovar y su núcleo familiar

T- 695839, (demandante: Jorge Eliécer Meza)

Jorge Eliécer Meza y su núcleo familiar

T- 695872, (demandante: Gerardo Parra)

Gerardo Parra y su núcleo familiar

T- 696791, (demandante: Libe Antonio Porras Duque)

Libe Antonio Porras Duque y su núcleo familiar

T- 697477, (demandante: Jesús María Puerta Betancurt)

Jesús María Puerta Betancurt y su núcleo familiar.

T- 697866, (demandante: María Emérita Lozada)

María Emérita Lozada y su núcleo familiar

T- 697902, (demandante: María Stella Cabrera Díaz)

María Stella Cabrera Díaz y su núcleo familiar

T- 697908, (demandante: Eloina Zabala)

Eloina Zabala y su núcleo familiar

T- 698625, (demandante: Aldemar Loaiza Montealegre)

Aldemar Loaiza Montealegre y su núcleo familiar

T- 698940, (demandante: Norman Hernández Góngora)

Norman Hernández Góngora y su núcleo familiar

T- 699715, (demandante: Jairo Jantivas Sánchez, María Fanny Restrepo de Atehortúa y otros)

Jairo Jantivas Sánchez,  María Fanny Restrepo y otras 21 familias cuyos nombres no fue posible identificar.

T- 700088, (demandante: Bibiana Lancheros Zambrano)

Bibiana Lancheros Zambrano y su núcleo familiar

T- 700362, (demandante: Deycy Rubiano de Vanegas.

Deycy Rubiano de Vanegas y su núcleo familiar

T- 700370, (demandante: Suny Yuliana Mosquera)

Suny Yuliana Mosquera y su núcleo familiar

T-700727, (demandante: Mary Ettel Córdoba Burbano)

Mary Ettel Córdoba y su núcleo familiar

T-700805, (demandante: Aída María Muñoz de Araujo)

Aída María Muñoz de Araujo y su núcleo familiar

T-700902, (demandante: ASOFADECOL - Asociación de Familias Desplazadas de Colombia)

Abrahan Ramírez, Adelaida Pinto Páez, Andrea Del Pilar Baquero Hurtatis, Adriana Pulido, Aida Castaño Sánchez, Alba Luz Marín Perdomo, Alberto Oviedo González, Aldemar Ramírez Niño, Aldemir Osorio Ortegón, Alexander Hernández, Alfredo Quintero Osorio, Alirio Hoyos Díaz, Amparo Ducuara Velásquez, Ana Belén García, Aniceto Díaz, Antonio José Duque, Aristobulo Méndez, Armando Leal, Arvey Cerquera Rada, Astrid García Conde, Atanael Paredes Aguiar, Audias Cerquera Rada, Beatriz Osorio Ortegón, Beatriz Aguirre, Blanca Cenelia Barrero Palomino, Blanca Elina Torres, Blanca Flor Ramírez Padilla, Blanca Lilia González, Bonificia Hernández, Carlos Eduardo Lozada, Carlos Eduardo Pérez, Carlos Eduardo Triana Cárdenas, Cecilia López Quintero, Cesar Eduardo Pinzón Vanegas, Clara Inés Alonso, Deicy Lugo Méndez, Diana Marcela Bazurdo Santana, Diana Maribel Osorio Ortegón, Domingo Agudelo Gutiérrez, Edgar Ramírez Edgar Luis Ramírez, Edinson Sánchez, Eida Castaño Castro, Elcy Gaspar Aguirre, Eliseo Ortigoza P., Elma Alonso Osorio Ortegón, Emilsen Osorio Ortegon, Ennesy Lasso Otálvaro, Erminso Castaño, Ernesto Ramírez Vargas, Esperanza Bonilla, Eterberto Carvajal Hernández, Eyoam Ruiz Martínez, Fanny Guarnizo, Florinda Mape de Mape, Frowin Agudelo Bermudes, Geimar Arce Herrera, Gentil Montiel Romero, Gilberto Cerquera Palomino, Gloria Esmeralda Giraldo, Gloria Yuvi Pava Hincapie, Gustavo Ardila, Gustavo Pinto Bahamón, Hermelinda Ortiz Rodríguez, Hermon Leiton Ospina, Idel Rogelio Neiva Unda, Isai Gaspar Aguirre, Israel Rueda, Jaime Acosta, Javier Enrique Toro Guerrero, Javier Enrique Madrigal, Jesualdo Daza, Jesús Antonio Carvajal Álvarez, Jesús Lisandro Zamudio, Jesús María Oliveros, Jhon Wilmer García Pinto, Jorge Alirio Martínez Caballero, Jorge Guzmán Molina, José A. Acosta, José Adan González, José Albeiro Marulanda, José Alejandro Colorado Castaño, José Alfredo Motta, José Arberi Hoyos Luna, José Narcizo Castañeda, José Rubiel Silvestre, José Vicente Moreno, José William Alvarado, Joselín Hernández, Josue Godoy Castro, Julio César Caicedo, Leonardo Lozano, Leonor Vargas, Lucero Paloche Rodríguez, Lucio Páez Guerrero, Luis Adriano Collazos, Luis Alfredo Díaz Marqueza, Luis Ángel Caicedo Rayo, Luis Eduardo Pinto Bahamón, Luis Enrique Arias Cardozo, Luis Evelio Guzmán, Luis Gentil Morales Ramírez, Luis Henry Parra Cabrera, Luz Darly Osorio Ortegón, Luz Dary Correa Rodríguez, Luz Dary Chaguala Rodríguez, Luz Dennis Pinto Páez, Luz Erika Arana, Luz Ilida Lasso Otálvaro, Luz Marina Gasca, Luz Marina Pacheco Lozano, Luz Marina Sánchez Pérez, Luz Marina Vega Díaz, Luz Myriam Quevedo Linarez, Manuel Ignacio Criollo,  Manuel José Romero, Marcela Cubillos Díaz, Marcely García Manrique, María Beiba Sánchez, María Belarmina Suaza Giraldo, María Belquin Angarita, María Corona Muñoz Tulcán, María de Los Angeles París, María Doly González, María Edith Justinico, María Jesús Casas, María Lucrecia Marín Rodríguez, María Noelia Páez, María Olinda Otálvaro de Oyola, Marleny Bedoya, Marleny Solano Vargas, Martha Cecilia Aguirre, Martha Lucero Ariza, Medardo Soto Rivera, Miller Castañeda, Neifer Osorio Ortegón, Nelson Cardozo Acosta, Nelson Rindo Quintero, Neuvery Buitrago Sánchez, Nidia Rodríguez Bustos, Nobey Pinto Paez, Nohora Monroy Carrillo, Norma Constanza Díaz, Octavio Sánchez Burbano, Olga Ramírez, Olga Yaneth Castro, Omar Arias Escobar, Orlando Losada Pinto, Orlando Losada Rada, Pablo Antonio Asprilla, Pedro Antonio Martínez López, Ramiro Antonio Vargas, Ramiro Ladino Gutiérrez, Ramiro Ramón García, Rosevertt Oviedo, Rosa Delia Castro, Rosa Elena Gasca, Rosalba Rada Oyola, Rubiela González Arévalo, Ruth Martínez Arias, Sandra Carolina Gómez, Sandra Patricia Pinto, Sandro Morci, Saul Martínez Morales, Sabina Palomino Caleño, Silvio Lozada C. , Silvio Muñoz Ñañez, Solfidia Beltrán, Teresa Ramírez Masmela, Uriel Rojas Perdomo, Victoriano Oyola Tique, Wilson Patiño Rivas, Willer Lasso Otálvaro, William Rodríguez Grajales, Yazmin Pinto Paez, Yenith Paola Miranda Quintero, Yolanda Fajardo, Yorledis Contreras Quintero, Yuri Zulay Parra Jiménez, Amalfi Arias.

T- 701212, (demandante: Nohora Juvia Burbano Bolaños)

Nohora Juvia Burbano Bolaños y su núcleo familiar

T- 701296, (demandante:Rodrigo Olaya Muñoz)

Rodrigo Olaya Muñoz y su núcleo familiar

T- 701300, (demandante: Franklin Antonio Mosquera Sánchez)

Franklin Antonio Mosquera Sánchez y su núcleo familiar

T- 701501, (demandante:Faustino Piñeres Rangel, y Medardo Gámez Melgarejo)

Faustino Piñeres Rangel y Medardo Gámez Melgarejo y sus núcleos familiares

T- 701730, (demandante: Ruby Jadith Oyola Ramírez)

Ruby Jadith Oyola Ramírez y su núcleo familiar

T- 701850, (demandante:Uriel Salas Moreno y Eduviges Palacios)

Uriel Salas Moreno y Eduviges Palacios y su núcleo familiar

T- 702437, (demandante:  Dominga Mosquera Largacha)

Dominga Mosquera Largacha y su núcleo familiar

T- 702574, (demandante: Pedro Mono Lozada)

Pedro Mono Lozada y su núcleo familiar

T- 702579, (demandante: Lisandro Rodríguez Pacheco)

Lisandro Rodríguez Pacheco y su núcleo familiar

T- 703064, (demandante: José Ignacio Campos)

José Ignacio Campos y su núcleo familiar

T- 703130, (demandante: Leonel Pascual Sánchez Rivera)

Leonel Pascual Sánchez y su núcleo familiar

T- 703423, (demandante: Fray Martín Álvarez y otros)

  Fray Martín Álvarez, Aníbal Rojas, Nelly Otálvaro

Mery Labios, Gloria Anayibe Gaitan, Olga Mireya Mesa, Fredy Milton Ramírez, María Cecilia Lozano, Luz Mila Pulido Aroca, Elizabeth Pulido, María Luisa Lozano, Claudia Patricia Olaya, Nancy Milena Barón, Mainardy Martínez, Magda Nelly Martínez.

T- 703857, (demandante: Everardo Osorio Castro)

Everardo Osorio Castro y su núcleo familiar

T- 703897, (demandante: José María Gutiérrez Carrillo)

José María Gutiérrez Carrillo y su núcleo familiar

T- 704500, (demandante: Ana Nilvia Galíndez Araujo, Blanca Dolly López Meza, Carlos Herminsul Díaz Ojeda, Holmes Alexander Meza Araujo)

Ana Nilvia Galíndez Araujo, Blanca Dolly López Meza, Carlos Herminzul Díaz Ojeda, Holmes Alexander Meza Araujo (Acciones Interpuestas Por Separado Y Luego Acumuladas).

T- 704501, (demandantes: Jhon Jairo Ojeda Delgado, Doria Elia Valdés de Ojeda, Ubertino Díaz, Carlos Antonio Meza)

John Jairo Ojeda Delgado, Doria Elia Valdés de Ojeda, Ubertino Díaz, Carlos Antonio Meza (acciones interpuestas por separado y luego acumuladas)

T- 705236, (demandante: Eduardo Rincón Roa)

Eduardo Rincón Roa y su núcleo familiar

T- 706125, (demandante: Hernando de Jesús Guingue)

Hernando de Jesús Guingue y su núcleo familiar

T- 706749, (demandante: Ernesto Perdomo)

Ernesto Perdomo y su núcleo familiar

T-775898 (demandante: María Dolores Naranjo) 

María Dolores Naranjo y su núcleo familiar

Dado el volumen de expedientes acumulados en el presente proceso, y el hecho que las acciones de tutela bajo estudio se refieren a problemas comunes  relacionados con la atención que las distintas autoridades dan a los desplazados, a continuación se presenta brevemente un resumen de los hechos y elementos que originaron estas acciones de tutela. Los detalles de cada caso se encuentran en el Anexo 1 de esta sentencia.

Los accionantes se encuentran ubicados actualmente en las siguientes capitales de departamento y municipios: Armenia, Barrancabermeja, Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Buenaventura, Calarcá, Cali, Florencia, Girón, Ibagué, Itagüí, Medellín, Neiva, Obando, Pasto, Pereira, Piedecuesta, Popayán, Riohacha, Taminango y Villavicencio. Salvo algunas excepciones, los tutelantes se encuentran inscritos en el Registro Único de Población Desplazada. Se trata de personas víctimas de desplazamiento forzado por hechos ocurridos en promedio hace más de un año y medio, la mayoría de los cuales recibieron algún tipo de ayuda humanitaria de emergencia durante los tres meses siguientes a su desplazamiento, pero ésta no llegó a todos y no siempre fue oportuna y completa.

Los demandantes interpusieron acción de tutela contra la Red de Solidaridad Social, el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, los Ministerios de Salud y del Trabajo y Seguridad Social (hoy Ministerio de Protección Social), el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Educación, el Inurbe, el Incora, el SENA, así como contra varias administraciones municipales y departamentales, por considerar que dichas autoridades no estaban cumpliendo con su misión de protección a la población desplazada y por la falta de respuesta efectiva a sus solicitudes en materia de vivienda y acceso a proyectos productivos, atención de salud, educación y ayuda humanitaria. 

Algunos de los accionantes no han recibido ayuda humanitaria a pesar de encontrarse inscritos en el Registro Único de Población Desplazada. En muchos casos, ha transcurrido un período largo (entre 6 meses y dos años) sin recibir ningún tipo de ayuda de parte de la Red de Solidaridad Social o de las otras entidades encargadas de atender a la población desplazada. 

La mayoría de los accionantes no ha recibido orientación adecuada para tener acceso a los programas de atención al desplazado, en particular en materia de vivienda, proyectos productivos, atención en salud y educación. Con frecuencia se somete a los desplazados a un peregrinaje institucional, sin que se le de una respuesta efectiva. 

Un grupo importante de demandantes se postularon y presentaron su solicitud para acceder a los auxilios de vivienda y para obtener el capital semilla o la capacitación necesaria para iniciar un proyecto productivo, y meses después de presentar sus solicitudes, no han recibido respuesta de fondo sobre sus peticiones. En muchas ocasiones, la respuesta de las entidades sólo se produce después de que interpusieron la acción de tutela. En otras la respuesta se limita a informarles que no hay apropiación presupuestal suficiente para atender su solicitud, y que además, ésta se atenderá según el orden determinado por la entidad, sin que se les precise cuánto tiempo deberán esperar. Esa espera se ha prolongado hasta por casi dos años. La respuesta que dieron las entidades encargadas de atender a la población desplazada corresponde a un formato uniforme que describe de manera general los componentes de la ayuda para los desplazados, pero que pocas veces resuelve de fondo la petición del desplazado. Debido a una falta de asesoría adecuada, muchos de los peticionarios solicitaron los auxilios para vivienda o para proyectos productivos, sin seguir el procedimiento formal y por esa razón les son negados, debiendo iniciar el procedimiento de nuevo luego de esperar meses la respuesta de las entidades.

A las distintas solicitudes presentadas ante las entidades encargadas de atender a la población desplazada, los demandantes han recibido alguna de las siguientes respuestas como justificación para no conceder el beneficio al que aspiraban: 

1) Que la entidad ante quien se hace la solicitud, no es la competente para conceder la ayuda solicitada, pues sólo está a cargo de algún aspecto de coordinación; 

2) Que no existe suficiente disponibilidad presupuestal para atender la solicitud; 

3) Que la ayuda humanitaria de emergencia sólo se otorga por tres meses, y en casos excepcionales puede prorrogarse hasta por otros 3 meses más, pero más allá de ese plazo perentorio, es imposible prolongar la ayuda, independientemente de la situación fáctica en que se encuentre el desplazado; 

4) Que no se le puede dar la ayuda solicitada porque no se encuentra inscrito en el Registro Único de Población Desplazada;

5) Que la entidad encargada de atender su solicitud se encuentra en liquidación;

6) Que existe un error en la solicitud o ausencia de postulación del peticionario para acceder al auxilio de vivienda;

7) Que el programa de auxilios para vivienda se encuentra suspendido por falta de disponibilidad presupuestal;

8) Que las peticiones serán respondidas en estricto orden de presentación y siempre que haya disponibilidad presupuestal;

9) Que la política de auxilios para vivienda fue modificada por el gobierno nacional y transformada en una política de créditos para vivienda de interés social, y debe presentar una nueva solicitud ante las entidades encargadas de otorgar los créditos;

10) Que la única forma de acceder a la ayuda para restablecimiento económico es presentar un proyecto productivo, a pesar de que la ley prevé otras formas de restablecimiento.

Por lo anterior, los accionantes interponen acción de tutela con alguna o varias de las siguientes pretensiones: 

1. Que sus peticiones sean resueltas de fondo y en un tiempo claro y determinado; 

2. Que se materialicen las ayudas para estabilización económica, vivienda, reubicación, proyectos productivos, acceso a educación para los hijos; 

3. Que las tierras en posesión o propiedad que fueron abandonadas por los desplazados sean protegidas; 

4. Que reciban o continúen recibiendo la ayuda humanitaria de emergencia; 

5. Que sean reconocidos como desplazados y se les otorguen los beneficios que surgen de esa condición; 

6. Que se adopte un programa de seguridad alimentaria; 

7. Que se suministren los medicamentos recetados; 

8. Que una de las personas inscritas bajo un núcleo familiar sea desvinculada de él y se le permita continuar recibiendo la ayuda humanitaria como un núcleo familiar; 

9. Que se hagan las apropiaciones necesarias para solucionar la situación de la población desplazada y se hagan efectivos los programas para la población desplazada; 

10. Que el ministerio de hacienda desembolse los dineros necesarios para adelantar los programas de vivienda y proyectos productivos;

11. Que se le permita recibir capacitación para desarrollar proyectos productivos; 

12. Que se advierta al representante legal de la red de solidaridad que cuando omite cumplir con sus responsabilidades para con los desplazados incurre en causal de mala conducta;

13. Que se conforme el comité municipal para la atención integral del desplazado.

14. Que se restablezca la prestación del servicio de salud que es negado a partir de la Circular 00042 de 2002, en la cual se condicionó la prestación de dicha ayuda a que se trate de problemas inherentes al desplazamiento;

15. Que las entidades territoriales, dentro de su disponibilidad presupuestal, contribuyan a los planes de provisión de vivienda para la población desplazada

2. Las decisiones que se revisan

A continuación se resume de manera general el sentido de las decisiones que se revisan en la presente tutela. La mayoría de los jueces de instancia denegaron las tutelas presentadas por los actores, por alguna de las siguientes razones:

1. En cuanto a la legitimación para interponer la acción de tutela, los jueces de instancia denegaron la tutela (i) porque las asociaciones de accionantes no tienen legitimación para promover la acción de tutela para la protección de los derechos de los desplazados; (ii) porque el demandante no era abogado para poder apoderar a los desplazados en la interposición de la tutela; (iii) porque la persona que interpuso la tutela no acreditó ser el representante legal de la asociación de desplazados.

2. Por razones de improcedencia, los jueces de instancia denegaron la tutela: (i) porque la tutela no es procedente para obligar la ejecución del Decreto 951 de 2001, sobre auxilio para vivienda, y lo que corresponde es interponer la acción de cumplimiento; (ii) porque la acción de tutela no fue establecida como mecanismo para alterar el orden de las instituciones estatales, en la distribución interna de sus competencias y funciones; (iii) porque la petición debió dirigirse primero a la Red de Solidaridad, para que fuera esta entidad la que lo incluyera en el programa o ayuda solicitado; (iv) porque la vivienda es un derecho de segunda generación cuya protección no procede por vía de tutela; (v) porque ya se le reconoció su inscripción como desplazado y se dieron instrucciones para la inscripción del núcleo familiar y su postulación para obtener los beneficios a que tienen derecho; (vi) porque mediante tutela no se puede alterar el orden en que se otorgue el beneficio porque ello vulneraría los derechos de los desplazados que no interponen la tutela y esperan a que llegue su turno el cual debe ser respetado.

3. En cuanto a fallas en la carga probatoria cumplida por el demandante, los jueces de instancia denegaron la tutela: (i) porque no se acreditó de manera concreta la vulneración de los derechos fundamentales por una conducta arbitraria de las autoridades; (ii) no se demostró que la entidad hubiera dejado de cumplir con sus responsabilidades sin justa causa; (iii) porque el accionante no expuso hecho alguno imputable a los demandados; (iv) porque el caso del demandante no se ajusta a la definición de desplazado; (v) porque el actor no probó la vulneración de sus derechos fundamentales por parte de las demandadas; (vi) porque no se demostró conexidad suficiente entre el derecho a la vivienda y un derecho fundamental.

4. En relación con la ausencia de vulneración a los derechos, los jueces de instancia denegaron la tutela: (i) porque lo que presentó el demandante ante la entidad demandada fue un formato de proyecto individual y no un derecho de petición, el cual no cumple con ninguno de los requisitos del artículo 5 del CCA; (ii) porque al no haberse postulado para acceder al auxilio de vivienda, no puede alegar violación de sus derechos; (iii) porque se le han concedido a los desplazados las ayudas mínimas previstas en la ley; (iv) porque los hechos del desplazamiento ocurrieron hace dos o cuatro años y no en fechas recientes; (v) porque la Red de Solidaridad Social actuó en concordancia con la normatividad vigente acerca de protección de desplazados; (vi) porque la Red de Solidaridad Social no puede proteger a personas por fuera de su competencia; (vii) porque ha transcurrido un tiempo muy breve (menos de un mes) desde su inscripción como desplazado, para que se considere que las entidades encargadas de otorgar la ayuda humanitaria de emergencia hayan incumplido con su responsabilidad; (viii) porque la tardanza de la Red en responder se justifica por el exceso de trabajo, y porque no podía dar una respuesta de fondo que aprobara el proyecto porque no estaba en su competencia hacerlo; (ix) porque la simple condición de desplazado no da derecho automático a un subsidio; (x) porque la negativa del INURBE no cierra las puertas a futuras postulaciones por haber sido calificados los actores como elegibles; (xi) porque el peticionario ya se encuentra inscrito para recibir el subsidio de vivienda y el auxilio para proyecto de sostenibilidad y, sólo resta esperar la finalización del procedimiento; (xii) porque el demandante no acreditó haber adelantado las gestiones necesarias para obtener subsidio de vivienda y apoyo al proyecto productivo.

5. Por la supuesta existencia de temeridad, los jueces de instancia denegaron la tutela: (i) porque la persona desplazada ya recibió la ayuda solicitada como parte de otro núcleo familiar que había interpuesto acción de tutela para obtenerla; (ii) porque está pendiente de revisión por parte de la Corte Constitucional una acción de tutela presentada por los actores por los mismos hechos y contra los mismos demandados.

6. Por razón de las limitaciones de lo que se puede ordenar mediante la tutela frente a los desplazados, los jueces de instancia denegaron la tutela: (i) porque se debe esperar a que las entidades tengan los recursos suficientes para facilitar el subsidio de vivienda, en concordancia con las postulaciones para dicho beneficio; (ii) porque existen otros desplazados que no han siquiera recibido ayuda humanitaria de primer orden; (iii) porque si bien hay descoordinación entre las entidades competentes, la Red de Solidaridad Social no puede cumplir funciones asignadas a otras entidades; (iv) porque no es posible que mediante tutela se ordene los funcionarios encargados cumplir con los programas de educación, vivienda, alimentación y trabajo, ni para que desembolsen dineros con el fin de que se dote de recursos a la Red de Solidaridad Social; (v) porque las limitaciones presupuestales no se pueden salvar por vía de tutela; (vi) porque el juez de tutela no es ordenador del gasto ni coadministrador de la gestión ni de la política del Ejecutivo; (vii) porque no se puede por vía de tutela alterar el orden legal de asignación de subsidios sin que medien actos discriminatorios por el INURBE; (viii) porque el juez de tutela no puede ordenar a las autoridades públicas que lleven a cabo actos para los que no tienen los recursos necesarios.

Algunos de los jueces de instancia concedieron la tutela para la protección de los derechos de la población desplazada, entre otras razones, por considerar que en un Estado Social de Derecho es necesario que se llegue a una solución definitiva del problema del desplazamiento y, porque el comportamiento omisivo asumido por la Red de Solidaridad y de otras entidades responsables de la atención de la población desplazada, deja al descubierto la vulneración de las garantías constitucionales de las cuales son titulares los peticionarios. 

II. PRUEBAS SOLICITADAS POR LA SALA TERCERA REVISIÓN.

Mediante auto del día 11 de abril de 2003, la Sala Tercera de Revisión requirió a varias entidades y organismos públicos para que, a partir de la documentación e información actualmente disponible, respondieran un cuestionario relativo a las políticas  de atención de la población desplazada. 

La respuesta de las entidades públicas, los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales al cuestionario formulado por la Corte Constitucional en el auto mencionado se resume en el Anexo 2. En él se encuentra la información aportada por la Red de Solidaridad Social, el Departamento Nacional de Planeación, el Instituto Nacional de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana –INURBE, el Ministerio de la Protección Social; el Ministerio de Educación Nacional; el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, el Defensor del Pueblo, la Oficina el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, y la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento – CODHES. En las consideraciones y fundamentos de esta sentencia se valoran los datos y argumentos relevantes para decidir sobre lo pedido por los accionantes.

III. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS

1. Competencia

Esta Sala de Revisión de la Corte Constitucional es competente con fundamento en lo dispuesto por los artículos 86, inciso tercero, y 241, numeral noveno de la Constitución Política, en concordancia con los artículos 33, 34, 35 y 36 del Decreto 2591 de 1991.

2. Problemas jurídicos a resolver y resumen del argumento y de la decisión

Teniendo en cuenta las pretensiones de los distintos actores en el presente proceso relacionadas con la obtención efectiva de la ayuda prevista para la población desplazada y a las razones por las cuales no la han recibido, la Sala considera que el caso bajo revisión plantea varios problemas jurídicos constitucionales complejos relacionados con el contenido, alcance y limitaciones de la política estatal de atención de la población desplazada debido, entre otras cosas (i) a la grave situación de vulnerabilidad que aqueja a la población desplazada; (ii) a los problemas que enfrentan a raíz de la forma como están siendo atendidas sus solicitudes por las entidades demandadas; (iii) al tiempo excesivamente prolongado que ha transcurrido sin que hayan obtenido las ayudas previstas; (iv) al altísimo volumen de tutelas que presentan los desplazados para obtener la ayuda efectiva a que tienen derecho y al hecho de que varias entidades hayan convertido la presentación de la acción de tutela como parte del procedimiento ordinario para obtener la ayuda solicitada; (v) a que la situación que se pretende resolver mediante la presente tutela afecta a toda la población desplazada, cualquiera que sea el sitio en el cual se encuentren actualmente, e independientemente de que hayan acudido a la acción de tutela para obtener la protección efectiva de sus derechos, (vi) a que la mayor parte de los problemas planteados se ha presentado de manera reiterada desde que se estableció la política para la atención de la población desplazada; y (vii) a que algunos de los problemas planteados por los desplazados deben ser examinados por primera vez por la Corte. 

2.1. Problemas Jurídicos 

Por lo tanto, la Sala considera que los problemas jurídicos a resolver en esta oportunidad son los siguientes:

1. ¿Procede la acción de tutela para examinar las acciones y omisiones de las autoridades públicas respecto de la atención integral a la población desplazada para determinar si problemas en el diseño, implementación, evaluación y seguimiento de la respectiva política estatal contribuyen de manera constitucionalmente relevante a la violación de sus derechos constitucionales fundamentales?

2. ¿Se vulnera el derecho de los desplazados al mínimo vital y a recibir pronta respuesta a sus peticiones - en particular respecto a la ayuda humanitaria, al restablecimiento económico, a la reubicación, a la vivienda, a la atención integral de salud y a la educación - cuando dicho acceso está supeditado por las propias autoridades (i) a la existencia de recursos que no han sido apropiados por el Estado; (ii) al rediseño del instrumento que determina la forma, alcance y procedimiento para la obtención de la ayuda,; (iii) a que se defina qué entidad asumirá el suministro de la ayuda, dado que quien lo hacía se encuentra en proceso de liquidación?

3. ¿Se vulneran los derechos de petición, al trabajo, al mínimo vital, a la vivienda digna, a la atención en salud, al acceso a la educación de los actores en el presente proceso, cuando las entidades encargadas de otorgar las ayudas previstas en la ley para su atención, (i) omiten dar respuesta de fondo, concreta y precisa sobre la ayuda solicitada; o (ii) se niegan a otorgar la ayuda solicitada (a) por la falta de apropiación de recursos suficientes para atender las solicitudes; (b) por falta de cumplimiento de requisitos legales para acceder a dicha ayuda; (c) por existir un lista de solicitudes que deben ser atendidas previamente; (d) por falta de competencia de la entidad ante la cual se presenta la solicitud; (e) por cambio de los requisitos y condiciones definidos por el legislador para acceder a la ayuda solicitada; (f) porque la entidad ante la cual se presenta la solicitud se encuentra actualmente en liquidación? 

Con el fin de resolver estos problemas la Sala primero resumirá la línea jurisprudencial de la Corte en materia de derechos de la población desplazada, con tres objetivos: (i) recordar los principales derechos constitucionales de las personas en situación de desplazamiento forzado interno (apartado 5.1), señalando los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado Interno que son pertinentes para su interpretación; (ii) resaltar la gravedad de la situación de la población desplazada y la persistencia de las violaciones que han llevado a la interposición de la acción de tutela (apartado 5.2); y (iii) precisar el tipo de órdenes que ha dictado la Corte hasta el momento para proteger los derechos de la población desplazada (apartado 5.3.). En segundo lugar, examinará la respuesta estatal al fenómeno del desplazamiento (apartado 6.1.), los resultados de esa política (apartado 6.2) y los problemas más protuberantes de la política pública existente y de sus distintos componentes (apartados 6.3). En tercer lugar, estudiará la insuficiencia de recursos disponibles y su impacto en la implementación de la política pública (apartado 6.3.2). En cuarto lugar, constatará si tales acciones y omisiones constituyen un estado de cosas inconstitucional (apartado 7). En quinto lugar, precisará los deberes constitucionales de las autoridades frente a obligaciones de carácter prestacional, inclusive en relación con derechos como la vida y la seguridad (apartado 8.). En sexto lugar, precisará los niveles mínimos de protección que debe ser garantizado a la población desplazada aun después de una redefinición de prioridades ante la insuficiencia de recursos o deficiencias en la capacidad institucional (apartado 9) Y, finalmente, ordenará las acciones que deberán adoptar las distintas autoridades para garantizar los derechos de la población desplazada (apartado 10.).

La Sala circunscribirá el análisis constitucional de la situación presentada por los desplazados en las acciones de tutela objeto de revisión en el presente proceso a los problemas jurídicos anteriormente señalados, y no a la totalidad de cuestiones que pudieran surgir de los hechos presentados por los actores. Dado el carácter eventual de la revisión constitucional de las sentencias de tutela, la Corte puede, tal como lo ha reiterado en numerosas ocasiones,  delimitar el ámbito de la controversia que analizará, esto con el fin de cumplir su responsabilidad como corporación judicial que tiene la misión de definir los alcances de los derechos, en este caso de los desplazados.

Además, dado que varias de las tutelas, acumuladas en el presente proceso, fueron interpuestas por asociaciones de desplazados, la Sala debe resolver previamente lo siguiente: ¿están legitimadas las asociaciones de desplazados para interponer acciones de tutela a favor de sus asociados, aun cuando éstos no les hayan otorgado un poder específico, y quien los representa no tenga la calidad de apoderado judicial? (apartado 3)

También es necesario examinar la supuesta existencia de temeridad en la presentación de algunas de las acciones de tutela acumuladas en este proceso, en dos circunstancias: 1) cuando la tutela presentada individualmente ya había sido presentada por una asociación de desplazados, por los mismos hechos y contra las mismas entidades; y 2) cuando la tutela fue presentada por alguno de los miembros de un núcleo familiar que se separa del mismo para conformar uno propio y solicita, mediante tutela, el acceso a alguna de las ayudas a que tienen derecho los desplazados, a pesar de que el núcleo familiar con el cual se había registrado originalmente, ya había obtenido una ayuda similar. (apartado 4)

2.2. Resumen del argumento y de la decisión

La Sala Tercera de Revisión, al resolver sobre las presentes acciones de tutela, concluye que por las condiciones de vulnerabilidad extrema en las cuales se encuentra la población desplazada, así como por la omisión reiterada de brindarle una protección oportuna y efectiva por parte de las distintas autoridades encargadas de su atención, se han violado tanto a los actores en el presente proceso, como a la población desplazada en general, sus derechos a una vida digna, a la integridad personal, a la igualdad, de petición, al trabajo, a la salud, a la seguridad social, a la educación, al mínimo vital y a la protección especial debida a las personas de la tercera edad, a la mujer cabeza de familia y a los niños (apartados 5 y 6). Esta violación ha venido ocurriendo de manera masiva, prolongada y reiterada y no es imputable a una única autoridad, sino que obedece a un problema estructural que afecta a toda la política de atención diseñada por el Estado, y a sus distintos componentes, en razón a la insuficiencia de recursos destinados a financiar dicha política y a la precaria capacidad institucional para implementarla. (apartado 6.3) Tal situación constituye un estado de cosas inconstitucional que será declarado formalmente en esta sentencia (apartado 7 y ordinal primero de la parte resolutiva).

A pesar de que en el año 2003 el número de nuevos desplazados disminuyó y que respecto de la población desplazada las autoridades han identificado la urgencia de atender adecuadamente su situación, han diseñado una política para su protección y han desarrollado múltiples instrumentos para su ejecución, las acciones que efectivamente llevan a cabo las autoridades para garantizar los derechos de la población desplazada (apartado 6.1 y 6.2) y los recursos efectivamente destinados a satisfacer estos derechos (apartado 6.3.2), no resultan acordes con los mandatos de la Ley 387 de 1997 que desarrollaron los derechos constitucionales respecto de los desplazados, ni con los decretos que el propio Ejecutivo ha dictado sobre la materia, ni con las previsiones que el CONPES había efectuado al estimar los recursos necesarios para atender tales derechos (apartado 6 y Anexo 5).

En efecto, si bien el gasto social y de atención a la población marginada es considerado como gasto prioritario, y existe una política estatal de atención a la población desplazada, articulada en una ley de la República, así como un marco reglamentario detallado, y una cuantificación del esfuerzo presupuestal que se requiere para cumplir los mandatos constitucionales y legales, las autoridades encargadas de garantizar la suficiencia de estos recursos han omitido, de manera reiterada, adoptar los correctivos necesarios para asegurar que el nivel de protección definido por el Legislador y desarrollado por el Ejecutivo, sea efectivamente alcanzado. 

Tal vulneración no es imputable a una sola entidad, sino que todas las autoridades nacionales y territoriales con responsabilidades diversas en la atención de la población desplazada, por acción u omisión, han permitido que continúe y, en algunos casos, se agrave la vulneración de los derechos fundamentales de los desplazados.

La declaratoria formal del estado de cosas inconstitucional (apartado 7) tiene como consecuencia que las autoridades nacionales y territoriales encargadas de atender a la población desplazada deben ajustar sus actuaciones de tal manera que se logre la concordancia entre los compromisos adquiridos para cumplir los mandatos constitucionales y legales y los recursos asignados para asegurar el goce efectivo de los derechos de los desplazados. Esta decisión respeta las prioridades fijadas por el Legislador y por el Ejecutivo y el experticio de las autoridades nacionales y territoriales responsables que definieron el nivel de sus propios compromisos, pero exige que éstas adopten a la mayor brevedad posible los correctivos que sean necesarios para que dicho estado de cosas inconstitucional sea remediado (apartado 8). Por lo tanto, la Corte Constitucional ordena al Consejo Nacional Para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia que asegure la coherencia entre las obligaciones fijadas por las autoridades competentes y el volumen de recursos efectivamente destinados a proteger los derechos de los desplazados. En caso de que concluya que los compromisos asumidos en la política estatal no podrán ser cumplidos, en aras de los principios de transparencia y eficacia, el Consejo debe redefinir públicamente tales compromisos, después de ofrecer oportunidades suficientes de participación a los representantes de los desplazados, de tal manera que las prioridades sean realmente atendidas y a todos y cada uno de los desplazados se les asegure el goce efectivo de sus derechos mínimos (ordinal 1b) y c) de la parte resolutiva).

Ese mínimo de protección que debe ser oportuna y eficazmente garantizado (apartado 9) implica (i) que en ningún caso se puede amenazar el núcleo esencial de los derechos fundamentales constitucionales de las personas desplazadas y (ii) la satisfacción por el Estado del mínimo prestacional de los derechos a la vida, a la dignidad, a la integridad física, psicológica y moral, a la unidad familiar, a la prestación del servicio de salud que sea urgente y básico, a la protección frente a prácticas discriminatorias basadas en la condición de desplazamiento, y al derecho a la educación hasta los quince años para el caso de los niños en situación de desplazamiento.

En relación con la provisión de apoyo para la estabilización socioeconómica de las personas en condiciones de desplazamiento, el deber mínimo del Estado es el de identificar, en forma precisa y con la plena participación del interesado, las circunstancias específicas de su situación individual y familiar, su proveniencia inmediata, y las alternativas de subsistencia digna a las que puede acceder, con miras a definir sus posibilidades concretas de emprender un proyecto razonable de estabilización económica individual, o de participar en forma productiva en un proyecto colectivo, con miras a generar ingresos que les permitan subsistir autónomamente a él y sus familiares desplazados dependientes.

Finalmente, en relación con el derecho al retorno y al restablecimiento, el mínimo al cual están obligadas las autoridades consiste en (i) no aplicar medidas de coerción para forzar a las personas a que vuelvan a su lugar de origen o a que se restablezcan en otro sitio, (ii) no impedir que las personas desplazadas retornen a su lugar de residencia habitual o se restablezcan en otro punto; (iii) proveer la información necesaria sobre las condiciones de seguridad existentes en el lugar de retorno, así como el compromiso en materia de seguridad y asistencia socioeconómica que el Estado asumirá para garantizar un retorno seguro y en condiciones dignas; (iv) abstenerse de promover el retorno o el restablecimiento cuando tal decisión implique exponer a los desplazados a un riesgo para su vida o integridad personal y (v) proveer el apoyo necesario para que el retorno se efectúe en condiciones de seguridad y los que regresen puedan generar ingresos para subsistir autónomamente.

La Corte fija un plazo de dos meses al Consejo Nacional de Atención Integral de la Población Desplazada para definir el nivel de recursos que efectivamente se destinarán a cumplir las obligaciones asumidas por el Estado, sin que los derechos mínimos anteriormente mencionados puedan dejar de ser protegidos de manera oportuna y eficaz. En caso de que sea necesario redefinir prioridades y modificar algunos aspectos de la política estatal para cumplir esta orden, se concederá al mismo Consejo un plazo de un año para este efecto, durante el cual en todo caso se habrán de respetar los mínimos señalados.  

Con el fin de que garanticen los derechos de los tutelantes también ordenará que se de respuesta de fondo, completa y oportuna a las peticiones de ayuda que originaron la presente demanda, siguiendo los lineamientos señalados por la jurisprudencia de la Corte (apartado 10).

3. La legitimación de las asociaciones de desplazados para la interposición de acciones de tutela para la protección de los derechos de sus asociados 

De conformidad con el artículo 10 del Decreto 2591 de 1991, 

La acción de tutela podrá ser ejercida, en todo momento y lugar, por cualquier persona vulnerada o amenazada en uno de sus derechos fundamentales, quien actuará por sí misma o a través de representante. Los poderes se presumirán auténticos.

También se pueden agenciar derechos ajenos cuando el titular de los mismos no esté en condiciones de promover su propia defensa. (resaltado agregado al texto)

Aun cuando normalmente la posibilidad de agenciar oficiosamente los derechos de terceros que no están en condiciones de promover su propia defensa se ha aplicado a situaciones en las que la persona cuyos derechos han sido vulnerados o amenazados es un menor de edad, un enfermo grave, un indigente, o una persona con incapacidad física o mental, que no puede ejercer su propia defensa, nada impide que tal posibilidad se aplique a otros casos. 

Dada la condición de extrema vulnerabilidad de la población desplazada, no sólo por el hecho mismo del desplazamiento, sino también porque en la mayor parte de los casos se trata de personas especialmente protegidas por la Constitución –tales como mujeres cabeza de familia, menores de edad, minorías étnicas y personas de la tercera edad?, la exigencia de presentar directamente o a través de abogado las acciones de tutela para la protección de sus derechos, resulta excesivamente onerosa para estas personas. 

Es por ello que las asociaciones de desplazados, que se han conformado con el fin de apoyar a la población desplazada en la defensa de sus derechos, pueden actuar como agentes oficiosos de los desplazados. No obstante, a fin de evitar que por esta vía se desnaturalice la acción de tutela, se promuevan demandas de tutela colectivas sin el consentimiento de sus miembros, o se emplee esta figura para desconocer las normas sobre temeridad, tal posibilidad debe ser ejercida bajo condiciones que a la vez que garanticen el acceso a la justicia a la población desplazada, impida posibles abusos. Por ende, tales organizaciones estarán legitimadas para presentar acciones de tutela a favor de sus miembros bajo las siguientes condiciones: 1) que se haga a través de su representante legal, acreditando debidamente su existencia y representación dentro del proceso de tutela; 2) que se individualice, mediante una lista o un escrito, el nombre de los miembros de la asociación a favor de quienes se promueve la acción de tutela; y 3) que no se deduzca de los elementos probatorios que obran en el proceso que el agenciado no quiere que la acción se interponga en su nombre. En esa medida si se percatan de la amenaza o violación de derechos fundamentales de una persona, pueden interponer la acción en nombre de sus asociados. 

Por lo tanto, no podían los jueces de instancia declarar improcedente la acción de tutela presentada por estas asociaciones en nombre de los desplazados, amparándose en una interpretación excesivamente formal que no se compadece del carácter informal de la acción de tutela y de la situación de desamparo en que se encuentra miles de colombianos, sin examinar en cada caso concreto el cumplimiento de estos tres requisitos.

En los expedientes  T-653010, T-680268, T-686154, T-680627, T-681839, T-688767, T-695161 y T-700902, frente a las tutelas presentadas por distintas asociaciones de desplazados, a nombre de algunos de sus miembros, los jueces de instancia las declararon improcedentes por considerar que tales las asociaciones no estaban legitimadas para interponer acciones de tutela a nombre de sus asociados. 

No obstante, en los expedientes T-653010, T-680268, T-686154, T-688767 y T-700902, las tutelas fueron presentadas por sus representantes legales, se acreditó debidamente la existencia y representación de la asociación, se individualizaron los nombres de los miembros a nombre de quienes se presentaba la acción de tutela y nada en el expediente indicaba que se opusieran a ser agenciados por la asociación. De hecho, tales expedientes incluyen elementos que confirman el consentimiento de los asociados. En algunos casos se anexaron documentos manuscritos mediante los cuales se individualiza a los agenciados a través de una lista, o de un acta de la reunión de la asociación, donde se adopta la decisión de interponer la acción de tutela para la protección de sus derechos. En otros, se anexan escritos individuales de los asociados a nombre de quienes se interpone la tutela, a través de un documento que, aunque en su forma coincide con el otorgamiento de una especie de poder judicial a quien no es abogado, su contenido constituye una confirmación del consentimiento del asociado para ser agenciado. Por lo cual las tutelas no eran improcedentes y serán revocadas por la Sala. 

En los expedientes T-680627, T-681839, y T-695161, por el contrario, no se cumplió con alguno de los tres requisitos anteriormente señalados, de manera que se transformó el objeto y la naturaleza de la acción de tutela como mecanismo de protección de derechos constitucionales individuales. En algunos casos no se acreditó debidamente la existencia o representación de la asociación. En otros, no se individualizaron los nombres de las personas a favor de quienes se interponía la acción de tutela. Por ello, las decisiones de instancia que declararon la improcedencia de la acción de tutela. Sin embargo, en el caso de las acciones de tutela de los expedientes T-681839 y T-695161, interpuestas por Henry Rivera Acosta como representante legal de Asofadecol, aun cuando no se acreditó la existencia y representación de esa asociación, tal prueba obra en otros de los expedientes acumulados al proceso T-653010, por lo cual, entiende la Sala que se cumplieron los requisitos antes mencionados. Por lo tanto, la Sala confirmará la sentencia del expediente T-680627 que declaró la improcedencia de la tutela y revocará las sentencias de los expedientes T-681839 y T-695161, por las razones aquí expuestas.

4. La supuesta existencia de temeridad

De conformidad con lo que establecen los artículos 2, 4 ?inciso 2?, 83 y 95 –numerales 1 y 7 de la Constitución Política, el ejercicio de todo derecho y la utilización de los procedimientos constitucionales y legales previstos para su efectividad exige de sus titulares una lealtad mínima hacia el orden jurídico y el cumplimiento de deberes y cargas correlativos. 

En desarrollo de estos preceptos, el artículo 38 del Decreto-ley 2591 de 1991 al regular la figura de la temeridad, señala perentoriamente que “cuando, sin motivo expresamente justificado, la misma acción de tutela sea presentada  por la misma persona o su representante ante varios jueces o tribunales, se rechazarán o decidirán desfavorablemente todas las solicitudes”. 

Tal como lo ha señalado esta Corporación, el propósito de esta disposición es “propiciar la credibilidad y seriedad de la justicia y dar aplicación a los principios de la buena fe, la eficacia y la economía procesal, principios que se verían seriamente afectados por quienes desconocen los criterios de rectitud y honradez que exige un debate jurídico serio. Su consagración legal pretende, entonces, evitar el abuso desmedido de la acción de tutela, pues su ejercicio irracional conlleva la obtención de múltiples pronunciamientos en relación con unos mismos hechos y frente a un mismo caso, generando un perjuicio para toda la sociedad, que ve disminuida la capacidad de trabajo de la administración de justicia en relación con los requerimientos de quienes les asiste también el derecho de ejercer la acción.”

De conformidad con la reiterada jurisprudencia de esta Corporación, un actor o su representante legal incurre en conducta temeraria cuando se presentan las siguientes circunstancias: (i) Que se presenten varias acciones de tutela por los mismos hechos y para solicitar la protección del mismo derecho; en oportunidades diferentes, ya sea ante distintos jueces o ante el mismo juez; (ii) Que las tutelas sean presentadas por la misma persona o por su representante; y (iii) Que la presentación reiterada de la acción de tutela se haga sin un motivo razonable, expresamente mencionado para justificar la nueva acción.

Así, la Corte ha sancionado la actuación temeraria cuando la presentación de más de un amparo constitucional por los mismos hechos y con igual pretensión i) envuelve una actuación “torticera”; ii) denote el propósito desleal “de obtener la satisfacción del interés individual a toda costa”, iii) deje al descubierto un abuso deliberado del derecho de acción o iv) asalte “la buena fe de los administradores de justicia.”

No obstante lo anterior, también ha señalado la jurisprudencia que la buena fe se presume en todas las actuaciones de los particulares ante las autoridades públicas, de suerte que resulta imperativo demostrar que se incurrió, real y efectivamente en una conducta proscrita por el ordenamiento, porque la reiteración de solicitudes de amparo no tiene justificación.

Recientemente, la Corte examinó este tema frente al caso de una mujer desplazada que asesorada por un abogado había interpuesto varias acciones de tutela por los mismos hechos. Resaltó la Corte que “la aplicación del artículo 38 del Decreto 2591 de 1991 exige al fallador detenerse en las circunstancias específicas que rodearon las presentación de dos o más demandas de tutela, por la misma persona o su representante, en solicitud de igual protección a fin de establecer si el accionante incurrió efectivamente en una actuación contraria a derecho.”  Agregó la Corte que “el fallador de instancia no le puede endilgar actuación temeraria alguna i) sin haberla oído al respecto, y ii) sin haber indagado sobre su situación y la de su familia, y tampoco respecto de las circunstancias que rodearon la presentación de las dos acciones -según la accionada con la asesoría de profesionales del derecho, que habitualmente asesoran a la población desplazada, a quienes nombra expresamente-. 

En los procesos de tutela bajo estudio, dos circunstancias particulares han llevado a los jueces de instancia a examinar la existencia de actuaciones temerarias por parte de los tutelantes o de sus representantes. En primer lugar, frente a la interposición de acciones de tutela individuales, luego de que la acción de tutela presentada por una asociación de desplazados fue negada. En segundo lugar, la acción de tutela interpuesta por miembros de un núcleo familiar de desplazados, que se separa de éste para solicitar alguna de las ayudas que recibe la población desplazada, a pesar de que la ayuda ya había sido otorgada al núcleo familiar originario.

En el primer caso, las tutelas presentadas por las asociaciones de desplazados fueron declaradas improcedentes por los jueces de instancia por considerar que dichas acciones sólo podían ser interpuestas directamente por los demandantes o a través de apoderado judicial. Tales decisiones fueron seleccionadas para revisión por esta Corte y no habían sido resueltas al momento en que los actores interpusieron una segunda acción de tutela, esta vez de manera personal, para solicitar la protección de sus derechos frente a la omisión de las autoridades en dar respuesta a sus solicitudes. En relación con estas acciones de tutela, los jueces de instancia deciden denegarlas porque estaba pendiente la decisión de la Corte sobre la legitimidad de las asociaciones de desplazados para interponer acciones en nombre de ellos, con lo cual se negó la protección de los derechos de los actores.

En este evento, no se está ante una actuación de mala fe, ni los actores interpusieron una segunda acción de tutela por los mismos hechos. Todo lo contrario, los actores de los expedientes T-681418, T-689206 y T-697902, quienes habían presentado inicialmente una acción de tutela a través de ASDECOL y ASOFADECOL, tuvieron en cuenta lo decidido por los jueces de instancia y cumplieron con lo decidido por éstos, para lo cual presentaron las acciones directamente Por lo tanto, no existe en estas circunstancias actuación temeraria.

En el segundo evento, los actores interponen una nueva acción de tutela para solicitar una ayuda determinada (i) utilizando un documento de identidad distinto a aquel con el que fueron registrados –ya sea porque fueron registrados con tarjeta de identidad y, luego de alcanzar la mayoría de edad, obtienen su cédula de ciudadanía, o porque estaban indocumentados y obtienen del Estado la cédula de ciudadanía definitiva, o porque emplean una cédula de ciudadanía distinta – y solicitan una ayuda ya otorgada o una distinta a la obtenida por el núcleo familiar original; (ii) se separan del núcleo familiar con el cual fueron inscritos como desplazados, para conformar uno propio, o para unirse al núcleo familiar al cual pertenecen verdaderamente, e interponen la acción de tutela por los mismo hechos y para solicitar las mismas ayudas.

En el primer caso, tres elementos indican una actuación contraria al principio de buena fe: (i) la utilización de un documento de identificación distinto a aquel con el cual fueron registrados; (ii) no informar a las autoridades que hacían parte de otro núcleo familiar ya registrado; y (iii) no advertir a las autoridades que el núcleo al cual pertenecían había presentado otra acción de tutela por los mismos hechos. 

Esto fue lo que ocurrió en los expedientes T-679482 y T-680805. Los actores en dichos procesos actuaron de manera torticera con el fin de obtener una ayuda estatal que ya habían recibido. Este comportamiento constituye una actuación temeraria y así lo declarará la Sala en la parte resolutiva de esta sentencia, y tiene como consecuencia denegar la acción de tutela impetrada. Teniendo en cuenta que en el expediente T-679482, cuando la actora presentó una cédula distinta a la que aparece en el registro para solicitar la ayuda vía tutela, pudo haber incurrido en un posible fraude, la Sala comunicará de este hecho tanto a la Registraduría del Estado Civil como a la Red para el examen de esta situación irregular y su remisión a las autoridades correspondientes.  

En el segundo caso planteado, cuando los tutelantes interponen la acción de tutela con base en los mismos hechos, para obtener ayudas ya entregadas al núcleo familiar con el cual fueron inscritos o auxilios no solicitados por ese núcleo, es posible distinguir varias situaciones: (i) la de quienes desean separarse del núcleo familiar con el fin de aumentar las posibilidades de ayuda; (ii) la de quienes por las condiciones mismas del desplazamiento interno son separados de su núcleo familiar, se reencuentran posteriormente con él y desean unirse para solicitar las ayudas previstas para la población desplazada; (iii) la de quienes han formado un nuevo núcleo familiar al constituirse como pareja estable con hijos o como madre cabeza de familia, pero separada de su esposo o compañero permanente.

En el primer evento, dada la complejidad administrativa que implicaría permitir el cambio de inscripción por la mera voluntad del desplazado o el riesgo de que ello sea solicitado estratégicamente con el fin de aumentar la ayuda recibida, resulta razonable que no sea posible obtener un nuevo registro, máxime si se tiene en cuenta que en todo caso, las ayudas se canalizarán a través del núcleo familiar con el cual fueron registrados. En el segundo evento, especialmente cuando se trata de menores de edad y de ancianos que se reencuentran con su familia, las autoridades deben tomar medidas para garantizar que éstas personas puedan reunirse con sus allegados y, cuando sea necesario, modificar la información del registro para garantizar que estos núcleos familiares reciban la ayuda adecuada y proporcionalmente mayor que se le brinda a la población desplazada. La especial protección constitucional de los derechos de los niños, de las mujeres cabeza de familia, o de personas de la tercera edad, así como de la familia y su manifestación a través del derecho de la población desplazada a la reunificación familiar, de conformidad con el Principio Rector 16, justifican esta autorización especial. Estas mismas razones justifican que se permita, como lo prevé el tercer evento, la modificación del registro para que mujeres cabeza de familia o parejas nuevas con hijos puedan constituir núcleos familiares de desplazados con registro autónomo y diferente al originario, y de esta manera, obtener la ayuda que les permita existir independientemente como familias.

Bajo este último evento descrito, se encuentra la actora del expediente T-686751, quien como mujer cabeza de familia, solicita ser separada del núcleo familiar bajo el cual quedó registrada, para inscribirse como un núcleo familiar independiente con ella a la cabeza, con su hijo. Por lo cual la Sala tutelará sus derechos y ordenará a la Red modificar el registro de su inscripción como desplazada, y permitirle como mujer cabeza de familia el acceso a las ayudas previstas para la población desplazada.

En todo caso, las circunstancias mencionadas, no necesariamente implican una actuación temeraria. Ante la ausencia de elementos que indiquen la mala fe de los actores, debe el juez de tutela examinar de manera cuidadosa las circunstancias del caso y antes de declarar la existencia de temeridad, (a) debe escuchar al actor o actora sobre las razones de interposición de la segunda tutela, y (b) indagar sobre su situación y la de su núcleo familiar, tal como lo señaló esta Corte en la sentencia T-721 de 2003, MP: Álvaro Tafur Galvis, para determinar la existencia de temeridad. 

5. La jurisprudencia constitucional relacionada con la vulneración de los derechos de la población desplazada. Ordenes dictadas para proteger sus derechos constitucionales y persistencia de los patrones de desconocimiento de tales derechos.

5.1. Derechos fundamentales de la población desplazada reiteradamente protegidos en casos concretos por esta Corte

Por la magnitud del problema que se ha acreditado en los múltiples expedientes acumulados en el presente proceso, y por el número de personas que han acudido a la acción de tutela para reclamar la protección del Estado frente a su situación, es indispensable que la Corte se detenga a estudiar en detalle cuáles son los derechos fundamentales de los que son titulares las personas en situación de desplazamiento, así como el ámbito de las obligaciones de las autoridades a este respecto. Es necesario precisar el alcance de las garantías en comento, para así resolver el interrogante sobre la gravedad de su violación en los casos que se revisan. 

Desde 1997, cuando la Corte abordó por primera vez la gravísima situación de los desplazados en Colombia, la Corte ha proferido 17 fallos para proteger alguno o varios de los siguientes derechos: (i) en 3 ocasiones para proteger a la población desplazada contra actos de discriminación; (ii) en 5 eventos para proteger la vida e integridad personal; (iii) en 6 ocasiones para garantizar el acceso efectivo a los servicios de salud; (iv) en 5 casos para proteger el derecho al mínimo vital garantizando el acceso a los programas de restablecimiento económico; (v) en 2 eventos para proteger el derecho a la vivienda; (vi) en un caso para proteger la libertad de locomoción; (vii) en 9 ocasiones para garantizar el acceso al derecho a la educación; (viii) en 3 casos para proteger los derechos de los niños; (ix) en 2 casos para proteger el derecho a escoger su lugar de domicilio; (x) en 2 oportunidades para proteger el derecho al libre desarrollo de la personalidad; (xi) en 3 ocasiones para proteger el derecho al trabajo; (xii) en 3 eventos para garantizar el acceso a la ayuda humanitaria de emergencia; (xiii) en 3 casos para proteger el derecho de petición relacionado con la solicitud de acceso a alguno de los programas de atención a la población desplazada; y (xiv) en 7 ocasiones para evitar que la exigencia del registro como desplazado impidiera el acceso a los programas de ayuda.  

No obstante la importancia de la línea jurisprudencial en materia de desplazamiento forzado, la presente sección no tiene como objetivo hacer un recuento exhaustivo de la jurisprudencia de la Corte en la materia, sino, en primer lugar, determinar el alcance de los derechos de la población desplazada que han sido protegidos por esta Corporación, teniendo en cuenta tanto el marco constitucional y legal, como la interpretación del alcance de tales derechos que fue compilado documento internacional de los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado Interno de 1998. Este último documento compendia lo dispuesto sobre desplazamiento interno en el derecho internacional de los derechos humanos, en el derecho internacional humanitario y –por analogía? en el derecho internacional de los refugiados, y contribuye a la interpretación de las normas que hacen parte de este sistema de protección. Una descripción del contenido y alcance de los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado Interno, se encuentra en el Anexo 3 de esta sentencia.

En segundo lugar, esta sección tiene como finalidad identificar el tipo de problemas que han sido resueltos por la Corte y precisar el tipo de órdenes dictadas hasta el momento para atender esta problemática. Un recuento detallado de la jurisprudencia de la Corte Constitucional dictada para proteger a la población desplazada se encuentra en el Anexo 4 de esta sentencia. 

5.2. Gravedad del fenómeno del desplazamiento interno por los derechos constitucionales que resultan vulnerados y la frecuencia con que se presenta tal vulneración.

El problema del desplazamiento forzado interno en Colombia, cuya dinámica actual tuvo su inicio en la década de los años ochenta, afecta a grandes masas poblacionales. La situación es tan preocupante, que en distintas oportunidades la Corte Constitucional la ha calificado como (a) “un problema de humanidad que debe ser afrontado solidariamente por todas las personas, principiando, como es lógico, por los funcionarios del Estado”; (b) “un verdadero estado de emergencia social”, “una tragedia nacional, que afecta los destinos de innumerables colombianos y que marcará el futuro del país durante las próximas décadas” y “un serio peligro para la sociedad política colombiana”; y, más recientemente, (c) un “estado de cosas inconstitucional” que “contraría la racionalidad implícita en el constitucionalismo”,  al causar una “evidente tensión entre la pretensión de organización política y la prolífica declaración de valores, principios y derechos contenidas en el Texto Fundamental y la diaria y trágica constatación de la exclusión de ese acuerdo de millones de colombianos”

También ha resaltado esta Corporación que, por las circunstancias que rodean el desplazamiento interno, las personas –en su mayor parte mujeres cabeza de familia, niños y personas de la tercera edad? que se ven obligadas “a abandonar intempestivamente su lugar de residencia y sus actividades económicas habituales, debiendo migrar a otro lugar dentro de las fronteras del territorio nacional”  para huir de la violencia generada por el conflicto armado interno y por el desconocimiento sistemático de los derechos humanos o del derecho internacional humanitario, quedan expuestas a un nivel mucho mayor de vulnerabilidad, que implica una violación grave, masiva y sistemática de sus derechos fundamentales y, por lo mismo, amerita el otorgamiento de una especial atención por las autoridades: “Las personas desplazadas por la violencia se encuentran en un estado de debilidad que los hace merecedores de un tratamiento especial por parte del Estado”. En ese mismo orden de ideas, ha indicado la Corte “la necesidad de inclinar la agenda política del Estado a la solución del desplazamiento interno y el deber de darle prioridad sobre muchos otros tópicos de la agenda pública”, dada la incidencia determinante que, por sus dimensiones y sus consecuencias psicológicas, políticas y socioeconómicas, ejercerá este fenómeno sobre la vida nacional. 

Entre los derechos constitucionales fundamentales que resultan amenazados o vulnerados por las situaciones de desplazamiento forzoso, la jurisprudencia de esta Corte ha señalado los siguientes:

1. El derecho a la vida en condiciones de dignidad dadas (i) las circunstancias infrahumanas asociadas a su movilización y a su permanencia en el lugar provisional de llegada, y (ii) los frecuentes riesgos que amenazan directamente su supervivencia. Los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado que contribuyen a la interpretación de este derecho en el contexto del desplazamiento forzado interno son los Principios 1, 8, 10 y 13, que se refieren, entre otras cosas, a la protección contra el genocidio, las ejecuciones sumarias y prácticas contrarias al derecho internacional humanitario que pongan en riesgo la vida de la población desplazada.

2. Los derechos de los niños, de las mujeres cabeza de familia, los discapacitados y las personas de tercera edad, y de otros grupos especialmente protegidos “en razón de las precarias condiciones que deben afrontar las personas que son obligadas a desplazarse”. La interpretación de estos derechos deberá hacerse de conformidad con lo que establecen los Principios 2, 4 y 9 sobre protección especial a ciertos grupos de desplazados.

3. El derecho a escoger su lugar de domicilio, en la medida en que para huir del riesgo que pesa sobre su vida e integridad personal, los desplazados se ven forzados a escapar de su sitio habitual de residencia y trabajo. Los Principios 5, 6, 7, 14 y 15 contribuyen a la interpretación de este derecho, en particular, a la determinación de prácticas prohibidas por el derecho internacional que impliquen una coacción al desplazamiento de las personas, o su confinamiento en lugares de los cuales no puedan salir libremente.

4. Los derechos al libre desarrollo de la personalidad, a la libertad de expresión y de asociación, “dado el ambiente intimidatorio que precede a los desplazamientos” y las consecuencias que dichas migraciones surten sobre la materialización de los proyectos de vida de los afectados, que necesariamente deberán acoplarse a sus nuevas circunstancias de desposeimiento. En la interpretación de estos derechos en el contexto del desplazamiento forzado interno son pertinentes los Principios 1 y 8.

5. Por las características propias del desplazamiento, quienes lo sufren ven sus derechos económicos, sociales y culturales fuertemente afectados.. El alcance mínimo de estos derechos ha sido interpretado de conformidad con los Principios 3, 18, 19, y 23 a 27, que se refieren a condiciones para garantizar un nivel de vida digna, y el acceso a la educación, la salud, el trabajo, entre otros derechos.  

6. En no pocos casos, el desplazamiento implica una dispersión de las familias afectadas, lesionando así el derecho de sus miembros a la unidad familiar y a la protección integral de la familia.  Los Principios 16 y 17 están dirigidos, entre otras cosas,  a precisar el alcance del derecho a la reunificación familiar.

7. El derecho a la salud, en conexidad con el derecho a la vida, no sólo porque el acceso de las personas desplazadas a los servicios esenciales de salud se ve sustancialmente dificultado por el hecho de su desplazamiento, sino porque las deplorables condiciones de vida que se ven forzados a aceptar tienen un altísimo potencial para minar su estado de salud o agravar sus enfermedades, heridas o afecciones preexistentes. Los Principios 1, 2 y 19 precisan el alcance de este derecho en el contexto del desplazamiento forzado interno.

8. El derecho a la integridad personal, que resulta amenazado tanto por los riesgos que se ciernen sobre la salud de las personas desplazadas, como por el alto riesgo de ataques al que están expuestos por su condición misma de desposeimiento. A este derecho se refieren los Principios rectores 5, 6 y 11, 

9. El derecho a la seguridad personal, puesto que el desplazamiento conlleva riesgos específicos, individualizables, concretos, presentes, importantes, serios, claros y discernibles, excepcionales y desproporcionados para varios derechos fundamentales de los afectados. Para la interpretación del alcance de este derecho en el contexto del desplazamiento forzado interno son pertinentes los  Principios rectores 8, 10, 12, 13 y 15. 

10. La libertad de circulación por el territorio nacional y el derecho a permanecer en el sitio escogido para vivir, puesto que la definición misma de desplazamiento forzado presupone el carácter no voluntario de la migración a otro punto geográfico para allí establecer un nuevo lugar de residencia. Los principios 1, 2, 6, 7 y 14 resultan relevantes para la interpretación del alcance de estos derechos en relación con la población desplazada.

11. El derecho al trabajo y la libertad de escoger profesión u oficio, especialmente en el caso de los agricultores que se ven forzados a migrar a las ciudades y, en consecuencia, abandonar sus actividades habituales. Para la interpretación de estos derechos resultan relevantes los principios 1 a 3, 18, 21, 24 y 25, que establecen criterios para garantizar medios para la obtención de un nivel de vida adecuado y la protección de sus propiedades o posesiones. 

12. El derecho a una alimentación mínima, que resulta insatisfecho en un gran número de casos por los altísimos niveles de pobreza extrema a los que llegan numerosas personas desplazadas, que les impiden satisfacer sus necesidades biológicas más esenciales y repercuten, por ende, sobre el disfrute cabal de todos sus demás derechos fundamentales, en particular sobre los derechos a la vida, a la integridad personal y a la salud. Ello es especialmente grave cuando el afectado es un menor de edad. Para la interpretación del alcance de este derecho son pertinentes los Principios 1 a 3, 18 y 24 a 27, relativos al nivel de vida adecuado que se debe garantizar a la población desplazada y a la asistencia humanitaria.

13. El derecho a la educación, en particular el de los menores de edad que sufren un desplazamiento forzado y se han visto obligados, por ende, a interrumpir su proceso de formación.. En relación con este derecho, resultan relevantes los Principios13 y 23.

14. El derecho a una vivienda digna, puesto que las personas en condiciones de desplazamiento tienen que abandonar sus propios hogares o lugares habituales de residencia y someterse a condiciones inapropiadas de alojamiento en los lugares hacia donde se desplazan, cuando pueden conseguirlas y no tienen que vivir a la intemperie. En relación con este derecho, los Principios 18 y 21 establecen criterios mínimos que deben ser garantizados a la población desplazada a fin de proveerles vivienda y alojamiento básicos. 

15. El derecho a la paz, cuyo núcleo esencial abarca la garantía personal de no sufrir, en lo posible, los efectos de la guerra, y mucho menos cuando el conflicto desborda los cauces trazados por el derecho internacional humanitario, en particular la prohibición de dirigir ataques contra la población civil.Para la interpretación de este derecho son pertinentes los Principios 6, 7, 11, 13 y 21 que prohíben el desconocimiento de las normas de derecho internacional humanitario que protegen a los no combatientes.

16. El derecho a la personalidad jurídica, puesto que por el hecho del desplazamiento la pérdida de los documentos de identidad dificulta su registro como desplazados y el acceso a las distintas ayudas, así como la identificación de los representantes legales, cuando se trata de menores de edad que son separados de sus familias. El alcance de este derecho en el contexto del desplazamiento forzado interno se encuentra expresamente consagrado en el Principio rector 20.

17. El derecho a la igualdad, dado que (i) a pesar de que la única circunstancia que diferencia a la población desplazada de los demás habitantes del territorio colombiano es precisamente su situación de desplazamiento, en virtud de ésta condición se ven expuestos a todas las violaciones de los derechos fundamentales que se acaban de reseñar, y también a discriminación y (ii) en no pocas oportunidades, el hecho del desplazamiento se produce por la pertenencia de la persona afectada a determinada agrupación o comunidad a la cual se le atribuye cierta orientación respecto de los actores en el conflicto armado y por sus opiniones políticas, criterios todos proscritos como factores de diferenciación por el artículo 13 de la Carta. Lo anterior no excluye, como se ha visto, la adopción de medidas de acción afirmativa a favor de quienes se encuentren en condiciones de desplazamiento, lo cual de hecho constituye una de las principales obligaciones reconocidas por la jurisprudencia constitucional en cabeza del Estado. Los alcances de este derecho han sido definidos por los Principios 1 a 4, 6, 9 y 22, que prohíben la discriminación a la población desplazada, recomiendan la adopción de medidas afirmativas a favor de grupos especiales dentro de la población desplazada y resaltan la importancia de que a los desplazados se les garantice un trato igualitario. 

En razón de esta multiplicidad de derechos constitucionales afectados por el desplazamiento, y atendiendo a las aludidas circunstancias de especial debilidad, vulnerabilidad e indefensión en la que se encuentran los desplazados, la jurisprudencia constitucional ha resaltado que éstos tienen, en términos generales, un derecho a recibir en forma urgente un trato preferente por parte del Estado, en aplicación del mandato consagrado en el artículo 13 Superior: “el grupo social de los desplazados, por su condición de indefensión merece la aplicación de las medidas a favor de los marginados y los débiles, de acuerdo con  el artículo 13 de la Constitución Política, incisos 2° y 3° que permiten  la igualdad como diferenciación, o sea la diferencia entre distintos.”. Este punto fue reafirmado en la sentencia T-602 de 2003, en la cual se dijo que “si bien el legislador y las entidades gubernamentales deben tratar de igual modo a todas las personas, pues así lo estipula el artículo 13 de la Constitución, las víctimas del fenómeno del desplazamiento forzado interno sí merecen atención diferencial”. Este derecho al trato preferente constituye, en términos de la Corte, el “punto de apoyo para proteger a quienes se hallan en situación de indefensión por el desplazamiento forzado interno”, y debe caracterizarse, ante todo, por la prontitud en la atención a las necesidades de estas personas, ya que “de otra manera se estaría permitiendo que la vulneración de derechos fundamentales se perpetuara, y en muchas situaciones, se agravara.

Además de encontrar soporte en el artículo 13 de la Carta, el deber estatal que se señala encuentra su fundamento último, según la jurisprudencia constitucional, en la inhabilidad del Estado para cumplir con su deber básico de preservar las condiciones mínimas de orden público necesarias para prevenir el desplazamiento forzado de personas y garantizar la seguridad personal de los asociados. Según se sintetizó en la sentencia T-721 de 2003, “esta Corporación ha considerado que al Estado le compete impedir que el desplazamiento se produzca, porque las autoridades han sido establecidas para respetar y hacer respetar la vida, honra y bienes de los asociados, pero también ha dicho que si ‘no fue capaz de impedir que sus asociados fueran expulsados de sus lugares de origen, tiene por lo menos que garantizarle  a los cientos de miles de colombianos que han tenido que abandonar sus hogares y afrontar condiciones extremas de existencia la atención necesaria para reconstruir sus vidas’.Lo anterior comporta que la situación de cada una de las personas y familias desplazadas por la violencia deba ser un asunto prioritario de las autoridades”.

Ahora bien, el alcance de las medidas que las autoridades están obligadas a adoptar se determina de acuerdo tres parámetros principales, que fueron precisados en la sentencia T-268 de 2003, así: (i) el principio de favorabilidad en la interpretación de las normas que protegen a la población desplazada, (ii) los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado Interno, y (iii) el principio de prevalencia del derecho sustancial en el contexto del Estado Social de Derecho. En síntesis, “las medidas especiales a favor de los desplazados facilitan que éstos se tornen menos vulnerables, agencian la reparación de las injusticias derivadas del desplazamiento involuntario y se orientan a la realización efectiva de ciertos derechos de bienestar mínimo que constituyen la base para la autonomía y el autosostenimiento de los sujetos de desplazamiento.”. 

5.3. Las órdenes dictadas para la protección de los derechos de las población desplazada

La Corte se ha pronunciado en 17 ocasiones sobre los derechos de la población desplazada. Las sentencias han estado dirigidas principalmente a: (i) corregir actuaciones negligentes o discriminatorias y omisiones de las autoridades encargadas de atender a la población desplazada; (ii) señalar las responsabilidades institucionales en la atención de la población desplazada; (iii) precisar los derechos constitucionales de la población desplazada; (iv) fijar criterios para la interpretación de las normas que regulan la ayuda para esta población, de tal manera que se garanticen efectivamente sus derechos; (v) rechazar el retardo injustificado o la omisión de las autoridades para atender a quienes se ven afectados por el desplazamiento forzado; (vi) urgir el desarrollo de políticas y programas adecuados para la atención de este fenómeno; (vii) precisar los elementos que determinan la condición de desplazado; (viii) señalar los obstáculos que impiden una atención adecuada de la población desplazada y que favorecen o agravan la vulneración de sus derechos; (ix) indicar falencias u omisiones en las políticas y programas diseñados para atender a la población desplazada; y (x) otorgar una protección efectiva a la población desplazada, en particular cuando se trata de personas especialmente protegidas por la Constitución como son los niños, la mujeres cabezas de familia, las personas de la tercera edad y las minorías étnicas.

Con el fin de garantizar una protección efectiva de la población desplazada, la Corte ha ordenado (i) a las distintas autoridades que participan en la protección de la población desplazada, incluir a los accionantes en los programas y políticas existentes en un plazo breve que va desde las 48 horas a los 3 meses siguientes a la notificación de la sentencia; (ii) al Presidente de la República, coordinar con los distintos ministerios y entidades encargadas de la atención de la población desplazada, las acciones indispensables para garantizar, en un plazo de máximo de 30 días, la solución definitiva de los problemas que enfrentaban los accionantes; (iii) adelantar en un plazo de 48 horas todas las gestiones necesarias para trasladar al accionante a un lugar donde su vida e integridad no corran peligro; (iv) a la Red de Solidaridad Social, incluir al accionante en el Registró Único de Población Desplazada; (v) que se constituya el Comité Municipal de Atención Integral de la Población Desplazada en un plazo de 10 días, a fin de que ese Comité estableciera en un plazo máximo de 20 días, el programa de reubicación y estabilización de los accionantes; (vi) a la Red de Solidaridad Social coordinar con el Instituto de Bienestar Familiar la inclusión de los menores demandantes en los programas existentes en dicha entidad y tramitar de manera preferencial y rápida, ante la entidad que corresponda la solicitud de subsidio familiar de vivienda; (vii) a la Red de Solidaridad Social otorgar la ayuda humanitaria de emergencia solicitada; (viii) al Director Nacional de la Red de Solidaridad Social que incluya a los accionantes en un proyecto productivo articulado a un programa de seguridad alimentaria; (ix) a la Red de Solidaridad Social para que en un plazo de 48 horas realice las gestiones necesarias ante las entidades competentes para que se suministre la atención integral de salud requerida por la actora; (x) a la Red de Solidaridad Social, brindar en un plazo de 48 horas la asesoría necesaria a la actora sobre las distintas alternativas de consolidación económica; (xi) que la Red de Solidaridad Social asista y asesore efectivamente a la actora; (xii) a la Defensoría del Pueblo diseñar y dictar cursos de promoción de derechos humanos y de respeto de los derechos de la población desplazada a las distintas autoridades, con el fin de sensibilizarlas frente a esta problemática;  (xiii) al Gobierno Nacional, para que en un plazo razonable reglamente la Ley 715 de 2001 en lo concerniente al traslado y reubicación de docentes amenazados; (xiv)a la Defensoría del Pueblo, velar por la divulgación y promoción de los derechos de la población desplazada; (xv) al Procurador General de la Nación, ejercer la vigilancia del cumplimiento de lo ordenado en la sentencia; y (xvi) a la Defensoría del Pueblo, instruir a la población desplazada sobre sus derechos y deberes constitucionales.

La anterior descripción de los derechos vulnerados y de la respuesta del juez de tutela en casos que comprenden varios núcleos familiares, que se han repetido a veces hasta en nueve ocasiones y que por su extrema gravedad ameritaron la intervención de esta Corte, muestra que el patrón de violación de los derechos de la población desplazada ha persistido en el tiempo, sin que las autoridades competentes hayan adoptado los correctivos suficientes para superar esas violaciones, y sin que las soluciones puntuales ordenadas por la Corte frente a las violaciones detectadas en las sentencias dictadas hasta el momento, hayan contribuido a impedir la reincidencia de las autoridades demandadas en tutela. Inclusive, se ha llegado a agravar la situación de afectación de los derechos de la población desplazada ante la exigencia impuesta por algunos funcionarios de la interposición de acciones de tutela como requisito previo para que las autoridades encargadas de su atención cumplan con sus deberes de protección.

6. Identificación de las acciones u omisiones estatales que configuran una violación de los derechos constitucionales de los desplazados. 

Las políticas públicas de atención a la población desplazada no han logrado contrarrestar el grave deterioro de las condiciones de vulnerabilidad de los desplazados, no han asegurado el goce efectivo de sus derechos constitucionales ni han favorecido la superación de las condiciones que ocasionan la violación de tales derechos. Según un estudio reciente, las condiciones básicas de vida de dichas personas distan mucho de satisfacer los derechos reconocidos nacional e internacionalmente. El 92% de la población desplazada presenta necesidades básicas insatisfechas (NBI), y el 80% se encuentra en situación de indigencia. Igualmente, el 63.5% de la población desplazada tiene una vivienda inadecuada, y el 49% no cuenta con servicios idóneos. 

En cuanto a la situación alimentaria de la población desplazada, se concluye que la “brecha en calorías” de los hogares desplazados es del 57%, es decir, que sólo consumen el 43% de los niveles recomendados por el PMA. Igualmente se encontró que el 23% de los niños y niñas menores de seis años desplazados están por debajo del estándar alimenticio mínimo. A su vez, las insuficiencias alimenticias mencionadas se traducen en un estado desnutrición que tiene como consecuencias, entre otras, retraso de la talla para el peso y del peso para la edad, déficit en atención escolar, predisposición a las infecciones respiratorias y a la diarrea, disminución de la visión, y aumento de la morbilidad infantil. 

En relación con el grado de acceso a la educación de la población escolar desplazada, se observa que el 25% de los niños y niñas entre 6 y 9 años no asiste a un establecimiento escolar, mientras que esta proporción para las personas entre 10 y 25 años es de 54%. Por último, en relación con la salud de las víctimas del desplazamiento forzado, la tasa de mortalidad para la generalidad de la población desplazada es 6 veces superior al promedio nacional. 

Ahora bien, la grave situación de la población desplazada no es causada por el Estado, sino por el conflicto interno, y en particular, por las acciones de los grupos armados irregulares. Sin embargo, en virtud del artículo 2º de la Carta, el Estado tiene el deber de proteger a la población afectada por este fenómeno, y de esta manera, está obligado a adoptar una respuesta a dicha situación. 

Por lo tanto, la Corte al analizar las políticas públicas de atención a la población desplazada, determinará si el Estado, a través de acciones u omisiones en el diseño, la implementación, el seguimiento o la evaluación de éstas, ha contribuido de una manera constitucionalmente significativa al desconocimiento de los derechos fundamentales de las personas en condición de desplazamiento. La Sala se fundamentará en (i) varios de los documentos de análisis y evaluación de la política de atención a la población desplazada y de sus distintos programas, aportados a este proceso por entidades gubernamentales, organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales, y (ii) las respuestas al cuestionario formulado por la Sala Tercera de Revisión, que aparecen resumidas en el anexo 2. 

Dada la extensión de esos documentos y su referencia a aspectos no relacionados directamente con la supuesta vulneración de los derechos de la población desplazada que dieron lugar a la presente tutela, la Sala tomará en consideración sólo algunos de los reparos efectuados, basados en las principales observaciones, sin pretender hacer una revisión exhaustiva. 

Ante todo, la Sala aprecia que en los últimos años algunas entidades estatales, dentro de las que se encuentra la Red de Solidaridad Social, han realizado esfuerzos considerables para mitigar los problemas de la población desplazada y han obtenido avances importantes. Como se observará posteriormente en este documento, entre los años 1998 y 2003 el número de personas desplazadas a quienes se proporcionó atención humanitaria de emergencia o se prestó algún tipo de ayuda tendiente a su restablecimiento socioeconómico aumentó considerablemente. Igualmente durante el año 2003 se observó una disminución del número de nuevos desplazados en el país. La Sala no profundizará en los elementos a partir de los cuales se han obtenido estos resultados positivos. En el anexo 5 de esta sentencia la Corte analiza de manera más detallada la respuesta estatal al fenómeno del desplazamiento, y las diferentes observaciones formuladas por las entidades y organizaciones, respecto de las políticas públicas de atención a la población desplazada. 

Además de las intervenciones de cada una de las organizaciones a las cuales esta Sala solicitó el aporte de pruebas, los documentos recibidos por la Corte de los cuales se deducen las conclusiones que se mencionarán a continuación son: Robert Muggah, “Capacidades institucionales en medio del conflicto. Una evaluación de la respuesta en la reubicación de la población desplazada en Colombia”, Departamento Nacional de Planeación Bogotá, mimeo, enero de 2000;  Pastoral Social, Secretariado Nacional, Sección de Movilidad Humana, Sistemas y Alianzas Estratégicas en el reasentamiento de la población desplazada por la violencia en Colombia, Estudios de las Comunidades de Montes de María (Bolívar), Juradó (Chocó) y Neiva (Huila)”, 2001; Jaime Andrés Erazo, Ana María Ibáñez, Stefanie Kirchhoff y Alberto Galán, “Diversas causas y costos del desplazamiento: ¿Quién los compensa?”, en revista Planeación y Desarrollo, Vol XXX, No 3, Julio-Septiembre de 1999; Red de Solidaridad Social, “Desplazamiento: Implicaciones y retos para la gobernabilidad, la democracia y los derechos humanos. IIo seminario Internacional “Balance de las políticas de atención a la población desplazada 1998-2002”, segundo semestre de 2002; ACNUR y Red de Solidaridad Social, “Balance de la Política de atención al desplazamiento interno forzado en Colombia 1999-2002”, agosto 6 de 2002; Ministerio de Educación Nacional, Dirección de Apoyo a la Gestión Educativa Territorial, Programa de Atención a la Población Escolar Desplazada, “Política para la Atención a La Población Escolar Desplazada”, Noviembre de 2002; International Crisis Group, “La Crisis Humanitaria en Colombia, Informe de América Latina”, No 4, 9 de Julio de 2003; Defensoría del Pueblo, Evaluación de la Política de Atención a la Población Desplazada, 2003; Observatorio de los Derechos Humanos de las Mujeres en Colombia, “Derechos humanos de las mujeres en situación de desplazamiento”, elaborado por Carolina Vergel, bajo la coordinación de Claudia Mejía, Junio de 2003; Ponencia “Derechos de las mujeres en situación de desplazamiento: Más que una cuenta pendiente”, elaborada por Carolina Vergel Tovar, bajo la coordinación de Claudia Mejía, para el Seminario “ONG Colombianas: Estrategias de Atención a la Población en Situación de Desplazamiento”, realizado en Cartagena de Indias, el 17 de Junio de 2003; Informe de evaluación de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación en el Medio Atrato, Junio de 2003; CODHES Boletín número 44, 28 de Abril de 2003. Ana María Ibáñez y Carlos Eduardo Vélez, Instrumentos de atención a la población desplazada, en Colombia: Una distribución desigual de las responsabilidades municipales, Documento CEDE, Universidad de los Andes, Diciembre de 2003. Naciones Unidad, Programa Mundial de Alimentos PMA, Vulnerabilidad a la Inseguridad Alimentaria de la Población desplazada por la violencia en Colombia, informe de 2003.

Para este análisis, la Corte hará un resumen (i) de la respuesta estatal al fenómeno, (ii) de los resultados de dicha política, y (iii) de sus problemas más protuberantes. El análisis detallado de cada aspecto se encuentra en  el anexo 5 de esta sentencia.

6.1. La respuesta estatal al fenómeno del desplazamiento forzado. 

La Corte constata que la política pública sobre desplazamiento forzado existe. Una multiplicidad de leyes, decretos, documentos CONPES; resoluciones, circulares acuerdos y directivas presidenciales plasman una respuesta institucional encaminada a enfrentar la problemática de la población desplazada y regulan de manera concreta, tanto la atención a la población desplazada en sus diferentes componentes, como la actuación exigida a los distintos organismos y servidores públicos. La Corte hará un breve resumen del contenido de dicha política de acuerdo a los siguientes elementos: i) La definición del problema, (ii) los objetivos y metas establecidos, (iii) los medios dispuestos para el cumplimiento de los fines, y (iv) las personas u organismos con los cuales las entidades gubernamentales deben participar en el desarrollo de las políticas. 

6.1.1. En cuanto a la definición del problema, varios documentos estatales contienen una descripción genérica de éste. El Documento CONPES 2804 de 1995 realizó una descripción general de las consecuencias socioeconómicas, políticas y psicosociales del fenómeno del desplazamiento forzado en Colombia. Así mismo, el Documento CONPES 3057 de 1999 definió, también de manera general, la magnitud y las características del desplazamiento forzado. Adicionalmente, tanto la Ley 387 de 1997 como el Decreto 2569 de 2000 definen la condición de desplazado, y establecen el sistema único de registro, que al manejarse en una base de datos, encaminada a incluir la totalidad de personas a las cuales se presta algún tipo de atención, refleja la magnitud del problema en términos cuantitativos. Por último, la Ley 387 de 1997 dispone los principios y los derechos de los desplazados a partir de los cuales debe ser interpretada la normatividad concerniente a los deberes estatales respecto de los desplazados.

6.1.2. En cuanto a las finalidades de las políticas, la Ley 387 de 1997 y el Decreto 173 de 1998 señalan los objetivos del Plan Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada. Por su parte, tanto la Ley 387 de 1997, como el Decreto 2569 de 2000 indican los fines básicos buscados en cada uno de los componentes de la atención. Por último, el Decreto 173 mencionado dispone las estrategias para la ejecución de cada uno de los componentes, dentro de las cuales se encuentran las acciones, programas y proyectos que deben desarrollar las entidades estatales. Tales fines son diferentes en cada una de las tres etapas en que ha sido legalmente definida la política del Estado: ayuda humanitaria, estabilización socioeconómica y retorno o restablecimiento. 

6.1.3. Las normas también definen los medios para lograr los fines planteados y señalan, al menos de manera general, los organismos responsables de su cumplimiento y los requisitos, procedimientos y condiciones para la prestación de dichos servicios. 

Las funciones de atención a la población desplazada en sus diferentes niveles y componentes, son atribuidas, por un lado a las entidades que componen el Sistema Nacional de Atención a la Población Desplazada (SNAIPD), y por otro, a las entidades territoriales. A su vez, desde la expedición del Decreto 2569 de 2000, la coordinación del SNAIPD, anteriormente en manos del Ministerio del Interior, pasó a ser responsabilidad de la Red de Solidaridad Social. Además la Ley atribuyó al Consejo Nacional para la Atención de la Población Desplazada, entre otras, la función de “garantizar la asignación presupuestal de los programas que las entidades responsables del funcionamiento del Sistema Nacional de atención integral a la población desplazada por la violencia, tienen a su cargo.” A dicho Consejo concurren los principales ministerios, con responsabilidades directas en la materia. 

La atención humanitaria de emergencia debe ser suministrada por la Red de Solidaridad Social, ya sea de manera directa, o a través de convenios con organizaciones no gubernamentales, entidades particulares y organizaciones internacionales. El acceso a dicho componente está limitado a tres meses prorrogables excepcionalmente por otros tres. Este aspecto que será analizado en el apartado 9 de esta sentencia. Adicionalmente, el monto de los recursos destinados a este componente depende de la disponibilidad presupuestal.

Por su parte, la ejecución de programas de estabilización socioeconómica depende de la disponibilidad presupuestal, aun cuando las entidades estatales pueden contar con la ayuda de organismos humanitarios, tanto de carácter nacional como internacional. A su vez, los bienes y servicios incluidos en este componente deben ser suministrados por varias autoridades, ya sea del gobierno nacional o de las entidades territoriales. Así, para las soluciones de vivienda para la población desplazada, el Decreto 951 de 2001 establece los requisitos y los procedimientos para acceder a los subsidios de vivienda y dispone las funciones y responsabilidades de las entidades que intervienen en la prestación de este componente de la atención (el Inurbe, por ejemplo). Los programas de generación de proyectos productivos y el acceso a programas de capacitación laboral se encuentran regulados de manera general en el Decreto 2569 de 2000. Por último, el Decreto 2007 de 2001 regula el programa de acceso y tenencia de la tierra de la población desplazada, cuyo cumplimiento está a cargo, entre otros organismos, de las entidades territoriales, el desaparecido INCORA y las oficinas de registro de instrumentos públicos.

6.1.4. Por último, en referencia a las personas o los organismos particulares o internacionales con cuya participación debe ser diseñada e implementada la política de atención a la población desplazada, las normas relevantes establecen lo siguiente: Primero, el diseño y la ejecución de las políticas deben ser realizados contando con la participación de las comunidades desplazadas. Segundo, las entidades estatales pueden concluir convenios con organizaciones no gubernamentales ONG. Tercero, las normas establecen que el Estado podrá solicitar ayuda a los organismos internacionales. Por último, las directivas presidenciales estipulan que el Estado deberá buscar un mayor compromiso de la sociedad civil.

6.2. Los resultados de la política pública de atención a la población desplazada.

A pesar de que la política pública de atención a la población desplazada, ha sido desarrollada normativamente desde el año 1997, según los informes aportados a este proceso, sus resultados no han logrado contrarrestar la situación de vulneración de los derechos constitucionales de la mayoría de la población desplazada. Tales resultados pueden analizarse de acuerdo a (i) los datos acerca de la cobertura de cada uno de los componentes de la atención, y (ii) el grado de satisfacción de la población desplazada. 

6.2.1. De acuerdo a la Unidad Técnica Conjunta, los avances en la formulación de las políticas no se han traducido en la generación de resultados concretos. Por ejemplo, si se toman en cuenta las metas establecidas en el Documento CONPES 3057 y en el “Plan Estratégico”, es posible concluir que “no se lograron los resultados esperados”. 

Así lo reconocen los estudios de la propia Red de Solidaridad Social, entidad pública de orden nacional, adscrita al Departamento Administrativo de la Presidencia de la República. Según datos de la Red de Solidaridad Social, “el 61 por ciento de la población desplazada no recibió ayuda del gobierno en el período comprendido entre enero de 2000 y junio de 2001.” Igualmente, “sólo el 30 % de las personas que se desplazaron individualmente o en grupos pequeños recibieron asistencia gubernamental en los primeros once meses del gobierno actual”.

Los niveles de cobertura de todos los componentes de la política son insuficientes. La atención humanitaria de emergencia, que, como se dijo, es el componente que mejores resultados ha registrado, entre 1998 y 2002 tuvo una cobertura del 43% de hogares desplazados registrados por la Red de Solidaridad Social, del 25% de familias reportadas por CODHES, y ha cumplido con el 36% del nivel establecido como meta en el Plan Estratégico. Al analizar únicamente los casos de desplazamiento individual, se observa que los datos son peores. En este caso, la cobertura es del 33% de los desplazados registrados por la Red de Solidaridad Social, y del 15.32% de los reconocidos por CODHES.   

Los resultados de los proyectos de generación de ingresos por cuenta propia son aún más bajos. Frente a la población desplazada registrada por la Red de Solidaridad Social la cobertura es del 19.5%. Así mismo, frente a las metas del “Plan Estratégico”, es del 31,6 %. Ahora bien, si se tienen en cuenta los resultados concernientes, no a la cobertura, sino al nivel de éxito de los programas de estabilización socioeconómica a los cuales han tenido acceso algunas personas desplazadas, se constata que, con excepción de los proyectos de capacitación laboral, los resultados son valorados por los informes presentados a este proceso como más que insuficientes. En los proyectos de capacitación laboral se han obtenido resultados elevados, pero su cobertura ha sido baja, pues la acción estatal se ha enfocado en mayor medida en los proyectos productivos.

En el resto de los componentes, los resultados son inferiores. Por ejemplo, la Unidad Técnica Conjunta estima que en el período 1998-2002, los programas en materia de vivienda han cumplido solamente el 11.4% de las metas planteadas y se ha satisfecho el 3.7% de la demanda potencial. Se constata que las viviendas construidas no cumplen con las condiciones mínimas de acceso a servicios públicos domiciliarios, ubicación, calidad de los materiales y distribución de los espacios. 

6.2.2. De otra parte, existe un alto grado de insatisfacción con los resultados de las políticas. Primero, los documentos analizados por la Corte son prueba de un amplio y generalizado descontento de los organismos, tanto públicos como privados, que evalúan la respuesta institucional. Segundo, lo mismo puede decirse de las comunidades desplazadas, lo cual se hace evidente con la interposición de un número bastante elevado de acciones de tutela, a través de las cuales dichas personas intentan acceder a la oferta institucional, la cual es inalcanzable por medio de los programas estatales ordinarios. 

6.3. Los problemas más protuberantes de la política de atención a la población desplazada. 

Esta Sala encuentra que los bajos resultados de la respuesta estatal, según los cuales no ha sido posible proteger integralmente los derechos de la población desplazada, se pueden explicar de acuerdo a dos problemas principales. (i) La precariedad de la capacidad institucional para implementar la política, y (ii), la asignación insuficiente de recursos. Dichos problemas se resumen a continuación. Para un análisis más detallado de los problemas de la política pública de atención a la población desplazada ver la sección 2 del Anexo 5 esta sentencia. 

6.3.1. Los problemas de la capacidad institucional para proteger a la población desplazada.

La Corte constata que en todos los niveles de la política pública de atención a la población desplazada existen problemas graves relacionados con la capacidad institucional del Estado para proteger los derechos de la población desplazada. Dichos problemas han sido señalados por entidades gubernamentales y particulares desde los inicios de la política pública, sin que hayan tenido solución, a pesar de algunos avances importantes. Se analizará (i) el diseño y el desarrollo reglamentario de la política pública dirigida a responder al desplazamiento forzado; (ii) la implementación de la política, y (iii), el seguimiento y la evaluación de la gestión realizada en la ejecución de la política. En el Anexo 5 sección 2, se encuentran las fuentes específicas que en las que se basaron las siguientes conclusiones. 

6.3.1.1. En cuanto al diseño y el desarrollo reglamentario de la política, se evidencian los siguientes problemas. 

(i) No existe un plan de acción actualizado acerca del funcionamiento del SNAIPD, que permita una mirada integral de la política.

(ii) No se han fijado metas específicas o indicadores que permitan detectar si los fines de las políticas se han cumplido. No existen prioridades e indicadores claros. 

(iii) La asignación de funciones y responsabilidades a las distintas entidades es difusa. Esto se evidencia en que (a) aunque a las entidades que componen el SNAIPD y las entidades territoriales se les designan funciones de acuerdo a sus competencias, la normatividad no es precisa acerca de qué debe cumplir cada una de ellas y en muchas ocasiones, las responsabilidades se encuentran duplicadas; (b) la Red de Solidaridad, que se supone tiene funciones de coordinación, pero no tiene instrumentos adecuados para ejercer una coordinación de manera efectiva respecto de las demás entidades integrantes del SNAIPD. Estas carencias obstaculizan la coordinación de acciones entre las diferentes entidades, impiden el seguimiento adecuado de la gestión, dificultan la priorización de las necesidades más urgentes de la población desplazada y estimulan la ausencia de acción de las entidades integrantes del SNAIPD y de los entes territoriales. 

(iv) Se ha registrado la ausencia o grave insuficiencia de algunos elementos de la política considerados fundamentales por los que aportaron informes a este proceso. En este sentido, (a) no se establecen plazos para el cumplimiento de los objetivos propuestos, (b) no se señala el nivel necesario de apropiaciones para el cumplimiento de los fines propuestos, (c) no se prevé concretamente el equipo humano necesario para la implementación de las políticas, y (d), tampoco se disponen los recursos administrativos idóneos para la ejecución de las políticas.

(v) Varias de las políticas de atención a la población desplazada no han contado con un desarrollo suficiente. En particular, esto sucede en los siguientes aspectos, según los informes presentados: (a) No ha sido regulada la participación de las población desplazada en el diseño y la ejecución de las políticas. No se han diseñado mecanismos eficientes dirigidos a la intervención real de la población desplazada. (b) La población desplazada no cuenta con información oportuna y completa acerca de sus derechos, la oferta institucional, los procedimientos y requisitos para acceder a ella, y las instituciones responsables de su prestación. (c) Existe un manejo desagregado y desordenado de la consecución y manejo de los recursos provenientes de la comunidad internacional. (d) Tampoco se observa un desarrollo integral y concreto de las políticas encaminadas a que la sociedad civil no desplazada adquiera conciencia de la magnitud del fenómeno, y a que el sector empresarial se involucre en programas dirigidos a su solución. (e) No ha habido un desarrollo integral de programas o proyectos encaminados a la preparación de funcionarios. Sobre todo a nivel territorial, los funcionarios públicos no se encuentran adecuadamente informados acerca de sus funciones y responsabilidades, de las características del fenómeno del desplazamiento, ni de los requerimientos de la población desplazada. Tampoco son entrenados para tratar con personas en condición de desplazamiento. (f) No han sido reglamentadas las políticas que faciliten el acceso a la oferta institucional a los grupos desplazados en situación de mayor debilidad, tales como las mujeres cabeza de familia, los niños, o los grupos étnicos No existen programas especiales que respondan a las especificidades de los problemas que aquejan a dichos grupos. 

(vi) El diseño de la atención humanitaria de emergencia, que hace énfasis en el factor temporal, resulta demasiado rígido para atender de manera efectiva a la población desplazada. El límite temporal de tres meses no responde a la realidad de la continuación de la vulneración de sus derechos, de tal forma que  la prolongación en el tiempo de dicha prestación no depende de las condiciones objetivas de la necesidad de la población, sino del simple paso del tiempo. 

(vii) No es clara la adjudicación de funciones con los proyectos productivos urbanos, pues el IFI está en proceso de fusión. Lo mismo ocurre con los programas de adjudicación de tierras, pues el INCORA se encuentra en liquidación. La evidencia apunta a que en el momento presente no existen entidades que incluyan dentro de sus funciones los componentes relacionados con la adjudicación de tierras y los proyectos productivos a nivel urbano.

6.3.1.2. En cuanto a la implementación de la política de atención a la población desplazada, las organizaciones que enviaron documentación en el presente proceso señalan, de manera consistente, que la política pública de atención a la población desplazada continúa centrada en la formulación y que existe una brecha excesivamente amplia entre la expedición de normas y la redacción de documentos, por un lado, y los resultados prácticos, por el otro. Los problemas de la implementación pueden ser agrupados de acuerdo a los siguientes criterios.

(i) En cuanto al grado de la implementación de las políticas de atención a la población desplazada se observa una insuficiencia de acciones concretas por parte de las entidades a las cuales se han asignado funciones. Varias de las entidades que componen el SNAIPD, no han creado programas especiales para la población desplazada, a pesar de que éstos fueron definidos como necesarios. Por su parte, algunas de las entidades territoriales, se abstienen de asignar los recursos financieros o humanos necesarios para cumplir con sus obligaciones, y no han conformado los comités territoriales. Lo anterior se evidencia en casi todos los componentes de la atención: (a) Los mecanismos de prevención, i.e. el sistema de Alertas Tempranas y el Decreto 2007 en relación con la congelación de los procesos de enajenación de predios rurales en áreas de riesgo de desplazamiento, no se han aplicado de manera integral, y no han logrado prevenir el fenómeno. (b) Los sistemas de información no incluyen la totalidad de ayudas recibidas por la población registrada, ni los bienes inmuebles abandonados en razón al desplazamiento. (c)La atención humanitaria de emergencia se presta en forma demorada y en grados de cobertura muy bajos. (d) En cuanto a la educación de la población escolar desplazada, a la escasez de cupos en algunos lugares se suma la falta de programas que faciliten apoyo en cuanto a libros, materiales y elementos mínimos exigidos por los distintos planteles, los cual estimula la deserción escolar. (e) Los programas de estabilización socioeconómica y adjudicación de tierras y vivienda se facilitan a un número mínimo de desplazados. En los pocos casos en los cuales se otorgan facilidades de crédito, las entidades responsables se abstienen de prestar la asesoría y acompañamiento necesarios. (f) En cuanto al componente de retorno, no se han aplicado los programas de reactivación económica, ni proporcionado los elementos que permitan que las comunidades que intentan volver a sus lugares de origen puedan sobrevivir de manera autónoma. Tampoco se han implementado los mecanismos que protegen la propiedad o la posesión de las tierras de las personas desplazadas. 

(ii) En cuanto a la adecuación y efectiva conducencia de los distintos componentes de la política, la Sala observa que en ciertos casos, los medios utilizados para alcanzar los fines de las políticas no son idóneos según los informes presentados: (a) En la estabilización socioeconómica de los desplazados, los requisitos y las condiciones para acceder a capital no son consistentes con la realidad económica de las personas en condición de desplazamiento. Por ejemplo, para acceder a algunos de los programas ofrecidos, la población desplazada debía probar ser propietaria de vivienda o tierra en la cual desarrollaría el proyecto. De la misma manera, los criterios técnicos de evaluación de los proyectos productivos presentados como candidatos para ser financiados no se ajustan a las condiciones y habilidades de los desplazados. Adicionalmente, el establecimiento de montos máximos para la financiación de alternativas productivas excluye la posibilidad de tener en cuenta las particularidades sociodemográficas y económicas de cada proyecto. (b) En materia de atención en salud, el trámite para que las personas desplazadas accedan al servicio, por un lado, y para que las entidades prestadoras del servicio puedan cobrar por éstos al FOSYGA, por el otro, han obstruido el acceso de la población desplazada a la salud. (c) Los requisitos y condiciones para acceder a los créditos de vivienda no se ajustan a las carencias económicas de los hogares desplazados. La exigencia de tiempos de ahorro, referencias personales y comerciales, así como otros requisitos, son en muchos casos, imposibles de cumplir para la población desplazada. Tales exigencias resultan discriminatorias y constituyen barreras de entrada para el acceso a este tipo de ayudas. (d) En cuanto a la educación, la exigencia a los hogares desplazados de pagar un valor mínimo costeable para que las personas desplazadas en edad escolar puedan acceder a cupos educativos ha sido una barrera, frecuentemente infranqueable, para la inscripción de los menores. 

(iii) En cuanto al cumplimiento y la continuidad de la política, dado que no existen mecanismos de seguimiento de la gestión de las distintas entidades que hacen parte del SNAIPD, ni plazos de evaluación del cumplimiento de los objetivos fijados para cada componente de la atención a la población desplazada, no es posible evaluar la puntualidad de las entidades responsables en la ejecución de los programas. No obstante, se observan algunas carencias en la implementación de las políticas, en lo concerniente al tiempo de su ejecución. Por ejemplo, los desembolsos de dinero necesarios para iniciar los proyectos productivos son demorados y no son realizados en concordancia con los ciclos productivos de los negocios que lograron acceder a la ayuda crediticia. Además las ayudas y la prestación de servicios en las distintas etapas del proceso de atención a la población desplazada se hace de manera discontinua y demorada. Subraya la Corte que, según los informes, no existe una concatenación adecuada entre algunas etapas y componentes de la atención. Este problema está presente en casi todos los componentes de la política. Así, la prestación de la atención humanitaria de emergencia puede tardar hasta seis meses, mientras que los períodos de espera para acceder a programas de estabilización socioeconómica y a soluciones de vivienda son aún más prolongados (dos años). En este sentido, el período de transición entre la prestación de atención humanitaria de emergencia, y la ayuda en materia de estabilización socioeconómica es excesivamente demorado, lo cual lleva a que la población desplazada deba sobrellevar unas condiciones de vida muy precarias. 

(iv) La implementación de la política en algunos de sus componentes ha sido en exceso inflexible, por ejemplo, en el campo de la contratación, lo que impide una respuesta institucional expedita al problema, que corresponda a la situación de emergencia de la población desplazada.  

(v) Por último, ciertas herramientas utilizadas para implementar las políticas han generado efectos negativos en el cumplimiento de los objetivos: (a) En el caso de la atención en salud, la expedición de la Circular 042 de 2002, a pesar de estar diseñada para evitar la duplicidad de pagos y para reintegrar parte de la población desplazada al sistema de seguridad social en salud, generó en su tiempo una barrera al acceso al servicio de salud. (b) En cuanto a la atención humanitaria de emergencia se observa que los requisitos de visita domiciliaria impuestos para la prestación de dicho servicio han contribuido a la demora en su prestación. (c) En los programas de subsidio para la adquisición de vivienda, la falta adecuada de información sobre las zonas aptas para la construcción de vivienda ha generado reasentamientos en barrios marginales que no cuentan con servicios públicos domiciliarios básicos, o en zonas de alto riesgo. (d) Las líneas de crédito agrarias han sido desarrolladas de tal forma que la responsabilidad del pago de la deuda no es asumida por las personas desplazadas, sino por organizaciones que “integran” a la población desplazada en el proyecto productivo, de lo cual se genera un desincentivo para que estas personas jurídicas participen activamente en la implementación de dichas soluciones. A su vez, esto ha tornado extremadamente difícil que la población desplazada acceda a programas de generación de ingresos.  

6.3.1.3. En cuanto al seguimiento y la evaluación de la política, se observa los siguiente: 

(i) En relación con los Sistema de Información, (a) subsiste el problema del subregistro, en particular cuando se trata de desplazamientos menores, o individuales, en los que no se acude a la Red para solicitar su inscripción. Esta debilidad impide dimensionar el esfuerzo futuro que será necesario para diseñar las políticas de retorno y devolución de propiedades o reparación de perjuicios causados a la población desplazada; obstaculiza el control sobre las ayudas entregadas por otras agencias; y dificulta la evaluación del impacto de la ayuda entregada. (b) El Sistema Único de Registro no comprende la ayuda que no es entregada por la Red de Solidaridad Social, lo cual excluye del registro el seguimiento de la prestación de los servicios de educación, salud y de vivienda. (c) Los sistemas de registro no son sensibles a la identificación de necesidades específicas de los desplazados que pertenecen a grupos bajo un mayor nivel de vulnerabilidad, tales como las mujeres cabeza de familia y los grupos étnicos. (d) Los sistemas de registro no incluyen información acerca de las tierras abandonadas por los desplazados. (e) La información sobre cada desplazado disponible no está encaminada a identificar sus posibilidades de generación autónoma de ingresos en la zona de recepción, lo cual entraba la implementación de las políticas de estabilización socioeconómica. 

(ii) No existen sistemas de evaluación de la política. La política no prevé un sistema diseñado para detectar los errores y obstáculos de su diseño e implementación, y mucho menos, que permita una corrección adecuada y oportuna de dichas fallas. Ni en el ámbito nacional, ni en el territorial se dispone de sistemas o indicadores de verificación, seguimiento y evaluación de los resultados. 

6.3.1.4. En conclusión, la Corte estima que la respuesta del Estado sufre de graves deficiencias en cuanto a su capacidad institucional, que abarcan todos los niveles y componentes de la política, y por lo tanto, que impiden, de manera sistemática, la protección integral de los derechos de la población desplazada. No puede el juez de tutela solucionar cada uno de estos problemas, lo cual corresponde tanto al Gobierno Nacional y a las entidades territoriales, como al Congreso de la República, dentro de sus respectivos ámbitos de competencia. No obstante, lo anterior no impide que al constatar la situación de vulneración de los derechos fundamentales en casos concretos, la Corte adopte correctivos encaminados a asegurar el goce efectivo de los derechos de los desplazados, como lo hará en esta sentencia, e identifique remedios para superar estas falencias estructurales que comprometen diversas entidades y órganos del Estado. 

6.3.2. Insuficiencia en la apropiación de recursos para la implementación de políticas de atención a la población desplazada.

La escasez de recursos ha sido señalada consistentemente por los documentos aportados al proceso, publicados en distintos momentos y elaborados por entidades tanto de carácter público como particular, como la causa central de las fallas en la implementación de las políticas de atención a la población desplazada. El gobierno central ha destinado recursos financieros inferiores a las necesidades de la política y muchas de las entidades territoriales no han destinado recursos propios para atender los distintos programas, a pesar de que los Documentos CONPES determinaron un volumen de recursos necesarios para garantizar los derechos fundamentales de las víctimas del desplazamiento. La insuficiencia de recursos ha afectado la mayoría de los componentes de la política y ha llevado a que las entidades que integran el SNAIPD no puedan adelantar acciones concretas adecuadas para cumplir los objetivos trazados en la política. Es por ello que el nivel de ejecución de las políticas es insuficiente frente a las necesidades de la población desplazada y que los índices de cobertura de sus distintos componentes son tan bajos. 

Si bien existió un aumento considerable de los recursos destinados a la atención de la población desplazada entre los años 1999 y 2002, el nivel absoluto de los montos asignados continúa siendo insuficiente, y muy inferior a los niveles necesarios para (a) satisfacer la demanda de las personas desplazadas, (b) proteger los derechos fundamentales de las víctimas de este fenómeno, y (c) desarrollar e implementar efectivamente las políticas previstas en la ley y desarrolladas por el ejecutivo en normas reglamentarias y documentos CONPES. Adicionalmente, esta Sala constata que para el año 2003 la asignación de recursos expresa y específicamente orientada a la ejecución de dichas políticas se redujo. Por ejemplo, en el año 2002 fueron asignados en el Presupuesto General de la Nación $103´491 millones de pesos a la “población desplazada”, mientras que para el año 2003 dicho monto fue de $70´783 millones, produciéndose una disminución del 32 % de los dineros asignados.

Sin embargo, la Ley 387 de 1997 prevé en varias disposiciones que la política de atención a la población desplazada no solo es prioritaria sino que no condiciona el cumplimiento de las prestaciones en ella previstas para proteger los derechos de la población desplazada a la disponibilidad de los recursos. Así, el artículo 3º de la Ley establece, sin condiciones, la responsabilidad del Estado colombiano de formular las políticas y adoptar las medidas para la prevención del desplazamiento forzado; la atención, protección y consolidación y estabilización socioeconómica de los desplazados internos por la violencia.” Su artículo 4º establece los objetivos del SNAIPD, los cuales incluyen, sin condiciones de orden financiero, “atender de manera integral a la población desplazada por la violencia para que, en el marco del retorno voluntario o el reasentamiento, logre su reincorporación a la sociedad colombiana.” y “garantizar un manejo oportuno y eficiente de todos los recursos humanos, técnicos, administrativos y económicos que sean indispensables para la prevención y atención de las situaciones que se presenten por causa del desplazamiento forzado por la violencia.

Por el contrario, en cuanto a las restricciones financieras, el artículo 6º de la Ley 387 de 1997 dispone que el Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia, está encargado, entre otras cosas, no de buscar o promover sino de “garantizar la asignación presupuestal de los programas que las entidades responsables del funcionamiento del Sistema Nacional de atención integral a la población desplazada por la violencia, tienen a su cargo (Subraya fuera de texto). Dicho Consejo está integrado por un delegado del Presidente de la República, el Consejero Presidencial para los Desplazados (o quien haga sus veces), el Ministro del Interior, el Ministro de Hacienda y Crédito Público, el Ministro de Defensa Nacional, el Ministro de Salud, el Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, el Ministro de Desarrollo Económico, el Director del Departamento Nacional de Planeación, el Defensor del Pueblo, el Consejero Presidencial para los Derechos Humanos (o quien haga sus veces), el Consejero Presidencial para la Política Social (o quien haga sus veces), el Gerente de la Red de Solidaridad Social (o quien haga sus veces) y el Alto Comisionado para la Paz (o quien haga sus veces). 

Así mismo, el artículo 22 de la Ley 387 de 1997 señala que el Fondo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia tiene por objeto “financiar y/o cofinanciar los programas de prevención del desplazamiento, de atención humanitaria de emergencia, de retorno, de estabilización y consolidación socioeconómica y la instalación y operación de la Red Nacional de Información.” Por su parte, el artículo 25 dispone que “el Gobierno Nacional hará los ajustes y traslados presupuestales correspondientes en el Presupuesto General de la Nación para dejar en cabeza del Fondo las apropiaciones necesarias para el cumplimiento de sus objetivos”.

No obstante, los artículos 16, 17, 20, 21, 22, 25, 26 y 27 del Decreto 2569 de 2000, al reglamentar la Ley 387 de 1997, condicionaron el acceso a la ayuda humanitaria de emergencia y a los programas de estabilización socioeconómica a la disponibilidad presupuestal. Por ejemplo, el artículo 22 dispone: “En atención a los principios de solidaridad y de proporcionalidad, la Red de Solidaridad Social destinará de los recursos que para tal fin reciba del presupuesto nacional y de manera proporcional al tamaño y composición del grupo familiar, un monto máximo equivalente en bienes y servicios, de acuerdo con la disponibilidad presupuestal.” Igualmente el artículo 25 señala: “Se entiende por la estabilización socioeconómica de la población desplazada por la violencia, la situación mediante la cual la población sujeta a la condición de desplazado, accede a programas que garanticen la satisfacción de sus necesidades básicas en vivienda, salud, alimentación y educación a través de sus propios medios o de los programas que para tal efecto desarrollen el Gobierno Nacional, y las autoridades territoriales, en el ámbito de sus propias competencias y de acuerdo con la disponibilidad presupuestal” (Subrayas fuera de texto). De esta forma, la Ley 387 de 1997 estableció un nivel de protección integral para los desplazados y que ordenó garantizar los recursos necesarios para cumplir con esa atención integral, pero el Decreto en mención, condicionó los mandatos legales a la disponibilidad de recursos.  Estima la Sala que un decreto reglamentario no puede tener el alcance de modificar las leyes ni desconocer las normas constitucionales que ordenan a las autoridades proteger efectivamente los derechos de todos los habitantes del territorio nacional. La condición establecida en el decreto es la obvia relativa a la disponibilidad efectiva de recursos en cada caso, en armonía con el principio de legalidad. Por lo tanto, las normas que orientarán a esta Sala para asegurar la concordancia entre la protección integral asumida en la Ley 387 de 1997 y los recursos que deberán apropiarse serán principalmente las constitucionales, desarrolladas por el Congreso de la República. 

Dentro de éstas se encuentran las que desarrollan el principio constitucional de legalidad del gasto público (artículos 6, 113, 345, 346 y 347, CN). Según este principio, “no se podrán hacer erogaciones con cargo al tesoro que no se encuentren previstas en el presupuesto de gastos y no hayan sido aprobadas por el Congreso, las asambleas departamentales y los consejos municipales, ni incluir partida alguna en la ley de apropiaciones que no corresponda a un crédito judicialmente reconocido, a un gasto decretado conforme a una la ley anterior, a uno propuesto por el gobierno para atender el funcionamiento de las ramas del poder público, el servicio de la deuda, o a dar cumplimiento al plan nacional de desarrollo.”

Sobre dicho principio, también ha dicho la jurisprudencia que, “opera en dos momentos distintos del proceso presupuestal: uno primero, al elaborarse la ley anual, cuando sólo deben incorporarse en el proyecto respectivo aquellas erogaciones previamente decretadas por la ley (CP art. 346). Posteriormente, en la etapa de ejecución del presupuesto, el principio de legalidad indica además que para que los gastos puedan ser efectivamente realizados, las correspondientes partidas deben haber sido aprobadas por el Congreso al expedir la ley  anual de presupuesto (C.P art. 345). Finalmente, para verificar el principio de legalidad del gasto en esta fase de ejecución, la ley exige la constancia de disponibilidad presupuestal previa a la realización del mismo, la cual acredita no solamente la existencia de la partida correspondiente en la ley anual de presupuesto, sino la suficiencia de la misma al momento de hacer la erogación, es decir, que no se encuentre agotada.” 

En el Presupuesto General de la Nación, el Gobierno Nacional y el Congreso de la República, han asignado para la atención de la población desplazada un nivel de recursos que, a pesar de haber aumentado hasta el año 2002, es bastante inferior al necesario, según los documentos CONPES mencionados, para cumplir los mandatos de la Ley 387 de 1997. 

El Documento CONPES 3057 de 1999 recomendó que para los años 2000, 2001 y 2002, en total, fueran apropiados 360 millones de dólares, sin incluir la adjudicación de tierras y la vivienda. Por su parte, el documento, CONPES 3115 de 2001 recomendó aprobar partidas por 145 mil millones de pesos para el año 2001, y 161 mil millones de pesos para el año 2002. No obstante, de acuerdo a los datos aportados por la Red de Solidaridad Social y el ACNUR, “la asignación de recursos por parte del gobierno nacional para la atención del desplazamiento forzado (…) ascendió (entre enero de 1999 y junio de 2002) a 126.582 millones”, monto bastante inferior a lo requerido por los Documentos analizados. Adicionalmente, la Corte constata que los recursos asignados en el Presupuesto General de la Nación para atender a la “población desplazada” para el año 2003 disminuyeron en un 32% en comparación de los dineros asignados para el año anterior.

Cabe preguntarse si una decisión plasmada en la Ley Anual del Presupuesto representa una modificación de la Ley 387 de 1997 en cuanto a que introduce una condición financiera a todas las normas legales sobre derechos de la población desplazada. El que las leyes anuales del presupuesto limiten la asignación de recursos dirigidos a la ayuda de la población desplazada, es un indicativo de la realidad fiscal y macroeconómica en la que se encuentra el país. Sin embargo, ello no significa que las leyes de presupuesto constituyan una modificación de los alcances de la Ley 387 de 1997. Esto por las siguientes razones. Primero, mientras que la ley anual del presupuesto incluye, de manera general, todas las partidas y apropiaciones que se planean gastar en una vigencia fiscal, la Ley 387 de 1997 establece normas jurídicas específicas acerca de la política pública de atención a la población desplazada. Por lo tanto, la ley presupuestal carece de la especificidad material necesaria, para poder ser considerada como una modificación de los mandatos concernientes a la ayuda a las víctimas del desplazamiento y a los derechos jurídicamente reconocidos. En este orden de ideas, una norma de orden legal que reforme lo dispuesto en la Ley 387 de 1997 debe referirse explícita y específicamente a esa materia. Segundo, la jurisprudencia constitucional ha dispuesto que la ley anual de presupuesto contiene autorizaciones, y no órdenes, para que sean realizados ciertos gastos. Por su parte, la Ley 387 de 1997 contiene una orden dirigida a ciertas autoridades de “garantizar” la consecución de los recursos que sean necesarios para cumplir sus mandatos referentes a la atención de la población desplazada. Por lo tanto, la asignación de recursos efectuada en el presupuesto general no puede ser tomada como un enunciado que modifique lo ordenado por la Ley de 1997. 

De otra parte, los recursos destinados por personas particulares por organizaciones no gubernamentales y por la comunidad internacional para atender a la población desplazada no compensan la insuficiente asignación estatal. Además, no se han previsto mecanismos para suplir en el largo plazo los faltantes que puedan resultar de que los recursos de dichas fuentes sean menores que los presupuestados o no lleguen a tiempo.

Desde el punto de vista constitucional, es imperioso destinar el presupuesto necesario para que los derechos fundamentales de los desplazados tengan plena realización. La obligación constitucional del Estado de garantizar una protección adecuada a quienes por razón del desplazamiento forzado interno se encuentran en condiciones indignas de vida no puede ser aplazada indefinidamente. Tal como lo dispone el artículo 350 de la Carta el gasto público social, tiene prioridad sobre cualquier otra asignación. La Ley 387 de 1997 reconoció que la atención de la población desplazada es urgente y prioritaria. La jurisprudencia de esta Corporación ha reiterado la prelación que tiene la asignación de recursos para atender a esta población y solucionar así la crisis social y humanitaria que representa este fenómeno. 

Como se anotó, el artículo 6 de la Ley 387 de 1997, el Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia, es el “encargado de formular la política y garantizar la asignación presupuestal de los programas que las entidades responsables del funcionamiento del Sistema Nacional de atención integral a la población desplazada por la violencia.” Es este órgano, integrado por los distintos funcionarios con responsabilidad en la atención de la población desplazada, incluido el Ministro de Hacienda y Crédito Público quien tiene la responsabilidad de delinear la dimensión del esfuerzo presupuestal que se requiere para garantizar la efectividad de la protección diseñada por el Legislador a través de la Ley 387 de 1997. 

No obstante, ello no ha sucedido y de esta forma se ha desconocido la Carta Política, lo ordenado por el Congreso de la República y lo dispuesto en las políticas de desarrollo adoptadas por el propio Ejecutivo.

Con el fin de corregir esta situación, es necesario que las distintas entidades nacionales y territoriales encargadas de la atención de la población desplazada, cumplan a cabalidad con sus deberes constitucionales y legales y adopten, en un plazo razonable, y dentro de las órbitas de sus competencias, los correctivos que aseguren una suficiente apropiación presupuestal. Al ordenar este tipo de medidas, no está desconociendo la Corte la separación de poderes que establece nuestra Constitución, ni desplazando a las demás autoridades en el cumplimiento de sus deberes. 

No se trata en este caso de que a través de la acción de tutela se esté ordenando un gasto no presupuestado o que se esté modificando la programación presupuestal definida por el Legislador. Tampoco está definiendo nuevas prioridades, ni modificando la política diseñada por el Legislador y desarrollada por el Ejecutivo. Por el contrario, la Corte, teniendo en cuenta los instrumentos legales que desarrollan la política de atención a la población desplazada, así como el diseño de la política y los compromisos asumidos por las distintas entidades, está apelando al principio constitucional de colaboración armónica entre las distintas ramas del poder, para asegurar el cumplimiento de los deberes de protección efectiva de los derechos de todos los residentes en el territorio nacional. Esa es la competencia del juez constitucional en un Estado Social de Derecho respecto de derechos que tienen una clara dimensión prestacional, como pasa a verse.

La Corte concluye que la respuesta estatal no ha tenido como resultado el goce efectivo de los derechos constitucionales por parte de todos los desplazados. A continuación se resaltan algunos ejemplos:

La atención humanitaria de emergencia, que busca la satisfacción de las necesidades básicas de la población desplazada, tiene una cobertura del 43% de la población registrada. De esta forma, se desconocen los derechos a la vida, al mínimo vital, a la igualdad y a la salud de las personas que no acceden a dicha ayuda, es decir más de la mitad de la población desplazada registrada. Las medidas destinadas a ejecutar la política relativa a la generación de ingresos por los mismos desplazados tienen una cobertura del 19.5% de la población registrada. A su vez, la imposibilidad de generar ingresos impide que las personas desplazadas puedan satisfacer autónomamente sus necesidades básicas de alimentación, vivienda, salud y educación en el caso de los menores. Esto alarga y agrava la situación de vulnerabilidad de las personas desplazadas. Por último, que la población desplazada retorne sin condiciones mínimas de seguridad y sin que sea acompañada su estabilización socioeconómica en el lugar de retorno, los expone claramente a amenazas en contra de sus derechos a la vida digna, a la integridad personal, al mínimo vital, a la igualdad y al trabajo. De otra parte, a la ayuda en vivienda ordenada en la Ley únicamente accede el 3.7% de la demanda potencial. De la misma manera, no han sido implementadas las políticas de protección de la posesión o la propiedad de los bienes abandonados por causa del desplazamiento, o los programas dirigidos a la adjudicación de tierras. Por último, el Estado no ha desarrollado instrumentos sistemáticos de evaluación de los resultados, que identifiquen los problemas en el diseño e implementación de la política y disponga de mecanismos dirigidos a darles solución. 

7. La constatación de un estado de cosas inconstitucional en la situación de la población desplazada

Ante la magnitud del problema del desplazamiento y su grave incidencia en la protección de los derechos de los desplazados, incluidos los accionantes en el presente proceso, la Corte se pregunta si procede declarar un estado de cosas inconstitucional.

Cuando se constata la vulneración repetida y constante de derechos fundamentales, que afectan a multitud de personas, y cuya solución requiere la intervención de distintas entidades para atender problemas de orden estructural, esta Corporación ha declarado la existencia de un estado de cosas inconstitucional y ha ordenado remedios que cobijen no sólo a quienes acuden a la acción de tutela para lograr la protección de sus derechos, sino también otras personas colocadas en la misma situación, pero que no han ejercido la acción de tutela. 

El concepto de estado de cosas inconstitucional ha evolucionado jurisprudencialmente desde 1997 cuando se declaró por primera vez. En las sentencias más recientes sobre este fenómeno, de conformidad con la doctrina de esta Corporación, se está ante un estado de cosas inconstitucional cuando “(1) se presenta una repetida violación de derechos fundamentales de muchas personas - que pueden entonces recurrir a la acción de tutela para obtener la defensa de sus derechos y colmar así los despachos judiciales - y (2) cuando la causa de esa vulneración no es imputable únicamente a la autoridad demandada, sino que reposa en factores estructurales.”

Dentro de los factores valorados por la Corte para definir si existe un estado de cosas inconstitucional, cabe destacar los siguientes: (i) la vulneración masiva y generalizada de varios derechos constitucionales que afecta a un número significativo de personas; (ii) la prolongada omisión de las autoridades en el cumplimiento de sus obligaciones para garantizar los derechos; (ii) la adopción de prácticas inconstitucionales, como la incorporación de la acción de tutela como parte del procedimiento para garantizar el derecho conculcado; (iii) la no expedición de medidas legislativas, administrativas o presupuestales necesarias para evitar la vulneración de los derechos. (iv) la existencia de un problema social cuya solución compromete la intervención de varias entidades, requiere la adopción de un conjunto complejo y coordinado de acciones y exige un nivel de recursos que demanda un esfuerzo presupuestal adicional importante; (v) si todas las personas afectadas por el mismo problema acudieran a la acción de tutela para obtener la protección de sus derechos, se produciría una mayor congestión judicial.

Teniendo en cuenta estos elementos, la Corte ha declarado la existencia de varios estados de cosas inconstitucionales. A continuación se alude a algunas de esas sentencias tanto para ilustrar los alcances de este concepto como para mostrar que dicho estado ha sido declarado ante situaciones de vulneración repetida de derechos que eran menos graves que la constatada por esta Sala respecto del desplazamiento interno y que abarcaban a un número menor de personas. 

La Corte ha declarado en siete ocasiones la existencia de un estado de cosas inconstitucional. La primera vez, lo hizo ante la omisión de dos municipios en afiliar a los docentes a su cargo al Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio, a pesar de que se les hacían los descuentos para pensiones y prestaciones sociales previstos en la ley. Con posterioridad a esta sentencia, la Corte ha declarado un estado de cosas inconstitucional en seis ocasiones más: 1) por la situación de violación continua de los derechos de sindicados y procesados detenidos en las distintas cárceles del país; 2) debido a la falta de un sistema de seguridad social en salud para los sindicados y reclusos; 3) por la mora habitual en el pago de mesadas pensionales, durante un período prolongado de tiempo, en los departamentos del Bolívar y 4) de Chocó; 5) por omisiones en la protección de la vida de defensores de derechos humanos y 6) por la omisión en la convocatoria de un concurso de méritos para el nombramiento de notarios. 

Con base en el anterior recuento, se observa que frente a violaciones masivas de derechos constitucionales, una vez constatado el estado de cosas inconstitucional, la Corte ha extendido los efectos de la tutela para ordenar remedios que tengan un alcance material y temporal acorde con la magnitud de la violación y para proteger, en aras del principio de igualdad, los derechos de quienes se encuentran en una situación similar a la demandada, pero no acudieron a la acción de tutela. Así, teniendo en cuenta el deber de las autoridades de “proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares” (Artículo 2, CP), así como el deber que tienen las ramas del poder público “de colaborar de manera armónica con los restantes órganos del Estado para la realización de sus fines” (C.P. art., 113), la Corte, ha declarado la existencia de un estado de cosas contrario a la Constitución, para que las autoridades adopten, dentro de la órbita de sus competencias, los correctivos que permitan superar tal situación. 

En consecuencia ha ordenado, entre otras cosas y, según el caso, que (i) se diseñen y pongan en marcha las políticas, planes y programas que garanticen de manera adecuada los derechos fundamentales cuyo goce efectivo depende de la superación del estado de cosas inconstitucional; (ii) se apropien los recursos necesarios para garantizar la efectividad de tales derechos; (iii) se modifiquen las prácticas, las fallas de organización y de procedimiento que resultan violatorias de la Constitución; (iv) se reforme el marco jurídico cuyas falencias han contribuido al estado de cosas inconstitucional; y (v) se realicen los trámites administrativos, presupuestales y de contratación que sean indispensables para superar la vulneración de los derechos.

En el caso bajo estudio, si bien la Corte ha resaltado la gravedad de la crisis humanitaria que representa el desplazamiento forzado desde 1997, cuando emitió su primera sentencia sobre el tema, y ha mencionado en algunas de sus providencias que este fenómeno podría constituir un estado de cosas inconstitucional, hasta ahora, tal estado no ha sido formalmente declarado. En consecuencia, no se han dado órdenes dirigidas a superarlo. 

Desde la expedición misma de la Ley 387 de 1997, y de su desarrollo normativo, así como desde que la Corte se pronunciara por primera vez sobre la problemática del desplazamiento forzado interno en las sentencias T-227 de 1997 y SU-1150 de 2000, tanto el Legislador y el Ejecutivo como la Corte Constitucional han señalado la gravedad de esa situación y la urgencia de adoptar medidas que aseguren una atención adecuada a la población desplazada y la efectividad de sus derechos. 

No obstante la complejidad de las acciones que se precisan para rectificar tal situación y la urgencia de tales medidas, ya han transcurrido varios años sin que se hayan adoptado los correctivos necesarios para garantizar el goce efectivo de sus derechos a la población desplazada, a pesar de las múltiples sentencias de esta Corte donde se ha encontrado una violación de los derechos fundamentales de los desplazados.

Varios elementos confirman la existencia de un estado de cosas inconstitucional respecto de la situación de la población internamente desplazada.

En primer lugar, la gravedad de la situación de vulneración de derechos que enfrenta la población desplazada fue expresamente reconocida por el mismo legislador al definir la condición de desplazado, y resaltar la violación masiva de múltiples derechos. En efecto, el inciso primero del artículo 1 de la Ley.387 de 1997 dice: 

Artículo 1º. Del desplazada Es desplazado toda persona que se ha visto forzada a migrar dentro del territorio nacional abandonando su localidad de residencia o actividades económicas habituales, porque su vida, su integridad física, su seguridad o libertad personales han sido vulneradas o se encuentran directamente amenazadas, con ocasión de cualquiera de las siguientes situaciones: Conflicto armado interno, disturbios y tensiones interiores, violencia generalizada, violaciones masivas de los Derechos Humanos, infracciones al Derecho Internacional Humanitario u otras circunstancias emanadas de las situaciones anteriores que puedan alterar o alteren drásticamente el orden público. (resaltado fuera de texto)

En segundo lugar, otro elemento que confirma la existencia de un estado de cosas inconstitucional en materia de desplazamiento forzado, es el elevado volumen de acciones de tutela presentadas por los desplazados para obtener las distintas ayudas y el incremento de las mismas, así como la constatación que se hace en algunos de los documentos de análisis de la política, de haber incorporado la acción de tutela al procedimiento administrativo como paso previo para la obtención de las ayudas. 

Además de lo anterior, si bien ha habido una evolución en la política, también se observa que varios de los problemas que han sido abordados por la Corte, son de vieja data y que frente a ellos persiste la omisión de las autoridades para adoptar los correctivos necesarios (ver apartado 6 de esta sentencia). 

Entre estos se destacan la insuficiencia de recursos destinados efectivamente para la atención de los distintos componentes de la política y los problemas de capacidad institucional que afectan el desarrollo, implementación y seguimiento de la política estatal (ver apartado 6 de la presente sentencia).

En tercer lugar, los procesos acumulados en la presente acción de tutela, confirma ese estado de cosas inconstitucional y señalan que la vulneración de los derechos afecta a buena parte de la población desplazada, en múltiples lugares del territorio nacional y que las autoridades han omitido adoptar los correctivos requeridos (ver apartado antecedentes de la presente sentencia). Tal como se señaló en el apartado 6 y en el Anexo 5, las distintas entidades encargadas de atender a la población desplazada han identificado varias de las omisiones y falencias de la política y de los programas desarrollados. Igualmente, las organizaciones de derechos humanos han identificado los problemas de coordinación, la insuficiente apropiación de recursos, los obstáculos administrativos, los trámites y procedimientos innecesarios, el diseño deficiente de algunos de los instrumentos de la política, así como la omisión prolongada de las autoridades para adoptar los correctivos considerados como necesarios. Tal situación ha agravado la condición de vulnerabilidad de esta población y de violación masiva de sus derechos (ver apartado 6 y Anexo 5 de esta sentencia). 

En cuarto lugar, la continuación de la vulneración de tales derechos no es imputable a una única entidad. En efecto, como se advirtió anteriormente varios órganos del Estado, por acción u omisión, han permitido que continúe la vulneración de los derechos fundamentales de los desplazados, especialmente las entidades nacionales y locales encargadas de asegurar la disponibilidad de recursos para asegurar que los distintos componentes de la política beneficien en igualdad de condiciones a la población desplazada (ver apartado 6 y Anexo 5 de esta sentencia).

En quinto lugar, la vulneración de los derechos de los desplazados reposa en factores estructurales enunciados en el apartado 6 de esta providencia dentro de los cuales se destaca la falta de correspondencia entre lo que dicen las normas y los medios para cumplirlas, aspecto que adquiere una especial dimensión cuando se mira la insuficiencia de recursos dada la evolución del problema de desplazamiento y se aprecia la magnitud del problema frente a la capacidad institucional para responder oportuna y eficazmente a él (ver apartado 6.3.2.)

En conclusión, la Corte declarará formalmente la existencia de un estado de cosas inconstitucional relativo a las condiciones de vida de la población internamente desplazada, y adoptará los remedios judiciales correspondientes respetando la órbita de competencia y el experticio de las autoridades responsables de implementar las políticas correspondientes y ejecutar las leyes pertinentes. Por ello, tanto las autoridades nacionales como las territoriales, dentro de la órbita de sus competencias, habrán de adoptar los correctivos que permitan superar tal estado de cosas. 

 

8. El Estado Social de Derecho y los deberes constitucionales de las autoridades frente a la dimensión prestacional de los derechos. La exigencia constitucional de concordancia entre los objetivos de la política de atención a la población desplazada y los medios económicos y administrativos destinados a su logro efectivo y oportuno.

Después de constatar la existencia de un estado de cosas inconstitucional y de adoptar la decisión de declararlo formalmente, debe la Sala determinar cuál es el remedio judicial adecuado, habida cuenta de la magnitud de la afectación de los derechos, del número de personas que no pueden gozar de ellos y de lo que razonablemente ha de lograr el Estado para cumplir sus deberes de protección.

Para este efecto, es preciso delimitar el ámbito de competencias del juez de tutela para cumplir su función de asegurar el goce efectivo, no teórico, de los derechos fundamentales. En este orden de ideas, cabe recordar las implicaciones del principio de Estado Social de Derecho, para identificar el papel del juez constitucional (8.1), para identificar los alcances de la faceta prestacional tanto de los derechos sociales como del derecho a la vida y las libertades básicas (8.2.) y para definir los deberes específicos de las autoridades cuando el goce efectivo de los derechos fundamentales de un grupo de personas identificable -como lo es la población desplazada- depende de la destinación de recursos escasos y del desarrollo de esfuerzos institucionales mayores (8.3.).

8.1. Tal como lo ha señalado de manera reiterada esta Corporación, el hecho de que Colombia sea un Estado Social de Derecho “le imprime un sentido, un carácter y unos objetivos específicos a la organización estatal en su conjunto, y que resulta –en consecuencia- vinculante para las autoridades, quienes deberán guiar su actuación hacia el logro de los cometidos particulares propios de tal sistema: la promoción de condiciones de vida dignas para todas las personas, y la solución de las desigualdades reales que se presentan en la sociedad, con miras a instaurar un orden justo.”

Los orígenes históricos de este modelo y sus desarrollos, confirman que a menos que las limitaciones y desigualdades reales a las que el hombre está sujeto en su vida cotidiana sean efectivamente contrarrestadas mediante actuaciones positivas y focalizadas por parte de las autoridades, la libertad e igualdad del ser humano no dejarán de ser utopías abstractas. “Es por ello que se acepta que, en muchos casos, la libertad y la igualdad requieren para su realización de medidas, acciones, prestaciones, servicios, que la persona, por sí misma, no puede asegurar. El Estado de derecho evolucionó así, de un estado liberal democrático a uno social, también democrático, animado por el propósito de que los presupuestos materiales de la libertad y la igualdad para todos estén efectivamente asegurados.” 

Lo anterior implica que las autoridades están obligadas ?por los medios que estimen conducentes – a corregir las visibles desigualdades sociales, a facilitar la inclusión y participación de sectores débiles, marginados y vulnerables de la población en la vida económica y social de la nación, y a estimular un mejoramiento progresivo de las condiciones materiales de existencia de los sectores más deprimidos de la sociedad. Ello se ve reflejado, entre otras, en el artículo segundo de la Carta: “Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad,...garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución, facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan ...asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo. Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares (subraya la Sala); en el mandato del artículo 13 Superior, según el cual el Estado “promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados”, y “protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan”; en lo dispuesto por el artículo 334 superior, según el cual “...el Estado, de manera especial, intervendrá para dar pleno empleo a los recursos humanos y asegurar que todas las personas, en particular las de menores ingresos, tengan acceso efectivo a los bienes y servicios básicos”; y en el mandato del artículo 366 de la Carta, que otorga la máxima prioridad al gasto social en los planes y presupuestos de la Nación y de las entidades territoriales; y de manera general, en las múltiples disposiciones constitucionales que protegen los derechos fundamentales, los derechos económicos, sociales y culturales y los derechos colectivos de las personas, como concreción amplia del principio de la dignidad humana y de la solidaridad (artículo 1, C.P.).

De lo anterior se derivan dos clases de deberes para el Estado. Por una parte, debe adoptar e implementar las políticas, programas o medidas positivas para lograr una igualdad real de condiciones y oportunidades entre los asociados y al hacerlo, dar cumplimiento a sus obligaciones constitucionales de satisfacción progresiva de los derechos económicos, sociales y culturales básicos de la población ?en aplicación de lo que la jurisprudencia constitucional ha denominado “cláusula de erradicación de las injusticias presentes”?. Y, por otra, debe abstenerse de adelantar, promover o ejecutar políticas, programas o medidas ostensiblemente regresivos en materia de derechos económicos, sociales y culturales, que conduzcan clara y directamente a agravar la situación de injusticia, de exclusión o de marginación que se pretende corregir, sin que ello impida avanzar gradual y progresivamente hacia el pleno goce de tales derechos

En este sentido, también ha resaltado esta Corporación que la adopción de medidas en favor de los grupos marginados, no constituye una competencia meramente facultativa del legislador sino que es un mandato de acción, encaminado a transformar las condiciones materiales que engendran o perpetúan la exclusión y la injusticia social. Este deber estatal, si bien necesita ser desarrollado por la ley, y está atado a las apropiaciones presupuestales correspondientes, no puede quedar indefinidamente aplazado en la agenda estatal. Así lo señaló esta Corte en la sentencia SU-225 de 1997:

A juicio de la Corte Constitucional un mandato de erradicación de las injusticias presentes, sólo puede actualizarse en el tiempo y requiere de la puesta en obra de una vasta gama de acciones que, sin lugar a dudas, deben ser decididas por el Congreso y ejecutadas por la administración.

(...)Es importante, a este respecto, subrayar que la cláusula de erradicación de las injusticias presentes, apela a la discrecionalidad de los órganos del poder sólo en el sentido de que éstos con base en los recursos disponibles y los medios que consideren más adecuados e idóneos, o sea dentro de lo que en cada momento histórico resulte posible, pueden encontrar para su tarea un espacio de libre configuración normativa y administrativa. Sin embargo, en cuanto a la prioridad y a la necesidad de que las medidas efectivamente se lleven a cabo, ningún órgano del poder puede declararse libre, pues, el mandato constitucional en estos aspectos ha limitado la competencia de los órganos constituidos al vincularlos a un función que en los términos de la Carta es perentoria.

Ahora bien, en un Estado Social de Derecho los deberes de las autoridades anteriormente mencionados no se circunscriben a los derechos llamados de segunda generación. Por el contrario, en determinadas circunstancias el goce efectivo del derecho a la vida en condiciones de dignidad y de otras libertades básicas puede depender de acciones positivas de las autoridades para garantizar la dimensión prestacional de tales derechos y libertades. Tales acciones positivas, cuando están dirigidas a responder a las necesidades de muchas personas, pueden desarrollarse progresivamente para garantizar la efectividad de la faceta programática y prestacional de un derecho constitucional, siempre que los mínimos de satisfacción hayan sido asegurados a todos.

8.2 Tal como lo subrayó la Corte en la sentencia T-595 de 2002, el que un derecho tenga una marcada dimensión programática no quiere decir que no sea exigible o que eternamente pueda incumplirse: 

Así pues, el hecho de que se requiera tiempo para diseñar y planificar, así como la necesidad de apropiar y destinar recursos para adecuar las condiciones existentes, evidencia que se trata de una prestación de carácter programático, cuyo pleno e integral cumplimiento no puede ser exigido de forma instantánea. 

Ahora bien, si la exigibilidad de la prestación protegida por la dimensión positiva del derecho fundamental depende del paso del tiempo, no es aceptable que en el año 2002, por ejemplo, una entidad del Estado dé la misma respuesta que daba en 1992 cuando se le exigía el cumplimiento de un derecho de éste tipo, que es su obligación hacer cumplir. A medida que pasan los años, si las autoridades encargadas no han tomado medidas efectivas que aseguren avances en la realización de las prestaciones protegidas por los derechos constitucionales, gradualmente van incurriendo en un incumplimiento cuya gravedad aumenta con el paso del tiempo. 

(...)

Así entendida la progresividad adquiere su pleno alcance constitucional. Tomar los derechos en serio exige, también, tomar la progresividad en serio, como lo han precisado los organismos internacionales competentes. En primer lugar, la progresividad se predica del goce efectivo del derecho y por lo tanto, no justifica excluir grupos de la sociedad de la titularidad del mismo. En la medida en que ciertos grupos sociales, por sus condiciones físicas, culturales o socioeconómicas, sólo pueden gozar plenamente de una prestación amparada por un derecho si el Estado adopta políticas que comprometen recursos públicos y exigen medidas de orden administrativo, el carácter progresivo de estas prestaciones impide que el Estado sea completamente indiferente a las necesidades de tales grupos puesto que ello equivaldría a perpetuar su situación de marginamiento, lo cual es incompatible con los principios fundamentales en que se funda una democracia participativa. En segundo lugar, la progresividad de ciertas prestaciones protegidas por un derecho requiere que el Estado incorpore en sus políticas, programas y planes, recursos y medidas encaminadas a avanzar de manera gradual en el logro de las metas que el propio Estado se haya fijado con el fin de lograr que todos los habitantes puedan gozar efectivamente de sus derechos. En tercer lugar, el Estado puede a través de sus órganos competentes definir la magnitud de los compromisos que adquiere con sus ciudadanos con miras a lograr dicho objetivo y, también, puede determinar el ritmo con el cual avanzará en el cumplimiento de tales compromisos. Sin embargo, estas decisiones públicamente adoptadas deben ser serias, por lo cual han de estar sustentadas en un proceso decisorio racional que estructure una política pública susceptible de ser implementada, de tal manera que los compromisos democráticamente adquiridos no sean meras promesas carentes de toda vocación de ser realizadas. Así, cuando tales compromisos han sido plasmados en leyes y representan medidas indispensables para asegurar el goce efectivo de derechos fundamentales, los interesados podrán exigir por vía judicial el cumplimiento de las prestaciones correspondientes.

El avance progresivo de los derechos, tal como lo ha señalado esta Corporación, se garantiza mediante procesos de ejecución compleja de los mandatos superiores, que están sujetos a una serie de criterios constitucionales que deben ser tenidos en cuenta por la autoridades tanto al diseñar como al ejecutar la política. 

Cuando el Estado omite sin justificación constitucionalmente aceptable tomar medidas frente a la marginación que sufren algunos miembros de la sociedad, y se verifica que la inhibición viola un derecho constitucional fundamental, la función del juez será “no la de remplazar a los órganos del poder público incursos en la abstención, sino la ordenar el cumplimiento de los deberes del Estado.” 

En el caso de la población desplazada para asegurar el goce efectivo de sus derechos fundamentales, la respuesta del Estado ha de comprender acciones positivas lo cual pone de relieve la faceta prestacional que, unida a su dimensión de defensa contra la arbitrariedad, tienen todos los derechos cuya vulneración llevó a la Corte a declarar el estado de cosas inconstitucional.

En este sentido, los problemas detectados, tal vez el más complejo, como ya se anotó en el apartado 6.3, es el de la insuficiencia presupuestal para la atención de la población desplazada con miras a asegurar el goce de sus derechos fundamentales. Las deficiencias en esta materia han ocasionado o agravado varios de los problemas que enfrentan los distintos componentes de la política, inclusive las relativas a la capacidad de las instituciones para responder de manera eficaz y oportuna a las necesidades y expectativas de los desplazados, en especial a las peticiones relativas a la garantía de sus derechos constitucionales.

Si bien varios de los componentes de dicha política tienen una marcada dimensión programática y corresponden a la faceta prestacional de los derechos fundamentales vulnerados en el caso de la población desplazada, y su realización depende de la disponibilidad de recursos, ello no significa que el Estado pueda sin limitación alguna adoptar medidas que en la práctica implican un retroceso en algunos aspectos de la política diseñada y legalmente instrumentalizada, a pesar de que ésta continúe en el papel siendo la misma. 

En el presente caso, por la vía de la insuficiente apropiación presupuestal y de la omisión en la corrección de las principales falencias de la capacidad institucional mencionadas en la sección 6 de esta sentencia, el avance progresivo en la satisfacción de los derechos de la población desplazada no sólo se ha retrasado, sino que se ha ido deteriorando con el paso del tiempo en algunos aspectos ya mencionados a pesar de los logros en la reducción del ritmo de crecimiento del fenómeno al cual se aludió en el apartado 6.2.1.2. de esta sentencia (apartado 6.). Ello se traduce en un incumplimiento del nivel de protección formalmente definido –en extremo se podría decir prometido? por las autoridades legislativas y ejecutivas competentes y contradice el hecho que (i) el gasto social y de atención a la población marginada es considerado como gasto prioritario; (ii) existe una política estatal de atención integral a la población desplazada; (iii) esa política fue debatida y aprobada por el Congreso, el cual le confirió carácter normativo en una ley de la República que data de 1997; (iv) existe un marco reglamentario que ha desarrollado, aunque no en su totalidad, los componentes de la política; (v) las autoridades nacionales y territoriales han adquirido compromisos con la población desplazada, que se ven postergados de manera indefinida por la falta de recursos suficientes y otro tipo de fallas en la capacidad institucional de las entidades responsables y; (vi) existen documentos oficiales en los que se ha cuantificado el esfuerzo financiero requerido para la política de desplazamiento y tales documentos han sido aprobados por el CONPES. 

8.3 Dicho retroceso es, prima facie, contrario al mandato constitucional de garantizar el goce efectivo de los derechos de todos los desplazados. Por eso, el primer deber de las autoridades competentes es evitar dicho retroceso práctico en los aspectos del nivel de protección de los derechos de todos los desplazados donde éste se ha presentado, así dicho retroceso sea resultado de la evolución del problema y de factores que escaparon a la voluntad de los funcionarios responsables. La gravedad, magnitud y complejidad general de un problema, por sí solas, no justifican que el grado de protección de los derechos no corresponda a los mandatos constitucionales, máxime si éstos han sido desarrollados por una ley del Congreso de la República y reglamentados por el propio Ejecutivo. Tampoco es constitucionalmente admisible que el alcance de dicha protección disminuya en la práctica, sin que se ponga de presente dicha disminución y se adopten los correctivos de manera oportuna y adecuada. De otro lado, el juez constitucional no puede desconocer las características del contexto real dentro del cual se ha constatado la afectación de los derechos fundamentales, para evitar que las órdenes que imparta para protegerlos sean inocuas o inviables. Sin embargo, el juez constitucional debe asegurarse de que se alcance el máximo de protección definida por las normas vigentes y exigir que se remedie la discordancia entre lo jurídicamente debido y lo realmente satisfecho, con miras a lograr que todos los afectados, en este caso la población desplazada, puedan disfrutar realmente de sus derechos constitucionales.  

8.3.1. De lo anterior se deduce que el carácter progresivo de ciertos derechos y la dimensión prestacional de un derecho exigen de las autoridades racionalidad en el diseño y articulación de las políticas públicas relativas a tales derechos, de tal manera que éstas sean transparentes, serias y coherentes, como expresión de los principios establecidos en el artículo 209 de la Carta. La transparencia exige que se hagan públicas las prestaciones que serán garantizadas así como los responsables de cumplir lo jurídicamente establecido. La seriedad demanda que cuando una política sea articulada en un instrumento jurídico, como una ley o un decreto, se respete la fuerza normativa, no política ni retórica, de dicho instrumento y por lo tanto se definan los alcances de los derechos reconocidos y se precise el contenido de las correspondientes obligaciones estatales. La coherencia apunta a que exista concordancia entre, de un lado, lo que “promete” el Estado y, de otro lado, los recursos económicos y la capacidad institucional para cumplir lo prometido, máxime si las promesas se han transformado en normas jurídicas. La coherencia exige que si el Estado crea un derecho prestacional específico por vía de una ley, prevea que debe contar con los recursos  para garantizar su goce efectivo y con la capacidad institucional para atender la demanda de servicios generada por la creación de ese derecho específico.

Ahora bien, cuando las autoridades competentes que conocen las características de un problema social, adoptan instrumentos jurídicos o promueven su expedición por el Congreso de la República, y tales instrumentos jurídicos no articulan una política pública cualquiera, sino que propenden por el goce efectivo de derechos constitucionales fundamentales, el juez de tutela puede ordenar que se respeten los criterios de racionalidad mínima anteriormente señalados. Ello puede implicar que se asegure la coherencia entre lo jurídicamente ordenado por normas adoptadas por los órganos competentes y los recursos necesarios para cumplir lo ordenado.

En algunas circunstancias puede ser imposible lograr, aún en el mediano plazo, esa coherencia. De constatarse que ello es así, es necesario ajustar lo prometido a lo realizable, lo cual podría representar la adopción de una medida que reduzca el alcance de la protección previamente establecida. Sin embargo, dicha medida debe cumplir estrictos requisitos, en especial asegurar los mínimos de satisfacción del derecho limitado y no desconocer las áreas prioritarias que tienen mayor impacto sobre la población.

8.3.2. Advierte la Sala que de conformidad con la jurisprudencia de esta Corporación, “el mandato de progresividad implica que una vez alcanzado un determinado nivel de protección, la amplia libertad de configuración del legislador en materia de derechos sociales se ve menguada, al menos en un aspecto: todo retroceso frente al nivel de protección alcanzado debe presumirse en principio inconstitucional, y por ello está sometido a un control judicial estricto. Para que pueda ser constitucional, las autoridades tienen que demostrar que existen imperiosas razones que hacen necesario ese paso regresivo en el desarrollo de un derecho social prestacional.” 

El criterio sobre el control más estricto de toda aquella medida que constituya un retroceso frente al nivel de protección ya alcanzado en materia de derechos sociales ha sido también ampliamente aceptado por el derecho internacional. 

El goce efectivo de los derechos de fuerte contenido prestacional -como los derechos sociales- depende de que el Estado cree y mantenga las condiciones para dicho goce y adopte políticas encaminadas a su progresiva realización. Un Estado dispone de un margen amplio de decisión al respecto. Sin embargo, de las obligaciones adquiridas por la ratificación del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), se derivan unos requisitos mínimos plasmados en la Observación General 1 adoptada por el Comité que interpreta dicho Pacto Internacional. Estos son: (i) la elaboración y actualización periódica de un diagnóstico de la situación en que son ejercidos y disfrutados tales derechos por la población; (ii) el diseño de políticas públicas encaminadas a lograr progresivamente la realización plena de tales derechos las cuales han de incluir metas específicas para medir los avances en los plazos fijados; (iii) la divulgación periódica de los resultados alcanzados y de las medidas correctivas o complementarias con el fin de que los interesados y los actores sociales –incluidas las organizaciones no gubernamentales- participen en la evolución de las políticas públicas pertinentes y se identifiquen las fallas, dificultades o circunstancias que inhiben la plena realización de los derechos con miras a su revisión o a la elaboración de nuevas políticas públicas más apropiadas.

El segundo requisito mínimo -diseño e implementación de políticas públicas conducentes a la progresiva realización de tales derechos- comprende varios elementos que cabe resaltar, siguiendo la Observación General N° 3 adoptada por el Comité del PIDESC. Primero, el Estado debe “adoptar medidas”, y, por lo tanto, no es admisible la ausencia de respuesta estatal ante la no realización de los derechos. Segundo, tales medidas han de comprender “todos los medios apropiados, inclusive en particular la adopción de medidas legislativas”, sin que los medios se puedan agotar en la expedición de normas. El Estado tiene la responsabilidad de identificar cuáles son los medios administrativos, financieros, educacionales, sociales etc. apropiados en cada caso y de justificar que éstos son en realidad los apropiados en vista de las circunstancias. Tercero, “en lo que respecta a sistemas políticos y económicos el Pacto es neutral”. Cuarto, el objetivo de tales medidas es “lograr progresivamente la plena efectividad de los derechos reconocidos”, lo cual implica que hay flexibilidad ante las limitaciones del mundo real pero también que las medidas deben estar encaminadas a avanzar, no a retroceder, empleando “hasta el máximo de los recursos de que disponga”. Quinto, “las medidas de carácter deliberadamente retroactivo en este aspecto requerirán la consideración más cuidadosa y deberán justificarse plenamente por referencia a la totalidad de los derechos previstos en el Pacto y en el contexto del aprovechamiento pleno del máximo de los recursos nacionales(apartado 9)  e internacionales (apartado 13) de que se disponga” y protegiendo “a los miembros vulnerables de la sociedad” (apartado 12). Sexto, el margen de flexibilidad reconocido al Estado no lo exime de “asegurar la satisfacción de por lo menos niveles esenciales de cada uno de los derechos”, niveles que han de tener “carácter prioritario” y comprometen “todo esfuerzo para utilizar los recursos que están a su disposición”.

Así, por ejemplo,  en materia del derecho a la Salud, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, como intérprete autorizado del Pacto sobre la materia, y cuyos criterios son entonces relevantes para determinar el contenido y alcance de los derechos sociales (CP art. 93), ha señalado las condiciones para la adopción de medidas que puedan llegar a implicar un retroceso. En particular, en su período No 22 de sesiones, el 11 de mayo de 2000, el Comité adoptó la “Observación General No 14 relativa al disfrute del más alto nivel de salud (art 12)”, y señaló que cuando existen limitaciones de recursos que obstaculizan el pleno goce del derecho a la salud, para poder adoptar medidas que reduzcan el alcance de la protección existente, el Estado tiene que demostrar que esas medidas son necesarias y que “se han aplicado tras el examen exhaustivo de todas las alternativas posibles” (Parr 32).

El Comité destaca en la Observación 14 que la progresividad no priva de contenido la obligación estatal, por lo cual a pesar de la limitación de los recursos, el gobierno sigue obligado al menos en los siguientes cuatro aspectos: (i) La limitación de recursos no permite al Estado adoptar medidas que sean discriminatorias en el acceso a los servicios de salud (Parr 30); (ii) en principio las medidas que disminuyen la protección en la salud ya alcanzada, se presumen contrarias al Pacto, por lo cual el Estado tiene que demostrar que éstas eran necesarias y que “se han aplicado tras el examen exhaustivo de todas las alternativas posibles” (Parr 32); (iii) el Estado tiene la obligación “concreta y constante de avanzar lo más expedita y eficazmente posible hacia la plena realización” de este derecho (Parr 31); y (iv) finalmente, existen unas obligaciones básicas en salud, que deben ser satisfechas en todo caso, sin importar los recursos de que dispone un Estado, como son el acceso no discriminatorio a los servicios de salud (Parr 43), y unas prioridades, que deben ser respetadas, como la inmunización contra las principales enfermedades infecciosas y la adopción de medidas para combatir las enfermedades epidémicas y endémicas (Parr 44).

Estas cuatro condiciones pueden ser aplicadas a todos los derechos que tengan una marcada dimensión prestacional, en razón de las condiciones específicas en que se encuentran sus titulares, y se pueden resumir en los siguientes parámetros. Primero, prohibición de discriminación (por ejemplo, no se podría invocar la insuficiencia de recursos para excluir de la protección estatal a minorías étnicas o partidarios de adversarios políticos); segundo, necesidad de la medida lo cual exige que sean estudiadas cuidadosamente medidas alternativas y que éstas sean inviables o insuficientes (por ejemplo, se han explorado y agotado otras fuentes de financiación); tercero, condición de avance futuro hacia la plena realización de los derechos de tal forma que la disminución del alcance de la protección sea un paso inevitable para que, una vez superadas las dificultades que llevaron a la medida transitoria, se retome el camino de la progresividad para que se logre la mayor satisfacción del derecho (por ejemplo, señalando parámetros objetivos que, al ser alcanzados, reorientarían la política pública en la senda del desarrollo progresivo del derecho); y cuarto, prohibición de desconocer unos mínimos de satisfacción del derecho porque las medidas no pueden ser de tal magnitud que violen el núcleo básico de protección que asegure la supervivencia digna del ser humano ni pueden empezar por las áreas prioritarias que tienen el mayor impacto sobre la población. Pasa la Corte a definir tales mínimos.

9. Los niveles mínimos de satisfacción de los derechos constitucionales de las personas en situación de desplazamiento.

En el apartado 5 se han sintetizado algunos de los derechos de los que son titulares las personas en situación de desplazamiento, de conformidad con las normas constitucionales e internacionales que vinculan a Colombia, así como con los criterios de interpretación compilados en el documento de los Principios Rectores.

Sin embargo, dadas las magnitudes actuales del problema de desplazamiento en Colombia, así como el carácter limitado de los recursos con los que cuenta el Estado para satisfacer este cometido, es forzoso aceptar que al momento de diseñar e implementar una determinada política pública de protección a la población desplazada, las autoridades competentes deben efectuar un ejercicio de ponderación y establecimiento de áreas prioritarias en las cuales se prestará atención oportuna y eficaz a dichas personas. Por lo tanto, no siempre se podrá satisfacer, en forma concomitante y hasta el máximo nivel posible, la dimensión prestacional de todos los derechos constitucionales de toda la población desplazada, dadas las restricciones materiales y las dimensiones reales de la evolución del fenómeno del desplazamiento. 

Sin perjuicio de lo anterior, resalta la Corte que existen ciertos derechos mínimos de la población desplazada que deben ser satisfechos en cualquier circunstancia por las autoridades a los desplazados, puesto que en ello se juega la subsistencia digna de las personas en esta situación. ¿Cuáles son, entonces, estos derechos mínimos que deben ser siempre satisfechos?

Para definir el nivel mínimo de satisfacción de los derechos constitucionales de las personas desplazadas, debe hacerse una distinción entre (a) el respeto por el núcleo esencial de los derechos constitucionales fundamentales de los desplazados, y (b) la satisfacción, por parte de las autoridades, de ciertos deberes prestacionales derivados de los derechos reconocidos a nivel internacional y constitucional en cabeza de los desplazados. 

En cuanto a lo primero, es claro que las autoridades en ningún caso pueden obrar de forma tal que terminen por desconocer, lesionar o amenazar el núcleo esencial de los derechos fundamentales constitucionales de las personas desplazadas –en la misma medida en que no pueden actuar de manera tal que afecten el núcleo esencial de los derechos de ninguna persona que se encuentre en el territorio colombiano-. En esa medida, no pueden los desplazados ser objeto de acciones por parte de las autoridades que atenten, por ejemplo, contra su integridad personal o contra su libertad de expresión. 

En cuanto a lo segundo, observa la Sala que la mayor parte de los derechos reconocidos por la normatividad internacional y la Carta Política a las personas desplazadas imponen a las autoridades, por las circunstancias mismas en que se encuentran los desplazados, claras obligaciones de carácter prestacional, que necesariamente implicarán un gasto público –lo cual no obsta para clasificar algunos de tales derechos como fundamentales, puesto que según lo ha precisado la jurisprudencia de esta Corporación, tanto los derechos fundamentales como los derechos económicos, sociales y culturales tienen una dimensión prestacional a cargo del Estado como ya se anotó-. En criterio de la Corte, los derechos de marcado contenido prestacional que forman parte del mínimo que siempre ha de ser garantizado a todos los desplazados son aquellos que guardan una conexidad estrecha con la preservación de la vida en circunstancias elementales de dignidad como seres humanos distintos y autónomos (artículos 1, 11, 12, 13, 14, 16 y 17 C.P.). Es allí, en la preservación de las condiciones más básicas que permiten sobrevivir con dignidad, donde se debe trazar un límite claro entre las obligaciones estatales de imperativo y urgente cumplimiento frente a la población desplazada, y aquellas que, si bien tienen que ser satisfechas, no tiene la misma prioridad, lo cual no significa que el Estado no deba agotar, al máximo posible, su capacidad institucional en asegurar el goce pleno de todos los derechos de los desplazados, como ya se dijo. 

Cuando un conjunto de personas definido y determinable por el propio Estado  de tiempo atrás no pueda gozar de sus derechos fundamentales debido a un estado de cosas inconstitucional, las autoridades competentes no pueden admitir que tales personas mueran o continúen viviendo en condiciones evidentemente lesivas de su dignidad humana, a tal punto que esté en serio peligro su subsistencia física estable y carezcan de las oportunidades mínimas de actuar como seres humanos distintos y autónomos.

A partir de ese criterio, y con base en las obligaciones internacionales asumidas por Colombia en materia de derechos humanos y derecho internacional humanitario, así como en la compilación de criterios para la interpretación y aplicación de medidas para atender a la población desplazada contenida en los Principios Rectores, la Sala considera que los siguientes derechos mínimos encuadran bajo esta definición y, por ende, integran el mínimo prestacional que siempre debe ser satisfecho por el Estado:

1.  El derecho a la vida, en el sentido que establece el artículo 11 C.P. y el Principio 10. 

2. Los derechos a la dignidad y a la integridad física, psicológica y moral (artículos 1 y 12 C.P.), tal y como se particularizan en el Principio 11.

3. El derecho a la familia y a la unidad familiar consagrado en los artículos 42 y 44 CP y precisado para estos casos en el Principio 17, especialmente aunque sin restringirse a ellos, en los casos de familias conformadas por sujetos de especial protección constitucional ?niños, personas de la tercera edad, disminuidos físicos, o mujeres cabeza de familia?, quienes tienen derecho a reencontrase con sus familiares. 

4. El derecho a una subsistencia mínima como expresión del derecho fundamental al mínimo vital, según está precisado en el Principio 18, lo cual significa que “las autoridades competentes deben proveer a las personas desplazadas, así como asegurar el acceso seguro de las mismas, (a) alimentos esenciales y agua potable, (b) alojamiento y vivienda básicos, (c) vestidos apropiados, y (d) servicios médicos y sanitarios esenciales. También se dispone que las autoridades deberán realizar esfuerzos especiales para garantizar la participación plena de las mujeres en condición de desplazamiento en la planeación y la distribución de estas prestaciones básicas. Este derecho debe leerse también a la luz de lo dispuesto en los Principios 24 a 27 reseñados en el Anexo 3, ya que es a través de la provisión de asistencia humanitaria que las autoridades satisfacen este deber mínimo en relación con la subsistencia digna de los desplazados. Esta asistencia humanitaria se refiere tanto a la ayuda humanitaria de emergencia, que se presta al producirse el desplazamiento, como a los componentes de asistencia mínima durante las etapas de restablecimiento económico y de retorno.

En este sentido, y en cuanto a la ayuda humanitaria de emergencia, debe precisar la Corte que la duración de la obligación estatal mínima de proveer ayuda humanitaria de emergencia es, en principio, la que señala la ley: tres meses, prorrogables hasta por otros tres meses para ciertos sujetos. Considera la Sala que este plazo fijado por el legislador no es manifiestamente irrazonable, si se tiene en cuenta que (a) fija una regla clara con base en la cual la persona desplazada puede planificar a corto plazo y tomar decisiones autónomas de auto-organización que le permitan acceder a posibilidades razonables de subsistencia autónoma sin estar apremiada por las necesidades inmediatas de subsistencia; y (b) otorga al Estado un plazo igualmente razonable para que diseñe los programas específicos que sean del caso para satisfacer sus obligaciones en materia de ayuda para la estabilización socioeconómica de los desplazados –es decir, le otorga al Estado un término justo para programar una respuesta razonable en materia de ayuda para la autosubsistencia del desplazado y su familia?. 

Ahora bien, dado que el plazo señalado en la ley obedece principalmente a las dos razones indicadas, debe la Corte precisar que existen dos tipos de personas desplazadas que, por sus condiciones particulares, son titulares de un derecho mínimo a recibir ayuda humanitaria de emergencia durante un período de tiempo mayor al que fijó la ley: se trata de (a) quienes estén en situación de urgencia extraordinaria, y (b) quienes no estén en condiciones de asumir su autosostenimiento a través de un proyecto de estabilización o restablecimiento socio económica,  como es el caso de los niños que no tengan acudientes y las personas de la tercera edad quienes por razón de su avanzada edad o de sus condiciones de salud no están en capacidad de generar ingresos; o las mujeres cabeza de familia que deban dedicar todo su tiempo y esfuerzos a cuidar a niños menores o adultos mayores bajo su responsabilidad. En estos dos tipos de situación, se justifica que el Estado continúe proveyendo la ayuda humanitaria requerida para la subsistencia digna de los afectados, hasta el momento en el cual la circunstancia en cuestión se haya superado –es decir, hasta que la urgencia extraordinaria haya cesado, o hasta que los sujetos que no estén en posibilidad de cubrir su propio sustento adquieran las condiciones para ello-. Ello deberá evaluarse, necesariamente, en cada caso individual. Advierte la Corte que así como el Estado no puede suspender abruptamente la ayuda humanitaria de quienes no están en capacidad de autosostenerse, tampoco pueden las personas esperar que vivirán indefinidamente de dicha ayuda.

5. El derecho a la salud (artículo 49 C.P.) cuando la prestación del servicio correspondiente sea urgente e indispensable para preservar la vida y la integridad de la persona ante situaciones de enfermedad o heridas que les amenacen directamente y prevenir las enfermedades contagiosas e infecciosas, de conformidad con el Principio 19. Ahora bien respecto de los niños y niñas se aplicará el artículo 44 y en relación con los menores de un año, se aplicará el artículo 50 C.P.

 

6. El derecho a la protección (artículo 13 C.P.) frente a prácticas discriminatorias basadas en la condición de desplazamiento, particularmente cuando dichas prácticas afecten el ejercicio de los derechos que se enuncian en el Principio 22.

7. Para el caso de los niños en situación de desplazamiento, el derecho a la educación básica hasta los quince años (artículo 67, inciso 3, C.P.). Precisa la Sala que, si bien el Principio 23 establece como deber del Estado proveer la educación básica primaria a la población desplazada, el alcance de la obligación internacional que allí se enuncia resulta ampliado por virtud del artículo 67 Superior, en virtud del cual la educación será obligatoria entre los cinco y los quince años de edad, y debe comprender como mínimo un año de preescolar y nueve de educación básica. También en virtud de lo dispuesto por la Carta Política, no es el Estado el único obligado a garantizar la provisión del servicio educativo en los niveles y a los grupos de edad referidos; también esta obligación cobija a los padres de familia o acudientes –quienes no pueden impedir el acceso de sus hijos a la educación en su lugar de desplazamiento- y a los menores –que están obligados a asistir a los planteles educativos correspondientes-. Por su parte, el Estado está obligado, como mínimo, a garantizar la provisión de un cupo escolar a cada niño desplazado en edad de educación obligatoria, en un establecimiento educativo público?. Es decir, la obligación mínima del Estado en relación con la educación de los niños desplazados es la de garantizar su acceso a la educación a través de la provisión de los cupos que sean necesarios en entidades públicas o privadas de la zona.

8. En relación con la provisión de apoyo para el autosostenimiento (artículo 16 C.P.) por vía de la estabilización socioeconómica de las personas en condiciones de desplazamiento –obligación estatal fijada por la Ley 387 de 1997 y deducible de una lectura conjunta de los Principios Rectores, en especial de los Principios 1, 3, 4, 11 y 18, considera la Corte que el deber mínimo del Estado es el de identificar con la plena participación del interesado, las circunstancias específicas de su situación individual y familiar, su proveniencia inmediata, sus necesidades particulares, sus habilidades y conocimientos, y las posibles alternativas de subsistencia digna y autónoma a las que puede acceder en el corto y mediano plazo, con miras a definir sus posibilidades concretas para poner en marcha un proyecto razonable de estabilización económica individual, de participar en forma productiva en un proyecto colectivo, o de vincularse al mercado laboral, así como emplear la información que provee la población desplazada para identificar alternativas de generación de ingresos por parte de los desplazados.

Vale la pena precisar que este derecho mínimo de los desplazados no obliga a las autoridades a proveer inmediatamente el soporte material necesario para la iniciación del proyecto productivo que se formule o para garantizar su acceso al mercado laboral con base en la evaluación individual a la que haya lugar; si bien tal apoyo se debe necesariamente materializar a través de los programas y proyectos que las autoridades diseñen e implementen para tal fin, el deber mínimo y de inmediato cumplimiento que este derecho impone al Estado es el de acopiar la información que le permita prestar la debida atención y consideración a las condiciones particulares de cada desplazado o familia de desplazados, identificando con la mayor precisión y diligencia posible sus capacidades personales, para extraer de tal evaluación unas conclusiones sólidas que faciliten la creación de oportunidades de estabilización que respondan a las condiciones reales de cada desplazado, y que puedan a su turno, ser incorporadas en los planes de desarrollo nacional o territorial.

9. Finalmente, en relación con el derecho al retorno y al restablecimiento, las autoridades están obligadas a (i) no aplicar medidas de coerción para forzar a las personas a que vuelvan a su lugar de origen o a que se restablezcan en otro sitio; (ii) no impedir que las personas desplazadas retornen a su lugar de residencia habitual o se restablezcan en otro punto del territorio, precisándose que cuando existan condiciones de orden público que hagan prever un riesgo para la seguridad del desplazado o su familia en su lugar de retorno o restablecimiento, las autoridades deben advertir en forma clara, precisa y oportuna sobre ese riesgo a quienes les informen sobre su propósito de regresar o mudarse de lugar; (iii) proveer la información necesaria sobre las condiciones de seguridad existentes en el lugar de retorno, así como el compromiso en materia de seguridad y asistencia socioeconómica que el Estado asumirá para garantizar un retorno seguro y en condiciones dignas; (iv) abstenerse de promover el retorno o el restablecimiento cuando tal decisión implique exponer a los desplazados a un riesgo para su vida o integridad personal, en razón de las condiciones de la ruta y del lugar de llegada por lo cual toda decisión estatal de fomentar el regreso individual o colectivo de personas desplazadas a su lugar de origen, o su restablecimiento en otro punto geográfico, debe estar precedida por un estudio sobre las condiciones de orden público del lugar al cual habrán de volver, cuyas conclusiones deberán comunicarse a los interesados en forma previa al acto de retornar o restablecerse.

10. Las órdenes

Esta Corporación ha emitido dos tipos de órdenes, dependiendo de la magnitud del problema que genera la vulneración de los derechos objeto de tutela. Ha proferido órdenes de ejecución simple, generalmente referidas a órdenes de abstención o de acción que pueden ser efectuadas por una autoridad sin el concurso de otras. También ha dictado órdenes complejas, que exigen procesos de ejecución compleja, involucran a varias autoridades y requieren acciones coordinadas.

En el caso presente, la Sala Tercera de Revisión dará dos tipos de órdenes. Unas órdenes de ejecución compleja, relacionadas con el estado de cosas inconstitucional y dirigidas a garantizar los derechos de toda la población desplazada, independientemente de que hayan o no acudido a la acción de tutela para la protección de sus derechos. Tales órdenes tienen como finalidad que las entidades encargadas de atender a la población desplazada establezcan, en un plazo prudencial, y dentro de la órbita de sus competencias, los correctivos que sean necesarios para superar los problemas de insuficiencia de recursos destinados y de precariedad de la capacidad institucional para implementar la política estatal de atención a la población desplazada. 

Las órdenes de carácter simple que también se dictarán en este proceso están dirigidas a responder las peticiones concretas de los actores en la presente acción de tutela, y resultan compatibles con la línea jurisprudencial de la Corte Constitucional para la protección de los derechos de la población en situación de desplazamiento.

10.1. Ordenes para la superación del estado de cosas inconstitucional.

En cuanto a las órdenes necesarias para superar la vulneración masiva y continua de los derechos de la población desplazada originada en factores estructurales, la Corte declarará la existencia de un estado de cosas inconstitucional y lo comunicará a las autoridades con responsabilidades en el tema, para que adopten, dentro de la órbita de sus competencias, y en un tiempo razonable, los correctivos que sean necesarios.

Estas órdenes están dirigidas a que se adopten decisiones que permitan superar tanto la insuficiencia de recursos, como las falencias en la capacidad institucional. Ello no implica que por vía de tutela, el juez esté ordenando un gasto no presupuestado o esté modificando la programación presupuestal definida por el Legislador. Tampoco está delineando una política, definiendo nuevas prioridades, o modificando la política diseñada por el Legislador y desarrollada por el Ejecutivo. La Corte, teniendo en cuenta los instrumentos legales que desarrollan la política de atención a la población desplazada, el diseño de esa política y los compromisos asumidos por las distintas entidades, está apelando al principio constitucional de colaboración armónica entre las distintas ramas del poder para asegurar que el deber de protección efectiva de los derechos de todos los residentes del territorio nacional, sea cumplido y los compromisos definidos para tal protección sean realizados con seriedad, transparencia y eficacia.

10.1.1. Por ello, en primer lugar y dado que el Consejo Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada es el órgano encargado de formular la política y de garantizar la asignación presupuestal para los programas de atención a la población desplazada, y que en dicho órgano participan las principales autoridades nacionales con responsabilidades en la materia, la Sala le comunicará del estado de cosas inconstitucional para que sea esta instancia la que determine la forma como pueda superarse la insuficiencia de recursos y las falencias en la capacidad institucional. 

En consecuencia, ordenará que a más tardar el 31 de marzo de 2004 ese órgano defina la dimensión del esfuerzo presupuestal que es necesario para atender los compromisos definidos en la política y establezca la forma como contribuirán a dicho esfuerzo la Nación, las entidades territoriales y la cooperación internacional. Ello supone que tal instancia y sus miembros, en cumplimiento del deber de protección eficaz de los derechos de la población desplazada, determinen los mecanismos de consecución de tales recursos, adopten las decisiones que sean necesarias y establezcan alternativas viables para superar los posibles obstáculos que se presenten. 

Con este mismo fin, y dada la importancia que tiene la consecución de recursos suficientes para la atención de la política como instrumento para superar el estado de cosas inconstitucional, es fundamental que al logro de este objetivo concurran el Ministro de Hacienda y Crédito Público y el Director de Planeación Nacional para que contribuyan a que las metas presupuestales que requiere la política de atención a la población desplazada se alcancen. Por ello, se comunicará especialmente esta sentencia a tales altos los funcionarios mencionados para que dentro de la órbita de sus competencias adopten decisiones conducentes a la superación del estado de cosas inconstitucional. La obtención de tales recursos deberá realizarse dentro del año siguiente a la comunicación de la presente sentencia y, de no ser posible, se aplicará lo dispuesto en esta sentencia.

Teniendo en cuenta que uno de los factores que ha generado la insuficiencia de recursos es el bajo compromiso de las entidades territoriales en la destinación de recursos apropiados para atender a la población desplazada, ya sea porque carecen de recursos suficientes o porque no han colocado como tema prioritario de la agenda política la atención de la población desplazada. Por ello, es preciso que tales entidades adopten decisiones que garanticen un mayor compromiso, como lo ordena el artículo 7 de la Ley 387 de 1997 al señalar que las autoridades territoriales convocarán los Comités de Atención a la Población Desplazada. Dicha convocatoria es obligatoria en los municipios  en donde se presenten situaciones de desplazamiento forzado, según el parágrafo 3 de dicho artículo. El gobierno nacional, por intermedio del Ministerio del Interior, debe promover su creación. Las autoridades territoriales competentes determinarán el volumen de recursos que destinarán a la atención de la población desplazada y definirán los programas y componentes prioritarios de atención que asumirán. Para lograr una adecuada coordinación entre las autoridades nacionales y las territoriales, los alcaldes y gobernadores donde existan asentamientos de desplazados es necesario que tales decisiones sean adoptadas en un plazo breve y que se informe al Consejo Nacional de las decisiones adoptadas, a más tardar el 31 de marzo de 2004, a fin de que tales compromisos puedan ser tenidos en cuenta por ese órgano.

Por otra parte, dada la importancia de la cooperación internacional como mecanismo para complementar los recursos que apropien la Nación y las entidades territoriales para la atención de la población desplazada, la Ministra de Relaciones Exteriores, dentro de la órbita de sus competencias, definirá la estrategia de promoción de esta política para que ésta reciba atención prioritaria de la comunidad internacional. 

Si luego de establecer la dimensión del esfuerzo presupuestal requerido y de evaluar los mecanismos de consecución de tales recursos, el Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia concluye que los compromisos asumidos en la política estatal no podrán ser cumplidos tal como han sido definidos por la Ley 387 de 1997 y sus decretos reglamentarios, así como en los documentos CONPES, en aras de los principios de transparencia y eficacia podrá redefinir tales compromisos de tal manera que exista concordancia entre las obligaciones jurídicas definidas mediante procesos democráticos por las autoridades competentes, de un lado, y los recursos efectivamente destinados a cumplir tales obligaciones. Dicha redefinición deberá hacerse públicamente, ofreciendo oportunidades suficientes de participación a los representantes de las asociaciones de desplazados, y expresando las razones específicas que justifican tal decisión, siempre que se le asegure a todos los desplazados el goce efectivo de sus derechos señalados en apartado 9 de esta sentencia. Esta redefinición no tiene necesariamente que conducir a una disminución del alcance de los derechos de los desplazados. No obstante, si ello fuera ineludible, después de agotar todas las alternativas razonables, tales decisiones deberán cumplir con las condiciones establecidas en el apartado 8 de esta sentencia, esto es, no podrán ser discriminatorias, deberán ser medidas necesarias, ser temporales y condicionadas a que en un futuro, cuando las condiciones que llevaron a su adopción desaparezcan, se retome el camino del avance progresivo de los derechos. Y en todo caso, deberá asegurarse el goce efectivo de los mínimos de los cuales depende el ejercicio del derecho a la vida en condiciones de dignidad como seres humanos distintos y autónomos.

Adicionalmente, en razón a que el otro factor que contribuye al estado de cosas inconstitucional en materia de desplazamiento forzado interno son las falencias en la capacidad institucional para implementar la política de atención a la población desplazada, que ha llevado a que el Estado no responda de manera oportuna y eficaz a la situación diferente y especial en que se encuentran los desplazados respecto del resto de la población en cada una de las tres etapas en que se ha dividido, se ordenará al Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia que dentro de los 3 meses siguientes a la comunicación de la presente sentencia, adopte un programa de acción, con un cronograma preciso, encaminado a corregir las falencias en la capacidad institucional, por lo menos, en lo que respecta a las que fueron expuestas en los informes aportados al presente proceso y resumidas en el apartado 6 y el Anexo 5  de esta sentencia. 

10.1.2. A lo largo de este proceso se hizo evidente que buena parte de la población desplazada se le desconoce ese mínimo de protección que debe ser siempre satisfecho. La tardanza en atender las solicitudes de los desplazados y el tiempo demasiado largo que le toma al Estado proveer la ayuda humanitaria de emergencia, así como la baja cobertura de los distintos programas y la insuficiente información y orientación que reciben los desplazados, resaltan esa vulneración y la urgencia de adoptar los correctivos necesarios. Por lo tanto, el Consejo Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada, en un plazo máximo de 6 meses, contados a partir de la comunicación de la presente sentencia, deberá concluir las acciones encaminadas a que todos los desplazados gocen efectivamente del mínimo de protección de sus derechos a que se hizo referencia en el apartado 9 de esta sentencia. 

Teniendo en cuenta la incidencia que pueden tener las decisiones que adopte el Consejo Nacional sobre los derechos de la población desplazada, también es vital que se permita a quienes puedan verse afectados por una decisión, tomar parte en el proceso para su adopción. 

Por lo anterior, en la adopción de las decisiones relativas a la superación del estado de cosas inconstitucional, deberá ofrecerse a las organizaciones que representan a la población desplazada la oportunidad de participar de manera efectiva. Ello implica, como mínimo, conocer con anticipación la decisión proyectada, recibir la oportunidad para hacerle observaciones y que las observaciones que presenten a los proyectos de decisiones sean debidamente valoradas, de tal forma que haya una respuesta respecto de cada observación, pero sin que ello implique que se deban concertar las decisiones.  

10.1.3. La Corte constató a través del estudio de los expedientes que varias autoridades y entidades encargadas de la atención a la población desplazada han incorporado la interposición de la acción de tutela como requisito previo para acceder a los beneficios definidos en la Ley 387 de 1997. Tal práctica resulta contraria al artículo 2 de la Carta, y da lugar a lo previsto en el artículo 24 del Decreto 2591 de 1991, que establece que el juez de tutela puede prevenir a las autoridades para que no repitan las acciones u omisiones que generaron la violación de los derechos. Por lo cual, en el caso presente, se prevendrá a las distintas autoridades para que no incurran de nuevo en dicha práctica manifiestamente contraria a los deberes de cualquier autoridad administrativa cuya finalidad es “servir a la comunidad” (artículos 2 y 209 C.P.), por lo cual la Constitución los considera “servidores públicos” (artículos 123 y 124 C.P.) cuya responsabilidad es definida por la ley.

Así, cuando las distintas autoridades reciban una petición proveniente de un desplazado, en la cual se solicite la protección de alguno de sus derechos, la autoridad competente procederá a: 1) incorporarlo en la lista de desplazados peticionarios, 2) informarle al desplazado dentro del término de 15 días el tiempo máximo dentro del cual le dará respuesta a la solicitud; 3) informarle dentro del término de 15 días si la solicitud cumple con los requisitos para su trámite, y en caso contrario, indicarle claramente cómo puede corregirla para que pueda acceder a los programas de ayuda; 4) si la solicitud cumple con los requisitos, pero no existe la disponibilidad presupuestal, adelantará los trámites necesarios para obtener los recursos, determinará las prioridades y el orden en que las resolverá; 5) si la solicitud cumple con los requisitos y existe disponibilidad presupuestal suficiente, la informará cuándo se hará efectivo el beneficio y el procedimiento se seguirá para lo reciba efectivamente. En todo caso, deberá abstenerse de exigir un fallo de tutela para cumplir sus deberes legales y respetar los derechos fundamentales de los desplazados. Este mismo procedimiento deberá realizarse en relación con las peticiones de los actores en el presente proceso de tutela, en particular para las solicitudes de otorgamiento de las ayudas previstas en los programas de vivienda y de restablecimiento socio económico.

10.1.4. Otra de las quejas frecuentes contra la política de atención a los desplazados y detectado por la Sala al examinar los expedientes objeto de revisión, consiste en que con frecuencia las autoridades encargadas de atenderlos no se aseguran que estas personas reciban un trato digno y respetuoso de sus derechos, lo cual resulta contrario al deber de protección constitucional de los derechos previsto en el artículo 2 de la Carta y a los principios que orientan la política de atención a la población desplazados plasmados en el artículo 2 de la Ley 387 de 1997. En efecto, de los expedientes se deduce que algunos funcionarios administrativos los someten a un eterno peregrinaje institucional y a trámites innecesarios, no les dan información oportuna y completa acerca de sus derechos o simplemente ignoran sus solicitudes. A este problema contribuye el hecho que quien adquiere la condición de desplazado en razón de la violencia no conoce sus derechos derivados de dicha condición. De tal manera que se ordenará a la Red de Solidaridad Social que instruya a las personas encargadas de atender a los desplazados para que les informen de manera inmediata, clara y precisa cuáles son los derechos  orientados a garantizarles un tratamiento digno por parte de las autoridades y verifique que ello realmente suceda. Estos derechos han sido desarrollados por la ley y conforman una carta de derechos básicos de toda persona que ha sido víctima de desplazamiento forzado interno. Así, a cada desplazado se le informará que:  

1. Tiene derecho a ser registrado como desplazado, solo o con su núcleo familiar.

2. Conserva todos sus derechos fundamentales y por el hecho del desplazamiento no ha perdido ninguno de sus derechos constitucionales sino que por el contrario es sujeto de especial protección por el Estado; 

3. Tiene derecho a recibir ayuda humanitaria inmediatamente se produzca el desplazamiento y por el término de 3 meses, prorrogables por 3 meses más y que tal ayuda comprende, como mínimo, a) alimentos esenciales y agua potable, (b) alojamiento y vivienda básicos, (c) vestido adecuado, y (d) servicios médicos y sanitarios esenciales

4. Tiene derecho a que se le entregue el documento que lo acredita como inscrito en una entidad promotora de salud, a fin de garantizar su acceso efectivo a los servicios de atención en salud;

5. Tiene derecho a retornar en condiciones de seguridad a su lugar de origen y sin que se le pueda obligar a regresar o a reubicarse en alguna parte específica del territorio nacional;  

6. Tiene derecho a que se identifiquen, con su plena participación, las circunstancias específicas de su situación personal y familiar para definir, mientras no retorne a su lugar de origen, cómo puede trabajar con miras a generar ingresos que le permita vivir digna y autónomamente.

7. Tiene derecho, si es menor de 15 años, a acceder a un cupo en un establecimiento educativo. 

8. Estos derechos deben ser inmediatamente respetados por las autoridades administrativas competentes, sin que éstas puedan establecer como condición para otorgarle dichos beneficios que interponga acciones de tutela, aunque está en libertad para hacerlo;

9. Como víctima de un delito, tiene todos los derechos que la Constitución y las leyes le reconocen por esa condición para asegurar que se haga justicia, se revele la verdad de los hechos y obtenga de los autores del delito una reparación. 

Si bien esta carta de derechos del desplazado no implica que sus demás derechos puedan ser desconocidos, ni que el desplazado obtenga, por conocer dicha carta, una protección automática de sus derechos básicos, sí garantiza, por lo menos, que se le provea información oportuna y completa sobre los deberes de las autoridades y respecto de la especial protección que ha de recibir por el hecho del desplazamiento.

10.2. Las órdenes necesarias para responder a las solicitudes de los accionantes en el presente proceso.

Tal como se recogió en los antecedentes de esta sentencia, las acciones de tutela se interpusieron ante la falta de respuesta de las instituciones a las solicitudes para el otorgamiento de las ayudas previstas en los programas de vivienda y de restablecimiento socio económico, así como para el acceso a los servicios de salud, educación o para la prestación de ayuda humanitaria de emergencia, o para que se les inscribiera como desplazado en el Sistema Único de Registro. A través de la acción de tutela los actores esperan una respuesta de fondo y oportuna a sus solicitudes que se traduzca en la materialización de dichas ayudas. 

Sin embargo, como también surge de los expedientes objeto de revisión, en muchos de los casos, los actores no cumplieron con el procedimiento definido para la obtención de la ayuda solicitada, ya sea porque no se postularon para el auxilio de vivienda, no presentaron un proyecto productivo, o no adelantaron los trámites mínimos para la solicitud de la ayuda. En otros casos, los peticionarios cumplieron con todos los requisitos, recibieron una respuesta afirmativa de la entidad, pero están esperando que la ayuda solicitada fuera efectivamente entregada. Por lo anterior, dado que incluso entre peticionarios que interpusieron la acción de tutela de manera conjunta existe una situación distinta, no es posible ordenar de manera general que se entreguen las ayudas solicitadas, sino que es necesario que se examine cada caso separadamente para determinar si ha habido una violación de sus derechos. 

En todo caso reitera la Sala que la acción de tutela no puede ser empleada para alterar el orden en que serán entregadas las ayudas solicitadas ni para desconocer los derechos de otros desplazados que no acudieron a la acción de tutela y que se encuentran, en igualdad de condiciones, a la espera de una respuesta de la entidad. 

10.2.1. En consecuencia, la Sala ordenará a las autoridades responsables de dar respuesta a las solicitudes de ayuda relativas al acceso a alguno de los programas de estabilización económica –trabajos temporales, proyectos productivos, capacitación, seguridad alimentaria, etc.? y de vivienda, que dentro del mes siguiente a la notificación de esta sentencia, si no lo han hecho todavía, den respuesta de fondo a las solicitudes de los peticionarios, siguiendo los lineamientos descritos anteriormente en el párrafo 10.1.3. Esta orden sigue la línea jurisprudencial fijada por la Corte en la materia, en casos similares a los que originaron la presente tutela, en especial las sentencias T-721 de 2003, MP: Álvaro Tafur Galvis y T-602 de 2003, MP; Jaime Araujo Rentería, sobre derecho a la vivienda; T-669 de 2003, MP: Marco Gerardo Monroy Cabra, sobre protección de los derechos de petición y trabajo y acceso a las diferentes alternativas de consolidación económica; T-419 de 2003, MP: Alfredo Beltrán Sierra, sobre vivienda y estabilización económica. 

10.2.2. Acogiendo una orden similar a la dada por la Corte en la sentencia T-215 de 2002, MP: Jaime Córdoba Triviño en cuanto a la forma como deben ser resueltas las solicitudes de inscripción en el Registro Único de Población Desplazada, en la presente sentencia se ordenará a la Red de Solidaridad, que a través de las distintas seccionales de las zonas donde se encuentran los actores, adelante la evaluación de la situación de los peticionarios en un plazo no mayor a 8 días, contados a partir de la notificación de esta sentencia, para determinar si cumplen las condiciones objetivas del desplazamiento y, en caso afirmativo, darles acceso inmediato a las ayudas previstas para su protección. 

10.2.3. Igualmente, en relación con las solicitudes de entrega de la ayuda humanitaria de emergencia, la Red de Solidaridad Social, deberá adelantar las gestiones necesarias para que en un plazo no mayor de 8 días contados a partir de la notificación de la presente sentencia, se conceda efectivamente, si aún no lo ha hecho, la ayuda humanitaria solicitada a los peticionarios. En lo que tiene que ver con las solicitudes de prórroga de la ayuda humanitaria de emergencia, la Red de Solidaridad Social deberá iniciar dentro de los 8 días siguientes a la notificación de este fallo, la evaluación, caso por caso, de la situación de los peticionarios para determinar si existen las condiciones objetivas de urgencia extraordinaria, que indican que tales personas no están en condiciones de asumir su autosostenimiento a través de un proyecto de estabilización o de restablecimiento socio económico, y se justifica la continuación de la ayuda humanitaria, independientemente de que el plazo de 3 meses y su prórroga hasta por otros 3 meses más haya sido superado. En el evento que las condiciones de urgencia extraordinaria o incapacidad para acceder a los programas de estabilización económica se presenten, la Red de Solidaridad Social deberá aplicar de manera preferente la Constitución, y continuar prestando dicha ayuda mientras tales condiciones subsistan.

10.2.4. En el caso de las solicitudes de acceso efectivo al sistema de seguridad social en salud y la entrega de medicamentos, teniendo en cuenta lo ordenado por esta Corte en su jurisprudencia, en particular en las sentencias T-419 y T-645 de 2003, MP: Alfredo Beltrán Sierra, y T-790 de 2003, MP: Jaime Córdoba Triviño, se ordenará a la Red de Solidaridad Social y a las Secretarías de Salud de las entidades territoriales en las cuales se encuentren ubicados los accionantes, para que en el plazo máximo de 15 días contados a partir de la notificación de la presente sentencia, adelanten de manera coordinada, si aún no lo han hecho, todas las acciones necesarias para garantizar el acceso efectivo de los accionantes al sistema de salud, y se les garantice el suministro de los medicamentos que requieran para su tratamiento. 

10.2.5. En el caso de las solicitudes de acceso efectivo al sistema educativo de los menores de edad hasta los 15 años, teniendo en cuenta lo ordenado por esta Corporación en su jurisprudencia, en particular en las sentencias T-268 de 2003, MP: Marco Gerardo Monroy Cabra, y T-215 de 2002, MP: Jaime Córdoba Triviño, se ordenará a la Red de Solidaridad Social y a las Secretarías de Educación de las entidades territoriales en las cuales se encuentren ubicados los accionantes, para que en el plazo máximo de un mes, contados a partir de la notificación de la presente tutela, adelanten todas las acciones necesarias para garantizar el acceso efectivo de los accionantes al sistema de educativo.  

10.2.6. En cuanto a la solicitud de protección de las tierras, propiedades y posesiones dejadas abandonadas por los desplazados, la Corte ordenará a la Red de Solidaridad Social, como coordinador de la política de atención a la población desplazada y administrador del Sistema Único de Registro de la Población Desplazada, que incluya como parte de la información solicitada al desplazado, la relativa a predios rurales que posea o de los que sea propietario, precisando la titularidad de los derechos constituidos y las características básicas del inmueble, a fin de que con base en dicha información se proceda a dar aplicación al procedimiento y a los mecanismos de protección de tales bienes previstos en el Decreto 2007 de 2001.

10.2.7. En relación con las solicitudes de conformación de comités territoriales para la creación de programas especiales de estabilización económica, vivienda o seguridad alimentaria, la Corte no dará una orden específica en este sentido, no sólo porque no existe un derecho constitucional fundamental a que se conforme un órgano como ese con dicho propósito. No obstante, las órdenes generales dirigidas a superar el estado de cosas constitucional comprenden dicha solicitud puesto que cada entidad territorial, dentro de lo dispuesto por las normas vigentes, habrá de determinar la forma como cumplirán con el deber de protección a la población desplazada, lo cual podrá incluir la conformación de tales comités.

10.2.8. En cuanto a la solicitud de declarar que las omisiones del Director de la Red de Solidaridad Social constituyen causal de mala conducta, la Corte también se abstendrá de dictar una orden en este sentido, pues no existe un derecho genérico a que se sancione por las acciones u omisiones de otros funcionarios a quien la Ley 387 de 1997 asignó una responsabilidad principal de coordinación de la respuesta institucional a un problema de la magnitud y complejidad del desplazamiento forzado. La determinación de la existencia de una falta disciplinaria corresponde a la Procuraduría General de la Nación, la cual analiza en cada caso concreto si se ha incurrido o no en una causal de mala conducta previamente definida por el legislador. 

10.2.9. En cuanto a la solicitud para una de las personas inscritas bajo un núcleo familiar sea desvinculada de él y se le permita continuar recibiendo la ayuda humanitaria como un núcleo familiar, la Sala,  teniendo en cuenta la especial protección de la mujer cabeza de familia según lo indicado en el apartado 3 de esta sentencia, concederá la tutela.

Aun cuando, de conformidad con lo que establece el Decreto 2591 de 1991 los términos para el cumplimiento de las órdenes se cuentan a partir de la notificación del fallo, nada impide que el Director de la Red de Solidaridad y los demás funcionarios responsables de la política de atención a la población desplazada a quienes se les comunique el presente fallo, agilicen el cumplimiento de las órdenes, a fin de garantizar en el menor tiempo posible los derechos a la población desplazada.

Para asegurar el cumplimiento de estas órdenes por parte de las distintas autoridades, se comunicará la presente sentencia al Defensor del Pueblo y al Procurador General de la Nación para que, dentro de la órbita de sus competencias, efectúen un seguimiento del cumplimiento del presente fallo y vigilen la actuación de las autoridades.

IV. DECISION

En mérito de lo anterior, la Sala Tercera de Revisión de la Corte Constitucional, administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,

RESUELVE

PRIMERO.- Declarar la existencia de un estado de cosas inconstitucional en la situación de la población desplazada debido a la falta de concordancia entre la gravedad de la afectación de los derechos reconocidos constitucionalmente y desarrollados por la ley, de un lado, y el volumen de recursos efectivamente destinado a asegurar el goce efectivo de tales derechos y la capacidad institucional para implementar los correspondientes mandatos constitucionales y legales, de otro lado.

SEGUNDO.- Comunicar, por medio de la Secretaría General, dicho estado de cosas inconstitucional al Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia, para que dentro de la órbita de su competencia y en cumplimiento de sus deberes constitucionales y legales verifique la magnitud de esta discordancia y diseñe e implemente un plan de acción para superarla dando especial prioridad a la ayuda humanitaria dentro de los plazos que a continuación se indican:

a. A más tardar el 31 de marzo de 2004, el Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia habrá de (i) precisar la situación actual de la población desplazada inscrita en el Sistema Único de Registro, determinando su número, ubicación, necesidades y derechos según la etapa de la política correspondiente; (ii) fijar la dimensión del esfuerzo presupuestal que es necesario para cumplir con la política pública encaminada a proteger los derechos fundamentales de los desplazados; (iii) definir el porcentaje de participación en la apropiación de recursos que corresponde a la Nación, a las entidades territoriales y a la cooperación internacional; (iv) indicar el mecanismo de consecución de tales recursos, y (v) prever un plan de contingencia para el evento en que los recursos provenientes de las entidades territoriales y de la cooperación internacional no lleguen en la oportunidad y en la cuantía presupuestadas, a fin de que tales faltantes sean compensados con otros medios de financiación.

b. Dentro del año siguiente a la comunicación de la presente sentencia, el Director de la Red de Solidaridad Social, los Ministros de Hacienda y Crédito Público y del Interior y de Justicia, así como el Director del Departamento Nacional de Planeación y los demás miembros del Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia, realizarán todos los esfuerzos necesarios para asegurar que la meta presupuestal por ellos fijada se logre. Si dentro del lapso de ese año, o antes, resulta evidente que no es posible asignar el volumen de recursos establecido, deberán (i) redefinir las prioridades de esa política y (ii) diseñar las modificaciones que será necesario introducir a la política estatal de atención a la población desplazada. En todo caso, para la adopción de estas decisiones, deberá asegurarse el goce efectivo de los mínimos de los cuales depende el ejercicio del derecho a la vida en condiciones de dignidad,  señalado en la sección 9 de esta sentencia.

c. Ofrecer a las organizaciones que representan a la población desplazada oportunidades para participar de manera efectiva en la adopción de las decisiones que se tomen con el fin de superar el estado de cosas inconstitucional e informarles mensualmente de los avances alcanzados. 

TERCEROComunicar, por medio de la Secretaría General, el estado de cosas inconstitucional al Ministro del Interior y de la Justicia, para que  promueva que los gobernadores y alcaldes a que se refiere el artículo 7º de la Ley 387 de 1997, adopten las decisiones necesarias para asegurar que exista coherencia entre las obligaciones, constitucional y legalmente definidas, de atención a la población desplazada a cargo de la respectiva entidad territorial y los recursos que debe destinar para proteger efectivamente sus derechos constitucionales. En la adopción de tales decisiones ofrecerán oportunidades suficientes de participación efectiva a las organizaciones que representen los intereses de la población desplazada. Las decisiones adoptadas serán comunicadas al Consejo Nacional a más tardar el 31 de marzo de 2004.

CUARTO? ORDENAR al Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia que dentro de los 3 meses siguientes a la comunicación de la presente sentencia, adopte un programa de acción, con un cronograma preciso, encaminado a corregir las falencias en la capacidad institucional, por lo menos, en lo que respecta a las que fueron expuestas en los informes aportados al presente proceso y resumidas en el apartado 6 y el Anexo 5 de esta sentencia. 

QUINTO.- ORDENAR al Consejo Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada, que en un plazo máximo de 6 meses, contados a partir de la comunicación de la presente sentencia, concluya las acciones encaminadas a que todos los desplazados gocen efectivamente del mínimo de protección de sus derechos a que se hizo referencia en el apartado 9 de esta sentencia. 

SEXTO.- Comunicar, por Secretaría General, la presente sentencia al Ministro de Hacienda y Crédito Público, y al Director del Departamento Nacional de Planeación, para lo de su competencia.

Septimo.-Comunicar, por Secretaría General,  la presente sentencia a la Ministra de Relaciones Exteriores, para lo de su competencia.

OCTAVO.- PREVENIR a todas las autoridades nacionales y territoriales responsables de la atención a la población desplazada en cada uno de sus componentes, que en lo sucesivo se abstengan de incorporar la interposición de la acción de tutela como requisito para acceder a cualquiera de los beneficios definidos en la ley. Tales servidores públicos deberán atender oportuna y eficazmente las peticiones, en los términos de la orden décima de esta sentencia.

NOVENO.- Comunicar la presente sentencia al Director de la Red de Solidaridad Social para lo de su competencia y ORDENARLE que  instruya a las personas encargadas de atender a los desplazados, para que les informen de manera inmediata, clara y precisa la carta de derechos básicos de toda persona que ha sido víctima de desplazamiento forzado interno señalada en el apartado 10.1.4. de esta sentencia  y establezca mecanismos para verificar que ello realmente suceda.

DÉCIMO.-  En relación con las órdenes puntuales para el otorgamiento de las ayudas previstas en los programas de vivienda y de restablecimiento socioeconómico, la Red de Solidaridad Social, el Inurbe o quien haga sus veces, FUDUIFI o quien haga sus veces, INCORA o quien haga sus veces, así como las entidades encargadas de estos programas a nivel departamental y municipal, deberán contestar de fondo, de manera clara y precisa las peticiones presentadas por los actores en el presente proceso, teniendo en cuenta los siguientes criterios: 

1) incorporar la solicitud en la lista de desplazados peticionarios;

2) Informar al peticionario dentro del término de 15 días el tiempo máximo dentro del cual le dará respuesta a la solicitud; 

3) Informar al peticionario dentro del término de 15 días si la solicitud cumple con los requisitos para su trámite, y en caso contrario, indicarle claramente cómo puede corregirla para que pueda acceder a los programas de ayuda; 

4) Si la solicitud cumple con los requisitos, pero no existe la disponibilidad presupuestal, adelantará los trámites necesarios para obtener los recursos, determinará las prioridades y el orden en que las resolverá; 

5) Si la solicitud cumple con los requisitos y existe disponibilidad presupuestal suficiente, la informará cuándo se hará efectivo el beneficio y el procedimiento se seguirá para que lo reciba efectivamente. 

6) En todo caso, deberá abstenerse de exigir un fallo de tutela para cumplir sus deberes legales y respetar los derechos fundamentales de los desplazados. 

décimo primero – ORDENAR a la Red de Solidaridad, que a través de las distintas seccionales de las zonas donde se encuentran los actores, adelante la evaluación de la situación de los peticionarios en un plazo no mayor a 8 días, contados a partir de la notificación de esta sentencia, para determinar si cumplen las condiciones objetivas del desplazamiento y, en caso afirmativo, darles acceso inmediato a las ayudas previstas para su protección, en los siguientes procesos:

1. T- 653010. En relación con los accionantes Ana de Dios Lerez Hernández, Aurora Balaguera, Deley María Casares, Glenis Miranda Castillo, Liliana Guerra, María Aracely Tobón, Néstor Juana García, Olga Gutiérrez, José Muñoz Monte, Trinidad Sánchez y sus núcleos familiares 

2. T-619610.- En relación con el accionante Luis Ganzaga García y su núcleo familiar

3. T-675083- En relación con los accionantes Ever Perilla Morales, Ana Pinilla De Páez, Mireya De Medina, Gabriel Quejada Maquillón, Campo Elías Pulido, Neider Esquivel García, Samuel Parra Barreto, Karen Yulieth Polo, Paola Andrea Lozada, Angie Carolina Roa, Ingrid Katherine Narváez, Chelsin Dayana Rodríguez, Cristóbal Valencia, Néstor Eduardo Atuesta, Cristian Fabián Ortiz, Charles Robert Monroy, Jessica Camila Cerdoso, Jessica Fernanda Arbeláez., y sus respectivos núcleos familiares

4. T-675955 –En relación con los accionantes Nancy Isabel Martínez, José Anastasio Velásquez y Héctor Hernando Bernal y sus respectivos núcleos familiares 

5. T-675076 –En relación con los accionantes Cruz Helena Moreno Mosquera, Eduardo Cuenut, Fabio de Jesús Moreno Flórez, Gabriel de Jesús Moreno, Fannery Garzón, José Efredy Gómez, José Otilio Suárez Bartolo,  Maria Dora Guevara Vargas, Maria Gleidy Cañón Rodríguez, Maria Lucelly Lloreda Mosquera, Maria Matilde Ruiz Gallego, Martha Cecilia Caviche, Martha Elena Torrez Machado, Miryan Mosquera Rentería, Nelson Montoya Urrego, Nora Córdoba Mosquera, Rocío De Los Ángeles Rueda, Ubeibar De Jesús Campeón Pescador y sus respectivos núcleos familiares

6. T-682674 –En relación con la accionante Elcy Valencia Lozano y su núcleo familiar

7. T-684470 –En relación con el accionante Jorge Eliécer Betancourt Márquez y su núcleo familiar

8. T?685774 –En relación con la accionante Cerafina Huila y su núcleo familiar

9. T-687040 –En relación con la demandante Jackeline Rentería Angulo

10. T-687987 –En relación con los accionantes Alberto Ramírez, Numael Rayo y Ledys Vides Quiroz, Gloria Amparo Moreno Palma y sus respectivos núcleos familiares 

11. T-688002 –En relación con los accionantes Gloria Yaneth Hernández, Carlos Antonio Posada, Liced Yuliana Posada, Jhon Jairo Mayor Sánchez, José Ignacio Mapura Jiménez, Jorge Eliécer B y Mara Nancy Villa,  y sus respectivos núcleos familiares

12. T-692204 –En relación con María Ligia Quintero Cano, María del Tránsito Machado de Mosquera, Alba Cecilia Mena Rentería, Elvia Amparo Cardona Cardona y María Paulina Mosquera Córdoba y sus respectivos núcleos familiares

13. T-699715 –. En relación con Maria Fanny Restrepo y su núcleo familiar. 

14. T-700727 – En relación con la accionante Mary Ettel Córdoba y su núcleo familiar

15. T-700902 –. En relación con Adriana Pulido, Aida Castaño Sánchez, Aldemir Osorio Ortegón, Alexander Hernández, Alfredo Quintero Osorio, Beatriz Osorio Ortegón, Blanca Elina Torres, Carlos Eduardo Lozada, Carlos Eduardo Pérez, Clara Inés Alonso, Deicy Lugo Méndez, Diana Maribel Osorio Ortegón, Elma Alonso Osorio Ortegón, Emilsen Osorio Ortegón, Ennesy Lasso Otalvaro, Esperanza Bonilla, Gilberto Cerquera Palomino, Gloria Esmeralda Giraldo, Gustavo Pinto Bahamón, Idel Rogelio Neiva Unda, Israel Rueda, Javier Enrique Toro Guerrero, Jesualdo Daza, Jesús Lisandro Zamudio, Jhon Wilmer García Pinto, José A. Acosta, José Adán González, José Albeiro Marulanda, José Alfredo Motta, José William Alvarado, Julio César Caicedo, Leonardo Lozano, Luis Eduardo Pinto Bahamón, Luz Darly Osorio Ortegón, Luz Dary Chaguala Rodríguez, Luz Dennis Pinto Páez, Luz Marina Pacheco Lozano, Manuel Ignacio Criollo, Maria Belquin Angarita, María Noelia Páez, Marleny Solano Vargas, Miller Castañeda, Neifer Osorio Ortegón, Nelson Rindo Quintero, Nobey Pinto Páez, Octavio Sánchez Burbano, Orlando Losada Pinto, Orlando Losada Rada, Ramiro Antonio Vargas, Ruth Martínez Arias, Sandra Carolina Gómez, Sandra Patricia Pinto, Sandro Morci, Silvio Muñoz Ñañez, Teresa Ramírez Masmela, Victoriano Oyola Tique, Willer Lasso Otalvaro, Yazmín Pinto Páez, Yenith Paola Miranda Quintero, Yorledis Contreras Quintero, Yuri Zulay Parra Jiménez.

16. T-701212 – En relación con la accionante Nohora Juvia Burbano Bolaños y su núcleo familiar

17. T-701296 – En relación con el demandante Rodrigo Olaya Muñoz

18. T-701300 – En relación con el accionante Franklin Antonio Mosquera Sánchez y su núcleo familiar.

19. T-702437 – En relación con la accionante Dominga Mosquera Largacha y su núcleo familiar.

20. T-702574?  En relación con Pedro Mono Lozada y su núcleo familiar

DÉCIMO SEGUNDO.? ORDENAR a la Red de Solidaridad Social que respecto de quienes se encuentran inscritos en el Sistema Único de Registro de Desplazados, realice todas las gestiones necesarias para que en un plazo no mayor de 8 días, contados a partir de la notificación de la presente sentencia, se entregue efectivamente, si aún no lo ha hecho, la ayuda humanitaria solicitada, los oriente adecuadamente sobre el acceso a los demás programas de atención para población desplazada y, en caso de que hayan presentado alguna otra solicitud para recibir acceso a los servicios de salud, medicamentos, educación para sus hijos menores, acceso a los programas de estabilización económica o vivienda les responda de conformidad con la ordenado en los ordinales décimo a décimo cuarto de esta sentencia, en los siguientes procesos:

1. T-619610.- En relación con los accionantes Concepción Valderrama León, Lady Patricia Bernal, Edier Peña García, Uriel Peña Sarcia, Maria Edita Cabrera, Miller Ales Trujillo, Gloria Marcela Moscoso Caicedo, Gildardo Aley Trujillo, Maria Jesús Ramírez, Ana Elisa García De Peña, Gabriel Arnulfo Quevedo, Yolanda Hernández, Delio Tarcio López Fernández.

2. T-675076  En relación con el accionante Rosemberg Antonio Montoya González

3. T- 683850 – En relación con el accionante John Wilson Perdomo Polanía. 

4. T- 684071 – En relación con la accionante Ruby Jadith Oyola Ramírez

5. T-684744 –En relación con el demandante Jorge Eliécer Betancourt Márquez

6. T?685774 – En relación con Cerafina Huila y su núcleo familiar. 

7. T-685986 – En relación con el accionante Carlos Omar Rodríguez

8. T-686775 – En relación con Carlos Julio Aroca 

9. T-687274 – En relación con Pantaleón Oyola Camacho.

10. T-687987 – En relación con los accionantes Hernando Aldana, Juan Antonio Rovallo Rodríguez, Alexander Elías Jiménez Sandoval, Abraham Ramírez, Enilda Rosa Martínez, Fernando Edwin Vides, Roberto Hernández, Manuel Salvador Arévalo Claro, Alberto Ramírez, Libia Pinzón, Numael Rayo, Carlos Joaquín Moreno Viuche, Ledys Vides Quiroz, Gloria Amparo Moreno Palma y sus respectivos núcleos familiares.

11. T-687325 ?  En relación con el demandante Silvestre Bautista Londoño

12. T-688002 – En relación con los accionantes Carlos Enrique Montoya B., Gustavo Sanz Ordóñez, Rubén Darío Villegas, Diana Milena Ortiz Gutiérrez, Rubiela Cataño Hernández, Ana María Suaza, Luis Fernando Mapura Vinasco, Luis Alberto Bermúdez Tobón, Pablo Emilio Vélez Gallón, Adalberto Sanz Ordóñez, Luis Gonzaga Arias, Carmen Emilia Restrepo, y Blanca Libia Salas y sus respectivos núcleos familiares.

13. T-688767? En relación con Yamel Alirio Tamayo Giraldo.

14. T?689104 – En relación con Oliverio Pacheco Galeano

15. T-689307 –En relación con  Benigno Macera, Carlos Felipe Sarmiento, Rosa Delia Dietes, Elia Josefa Vásquez y sus  respectivos núcleos familiares 

16. T-690437 – En relación con Wilson Romero Gómez y su núcleo familiar

17. T-692204 – En relación con los accionantes Ariosto Moreno Lemus, Evaristo Murillo Mosquera, José Vidal Mosquera  Mosquera, Luis Arturo González García, Marco Fidel Pava Ramos, Martha Ofelia Palacios Agualimpia, y Nilo Antonio Herrera y sus respectivos núcleos familiares.

18. T-692218 – En relación con Jorge Eduardo Ayala y su núcleo familiar

19. T-692410 ? En relación con Nina Patricia San Miguel y su núcleo familiar.

20. T-693606 – En relación con Edgar Verján Chambo y su núcleo familiar.

21. T-697477 – En relación con Jesús María Puerta Betancourt y su núcleo familiar

22. T-697866 – En relación con María Emérita Losada y su núcleo familiar

21. T-697908 – En relación con Eloina Zabala y su núcleo familiar

23. T-698940 – En relación con  Norman Hernández Góngora y su núcleo familiar

24. T-700088 – En relación con Bibiana Lancheros Zambrano y su núcleo familiar

25. T-700362 – En relación con Delcy Rubiano de Vanegas y su núcleo familiar.

26. T-700370 – En relación con Suny Yuliana Mosquera y su núcleo familiar

27. T-700902 – En relación con Alba Luz Marín Perdomo, Amalfi Arias, Alberto Oviedo González, Aldemar Ramírez Niño, Alirio Hoyos Díaz, Amparo Ducuara Velásquez, Ana Belén García, Aniceto Díaz, Antonio José Duque, Aristóbulo Méndez, Armando Leal, Arvey Cerquera Rada, Astrid García Conde, Atanael Paredes Aguiar, Audias Cerquera Rada, Beatriz Aguirre, Blanca Cenelia Barrero Palomino, Blanca Flor Ramírez Padilla, Blanca Lilia González, Bonificia Hernández, Carlos Eduardo Triana Cárdenas, Cecilia López Quintero, Cesar Eduardo Pinzón Vanegas, Diana Marcela Bazurdo Santana, Domingo Agudelo Gutiérrez, Edgar Ramírez, Edgar Luis Ramírez, Edinson Sánchez, Eliseo Ortigoza P., Erminso Castaño, Ernesto Ramírez Vargas, Eterberto Carvajal Hernández, Eyoam Ruiz Martínez, Fanny Guarnizo, Florinda Mape de Mape, Frowin Agudelo Bermudes, Geimar Arce Herrera, Gentil Montiel Romero, Hermon Leiton Ospina, Jaime Acosta, Javier Enrique Madrigal, Jesús Antonio Carvajal Álvarez, Jesús maría Oliveros, Jorge Alirio Martínez Caballero, Jorge Guzmán Molina, José Alejandro Colorado Castaño, José Arberi Hoyos Luna, José Narcizo Castañeda, José Vicente Moreno, Josué Godoy Castro, Leonor Vargas, Lucero Paloche Rodríguez, Lucio Páez Guerrero, Luis Adriano Collazos, Luis Alfredo Díaz Marqueza, Luis Ángel Caicedo Rayo, Luis Enrique Arias Cardozo, Luis Gentil Morales Ramírez, Luis Henry Parra Cabrera, Luz Dary Correa Rodríguez, Luz Erika Arana, Luz Ilida Lasso Otalvaro, Luz Marina Gasca, Luz Marina Sánchez Pérez, Manuel José Romero, Marcela Cubillos Díaz, Marcely García Manrique, Maria Beiba Sánchez, María Belarmina Suaza Giraldo, Maria Corona Muñoz Tulcán, María de los Ángeles París, Maria Doly González, María Edith Justinico, María Jesús Casas, María Lucrecia Marín Rodríguez, María Olinda Otalvaro de Oyola, Marleny Bedoya, Martha Cecilia Aguirre, Martha Lucero Ariza, Medardo Soto Rivera, Nidia Rodríguez Bustos, Nohora Monroy Carrillo, Norma Constanza Díaz, Olga Ramírez, Olga Yaneth Castro, Omar Arias Escobar, Pablo Antonio Asprilla, Pedro Antonio Martínez López, Ramiro Ladino Gutiérrez, Ramiro Ramón García, Rosevertt Oviedo, Rosa Delia Castro, Rosa Elena Gasca, Rosalba Rada Oyola, Saúl Martínez Morales, Sabina Palomino Caleño, Silvio Lozada C., Uriel Rojas Perdomo, Wilson Patiño Rivas, Yolanda Fajardo y sus respectivos núcleos familiares.

28. T-701730 – En relación con Ruby Jadith Oyola Ramírez y su núcleo familiar

29. T-701850 ? En relación con Uriel Salas Moreno y Eduviges Palacios y  sus núcleos familiar 

30. T-703423 – En relación con los accionantes Fray Martín Álvarez, Nelly Otálvaro, Freddy Milton Ramírez, Elizabeth Pulido y Claudia Patricia Olaya y sus respectivos núcleos familiares.

31. T- 705236 – En relación con Eduardo Rincón Roa y su núcleo familiar

32. T-706749 – En relación con Ernesto Perdomo y su núcleo familiar 

33. T-775898 – En relación con María Dolores Naranjo y su núcleo familiar

DÉCIMO TERCERO.- ORDENAR a la Red de Solidaridad Social y a las Secretarías de Salud de las entidades territoriales en las cuales se encuentren ubicados los accionantes, para que en el plazo máximo de 15 días contados a partir de la notificación de la presente tutela, adelanten de manera coordinada, si aún no lo han hecho, todas las acciones necesarias para garantizar el acceso efectivo de los accionantes al sistema de salud, y se les garantice el suministro de los medicamentos que requieran para su tratamiento.

DÉCIMO CUARTO.- ORDENAR a la Red de Solidaridad Social y a las Secretarías de Educación de las entidades territoriales en las cuales se encuentren ubicados los accionantes, para que en el plazo máximo de un mes, contado a partir de la notificación de la presente tutela, adelanten de manera coordinada todas las acciones necesarias para garantizar a los accionantes que así lo hayan solicitado, el acceso efectivo al sistema de educativo.  

DÉCIMO QUINTO.- – ORDENAR a la Red de Solidaridad Social en relación con el accionante en proceso T-703130, quien se encuentra inscrito como desplazado que, dentro de los 5 días siguientes a la notificación de la presente sentencia, si aún no lo ha hecho, examine si de conformidad con lo señalado en el apartado 9 de esta sentencia, el accionante se encuentra en las condiciones de extrema urgencia o de incapacidad para asumir su autosostenimiento, los cuales justifican la aplicación preferente de la Constitución para la protección de sus derechos y, continuar prestando dicha ayuda mientras tales condiciones subsistan.

DÉCIMO SEXTO.- ORDENAR a la Red de Solidaridad Social en relación con el accionante en el proceso T- 680670, quien se encuentra inscrito como desplazado que, dentro de los 5 días siguientes a la notificación de la presente sentencia, si aún no lo ha hecho, examine si de conformidad con lo señalado en el apartado 9 de esta sentencia, el accionante se encuentra en las condiciones de extrema urgencia o de incapacidad para asumir su autosostenimiento, los cuales justifican la aplicación preferente de la Constitución para la protección de sus derechos y, continuar prestando dicha ayuda mientras tales condiciones subsistan.

DÉCIMO SÉPTIMO.- ORDENAR a la Red de Solidaridad que, dentro de los 5 días siguientes a la notificación de la presente sentencia, proceda a separar a la accionante en el proceso T-686751, del núcleo familiar bajo el cual quedó registrada, y a inscribirla bajo un nuevo núcleo con ella como madre cabeza de familia, y dentro de los 8 días siguientes le entregue la ayuda humanitaria de emergencia a que tiene derecho y la oriente adecuadamente sobre el acceso a los demás programas de atención para la población desplazada.

DÉCIMO OCTAVO.- COMUNICAR la presente decisión al señor Defensor del Pueblo para que directamente o a través de su delegado, efectúe un seguimiento de la manera como se de cumplimiento a las órdenes contenidas en los numerales anteriores y si lo considera del caso, informe a la opinión sobre los avances y las dificultades encontradas. 

DÉCIMO NOVENO.- En relación con cada uno de los expedientes acumulados al presente proceso revocar o confirmar los fallos de instancia de la siguiente manera: 

1. T- 653010, CONFIRMAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta, Sala Civil Familia sentencia del 9 de julio de 2002, pero de conformidad lo establecido en esta sentencia y, en consecuencia, modificar las órdenes dadas por el juez de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo a décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR  la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, del 28 de agosto de 2002. 

2. T-619610.- CONFIRMAR la sentencia del Tribunal superior de Ibagué, Sala de Familia, del 8 de  mayo de 2002, pero de conformidad lo establecido en esta sentencia modificar las órdenes de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo a décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.. REVOCAR la sentencia de la Corte suprema de justicia, de 28 de octubre de 2002. 

3. T- 674158, CONFIRMAR las sentencias del Juzgado 28 Penal del Circuito de Medellín, del 12 de septiembre de 2002 y del Tribunal Superior de Medellín, Sala de Decisión Penal, de octubre 21 de 2002, pero de conformidad lo establecido en esta sentencia y, en consecuencia, modificar las órdenes dadas por el juez de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia. 

4. T-675028- REVOCAR la sentencia del Juzgado Primero Penal del Circuito de Barranquilla, sentencia de 23 de septiembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

5. T-675074 – CONFIRMAR las sentencias del Consejo Seccional de la Judicatura de Quindío, de 5 de septiembre de 2002 y del Consejo Superior de la Judicatura, del 16 de octubre de 2002, pero de conformidad lo establecido en esta sentencia y, en consecuencia, modificar las órdenes dadas por el juez de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

6. T-675081- REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala laboral, del 19 de septiembre de 2002  y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, del 31 de octubre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

7. T-675083- Confirmar la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva, Sala Primera Civil, Familia, Laboral, del 24 de septiembre  de 2002, pero de conformidad lo establecido en esta sentencia. REVOCAR parcialmente la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, del 30 de octubre de 2002. En consecuencia, modificar las órdenes de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo a décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

8. T-675076 – CONFIRMAR PARCIALMENTE las sentencias del Consejo Seccional de la Judicatura de Risaralda, del 23 de julio de 2002, y del Consejo Superior de la Judicatura, 5 de septiembre de 2002, en los términos de la presente sentencia y, en consecuencia, modificar las órdenes dadas por el juez de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo primero y décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

9. T-675096, REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior Sala Laboral Tolima, del  25 de septiembre de 2002, y de la Corte Suprema de Justicia Sala de Casación Laboral en sentencia de 30 de octubre de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

10. T- 675844, REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior Sala Laboral Ibagué, del 20 de septiembre de 2002,  y de la Corte Suprema de Justicia Sala de Casación Laboral, del 31 de octubre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

11. T-675955 – CONFIRMAR PARCIALMENTE la sentencia del Juzgado 5to civil del circuito de Bogotá, del 17 de septiembre de 2002, en los términos de la presente sentencia y , en consecuencia, modificar las órdenes dadas por el juez de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo a décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR la sentencia de la Sala Civil de Tribunal Superior de Bogotá, del 23 de Octubre de 2002. 

12. T-679482 – CONFIRMAR la sentencia del Juzgado 2do de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pereira, del 29 de octubre de 2002, que negó la tutela por temeridad. COMUNICAR a la Red de Solidaridad Social y a la Registraduría del Estado Civil los hechos que llevaron a los jueces a considerar que existía temeridad y posible fraude a la ley.

13. T-680268 – REVOCAR las sentencias del Juzgado 38 Civil del Circuito de Bogotá, del 1 de octubre de 2002 y del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, del 6 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

14. T-680627- CONFIRMAR la sentencia del Juzgado 8 Civil del Circuito Barranquilla, del 2 de agosto de 2002.

15. T- 680670REVOCAR  la sentencia del Juzgado Tercero Penal del Circuito de Buenaventura del 15 de octubre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de sus derechos de conformidad con lo que establece el ordinal décimo sexto de la parte resolutiva de esta sentencia.

16. T-680805 – CONFIRMAR la sentencia del Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pereira, Risaralda, de octubre 31 de 2002. 

17. T-681418 Revocar parcialmente las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil y de Familia, del 6, 24 y 26 de septiembre de 2002, y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, del 30 de octubre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia. CONFIRMAR que los actores no incurrieron en temeridad. 

18. T-681839 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil – Familia, de noviembre 8 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de sus derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

19. T-682674 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Primero Penal del Circuito de Buenaventura, del 28 de octubre de 2002 que negó la tutela porque los actores no se encontraban registrados como desplazados y en su lugar CONCEDER el amparo de sus derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo primero de la parte resolutiva de esta sentencia.

20. T- 683849REVOCAR la sentencia del Consejo seccional de la judicatura  del Tolima, de noviembre 15 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

21. T- 683850 – REVOCAR la sentencia del Consejo seccional de la judicatura del Tolima, de noviembre 18 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal duodécimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

22. T- 684071REVOCAR la sentencia del Juzgado Octavo Civil del Circuito de Bogotá, en sentencia de noviembre 12 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal duodécimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

23. T-684470 – CONFIRMAR la sentencia del Juzgado primero civil del circuito Armenia, en sentencia de noviembre 14 de 2002, que negó el amparo solicitado por considerar que la declaración rendida por el accionante  y los elementos probatorios que obran en el expediente no evidencian la vulneración de sus derechos.

24. T-684548 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, de octubre 22 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

25. T-684560 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué - Sala Penal, de octubre 8 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

26. T-684566REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, de octubre 15 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

27. T- 684572 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, de octubre 11 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

28. T-684573 ? REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, de octubre 9 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

29. T-684574 ?  REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, de octubre 15 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

30. T-684579 ? REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, de octubre 15 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

31. T-684744 – REVOCAR la sentencia del Juzgado 37 penal del circuito de Bogotá, de 31 de octubre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

32. T?685774 – REVOCAR las sentencias del Juzgado Tercero Penal del Circuito de Buenaventura, de octubre 9 de 2002, y del Tribunal Superior de Buga, de 21 de octubre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de sus derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

33. T-685986 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Primero Penal del Circuito de Bogotá, de 7 de noviembre de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

34. T-685987 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Primero Penal del Circuito de Bogotá de noviembre 13 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

35. T-686154 – REVOCAR la sentencia del Juzgado 2º Civil del Circuito de Riohacha, de 17 de octubre de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia, respecto de los dos actores identificados plenamente en el proceso. 

36. T-686751 – CONFIRMAR las sentencias del Juzgado Primero Civil  del Circuito de Bogotá de 4 de octubre de 2002, y del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Civil, de 25 de  noviembre de 2002, y en su lugar concer el amparo de los derechos en los términos del ordinal décimo sexto de la parte resolutiva de esta sentencia.

37. T-686775 REVOCAR la sentencia del -Juzgado Segundo Civil del Circuito de Chaparral, de noviembre 25 de 2002 y en su lugar CONCEDER en amparo de sus derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

38. T-687040 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Noveno de Familia de Cali, de noviembre 6 de 2002 y en su lugar CONCEDER en amparo de sus derechos, de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo primero de la parte resolutiva de esta sentencia.

39. T-687244 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, de septiembre 30 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, del 1 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal duodécimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

40. T-687274 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, de septiembre 25 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, de 5 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

41. T-687276 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil-Familia, de septiembre 17 de 2002, y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, de 5 de noviembre de 2002, y en su lugar, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

42. T-687325 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, de septiembre 30 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, de 5 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

43. T-687987 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Cuarto Civil del Circuito de Bogotá de 21 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo a décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

44. T-688002 – REVOCAR la sentencia del Juzgado 3º penal del Circuito de Cartago, del 14 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos, de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo a décimo cuarto de la parte resolutiva de esta sentencia.

45. T-688508 – REVOCAR la sentencia del Juzgado 47 Penal del Circuito de Bogotá, de 13 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

46. T-688767? REVOCAR la sentencia del Tribunal Administrativo del Tolima, Sala Plena, de 15 de noviembre de 2002 y, en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos, de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

47. T-688769 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Administrativo de Tolima, de 8 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

48. T-688868CONFIRMAR las sentencias del Juzgado 1º de Ejecución de Penas de Pasto, de 12 de noviembre de 2002 y del Tribunal Superior de Pasto, Sala Penal, de diciembre 2 de 2002.

49. T-689017 – REVOCAR la sentencia de Juzgado Segundo Civil del Circuito de Barrancabermeja, sentencia de 28 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo y décimo cuarto de la parte resolutiva de esta sentencia.

50. T-689020 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Segundo Civil del Circuito de Barrancabermeja, de 28 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal duodécimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

51. T-689104 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil y Familia, de septiembre 23 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, de noviembre 15 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

52. T-689131 – REVOCAR la sentencia del Juzgado 36 Civil del Circuito, de 28 de noviembre de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en esta sentencia de conformidad con lo establecido los ordinales décimo a décimo cuarto de la parte resolutiva de esta sentencia.

53. T-689186 – CONFIRMAR la sentencia del Tribunal superior de Buga, Sala Constitucional, de 2 de agosto de 2002, por las razones expuestas en esta sentencia y en consecuencia, las órdenes se modifican de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo y décimo tercero de la parte resolutiva de esta sentencia.  REVOCAR la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, sentencia 26 de noviembre de 2002 (RE y V, S)

54. T-689206 –REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior Distrito Judicial de Ibagué, Sala Penal, de octubre 2 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, del 3 de diciembre de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

55. T-689307 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Primero Civil del Circuito de  Barrancabermeja, de 28 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo, décimo tercero y décimo cuarto de la parte resolutiva de esta sentencia.

56. T-689503 ? REVOCAR la sentencia del Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Barrancabermeja,  de diciembre 3 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo, décimo tercero y décimo cuarto de la parte resolutiva de esta sentencia.

57. T-689697 –CONFIRMAR la sentencia del Juzgado Sexto Civil del Circuito de Bogotá, de 18 de octubre de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia, y en consecuencia, se modifican las órdenes de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Civil, de diciembre 4 de 2002. 

58. T-690250 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué-Sala  Penal, de octubre 8 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, de diciembre 3 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

59. T-690254 – CONFIRMAR la sentencia del Tribunal Superior de Buga, Sala Constitucional, del 13 de agosto de 2002, pero por las razones expuestas en la presente sentencia, y en consecuencia se modifican las órdenes de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, de 3 de diciembre de 2002. 

60. T-690437 – REVOCAR las sentencias del Juzgado 48 Penal del Circuito de Bogotá, de 18 de septiembre de 2002 y del Tribunal superior de Bogotá, Sala Penal, en sentencia de noviembre 8 de 2002, pero por las razones expuestas en la presente sentencia, y en consecuencia, MODIFICAR las órdenes de conformidad con lo establecido en los ordinales duodécimo y décimo tercero de la parte resolutiva de esta sentencia. 

61. T-692182 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, de 1º de Octubre de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala Civil, de 18 de noviembre de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo y décimo cuarto de la parte resolutiva de esta sentencia

62. T-692183 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, 8 de Oct de 2002. CONFIRMAR la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala Civil, del 19 de diciembre de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en los ordinals décimo, décimo tercero y décimo cuarto de de la parte resolutiva de esta sentencia..

63. T-692204 – CONFIRMAR las sentencias del Consejo Seccional de la Judicatura de Risaralda, Sala Jurisdiccional Disciplinaria, de agosto 21 de 2002 y del Consejo Superior de la Judicatura, Sala Jurisdiccional Disciplinaria, de octubre 2 de 2002 pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes de conformidad con lo ordenado en los ordinales décimo primero y décimo segundo de la parte resolutiva del presente fallo.

64. T-692218 – CONFIRMAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, de 9 de octubre de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes en los términos del ordinal décimo segundo de la parte resolutiva del presente fallo. REVOCAR la sentencia de la Corte Suprema de  Justicia, Sala Civil, de 26 de noviembre de 2002.

65. T-692398CONFIRMAR la sentencia del Tribunal Superior, Sala Laboral, de 12 de Noviembre de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes en los términos del ordinal décimo de la parte resolutiva del presente fallo. REVOCAR la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala Laboral, de 11 diciembre de 2002.

66. T-692410 – CONFIRMAR PARCIALMENTE la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Laboral, del 13 de Nov de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes en los términos del ordinal décimo segundo de la parte resolutiva del presente fallo. REVOCAR la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala Laboral, de 10 de diciembre de 2002. 

67. T-692415 – CONFIRMAR parcialmente las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Laboral, de noviembre 20 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala Laboral, de diciembre 10 de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes en los términos del ordinal décimo de la parte resolutiva del presente fallo.

68. T-692867REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala de Decisión Penal, de octubre 22 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, de diciembre 10 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

69. T-692880Revocar las sentencias del Tribunal superior de Florencia, de noviembre 1º de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala penal, de diciembre 10 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

70. T-693606 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, de 4 de octubre de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala penal., de 10 de diciembre de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia..

71. T-695161 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Administrativo del Tolima, de noviembre 12 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de sus derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia

72. T-695242 – REVOCAR las sentencias del Juzgado 25 Civil del Circuito de Bogotá, de noviembre 22 de 2002 y del Tribunal Superior de Bogotá, de diciembre 13 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo y décimo cuarto de la parte resolutiva esta sentencia.

73. T-695691 – REVOCAR la sentencia del Tribunal administrativo de Cundinamarca de diciembre 10 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en los ordinales décimo y décimo cuarto de la parte resolutiva de esta sentencia.

74. T-695839 ? REVOCAR las sentencias del Juzgado Penal del Circuito Especializado de Pasto, de noviembre 14 de 2002 y del Tribunal superior del distrito judicial de Pasto, de diciembre 10 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

75. T-695872 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, Sección cuarta, Subsección B, del 10 de diciembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo tercero de la parte resolutiva de esta sentencia.

76. T-696791 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, Sala de Decisión Constitucional, de noviembre 8 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

77. T-697477 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Administrativo del Quindío, Sala de Decisión, de diciembre 11 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

78. T-697866REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia, de 8 de octubre de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, de 25 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutivo de esta sentencia.

79. T-697902 – REVOCAR parcialmente las sentencias del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia, de octubre 2 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, de 25 de noviembre de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de esta sentencia. CONFIRMAR que no hubo temeridad.

80. T-697908 – REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia, de octubre 28 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, de 26 de noviembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

81. T-698625 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Quinto Civil del Circuito de Pereira, de 9 de diciembre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

82. T-698940REVOCAR la sentencia del Juzgado Catorce Penal del Circuito de Cali, de 28 de octubre de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

83. T-699715 – REVOCAR  la sentencia del Juzgado Veintitrés Penal del Circuito de Medellín, de octubre 3 de 2002, en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en esta sentenciaen el ordinal décimo primero de la parte resolutiva de esta sentencia respecto de la actora Fanny Restrepo de Atehortúa y del ordinal décimo en relación con el actor Jairo Jantivas. Respeto de los demás accionantes dado que no fue posible su identificación, se remitirá copia de esta sentencia y de los apartes del expediente que permitirían una identificación de los actores a los representantes de la Red de Solidaridad Social y de la Defensoría del Pueblo del municipio donde se encuentran los accionantes, a fin de que verifiquen las condiciones en las que se encuentra esta comunidad, y si lo encuentran procedente adopten las medidas de protección que correspondan, en particular su inscripción como desplazados.

84. T-700088REVOCAR las sentencias del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala de Familia, de octubre 15 de 2002 y de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, de diciembre 6 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

85. T-700362 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, de octubre 9 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

86. T-700370 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Penal, de octubre 22 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

87. T-700727 – REVOCAR las sentencias del Juzgado Sexto Laboral del Circuito de Cali, de octubre 18 de 2002 y del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, Sala Laboral, de diciembre 4 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo primero de esta sentencia..

88. T-700805REVOCAR las sentencias del Juzgado Penal del Circuito Especializado de Pasto, de noviembre 15 de 2002 y del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, Sala Penal, de diciembre 12 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

89. T-700902 – CONFIRMAR la sentencia del Tribunal Administrativo del Tolima, de agosto 20 de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo y décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR la sentencia del Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Quinta, de Sentencia de diciembre 5 de 2002. 

90. T-701212 –REVOCAR la sentencia del Juzgado Quinto Civil del Circuito de Popayán de diciembre 13 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo primero de la parte resolutiva de esta sentencia.

91. T-701296 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Contencioso Administrativo de Risaralda - Sala de Decisión, de diciembre 12 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo primero de la parte resolutiva de esta sentencia.

92. T-701300 – CONFIRMAR la sentencia del Juzgado Tercero de Familia de Pereira, de noviembre 19 de 2002 pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo primero de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior de Pereira, Sala de Familia,  de enero 14 de 2003.

93. T-701501 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga, Sala Laboral, de diciembre 12 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

94. T-701730 – CONFIRMAR las sentencias del Juzgado Octavo Civil del Circuito de Bogotá, de noviembre 12 de 2002, y del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Civil, de enero 17 de 2003 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

95. T-701850 – CONFIRMAR la sentencia del Juzgado Primero Penal del Circuito de Buenaventura, de septiembre 20 de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes en los términos del ordinal décimo de la parte resolutiva del presente fallo. REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga, Sala de Decisión Constitucional, de diciembre 3 de 2002

96. T-702437 – REVOCAR las sentencias del Juzgado Segundo Penal del Circuito de Buenaventura, de octubre 9 de 2002 y del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga, Sala de Decisión Penal, de noviembre 25 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo primero de la parte resolutiva de esta sentencia.

97. T-702574CONFIRMAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia, de diciembre 16 de 2002.

98. T-702579 ?  REVOCAR la sentencia del Juzgado Primero Civil del Circuito de Ibagué, de noviembre 14 de 2002. CONFIRMAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia, de diciembre 16 de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes en los términos del ordinal décimo de la parte resolutiva del presente fallo. (V RE) 

99. T-703064 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Veintiséis Penal del Circuito de Bogotá, de noviembre 29 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido  en los ordinales décimo y décimo tercero de la parte resolutiva de esta sentencia.

100. T-703130 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Administrativo de Antioquia, Sala Tercera de Decisión, de noviembre 28 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

101. T-703423 – REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Villavicencio, Sala de Familia, de enero17 de 2003 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia.

102. T-703857 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Treinta y Cinco Penal del Circuito de Bogotá, enero 16 de 2003 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

103. T-703897 – REVOCAR la sentencia del Juzgado Veintinueve Penal del Circuito de Bogotá, de diciembre 18 de 2002 y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo de la parte resolutiva de esta sentencia.

104. T-704500 – CONFIRMAR la sentencia del Juzgado Segundo de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pasto, de noviembre 15 de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes en los términos del ordinal décimo de la parte resolutiva del presente fallo. REVOCAR la sentencia del Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Pasto, Sala de Decisión Penal, de enero 14 de 2003.

105. T-704501 – CONFIRMAR la sentencia del Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pasto, de noviembre 15 de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes en los términos del ordinal décimo de la parte resolutiva del presente fallo. REVOCAR la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, Sala Penal, de enero 17 de 2003.

106. T- 705236 – CONFIRMAR la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Laboral, de diciembre 10 de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, de enero 28 de 2003.

107. T-706125 – REVOCAR  la sentencia del Juzgado Dieciocho Penal del Circuito de Bogotá, de diciembre 3 de 2002, y en su lugar CONCEDER el amparo de los derechos de conformidad con lo establecido en los ordinales décimo, décimo tercero y décimo cuarto de la parte resolutiva de esta sentencia.

108. T-706749 – CONFIRMAR parcialmente la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué, Sala Laboral, de diciembre 2 de 2002, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, de enero 29 de 2003.

109. T-775898 – CONFIRMAR PARCIALMENTE la sentencia del Juzgado 13 Civil Municipal de Cali, de Febrero 28 de 2003, pero por las razones expuestas en esta sentencia y, en consecuencia se modifican las órdenes de conformidad con lo establecido en el ordinal décimo segundo de la parte resolutiva de esta sentencia. REVOCAR la sentencia del Juzgado 15 Civil del Circuito de Cali, de abril 25 de 2003. 

VIGÉSIMO.- COMUNICAR la presente decisión al Defensor del Pueblo dentro de la órbita de sus competencias, haga un seguimiento del cumplimiento del presente fallo.

VIGÉSIMO PRIMERO.- COMUNICAR la presente decisión al Procurador General de la Nación, para que, dentro de la órbita de sus competencias, haga un seguimiento del cumplimiento del presente fallo y vigile la actuación de las autoridades.

VIGÉSIMO SEGUNDO.- INFORMAR al Director de la Red de Solidaridad Social que sin perjuicio que los términos para dar cumplimiento a las órdenes relativas al expediente T-653010 y sus acumulados se cuenten a partir de la notificación de la sentencia, podrá adelantar todas las acciones que considere necesarias para agilizar el cumplimiento del presente fallo.

VIGÉSIMO TERCERO.- Levantar los términos suspendidos mediante auto de 11 de abril de 2003.

Por Secretaría General, líbrense las comunicaciones de que trata el artículo 36 del Decreto 2591 de 1991.

MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA

Magistrado

JAIME CÓRDOBA TRIVIÑO

Magistrado

RODRIGO ESCOBAR GIL

Magistrado

IVÁN HUMBERTO ESCRUCERÍA MAYOLO

Secretario General

ANEXO 1:  RESUMEN DE LAS SENTENCIAS DE TUTELA REVISADAS EN ESTE PROCESO (T-653010 Y ACUMULADOS).

Expediente

Lo que piden

Lo que han recibido

Primera Instancia

Segunda Instancia

Selección

653010

(demandante:

Fundación Ayudémonos Fundayude a través de su representante legal Javier Augusto Silva Madero)

Grupo de 150 núcleos familiares de población desplazada, que solicitan que se les resuelvan sus peticiones y se de una solución efectiva para su estabilización económica para el otorgamiento de viviendas, reubicación de las familias, y se destinen recursos necesarios como capital semilla para lograr restablecimiento económico.

Salvo Ana de Dios Lerez Hernández, Aurora Balaguera, Deley María Casares, Glenis Miranda Castillo, Liliana Guerra, María Aracely Tobón, Néstor Juana García, Olga Gutiérrez, José Muñoz Monte, Trinidad Sánchez y sus núcleos familiares, los demás demandantes se encuentran inscritos el registro de población desplazada. Existe en el expediente evidencia de que 6 de los 150 núcleos han recibido ayuda humanitaria de emergencia, dos afirman no haber recibido esa ayuda, y sobre el resto no existe información. 3 personas, cabezas de familia, han recibido capacitación en el SENA para montar proyectos productivos. 

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta, Sala Civil Familia,  sentencia del 9 de julio de 2002. Concede el amparo solicitado para proteger derechos a la vivienda digna en conexidad con el de vida digna y se niega el de la salud e igualdad. Ordena a la Red de Solidaridad Social y al Ministerio de Hacienda, elaborar propuestas para estabilización socioeconómica tendientes a la reubicación y consolidación de las familias desplazadas, con seguimiento y evaluación del impacto generado por la aplicación de dichos planes y programas y al INURBE asistir técnicamente el proceso de postulación al subsidio de vivienda, asignar los subsidios de acuerdo con los criterios legales y velar por el giro oportuno de los mismos, y además implementar planes de asistencia técnica a las entidades territoriales,  organizaciones no gubernamentales para el diseño y ejecución de los proyectos habitacionales para la población desplazada. Para el cumplimiento de esta orden concede un plazo de 4 meses. Excluye de la orden a la Presidencia de la República, y a varios de los tutelantes por no aparecer inscritos en el SUR.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, sentencia del 28 de agosto de 2002 Revoca la sentencia de primera instancia por considerar que las asociaciones de accionantes no tienen legitimación para promover la acción de tutela para la protección de los derechos de los desplazados y porque no se acreditó de manera concreta la vulneración de los derechos fundamentales por una conducta arbitraria de las autoridades y niega amparo.

Sala de selección número 11, mediante auto del 12 de noviembre de 2002.

619610

(demandante:

Cristóbal Quevedo Medina y otros)

Grupo de 58 familias de desplazados solicitan que autoridades cumplan con su misión de protección a población desplazada y respuesta efectiva de las solicitudes en materia de vivienda y proyectos productivos.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Recibieron atención humanitaria de emergencia por tres meses.

Tribunal superior de Ibagué Sala de Familia, en sentencia de  mayo 8 de 2002, concede por considerar que dentro del marco del estado social de derecho, es necesario que se llegue a una solución definitiva del problema planteado, mediante la reubicación de las personas y familias, y la atención de las necesidades de alimentación, trabajo, vestuario y salud de los desplazados, además de la educación de los menores y capacitación de jóvenes y adultos integrantes del grupo accionante, atendiendo además a que aún no se involucran en los proyectos productivos

Corte suprema de justicia, en sentencia de 28 de octubre de 2002, revoca la decisión pues no se demostró que la entidad se haya abstenido de cumplir sin justa causa

Sala de Selección 12,  diciembre 13 de 2002.

674158

(demandante:

Mario Alberto Estrada Palacio)

Grupo de 1 familia de desplazados solicitan que autoridades den orientación y ayuda efectiva para acceder a vivienda y a capacitación para proyectos productivos.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Recibieron atención humanitaria de emergencia por tres meses.

Juzgado 28 Penal del Circuito de Medellín.

Sentencia de septiembre 12 de 2002.

Decide amparar derechos Ordena a la Red de Solidaridad Social Seccional Antioquia que dentro de las 48 horas siguientes a la notificación del fallo se realicen las gestiones necesarias que: 1) permitan orientar al peticionario las gestiones necesarias para que pueda adelantar los trámites para la adquisición de vivienda ante INURBE con sede en Medellín;  2) que le permitan acceder a programas de formación para encontrar sus propios medios de subsistencia.

El Tribunal Superior de Medellín, Sala de Decisión Penal, confirma la sentencia de primera instancia en lo que fue objeto de recurso interpuesto por la parte accionada.  

Sentencia de octubre 21 de 2002. 

Considera que el comportamiento omisivo asumido por la Red de Solidaridad, deja al descubierto la vulneración de las garantías constitucionales de las cuales son titulares el peticionario y sus dos hijas menores de edad.

Sala de Selección No. 12, Auto del 6 de diciembre de 2002.

675028

(demandante:

Jairo Melo Ramírez)

Grupo de 1 familia que el 17 de abril de 2002 presentó proyecto individual para establecimiento de comercio. No le han contestado

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Recibieron atención humanitaria de emergencia por tres meses.

Juzgado Primero Penal del Circuito de Barranquilla, sentencia de septiembre 23 de 2002, decide denegar la tutela, por cuanto lo que presentó el demandante fue un formato de proyecto individual y no un derecho de petición. El formato entregado no cumple con ninguno de los requisitos del artículo 5 del CCA.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Seleccionado mediante Auto del 6 de diciembre de 2002, por la Sala Doce y repartido a la Sala Tercera de Revisión

675074

(demandante:

Yony de Jesús Valencia Roa y otros)

Grupo de 85 familias de desplazados solicitan que autoridades cumplan con su misión de protección a población desplazada y respuesta efectiva de las solicitudes en materia de vivienda y proyectos productivos.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Recibieron atención humanitaria de emergencia por tres meses.

Antonio Alcides Becerra Buesaquillo no firmo demanda.

Consejo Seccional de la Judicatura de Quindío, sentencia de 5 septiembre de 2002. Concede la tutela y ordena políticas que solucionen acorde y efectiva con los problemas que tienen los accionantes.

Consejo Superior de la Judicatura, 16 de octubre de 2002. Modifica sentencia impugnada de tal manera que únicamente se protege el derecho de las personas que se han postulado para vivienda o para proyectos de desarrollo.

Mediante Auto de 6 de Diciembre de 2002, por la sala No 12.

675081

(demandante:

Guillermina Ferreira)

Grupo de 1 familia de desplazados solicitan acceso a proyectos productivos para garantizar subsistencia en condiciones dignas.

Está inscrita en el sistema de registro de desplazados. Recibió ayuda humanitaria de emergencia y se le prestó servicio de salud en el hospital Federico Lleras de Ibagué. Se remitió a la Secretaría de Educación de Ibagué para que otorgara cupos escolares y exoneración de gastos. Recibió auxilio para pagar 3 meses de arrendamiento

Tribunal Superior de Ibagué, Sala laboral. Sentencia de 19 de septiembre de 2002. Negó la tutela por considerar que la accionante no expuso hecho alguno imputable a varios de los demandados. Respecto al INURBE precisó que considera que al no estar postulada la accionante no tiene legitimidad para adelantar la acción por vivienda y además, que la tutela no es procedente porque en la Acción de Cumplimiento reside el mecanismo pertinente para obligar la ejecución  que se pretende del Decreto 951 de 2001.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral. Sentencia de 31 de octubre de 2002.

Confirma el fallo de primera instancia porque a la accionante se le concedieron todas las ayudas y garantías por ella requeridas.

Sala de Selección 12, auto del 6 diciembre de 2002.

675076

(demandante:

Ariel de Jesús Serna y otros

Grupo de 71 familias de desplazados, varias de ellas de origen indígena solicitan que autoridades cumplan con su misión de protección a población desplazada y den respuesta efectiva de las solicitudes en materia de vivienda y proyectos productivos.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Recibieron atención humanitaria de emergencia por tres meses. Algunos recibieron un auxilio para pagar arrendamiento por 3 meses y sus hijos fueron inscritos en colegios públicos.

Consejo Seccional de la Judicatura de Risaralda, 23 de julio de 2002, concede con excepción de personas no registradas. Ordena política de solución de problemas de desplazados, a partir de reuniones en las cuales exista un acuerdo.

Consejo Superior de la Judicatura, 5 de septiembre de 2002. Confirma parcialmente únicamente en beneficio de la población campesina e indígena.

Mediante auto del 6 de diciembre de 2002, por la sala No 12.

675083

(demandante:

Jorge Osorio Peña como PERSONERO DE NEIVA)

Grupo de 197 (17 representadas por adultos, 180 por menores de edad) familias de desplazados solicitan, a través del personero municipal de Neiva que ordene iniciar las gestiones para dar solución efectiva a los problemas de los menores  destinando los recursos necesarios para la asignación de los subsidios para compra de vivienda usada, y que se realicen en un término máximo de 60 días.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Como la tutela es presentada por el personero municipal a nombre de los menores de edad y de los adultos, no es posible saber si han recibido o no ayuda humanitaria de emergencia, salvo algunos casos en los que expresamente se dice que la han recibido. La mayoría no se han postulado para el auxilio de vivienda y algunos pocos han recibido orientación para la presentación de proyectos productivos

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva, Sala Primera Civil, Familia, Laboral, en sentencia de septiembre 24 de 2002, decide CONCEDER el amparo solicitado por considerar que en el caso de los menores y adultos demandantes, los problemas generados a partir del desplazamiento forzado y  la vulneración de sus derechos fundamentales   persiste, pese a los compromisos adquiridos por las entidades demandadas para dar solución al problema del desplazamiento forzado.

 Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, en sentencia de 30 de octubre de 2002, considerando que la acción de tutela no fue establecida por el Constituyente como mecanismo para alterar el orden de las instituciones estatales, en lo que hace a la distribución interna de sus competencias y funciones, de forma que no es admisible reclamar por esta vía a los accionados lo pretendido en el amparo solicitado pues estas decisiones escapan a la órbita y fines de la tutela.

No obstante, dado que de las entidades accionadas, sólo apeló la Presidencia de la República, DECIDE  REVOCAR la sentencia en lo referente a la misma y C0NFIRMAR para todas las demás.

Sala de selección 12 diciembre 6 de 2002?

675096

(demandante:

Gregorio Hernández Oyola)

Grupo de 1 familia de desplazados solicita que se resuelvan sus solicitudes sobre auxilio de vivienda y proyecto productivo para garantizar subsistencia digna.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Recibieron ayuda humanitaria de emergencia por 3 meses.

Tribunal Superior Sala Laboral Tolima, en sentencia de  25 de septiembre de 2002, no concede pues considera que las entidades han atendido las solicitudes del actor y los trámites se han realizado.

Corte Suprema de Justicia Sala de Casación Laboral en sentencia de 30 de octubre de 2002, confirma, la tutela no es el mecanismo idóneo para alterar los trámites que ya se están surtiendo. 

Sala de Selección 12 diciembre 6 de 2002.

675844

(demandante:

Gabriel Antonio Pérez Ramírez)

Grupo de 1 familia de desplazados solicita que autoridades cumplan con su misión de protección a población desplazada y den respuesta efectiva a solicitud en materia de vivienda, así como garantías para poder subsistir.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Se le dio ayuda humanitaria de emergencia, inscripción de menores en escuelas para garantizar educación y 100% ayuda para proyecto productivo.

Tribunal Superior Sala Laboral Ibagué, en sentencia de 20 de septiembre de 2002, niega tutela pues debe dirigirse primera a la red para que estos lo incluyan en las ayudas solicitada.

Corte Suprema de Justicia Sala de Casación Laboral, mediante sentencia de 31 de octubre de 2002,  confirma sentencia de primera instancia.

Sala de Selección uno, 22 de enero de 2003.

675955

(demandante:

Enoc Campo Polanco y otros)

Grupo de 79 familias de desplazados, solicitan que autoridades cumplan con su misión de protección a población desplazada y respuesta efectiva de las solicitudes en materia de vivienda y proyectos productivos.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados, salvo Nancy Isabel Martínez, José Anastasio Velásquez y Héctor Hernando Bernal y sus respectivos núcleos familiares que según la RSS no están inscritos. Recibieron ayuda humanitaria de emergencia y unos pocos han recibido asesoría para la presentación de proyectos de vivienda. Salvo un caso, no se postularon para auxilio de vivienda.

Juzgado 5to civil del circuito de Bogotá. Sentencia del 17 de septiembre de 2002. Con excepción de las personas que la red afirmó que no estaban inscritas, concede la tutela y ordena dar respuesta a algunas peticiones, y ordena política por parte de red para garantizar educación de menores, vivienda. 

Sala Civil de Tribunal Superior de Bogotá, 23 de Octubre de 2002, Revoca y niega por considerar que la tutela no es el mecanismo para inmiscuirse en las tareas de los organismos que elaboran, administran y ejecutan el presupuesto.

Y, porque ordenar el suministro de las ayudas y subsidios ordenados por el juzgador de primer grado, sería desconocer el orden cronológico que para tal efecto se ha establecido por la red de solidaridad social y el INURBE.

Sala de Selección uno, 22 de enero de 2003.

679482

(demandante:

Dora Alba Ramírez Aguirre y otros)

Grupo de 3 familias de desplazados, bajo la dirección de Dora Alba Ramírez Aguirre solicita auxilio para vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Se les han entregado mercados. Ayuda humanitaria de emergencia.

Juzgado 2do de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pereira, en sentencia de 29 de octubre de 2002, niega por temeridad al intentar solicitar por vía de tutela cuando ya estaba registrada con otra cédula.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Mediante auto del 13 de Dic de 2002, por la sala No 12.

680268

(demandante:

Jorge E Peralta de Brigard, como representante legal de la Asociación Humanitaria de Colombia) en representación de Jaime de Jesús Echeverri Pérez.

Jorge E Peralta de Brigard, representante legal de la Asociación Humanitaria de Colombia, solicita la protección de los derechos fundamentales  de las víctimas del desplazamiento forzado compuesto por el núcleo familiar de Jaime de Jesús Echeverri y, ordenar la protección de las tierras de propiedad y/o posesión de las víctimas del desplazamiento forzado que se vieron obligadas a abandonarlas abruptamente.

La familia está inscrita en el sistema de registro de desplazados y se le entregó un bono de $130.000 pesos como ayuda humanitaria de emergencia.

Juzgado 38 Civil del Circuito de Bogotá. Sentencia de octubre 1º de 2002.

 DENIEGA, el amparo solicitado por considerar que el accionante no se ha presentado a la RSS para recibir la ayuda a la que tiene derecho.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, mediante sentencia del 6 de noviembre de 2002, confirma la sentencia de primera instancia pues el demandante no podía hacer de agente oficioso de los desplazados en cuestión.

Sala de Selección No 12, Auto del 13 de Dic de 2002.

680627

(demandante:

Juvenal Navarro Arroyo y otros, todos representantes legales de asociaciones de desplazados)

Juvenal Navarro Arroyo, Deyanira Herrera, Eduardo Orozco, Pedro Pacheco, Ismael Maestre, Juan Montes, Jony Meriño, Luis Carlos Fernández representantes legales de las organizaciones de desplazados en el área metropolitana de Barranquilla: Asociación de Desplazados del Caribe Colombiano, Asociación por un mejor vivir feliz, Asociación Nueva Vida, Asociación Nuevo Horizonte, Asociación Desplazados Unidos, Asociación de Desplazados de la Comunidad Cristiana Pentecostal - Asodespente, Asociación Justicia y Paz, Asociación Renacer, en nombre y representación de sus asociados (no se anexa lista de miembros) solicitan protección de los derechos y el cumplimiento del Acuerdo 49 de la Alcaldía de Barranquilla sobre programas de proyectos productivos. 

Afirman estar inscritos en el sistema de registro de desplazados. No hay información sobre ayudas recibidas.

Juzgado 8 Civil del Circuito Barranquilla, en sentencia de agosto 2 de 2002,  niega, pues la tutela protege derechos fundamentales y no es el mecanismo idóneo para exigir el cumplimiento de una ley.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección, 12 diciembre 13 de 2002.

680670

(demandante:

Efraín Navarrete)

Grupo de 1 familia de desplazados solicita que se continúe con la ayuda humanitaria, porque no tiene medios económicos para sobrevivir y es muy viejo para trabajar, así como reubicación.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido atención médica y cuatro mercados.

Juzgado Tercero Penal del Circuito de Buenaventura del 15 de octubre de 2002, desestimar la acción de tutela porque la solicitud de prórroga de la ayuda humanitaria requiere estudio previo de la Red de Solidaridad Social.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Seleccionado mediante Auto del 13 de diciembre de 2002, por la Sala Doce y repartido a la Sala Tercera de Revisión.

680805

(demandante:

Diana Maria Benítez Ramírez)

Grupo de 1 familia, que solicita que les dé ayuda humanitaria de emergencia.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados desde abril 27 de 2001. 

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia, salud y educación. Se encuentran inscritos como parte del núcleo familiar de Doralba Ramírez (CC. 43341418 Itagui) desde abril 27 de 2001. En esa época era menor de edad identificada con TI 83092852639.

Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pereira, Risaralda, de octubre 31 de 2002. Deniega tutela, porque no hay vulneración de los derechos, la actora ha recibido la ayuda humanitaria como parte de un núcleo familiar.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Seleccionado mediante Auto del 13 de diciembre de 2002, por la Sala Doce y repartido a la Sala Tercera de Revisión.

681418

(demandante:

Javier Rayo Pérez y otros)

Grupo de 4 familias, quienes solicitan que se tutelen sus derechos fundamentales invocados mediante, entre otros, la aplicación de las políticas previstas por el Decreto 951 del 24 de mayo de 2001 y demás medidas tendientes a garantizar materialmente la subsistencia de la demandante en condiciones dignas.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Recibieron ayuda humanitaria de emergencia, auxilio para pagar 3 meses de arrendamiento, se les prestó servicio de salud en el hospital Federico Lleras de Ibagué, y se remitió a la Secretaría de Educación de Ibagué para que otorgara cupos escolares y exoneración de gastos. Se encuentra en trámite la formulación.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil y de Familia. Sentencias de septiembre 24 2002.; de septiembre 26 de 2002; y de septiembre 6 de 2002. Se rechazan todas las tutelas debido a que los distintos accionantes intentaron con pocos meses de anterioridad una tutela por los mismos hechos contra los mismos demandados que para el momento del fallo se encontraba pendiente para revisión por parte de la Corte Constitucional. Se descarta la temeridad

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria.

Decreta la acumulación de tutelas. 

Sentencia de 30 de octubre de 2002.

Se confirma el fallo de primera instancia para todas las acciones por cuanto “comportan un debate paralelo al que se halla pendiente de resolución ante la Corte Constitucional”.

Sala de Selección 12, auto del 13 de noviembre de 2002.

681839

(demandante:

José Edgar Navarro Solórzano representado por Henry Rivera Acosta como representante legal de la Asociación de familias desplazadas (Asofadecol)

Representante legal de Asociación de Familias Desplazadas que pide se ordene a la Presidencia de la República, Ministerio de Hacienda, Red de Solidaridad Social, INURBE, Gobernación del  Tolima y Alcaldía de Ibagué, para que de acuerdo a sus responsabilidades, procedan a la inmediata materialización de los beneficios como desplazados.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido atención odontológica y de salud en general. 

A la fecha el accionante se encontraba en “lista de espera” para la entrega de ayuda humanitaria.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil - Familia. En sentencia de noviembre 8 de 2002, rechaza la acción de tutela pues considera que existe ausencia de legitimación activa, pues la persona que instauró la acción, no aportó documento alguno en donde se comprobara que es representante legal de ASOFADECOL.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No 12, Auto del 13 de Dic de 2002.

682674

(demandante:

Elsy Valencia Lozano)

Grupo de 1 familia que pide reconocerle ayuda humanitaria, recuperar su vivienda, recursos para proyecto productivo, transporte y remesas.

No están inscritos en el sistema de registro de desplazados, auque el demandante sostiene si estarlo junto con su cónyuge.

No han recibido ninguna ayuda.

Juzgado Primero Penal del Circuito de Buenaventura, en sentencia de 28 de octubre de 2002 no tutela los derechos pues no se encuentran registrados como desplazados.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

sala de selección 12 diciembre 13 de 2002.

683849

(demandante:

Doris Alba Robles Castellanos)

Grupo de 1 familia que pide se le dé respuesta a su solicitud de vivienda, educación, trabajo y alimentación en un tiempo claro y determinado.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Afirma que  llenó el formulario para vivienda  pero el INURBE no contesta la demanda.

No presenta proyecto productivo.

Consejo seccional de la judicatura  del Tolima, en sentencia de noviembre 15 de 2002, considera improcedente por considerar que la actora tiene el mecanismo de la acción de cumplimiento  para hacer cumplir la ley.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

sala de selección uno 22 de enero de 2003.

683850

(demandante:

Jhon Wilson Perdomo Polanía)

Grupo de 1 familia que pide se le dé respuesta a su solicitud de vivienda, educación, trabajo y alimentación en un tiempo claro y determinado.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No ha recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Dice estar postulada para vivienda pero no se prueba.

Pendiente de recursos de ayuda para proyectos.

Consejo seccional de la judicatura del Tolima, en sentencia de noviembre 18 de 2002, considera improcedente por tener el actor otro medio de defensa judicial.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

sala de selección uno 22 de enero de 2003.

684071

(demandante:

Ruby Jadith Oyola Ramírez)

Grupo de 1 familia que pide que se le dé la ayuda humanitaria, subsidio de vivienda y proyecto de sostenibilidad.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Juzgado octavo civil del circuito de Bogotá, en sentencia de noviembre 12 de 2002, niega la tutela pues ya se encuentra inscrita en el subsidio de vivienda y en el proyecto de sostenibilidad y debe esperar el procedimiento.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

sala de selección uno 22 de enero de 2003.

684470

(demandante:

Jorge Eliécer Betancourt Márquez)

Grupo de 1 familia que piden que se le reconozca el status de desplazados y los subsidios y ayudas correspondientes.

No están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Juzgado primero civil del circuito Armenia, en sentencia de noviembre 14 de 2002, niega el amparo solicitado por considerar  que la declaración rendida por el accionante para efectos de ser incluido en el registro único de desplazados se hizo cuatro  (4) años después de ocurridos los hechos, y no como ordena el Decreto 2569 de 2002, es decir, dentro del año siguiente al desplazamiento.  En consecuencia, no es posible que sea incluido mediante en el registro mediante tutela sin el lleno de los requisitos legales.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

sala de selección uno 22 de enero de 2003.

684548

(demandante:

Manuel José Hoyos González)

Grupo de 1 familia que pide se cumpla con la ley y se le dé vivienda así como garantías para poder subsistir.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Tribunal superior sala penal de Ibagué, en sentencia de octubre 22 de 2002, niega se le ha brindado la ayuda mínima y no ha iniciado el trámite para acceder al subsidio de vivienda.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

684560

(demandante:

Maria Marli Riobo Caleño)

Grupo de 1 familia que pide se cumpla con la ley y se le dé vivienda así como garantías para poder subsistir

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Tribunal superior de Ibagué sala penal, en sentencia de octubre 8 de 2002,  niega por improcedente la acción pues se le ha brindado ayuda mínima y no ha iniciado los tramites para acceder a la vivienda ni de educación

Tribunal superior de Ibagué sala penal, impugnación se niega extemporánea.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

684566

(demandante:

Edith Silva Trillos)

Grupo de 1 familia que pide solución inmediata o materialización de los beneficios como desplazados.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Tribunal Superior Sala Penal Ibagué, sentencia de octubre 15 de 2002, niega pues aunque se le ha brindado el servicio de atención mínimo no ha acudido al procedimiento para obtener la ayuda que pide.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003

684572

(demandante:

Moisés Pomar Lozano)

Grupo de 1 familia que pide que se cumpla con la ley y se le dé vivienda así como garantías para poder subsistir.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Tribunal  superior  sala penal Ibagué, en sentencia de octubre 11 de 2002, niega pues considera que se le ha prestado ayuda y que se debe sujetar a los términos de la ley para acceder a los subsidios.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

684573

(demandante:

Leonidas Montilla Sánchez)

Grupo de 1 familia que pide se cumpla con la ley y se le dé vivienda así como garantías para poder subsistir.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Tribunal superior sala penal de Ibagué, en sentencia de octubre 9 de 2002, niega pues no ha hecho la solicitud de ninguna de las ayudas.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

684574

(demandante:

Amparo Suasa Forero)

Grupo de 1 familia que pide que se cumpla con la ley y se le dé vivienda así como garantías para poder subsistir.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

En educación, fueron remitidos a plantel educativo.

Tribunal superior sala penal de Ibagué, en sentencia de octubre 15 de 2002, niega pues se le ha prestado la ayuda humanitaria de emergencia, y no se ha postulado para el subsidio de vivienda ni ha solicitado la educación para su hija.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003

684579

(demandante:

Omayra Henao Correa)

Grupo de 1 familia que pide se cumpla con la ley y se le dé vivienda así como garantías para poder subsistir.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Tribunal superior sala penal de Ibagué, en sentencia de octubre 15 de 2002, niega pues se le ha prestado la ayuda humanitaria de emergencia, y no se ha postulado para el subsidio de vivienda ni ha solicitado la educación para su hija.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

684744

(demandante:

José Daniel Santofimio Castro)

Grupo de 1 familia que pide se les dé el subsidio de familia.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado 37 penal del circuito de Bogotá, en sentencia de 31 de octubre de 2002, no tutela porque no ha iniciado el procedimiento y por lo tanto debe hacerlo.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

685774

(demandante:

Cerafina Huila)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que pide se le dé una ayuda humanitaria y se le incluya en un proyecto de sostenibilidad y de vivienda.

Dice estar inscrita en el sistema de registro de desplazados pero la red dice que no.

No han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado tercero penal del circuito de Buenaventura, en sentencia de octubre 9 de 2002, niega porque no está inscrita como desplazada y no se les está violando ningún derecho como tal.

Tribunal superior de Buga, en sentencia de 21 de octubre de 2002, confirma por considerar que la tutela es improcedente por no encontrarse registrada como desplazada.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

685986

(demandante:

Carlos Omar Rodríguez)

Grupo de 1 familia que pide la ayuda humanitaria de emergencia y solución estabilizadora de su situación económica. 

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado primero penal del circuito de Bogotá, en sentencia de 7 de noviembre de 2002, niega la protección de los derechos  pues no puede variar los términos de ley.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

685987

(demandante:

Gladis Ortiz Montejo y otros)

Grupo de 3 familias que piden se les cumpla con el plan de vivienda de capacitación en el SENA y el proyecto de sostenibilidad.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado primero penal del circuito de Bogotá, en sentencia de noviembre 13 de 2002, niega la protección de los derechos  pues no puede variar los términos de ley.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección uno 22 de enero de 2003.

686154

(demandante:

Eustacio Fonseca Barraza, como representante legal de la Asociación de Desplazados de Fonseca, la Guajira, Adesfongua.)

La demanda la interpone Eustacio Fonseca Barraza como representante legal de la Asociación de Desplazados de Fonseca, Guajira Adesfongua. 

Ni la acción de tutela, ni la respuesta de la Red, precisa quiénes son las personas desplazadas miembros de Adesfongua. Hay 39 firmantes en un documento manuscrito en el que aparece la lista de asistentes a la asamblea del 19 de septiembre de 2002: 

Piden que se ordene a la RSS seccional Riohacha adoptar y desarrollar el programa de Seguridad alimentaria de esa población al igual que el programa de reestablecimiento socioeconómico y el suministro de medicamentos formulados.

En el expediente no hay prueba de la inscripción de los accionantes en el sistema de registro único de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia: Betty García Díaz, Tercilia García Martínez, Orlando Orozco Molina, Ismael E. Ferrer Herrera, Adriano Fidel Sierra Rambauth, Eduardo Sierra Rambauth, Rafael María Sierra Rambauth, José Ignacio Epiyanú Pushaina, Madeleine Jaraba Pushaina y Ernesto Epiyanú Pushaina.

Según el certificado de la Cámara de Comercio, la Junta Directiva de Adesfongua es: Eustacio Fonseca B., Felipe Zárate V, Xiomara L. Ariño, Ernesto Epinayú, Omar Erazo López, Carmen Sierra, William Ariño y Luis E. Duarte.

Juzgado 2º Civil del Circuito de Riohacha, mediante sentencia de 17 de octubre de 2002, niega la tutela por improcedente, por falta de legitimidad activa, pues la demanda no acredita a qué personas se les viola un derecho fundamental.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No 1, Auto del 29 de enero de 2003.

686751

(demandante:

Maria del Socorro García Díaz)

Persona que piden se le desvincule del núcleo familiar con el cual fue inscrita en el registro único de la población desplazada y como consecuencia se le asigne la protección humanitaria, proyecto productivo, servicios médicos, vivienda  y demás, de forma  individual como cabeza madre de familia con una menor a su cargo.

Salvo Gutiérrez Padilla Maria Eudila, menor que  no se encuentra inscrita en el registro de población desplazada pues no es miembro de la familia García, los demás si están inscritos en el sistema de registro.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia, pero la actora alega no hacer parte del grupo familiar que recibió la ayuda. (alojamiento por 3 meses).

Son beneficiarios de un proyecto productivo que se adelanta con la corporación agencias para el desarrollo de la Amazonía.

Juzgado primero civil  del circuito de Bogotá.  Sentencia de 4 de octubre de 2002.  Deniega la tutela al no encontrar violado ningún derecho fundamental ya que la actora se encuentra como desplazada dentro del grupo familiar del señor García de tal forma que ha sido beneficiada por los programas pertinentes, además la actora tiene otros medio de defensa judicial ante la Red de Solidaridad Social.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Civil.  Sentencia de 25 de  noviembre de 2002. Confirma la sentencia de primera instancia al encontrar que la demandada no ha violado ningún derecho fundamental de la actora; gracias a su vinculación en el Sistema único de Registro de Población Desplazada como miembro  de la familia García deben hacérsele extensivos los recursos y ayuda que se entrega a la cabeza de ese grupo al igual que puede participar   en el proyecto productivo que se adelanta con A.D.A; por otra parte, sus derechos de petición fueron atendidos oportunamente por lo cual tampoco se viola este derecho. Finalmente entiende que no es posible efectuar tantos registros como miembros en la familia  y la desvinculación actual de la misma se hizo en forma voluntaria por la demandante.

Mediante auto del 29 de Enero de 2003, por la sala #1.

686775

(demandante:

Carlos Julio Aroca Díaz)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a las entidades demandadas entregar los beneficios a los que tiene derecho como desplazados, en igualdad de condiciones con los desplazados que migran a la ciudad. 

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado Segundo Civil del Circuito de Chaparral. Sentencia de noviembre 25 de 2002. Deniega por considerar que no se probó vulneración de derechos fundamentales, anotando que no se pudo conseguir al peticionario, luego se dio completa credibilidad a lo dicho por la Red. 

No hay, aunque inicialmente subió a la Corte Suprema, quien anuló el procedimiento seguido ante el Tribunal de Ibagué y mandó el proceso a Chaparral.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

687040

(demandante:

Jackeline Rentería Angulo)

Grupo de 1 familia que pide ordenar a la Red de Solidaridad Social, la inscriba en el registro de población desplazada.

Inscripción en el registro DENEGADA.

No han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado Noveno de Familia de Cali. Sentencia de noviembre 6 de 2002. Deniega por considerar que a la actora no se le violó el derecho de petición, pues se le dio respuesta, y, además hay un recurso de reposición pendiente de decisión, y porque “sólo a la Red de Solidaridad compete definir si su caso específico amerita la inclusión en el Registro Único de Desplazados.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

687244

(demandante:

Pantaleón Oyola Camacho)

Grupo de 1 familia que pide ordenar a las entidades demandadas cumplir con sus obligaciones haciendo apropiaciones presupuestales necesarias para solucionar la situación del actor y demás desplazados. (f. 2)

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Hijos remitidos a Secretaría de Educación, se afirma por la Red que recibieron cupo, pero en el escrito de impugnación al fallo de primera instancia el actor manifiesta que le fueron negados.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil. Sentencia de septiembre 30 de 2002. Deniega por considerar que el accionante no probó vulneración de sus derechos fundamentales por las entidades demandadas.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de 1 de noviembre de 2002. Confirma por las mismas razones y por existir la acción de cumplimiento de la Ley 387.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

687274

(demandante:

Olinda Londoño Peña)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a entidades demandadas cumplir con sus obligaciones, especialmente en cuanto a subsidio de vivienda y proyecto productivo.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil. Sentencia de septiembre 25 de 2002.Deniega por considerar que las entidades demandadas no han violado derechos fundamentales de la actora.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de 5 de noviembre de 2002. Confirma por las mismas razones.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

687276

(demandante:

Arvey Marín Latorre)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a las demandadas cumplir con sus obligaciones especialmente en relación con vivienda digna.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil-Familia. Sentencia de septiembre 17 de 2002. Deniega por existir fallo anterior de tutela en que el actor fue demandante, pendiente de revisión ante la Corte Constitucional.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de 5 de noviembre de 2002. Confirma por considerar que dado el pronunciamiento de la Corte Suprema en segunda instancia en el proceso de tutela mencionado, existe cosa juzgada constitucional 

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

687325

(demandante:

Silvestre Bautista Londoño)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a las demandadas cumplir sus obligaciones frente al actor como desplazado.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil. Sentencia de septiembre 30 de 2002. Deniega por considerar que el actor no probó vulneración de sus derechos fundamentales por parte de las demandadas.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de 5 de noviembre de 2002. Confirma por las mismas razones.

Sala de selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

687987

(demandante:

Hernando Aldana y otros)

Grupo de 39 familias que pide tener acceso a los beneficios establecidos en la Ley 387 de 1997. Ordenar a la Red de Solidaridad Social cumplir con lo pertinente a la estabilización económica de los desplazados. Capacitación en alguna profesión o dinero para  el desarrollo de proyectos productivos. Ordenar al INURBE cumplir con el Decreto.

Salvo Numael Rayo y Ledys Vides Quiroz que no figuran en el registro, están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

De Alberto Ramírez no hay información de su registro ni de ayuda recibida.

En su mayoría han recibido ayuda humanitaria, salvo los siguientes núcleos familiares: Gloria Amparo Moreno Palma, Ledys Vides Quiroz, Carlos Joaquín Moreno Viuche, Libia Pinzón, Enilda Rosa Martínez, Juan Antonio Roballo Rodríguez, Alexander Elías Jiménez Sandoval, Abraham Ramírez y Manuel Salvador Arévalo Claro.

Juzgado Cuarto Civil del Circuito de Bogotá. Sentencia de 21 de noviembre de 2002. Deniega la tutela por considerar que las entidades demandadas cumplieron con sus obligaciones.

No hubo segunda instancia. Se impugnó el fallo pero no se aceptó la impugnación por el juzgado dada la falta de firmas que dieran poder al impugnante único. 

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

688002

(demandante:

Gustavo Sanz Ordóñez)

  Grupo de 25 familias que 

SOLICITA se ordene a la Red de Solidaridad Social o a quien corresponda, hacer efectivos sus derechos cobijados por la ley.

No hay información del registro de: Gloria Yaneth Hernández, Carlos Antonio Posada, José Ignacio Mapura, Mara Nancy Villa y Jorge Eliécer B. 

No están registrados: Jhon Jairo Mayor, Lizet Yuliana Posada. 

Los demás están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Se afirma por parte de la Secretaría General del Municipio  de Obando que se ha proporcionando ayuda básica en alimentación, salud y educación (folio 225). 

Han recibido ayuda en salud (atención en el hospital local): Gustavo Sáenz Ordóñez, Carlos Antonio Buitrago, Licet Yuliana Posada, Diana Milena Ortiz, Maria Nancy Villa, Luis Fernando Mapura, Luis Alberto Bermúdez, Sandra Viviana Mapura, Jhon Jairo Mayor, Ana María Suaza, Gonzaga Arias, Carlos Enrique Montoya, Carmen Emilia Restrepo.

Ana María Rojas, Jazmín, Karina Martínez, Viviana Mapura y Yeimy Shirley Colorado han sido recibidos en el Colegio “San José de Obando” para el período 2002-2003.

Juzgado 3º penal del Circuito de Cartago, sentencia del 14 de Nov de 2002. Niega la acción de tutela. Considera que las entidades demandadas respondieron las peticiones de los demandantes. La Red de Solidaridad Social actuó en concordancia con la normatividad vigente acerca de protección de desplazados. Por último el juez estima que los derechos de los desplazados que no interponen la tutela y esperan a que llegue su turno debe ser respetado.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

688508

(demandante:

Henry Gañán Salazar)

Grupo de 1 familia que pide iniciar gestiones tendientes a solucionar definitivamente la situación de la familia y les asignen subsidio de vivienda familiar.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

A través de Corporación Progresar, se otorgaron 3 meses de alimentación.

Juzgado 47 Penal del Circuito de Bogotá, Nov 13 de 2002. Niega la tutela por considerar que entidades demandadas han actuado de acuerdo a sus funciones, y no le han negado ayuda al demandante, el cual debe esperar a que las entidades tengan los recursos suficientes para facilitar el subsidio de vivienda

 

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

688767

(demandante: Henry Rivera Acosta, representante legal de la

Asociación de Familias desplazadas de Colombia (Asofadecol), en nombre del núcleo familiar de Yamel Alirio Tamayo Giraldo)

Grupo de 1 familia que a través de Asociación de Familias desplazadas de Colombia (ASOFADECOL), pide solución inmediata o materialización de los beneficios como desplazados.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Administrativo del Tolima, Sala Plena, Nov 15 de 2002, niega la tutela por considerar que el representante legal de la Asociación no puede representar al accionante toda vez que en el poder otorgado no se denota que aquel se encuentre inscrito en el Registro Nacional de Abogados, pues no se identifica con su tarjeta profesional, pero si expresa en el poder conferido que cuenta con los poderes suficientes para ejercicio del mandato conferido, lo que hace presumir que ejerce la acción a nombre de otro a título profesional, en virtud del mandato judicial. (folio 56).

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

688769

(demandante:

Adolfo Sánchez Castrillón)

Grupo de 1 familia que pide se dé respuesta favorable a solicitud de vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No hay información de ayuda humanitaria, la tutela gira en torno al subsidio de vivienda.

Tribunal Administrativo de Tolima, sentencia de 8 de noviembre de 2002, niega la tutela por improcedente, por considerar que la acción de tutela ha debido estar dirigida en contra de la Red de Solidaridad Social.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

688868

(demandante:

Luis Hernando Moncayo Urbano)

Grupo de 1 familia que pide ser incluido en registro de población desplazada.

No están inscritos en el sistema de registro de desplazados. Solicitud de ser inscrito como desplazado fue negada pues salió de territorio por las fumigaciones.  Reposición también fue negada, sin fundamento alguno.

No han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado 1º de ejecución de penas, Pasto, 12 de Nov de 2002. Niega la tutela pues considera que el caso del demandante no se ajusta a la definición de desplazado por lo que la Red de Solidaridad Social no vulneró sus derechos al no inscribirlo.

Tribunal Superior de Pasto, Sala Penal, diciembre de 2002. Confirma decisión. Fundamenta su decisión en que las resoluciones de la Red de Solidaridad Social, estuvieron bien fundamentadas y se basaron correctamente en las normas acerca de desplazados.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

689017

(demandante:

Cristina Medina Mejía y otros)

Cristina Onaida Medina Mejía (y núcleo familiar compuesto por 7 personas, 2 adultos y 5 menores de edad), Marlene Morales López (y núcleo familiar compuesto por 5 personas, 2 adultos y 3 menores de edad), Yanet Borja Hernández (y núcleo familiar compuesto por 3 personas, 1 adulto y 2 menores de edad), Rosa Delia Dietes (y núcleo familiar compuesto por 6 personas, 1 adulto y 5 menores de edad), Jesús María Holguín  (núcleo familiar compuesto por 2 adultos tercera edad), Carlos Felipe Sarmiento Díaz (núcleo familiar compuesto por 5 personas, 4 adultos y  1 menor de edad), Benigno Antonio Mancera Berrueco (núcleo familiar compuesto por 5 personas, 2 adultos y 3 menores de edad)

Piden acceso efectivo a programas de atención en salud, medicamentos ordenados por servicios de salud, acceso a proyectos productivos, y subsidio para vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

En la contestación de la demanda se hace referencia específica  a la ayuda recibida por tres de los demandantes (Cristina Onaida Medina, Maria Merlene Morales y Yaneth Borja) la cual consiste en remisión médica y al centro educativo lo cual se le ha proporcionada a las tres; y, ayuda humanitaria de emergencia que sólo se suministró a las dos últimas;  de los demás accionantes no hay información al respecto.

Juzgado Segundo Civil del Circuito de Barrancabermeja, sentencia de 28 de noviembre de 2002, deniega la tutela pues Red de Solidaridad Social no ha incumplido sus funciones, y que no puede proteger a personas por fuera de su competencia.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

689020

(demandante:

Maria Morelia Ciro Ramírez y otros )

Grupo de 14 familias que pide ordenar a Red de Solidaridad Social y las demás entidades integrantes del Comité para la atención Integral a la población desplazada por la violencia, buscar todos los recursos necesarios para que se hagan efectivos y reales derechos constitucionales y los principios rectores de las Naciones Unidas. Lo mismo que solicita se tenga en cuenta en art 13 de la Constitución  el cual nos protege, por ser los desplazados un grupo social en condiciones de indefensión, y por último el art 86 de la Const.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Se le prestaron servicios médicos y educación, pero no el resto de ayuda pues carta de inscripción como desplazada es muy vieja. 

Juzgado Segundo Civil del Circuito de Barrancabermeja, sentencia de 28 de noviembre de 2002, deniega la tutela pues Red de Solidaridad Social no ha incumplido sus funciones, y que no puede proteger a personas por fuera de su competencia.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

689104

(demandante:

Oliverio Pacheco Galeano)

Grupo de 1 familia que no especifica lo que pide, se infiere que solicita se ordene a las entidades demandadas cumplir con los deberes que no han cumplido hasta ahora.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil y Familia. Sentencia de septiembre 23 de 2002. Deniega la tutela porque el fallo de la Corte Suprema de Justicia en relación con la tutela presentada por las asociaciones ASDECOL y ASOFADECOL aún está en trámite de revisión ante la Corte Constitucional, por lo cual no ha concluido el procedimiento, luego hay otro proceso en curso.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de noviembre 15 de 2002. Confirma porque hasta que no se surta el trámite de revisión ante la Corte, no hay cosa juzgada en tutela.

Sala de selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

689131

(demandante:

Jesús Antonio Álvarez Rivera)

Grupo de 1 familia que pide reconocimiento y cobertura de las políticas estatales para que se les reconozca la ayuda humanitaria integral a que tiene derecho.

Tener acceso adecuado a las prestaciones mínimas de salud, educación, vivienda y demás. Tutelar derechos a la igualdad y dignidad de núcleo familiar.  Obtención de trabajo y estudio para los hijos adolescentes. Advertir a representante legal de la Red que está incurriendo en causal de mala conducta por no cumplir sus funciones.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Ayuda en dinero para arriendo, dos mercados y servicio de salud.

Juzgado 36 Civil del Circuito, sentencia de 28 de Nov de 2002. Niega tutela pues considera que existen otros desplazados que no han siquiera recibido ayuda humanitaria de primer orden.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

689186

(demandante:

Ernestina Suárez Riascos)

Adulto quien actúa en representación de su madre quien es quien se encuentra inscrita en el registro pero no puede tutelar porque se encuentra enferma.

SOLICITA reconocimiento y cobertura de las políticas estatatales para que se les reconozca la ayuda humanitaria integral a que tienen derecho. Tener acceso adecuado a las prestaciones mínimas de salud, educación, vivienda y demás. Tutelar derechos a la igualdad y dignidad de núcleo familiar.  Obtención de trabajo y estudio para los hijos adolescentes. Advertir a representante legal de la Red  que está incurriendo en causal de mala conducta por no cumplir sus funciones.

No está inscrita en el sistema de registro de desplazados, pero su  madre, Maruja Suárez si está inscrita según la demandante, pero no puede tutelar pues está enferma. 

A la madre de la demandante se le han entregado 4 mercados y servicios médicos.  

Tribunal superior de Buga, Sala Constitucional, sentencia de 2 de agosto de 2002, concede la tutela, pues considera que (i) la actora está actuando, de buena fe en nombre de la madre, quien sí se encuentra inscrita, y (ii), la situación de la demandante necesita de resolución inmediata por parte del Estado.  Ordena, al gerente general de la Red la “atención integral  y pronta solución de la situación que padece la madre de la demandante.

Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, sentencia 26 de noviembre de 2002, Revoca sentencia de primera instancia y deniega tutela por improcedente. Esto, pues la madre de la demandante ha recibido cierta ayuda por parte de las autoridades, y no ha solicitado ayuda adicional.

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

689206

(demandante:

Rubiela Prias Méndez)

Grupo de 1 familia, solicita ayuda para proyecto productivo, subsidio vivienda, educación para los hijos (William Alexander Prias Méndez y Mónica Tatiana Prias Méndez).

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados. 

Ayuda humanitaria: 3 mercados a través de la Red pastoral; Arriendo Red pastoral social x 3 meses Asistencia médica.

Tribunal Superior Distrito Judicial de Ibagué, Sala Penal, sentencia de octubre 2 de 2002. Desvincula a Presidente de la República, Ministerio de Hacienda y Crédito Público y Ministerio de Educación Nacional porque “dentro de sus responsabilidades constitucionales y legales no está directamente asignada la de solucionar el conflicto de los desplazados”. Deniega por improcedente la tutela [RSS afirma que la accionante está incluida en los resultados de la tutela expediente No. 730012210000200200226, una acción que había sido presentada por una asociación de desplazados, resuelta en segunda instancia por la Sala de Casación Civil, de la Corte Suprema de Justicia del 25 de julio de 2002, cuya sentencia se envió al proceso ante la Sala de Casación para determinar posible temeridad,].

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 3 de diciembre de 2002, confirma fallo de primera instancia, por razones expuestas en la sentencia: tutela no es mecanismo idóneo para lograr respuesta sobre vivienda o educación, pues debe agotar procedimiento establecidos. No ha habido vulneración de derechos porque se le ha entregado ayuda humanitaria, auxilio de arrendamiento, atención en salud.

Sala de Selección Numero Uno, auto del 29 de enero de 2003.

689307

(demandante:

Antonio Castro Vélez y otros)

Grupo de 25 núcleos familiares (Antonio Castro Vélez y otras tutelas acumuladas).

Piden se ordene a la Red proveer auxilios legales, y conformar el Comité Municipal y Departamental para la atención integral a la población desplazada por la violencia.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Salvo Benigno Macera, Carlos Felipe Sarmiento, Rosa Delia Dietes, Elia Josefa Vásquez y sus  respectivos núcleos familiares que no han recibido asistencia alguna, los demás han recibido ayuda humanitaria de diferente clase por el Comité de la Cruz Roja - alimentación por 4 meses, kits de habitat interno, aseo personal.

Juzgado 1 Civil del Circuito de Barrancabermeja. Sentencia de 28 de noviembre de 2002. Deniega la tutela por existir otro medio de defensa judicial y porque la Red ha cumplido con sus obligaciones frente a los desplazados. 

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

689503

(demandante:

Félix Leopoldo Acosta)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a la Red proveer auxilios legales y conformar el Comité Municipal y Departamental para la atención integral a la población desplazada por la violencia.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria a través de Cruz Roja.

Juzgado 4 Penal del Circuito de Barrancabermeja. Sentencia de diciembre 3 de 2002. Deniega la tutela porque la Red ha cumplido con sus obligaciones y el actor no ha presentado petición alguna ante el INURBE o las demás entidades encargadas de prestarle ayuda

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

689697

(demandante:

Elizabeth Moreno García)

Grupo de 1 familia que pide se ordene al INURBE conceder el subsidio de vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Juzgado Sexto Civil del Circuito de Bogotá. Sentencia de 18 de octubre de 2002. Concede la tutela argumentando que la función de la Red no se agota en otorgar AHE sino en promover la vinculación de los desplazados a los programas relevantes para mejorar su situación. 

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Civil. Diciembre 4 de 2002. Revoca fallo de primera instancia por considerar que el juzgado no podía tutelar derechos que no habían sido invocados ni a dar órdenes a entidades que no habían sido demandadas, ya que únicamente se había alegado el derecho a la vivienda digna en la tutela. 

Sala de Selección No. 1, auto de 29 de enero de 2003.

690250

(demandante:

Pomar Lozano Olivero)

Grupo de 1 familia que pide se tutelen los derechos violados.

Que  La Red de Solidaridad Social  brinde las garantías para subsistir proporcionando los elementos necesarios entre ellos una vivienda digna  rural o urbana, que el  INURBE y el INCORA tomen medidas para otorgar dicha vivienda, finalmente que el Presidente de la República  por medio del Ministerio de Hacienda  y Crédito Público dé instrucciones para el cumplimiento de sus obligaciones con el demandante.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria por 3 meses.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué-Sala  Penal. Sentencia de octubre 8 de 2002. DENIEGA la tutela por improcedente al no existir violación de los derechos invocados a falta de elementos que demuestren que los demandantes por acción u omisión   los desconocieron. Por esto  resulta procedente una Acción de cumplimiento

Corte Suprema de Justicia. 

Sentencia de diciembre 3 de 2002. Confirma el fallo impugnado, por la no violación de los derechos del actor y por su posibilidad de entablar una acción de cumplimiento en caso de alguna omisión por parte de  la Red de Solidaridad Social.

Mediante auto del 5 febrero de 2003.Sala de selección número dos.

690254

(demandante:

Ricardino Riascos Mantilla)

Grupo de 1 familia que pide se le reconozca la ayuda humanitaria a la que tiene derecho como persona desplazada, recursos necesarios para llevar a cabo un proyecto productivo, ubicación de vivienda para “sacarse el arriendo de encima”.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido 2 mercados.

Tribunal Superior de Buga, Sala Constitucional, sentencia del 13 de agosto de 2002. CONCEDE. ORDENA que en el término de 48 horas  siguientes a la notificación del fallo, la entidad accionada cancele las mesadas pensionales y demás sumas adeudadas a la accionante.  A la RSS inicie gestiones tendientes a lograr la atención integral y pronta solución a la situación que padece el demandante, de conformidad con lo estipulado en la Ley 387 de 1997.   

Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia de 3 de diciembre de 2002. Revoca la tutela por improcedente, ya que el accionante ha recibido oportunamente los auxilios básicos, no ha estado totalmente desamparado y no ha requerido ayuda adicional.

Sala de Selección No 2, Auto de 5 de febrero de 2003.

690437

(demandante:

Wilson Romero Gómez)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a Red de Solidaridad Social otorgue ayuda humanitaria a él y a su familia, pues el estado de salud del menor y de su esposa es muy precario.

Aunque él si está inscrito, no ha podido inscribir a su esposa e hijo. 

Red de Solidaridad Social solicitó a Corporación Minuto de Dios para que recibiera ayuda humanitaria completa.

Juzgado 48 penal del circuito, mediante fecha del día 18 de septiembre de 2002, declara IMPROCEDENTE la acción de tutela ya que Red de Solidaridad Social ya solucionó los problemas que atentaban contra los derechos fundamentales del actor, pues se reconoció su inscripción como desplazado y se dieron instrucciones para inscripción de núcleo familiar y postulación para beneficios.

En razón a que el actor impugnó pues en la Corporación Minuto de Dios todavía no han recibido la solicitud de atención de la Red de Solidaridad Social, el Tribunal superior de Bogotá, Sala Penal, en sentencia de noviembre 8 de 2002, confirma el fallo, en razón a que la Red de Solidaridad Social sí realizó las gestiones pertinentes.

Sala de Selección No 2, Auto de 5 de febrero de 2003.

692182

(demandante:

Jesús Eduardo Triana Calle  en  representación de Josué Godoy González)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a Red de Solidaridad Social  proceder a dar solución a problema de vivienda de desplazado y brinde garantías necesarias para poder subsistir proporcionando los diferentes elementos necesarios para su alimentación, vestuario salud, educación y alojamiento temporal.   Ordenar al presidente, dar las instrucciones necesarias para lograr que la administración pública cumpla con sus obligaciones para con el demandante en el área urbana de Ibagué.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Según demanda, ha recibido ayuda humanitaria que le permitió subsistir durante 3 meses.

Según Red de Solidaridad Social, ya es beneficiario de ayuda para proyecto productivo. (desembolso del 100% del valor del proyecto productivo).

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, 1º de Octubre de 2002, niega la tutela pues considera que fallo anterior en el cual Corte Suprema de Justicia negó por hacer parte de grupo que no estaba identificado debidamente, se encontraba todavía para eventual revisión. Por lo tanto, la actuación originalmente incoada no ha terminado.

CSJ, Sala Civil, 18 de nov de 2002, Confirma por las mismas razones.

Sala de Selección No 2, Auto de 5 de Febrero de 2003.

692183

(demandante:

Maria Belarmina Suaza Giraldo)

Grupo de 1 familia que pide que los organismos demandados cumplan con cada uno de los programas de educación, vivienda alimentación, trabajo y demás elementos indispensables, de tal forma que le atiendan de manera integral como víctima del conflicto. También que sean desembolsados los siguientes dineros: A presidencia, que ordene a todas las entidades el cumplimiento de sus obligaciones. A Minhacienda para que asigne los recursos necesarios. 

A la Red que cumpla con el proyecto productivo,  y a INURBE, que otorguen el subsidio de vivienda.  A alcaldía que otorgue solución de vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Le han prestado servicio de salud. 

Recibió la totalidad de ayuda humanitaria de emergencia (6 mercados, 3 kit de aseo, 1 kit nocturno, 1 kit de cocina. No se ha presentado ante el ICBF a reclamar la bienestarina para sus nietos). 

También afirma que ha peticionado al Bienestar familiar, pero que dicha entidad no le ha respondido.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, 8 de Oct de 2002, RECHAZA la acción de tutela pues trámite anterior de tutela, que se había concedido por el mismo Tribunal, pero que la Corte Suprema de Justicia había revocado en razón a que había sido presentada como parte de un grupo, no ha terminado, observando que haber interpuesto la acción de tutela de manera individual no es un comportamiento temerario.

CSJ, sala civil, sentencia del 19 de diciembre de 2002. La Corte decide estudiar el caso de fondo pues la actora no aparece como demandante en la tutela resuelta con anterioridad. La sala decide CONCEDER la tutela y por lo tanto ORDENA (i) a la Red de Solidaridad Social  que en coordinación con las demás entidades del sistema proceda en el término de 6 meses a realizar todo cuanto esté a su alcance y que sea pertinente, con el fin de brindar la ayuda humanitaria y de emergencia que requiera el denunciante para que se acomoden a la nueva vida mientras puedan retornar a su entorno. Ordena al INURBE responder el derecho de petición. Previene al ICBF para que no vuelva a ignorar las peticiones.

Sala de Selección No 2, Auto de 5 de febrero de 2003.

692204

(demandante: José Dolores Rentaría y otros)

Grupo de 178 familias que solicitan les sea reconocido el derecho a la vivienda digna, y en consecuencia, se ORDENE al MUNICIPIO DE PEREIRA Y AL INURBE que dentro de un término perentorio, adelante las gestiones necesarias para garantizar a los demandantes, su inclusión en programas de vivienda de interés social y la adjudicación de los correspondientes subsidios para vivienda de interés social.

Salvo María Ligia Quintero Cano, María del Tránsito  Machado de Mosquera, Alba Cecilia Mena Rentería, Elvia Amparo Cardona Cardona y María Paulina Mosquera Córdoba, cuyo registro ha sido rechazado o no figuran en el sistema, los demás se encuentran inscritos en el sistema de registro de desplazados.

La mayoría han recibido ayuda humanitaria de emergencia, salvo Ariosto Moreno Lemus,

Evaristo Murillo Mosquera, José Vidal Mosquera  Mosquera, Luis Arturo González García, Marco Fidel Pava Ramos, Martha Ofelia Palacios Agualimpia, que se encuentran en lista de espera, y Nilo Antonio Herrera que no ha recibido ninguna ayuda.

Consejo Seccional de la Judicatura de Risaralda, Sala Jurisdiccional Disciplinaria.  Sentencia de agosto 21 de 2002.  Decide tutelar los derechos invocados por considerar que si bien los accionantes han sido inicialmente socorridos al ubicárseles de manera temporal en un lugar de residencia, dicha circunstancia, per se, no deslegitima la potestad que les asiste  para demandar de las autoridades soluciones definitivas que les permita residir de manera digna y con ánimo de permanencia y sentido de propiedad en terrenos que les permita su reubicación definitiva.  En consecuencia ORDENA a la Presidencia de la República para que en asocio con la Red de Solidaridad, Gobernación de Risaralda, Personería de Pereira, Defensoría del Pueblo, Alcaldía de Pereira, INURBE, cada uno dentro de sus competencias, para que dentro de 72 horas, efectúen las actividades de orientación y ejecución tendientes a lograr una real solución al problema que agobia a los accionantes, garantizándoles los derechos fundamentales invocados.

Consejo Superior de la Judicatura, Sala Jurisdiccional Disciplinaria.  Sentencia de octubre 2 de 2002. Decide Confirmar la decisión de primera instancia compartiendo su motivación.

Sala de Selección No. 2, auto de febrero 5 de 2003.

692218

(demandante:

José Eduardo Ayala Ayala)

Grupo de 1 familia que pide que los organismos demandados cumplan con cada uno de los programas de educación, vivienda alimentación, trabajo y demás elementos indispensables, de tal forma que le atiendan de manera integral como víctima del conflicto. Que sean desembolsados los siguientes dineros: a presidencia, que orden a todas las entidades el cumplimiento de sus obligaciones. A Minhacienda para que asigne los recursos necesarios. A la Red que cumpla con el proyecto productivo, y a INURBE y alcaldía, que otorguen el subsidio de vivienda

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Aduce que no le han dado ninguna ayuda humanitaria pues la organización que está ejecutando el contrato con la Red de Solidaridad Social, le ha respondido que apenas tengan presupuesto se lo dejarán saber (no se ha aprobado un nuevo presupuesto).

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Civil, 9 de octubre de 2002, CONCEDE la tutela y ORDENA a la Red de Solidaridad Social que inicie gestiones para prestar al actor y a su familia, en cuanto lo permita el presupuesto, el apoyo, a que como desplazado tenga derecho, especialmente en lo que atañe con el proyecto productivo, y se le informe y oriente acerca de los trámites que debe adelantar ante entidades del Sistema nacional de atención a población desplazada, para acceder a los derechos a que se hace referencia. ORDENA  a INURBE que dé respuesta de fondo a las peticiones del demandante. Absuelve de los cargos a los demás demandados.

Corte Suprema de Justicia, Sala Civil, 26 de Nov de 2002, REVOCA, el fallo proferido en primera instancia, pues la Red de Solidaridad Social ya le prestó la ayuda humanitaria de emergencia de acuerdo a la Ley, y que el demandante debe iniciar los trámites correspondientes y no ha obrado con diligencia para superar su condición de desplazado.  

Sala de Selección No 2, Auto de 5 de febrero de 2003.

692398

(demandante:

Heber Molano Rojas)

Grupo de 1 familia que pide que los organismos demandados cumplan con cada uno de los programas de educación, vivienda alimentación, trabajo y demás elementos indispensables, de tal forma que me atiendan de manera integral como víctima del conflicto. También que sean desembolsados los siguientes dineros: a presidencia, que orden a todas las entidades el cumplimiento de sus obligaciones. A Minhacienda para que asigne los recursos necesarios. A la Red que cumpla con el proyecto productivo, y a INURBE, que otorguen el subsidio de vivienda.  A alcaldía que otorgue solución de vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

En cuanto a ayuda humanitaria, se le ha prestado salud.

Red de Solidaridad Social afirma que se está a la espera de nuevo contrato con Arquidiócesis para prestar ayuda en orden de inscripción.

Tribunal Superior, sala Laboral, 12 de Nov de 2002, Concede la tutela de derecho de petición, y ORDENA a INURBE dar respuesta peticiones de actor. NIEGA tutela respecto del resto de demandados, pues considera que éstos, al actuar conforme a la ley, no han vulnerado los derechos del actor. Sin embargo, ordena a la Red como coordinadora de las entidades que integran el sistema de atención de la población desplazada, adopte las medidas que estime pertinentes para la protección de dichas personas.

Corte Suprema de Justicia, Sala Laboral, 11 diciembre de 2002, REVOCA, el fallo proferido en primera instancia, en lo referido a la Red de Solidaridad Social, pues dicha entidad al cumplir las funciones asignadas por la ley, no vulneró los derechos de la actora.

Sala de Selección No 2, Auto de 5 de febrero de 2003.

692410

(demandante:

Nina Patricia SanMiguel)

Grupo de 1 familia que pide que los organismos demandados cumplan con cada uno de los programas de educación, vivienda alimentación, trabajo y demás elementos indispensables, de tal forma que le atiendan de manera integral como víctima del conflicto. También que sean desembolsados los siguientes dineros: a presidencia, que orden a todas las entidades el cumplimiento de sus obligaciones. A Minhacienda para que asigne los recursos necesarios. A Red que cumpla con el proyecto productivo, y a INURBE, que otorguen el subsidio de vivienda.  A alcaldía que otorgue solución de vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

En el momento, en lista de espera para AHE, esperando que lleguen recursos.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Laboral. Mediante sentencia del 13 de Nov de 2002, CONCEDE la tutela, y ORDENA al Red de Solidaridad Social el suministro de la ayuda humanitaria de emergencia. Niega respecto de las demás peticiones.

Corte Suprema de Justicia, Sala Laboral. Sentencia de 10 de diciembre de 2002. Revoca decisión de 1era instancia, pues dada la ausencia de recursos, la Red de Solidaridad Social está actuando conforme a la ley, y por lo tanto no ha vulnerado los derechos fundamentales.

Sala de Selección No 2, Auto de 5 de febrero de 2003.

692415

(demandante:

Luz Marina Pacheco Lizcano)

Grupo de 1 núcleo familiar que pide que los organismos demandados cumplan con cada uno de los programas de educación, vivienda alimentación, trabajo y demás elementos indispensables, de tal forma que le atiendan de manera integral como víctima del conflicto. También que sean desembolsados los siguientes dineros: a presidencia, que orden a todas las entidades el cumplimiento de sus obligaciones. A Minhacienda para que asigne los recursos necesarios. A la Red que cumpla con el proyecto productivo, y a INURBE, que otorguen el subsidio de vivienda.  A alcaldía que otorgue solución de vivienda.

Se encuentra inscrita  dentro del núcleo familiar de su marido, Nelson Bercelio Pastrana Lozada, cc 17655330.

Red de Solidaridad Social afirma que Nelson Bercelio Pastrana recibió la ayuda humanitaria que manda la ley.  

Tribunal superior de Ibagué, Sala Laboral. Sentencia de noviembre 20 de 2002. CONCEDE y ORDENA al INURBE dar respuesta plena a las peticiones de la demandante. También ORDENA a Red de Solidaridad Social adopte las medidas que considere pertinentes para la protección de la actora.  NIEGA tutela respecto del resto de demandados, pues estos no han desatendido peticiones de la actora.

Corte Suprema de Justicia, Sala Laboral. Sentencia de diciembre 10 de 2002.

Confirma la impugnación de la Red de Solidaridad Social, pues ésta entidad no está legitimada para impugnar.

Sala de Selección No 2, Auto de 5 de febrero de 2003.

692867

(demandante: María Cristina Rodríguez Vásquez.)

Grupo de 1 familia que solicita se ordene a la Red de Solidaridad Social que en un término perentorio proceda a darle solución de vivienda digna como desplazada,  alimentación, vestuario, salud, educación y alojamiento.   Ordenar a la INURBE  que en forma inmediata aplique las políticas establecidas en el Dec.951 de 2001, para dar solución al problema de vivienda, bien sea urbana o rural.  Ordenar al Presidente de la República para que a través de Minhacienda, dé las instrucciones necesarias para que la administración pública cumpla con sus obligaciones par con la demandante en el área urbana de Ibagué.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia: 6 mercados, 3 arriendos, 1 kit nocturno, 1 kit de cocina, 1 kit de vajilla.

La accionante fue remitida a planeamiento educativo (09/01/02).

Fue coadyuvado por la ONG Ambiente y Desarrollo, encontrándose en la etapa final de radicación para nivel central.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala de Decisión Penal.  Sentencia de octubre 22 de 2002.  Deniega la tutela por considerar que la Red de Solidaridad Social ha cumplido con el suministro de la ayuda humanitaria por un tiempo de tres meses de acuerdo con la regulación legal existente al respecto, la cual debe ser aplicada a todos los desplazados sin discriminación ni preferencia alguna.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal.  Sentencia de diciembre 10 de 2002.  Confirma por considerar que no existe vulneración alguna  por parte de los demandados de los derechos fundamentales invocados.  Concretamente en cuanto a la Red de Solidaridad Social, anota que ésta entidad procedió al registro de la demandante y suministró la ayuda que la ley establece.

Sala de Selección No. 2, auto de febrero 12 de 2003.

692880

(demandante:

Héctor William Suárez Moreno, personero Municipal de Florencia)

Personero municipal a nombre de 24 menores, pertenecientes a 14 núcleos familiares distintos, quienes solicitan una solución efectiva al problema de vivienda de los menores mediante la asignación de un subsidio para la compra de vivienda usada o nueva de interés social.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia, nada en educación.

Tribunal superior de Florencia. Sentencia de noviembre 1º de 2002. Niega  ya que no se probó la vulneración de los derechos invocados, cesando el peligro en la vida de los menores cuando abandonaron las veredas  y respecto a la vivienda es un derecho de segunda generación que no procede por vía de tutela.

Corte Suprema de Justicia, Sala penal. Sentencia de diciembre 10 de 2002. Confirma  ya que se probó que se ha brindado la ayuda humanitaria que requieren los menores.

Sala de selección No. 2, auto de 12 de febrero de 2003.

693606

(demandante:

Edgar Verján Chambo)

Grupo de 1 familia que pide se ordene la solución inmediata y la materialización de los beneficios como desplazado.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Reconoce haber recibido servicio de salud. Red de Solidaridad Social afirma estar a la espera de nuevo contrato.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal, 4 de oct de 2002. Decide NEGAR por improcedente la tutela, pues debido al poco tiempo entre la inscripción del accionante como desplazado, y la tutela, las entidades demandadas no han podido cumplir sus funciones. Además, observa el tribunal que el actor no ha solicitado ayuda de educación, por lo que no la puede pretender por vía de tutela.  

Corte Suprema de Justicia, Sala penal. 10 de dic de 2002, CONFIRMA sentencia de 1ª instancia. Adicionalmente a fundamentos del tribunal, considera que el accionante debe acudir a la acción de cumplimiento.

Sala de Selección No 2, Auto de 12 de febrero de 2003.

695161

(demandante:

Henry Rivera Acosta, como  representante de ASOFADECOL y a nombre de Nancy Quintero Castañeda)

Henry Rivera Acosta, quien actúa como representante de ASOFADECOL (pero no acredito tal calidad) en nombre de 1 núcleo familiar.

Pretende que los entes accionados procedan a dar una solución inmediata o materialización de los beneficios que tienen como desplazados.

 Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda consistente en servicios en salud y odontología.

Ayuda de vivienda en trámite.

Tribunal administrativo del Tolima. Sentencia de noviembre 12 de 2002. Niega toda vez que el apoderado judicial, no acreditó ser abogado ni aparecer inscrito en el registro nacional de abogados titulados.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección No. 2, auto de 12 de febrero de 2003.

695242

(demandante:

Sosmery Cadavid Tavorda)

Grupo de 1 familia que pide se proteja como víctima de la violencia y se le amparen los derechos a ella y a su hijo, para tener acceso a los beneficios que da el gobierno nacional, ayuda humanitaria, soluciones de vivienda, educación y alimentación.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado 25 civil del circuito de Bogotá. Sentencia de noviembre 22 de 2002. Niega pues se le concedió la ayuda humanitaria requerida por la actora, estando a la espera del turno para su cancelación, pudiendo acudir a otro medio de defensa judicial.

Tribunal Superior de Bogotá. Sentencia de diciembre 13 de 2002. Confirma toda vez que la tutela no es un mecanismo idóneo, pudiendo el actor acudir a otro medio de defensa.

Mediante auto del 18 de febrero de 2003, por la sala No. 2

695691

(demandante:

Elizabeth Quesada Tovar)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita se le inscriba en el registro único de población desplazada, se le entregue la carta de salud, se le dé la inmediata capacitación para el proyecto productivo y se la incluya en el programa de estabilización económica y se le otorgue un subsidio familiar de vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Ha recibido ayuda humanitaria y presentó solicitud de vivienda, que se encuentra en trámite.

Tribunal administrativo de Cundinamarca. Sentencia de diciembre 10 de 2002. Niega toda vez que la actora no probó la vulneración de ningún derecho fundamental, entidad demandada mostró que sí se le ha prestado la ayuda que ha requerido.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección No. 2, auto de 12 de febrero de 2003.

695839

(demandante: Jorge Eliécer Meza)

 Grupo de 1 familia que pide se le otorgue el subsidio familiar de vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Ha recibido ayuda humanitaria.

Juzgado Penal del Circuito Especializado de Pasto. Sentencia de noviembre 14 de 2002. Deniega la tutela por considerar que existe otro medio de defensa judicial  y porque no considera que se haya demostrado conexidad suficiente entre el derecho a la vivienda y vida.

Tribunal superior del distrito judicial de Pasto. Sentencia de diciembre 10 de 2002. Confirma  ya que se está a la espera de los recursos presupuestales para el pago del subsidio de vivienda familiar.

Sala de selección No. 2, auto de 12 de febrero de 2003.

695872

(demandante:

Gerardo Parra)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita al Ministerio que restablezca la prestación del servicio de salud que es negado a partir de Circular 00042 de 2002, en la cual condicionó la prestación de dicho servicio a problemas inherentes al desplazamiento, y por tal motivo las diferentes Instituciones Prestadoras de los servicios de salud, han omitido la prestación vital de ese servicio. En su defecto, que se aclare el alcance de dicho acto para que no vulnere derecho a la vida de la población desplazada.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Afirma que a causa de Circular de Mintrabajo y salud, el servicio de salud se ha restringido.

Tribunal Administrativo de Cundinamarca, Sección cuarta, Subsección B. 10 de Dic de 2002. Niega la tutela pues de acuerdo al artículo 6º del Decreto 2591 de 1991, es improcedente la acción de tutela en contra de actos administrativos de carácter general, impersonal y abstracto.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No 2, Auto de 12 de febrero de 2003.

696791

(demandante:

Libe Antonio Porras Duque)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que pide se ordene a la red de solidaridad social iniciar y coordinar con las entidades competentes -Ministerio de Hacienda, INURBE, etc.- la provisión de atención integral ordenada por la Ley 387 de 1997, en particular necesidad de obtener vivienda digna, fuente de ingresos mínimos.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Ha recibido ayuda humanitaria de emergencia (3 mercados por Visión Mundial).

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, Sala de Decisión Constitucional. Sentencia de noviembre 8 de 2002. Decide no tutelar, pues no encuentra violación de derechos a la vivienda ni al trabajo porque la Red ha estado al tanto de la situación del peticionario, ha contestado sus peticiones y ha resuelto en lo que ha estado a su alcance. Si bien hay descoordinación entre las entidades competentes, la Red no puede cumplir funciones asignadas a otras entidades. El accionante y su familia recibieron la ayuda humanitaria de emergencia. El peticionario no ha presentado adecuadamente sus peticiones respecto del proyecto productivo, vivienda y educación.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección No. 2, auto de veintisiete de febrero de 2003.

697477

(demandante:

Jesús María Puerta Betancurt)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita se ordene a la Red de solidaridad social que actúe efectivamente para proporcionar la ayuda humanitaria de emergencia que no se le ha proporcionado. 

Que se ordene al INURBE incluirlo en un proyecto de vivienda de interés social, y que se ordene al Ministerio de Hacienda que asigne los recursos necesarios para atender a la población desplazada.

Está inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No ha recibido ayuda humanitaria, únicamente atención en el Hospital La Misericordia de Calarcá.

Tribunal Administrativo del Quindío, Sala de Decisión – Sentencia de diciembre 11 de 2002. Deniega la tutela. No encuentra violación del derecho a la vida en relación con atención de la salud ya que se le prestó asistencia por el Hospital La Misericordia de Calarcá. En cuanto a violación de la igualdad, el peticionario no acredita en qué consiste el trato desigual que alega por parte de las autoridades. En cuanto a violación del derecho al trabajo, el peticionario únicamente acredita que no ha recibido asesoría para el programa del proyecto de recuperación económica, pero no explica en qué consiste la violación. El actor tampoco acreditó cumplir con las condiciones exigidas por la ley para otorgar soluciones de vivienda.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de selección No. 2, auto de 27 de febrero de 2003.

697866

(demandante:

María Emérita Lozada)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que pide se ordene a los organismos demandados que cumplan con los programas de ayuda humanitaria de emergencia, educación, vivienda, alimentación, trabajo y demás indispensables para hacer efectivos sus derechos como desplazada.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

La peticionaria está en lista de espera para recibir tal ayuda. 

Ella y su familia recibieron atención básica en salud.

Solicitan 

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia. Sentencia de 8 de octubre de 2002. Deniega la tutela por considerar que “no apareciendo que las entidades accionadas hubiesen vulnerado alguno de los derechos constitucionales fundamentales que cita la accionante; no siendo posible ordenar mediante el mecanismo de la tutela a los entes y funcionarios citados por la demandante para que cumplan con los programas de educación, vivienda, alimentación y trabajo, o para que desembolsen dineros con el fin de que se dote de recursos a la Red de Solidaridad Social, y se cumpla con el proyecto productivo de la señora Lozada, el amparo deprecado debe denegarse”. 

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de 25 de noviembre de 2002. Confirma sentencia de primera instancia por considerar que sí se le entregó ayuda humanitaria, que su solicitud de subsidio de vivienda está en trámite por el INURBE, al igual que su solicitud de apoyo al proyecto productivo.

Sala de selección No. 2, auto de 27 de febrero de 2003.

697902

(demandante:

Maria Stella Cabrera Díaz)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita se ordene a la Red de Solidaridad que proporcione ayuda para vivienda digna, subsistencia, educación, salud. Que se ordene al INURBE que aplique las políticas correspondientes otorgando solución de vivienda digna. Que se ordene al Presidente de la República a través del Ministerio de Hacienda, dar las instrucciones necesarias para lograr que la administración pública cumpla con sus obligaciones legales.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Ha recibido ayuda humanitaria de emergencia con una prórroga. 

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia. Sentencia de octubre 2 de 2002. La accionante ya había presentado una acción de tutela con anterioridad para obtener las mismas pretensiones, y fue fallada a su favor, pero posteriormente revocada por la Corte Suprema de Justicia. Alegando esto, la acción de tutela es rechazada. Afirma el Tribunal, sin embargo, que como la sentencia de segunda instancia que revocó el fallo favorable no se pronunció sobre el fondo del asunto, no se presenta temeridad al haber vuelto a interponer la tutela. 

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de 25 de noviembre de 2002. Confirma fallo de primera instancia, recordando que efectivamente la peticionaria había sido demandante en una acción de tutela anterior, que fue fallada favorablemente en primera instancia pero posteriormente revocada por la Corte, con base en dos argumentos: que el actor de la acción de tutela había sido colectivo, y que no habían sido suficientemente acreditadas las violaciones de los derechos alegados. Por lo mismo, considera que existe fallo en firme sobre estos hechos. 

Sala de Selección No. 2, auto de 27 de febrero de 2003.

697908

(demandante:

Eloina Zabala)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita que  los organismos demandados cumplan con programas de educación, vivienda, alimentación, trabajo, etc. así: que la Presidencia de la República ordene a las entidades competentes el cumplimiento de sus obligaciones frente al desplazado, al Ministerio de Hacienda que asigne los recursos correspondientes, a la Red de Solidaridad para que otorgue el apoyo al proyecto productivo y ayudas humanitarias, al INURBE para que otorgue subsidio de vivienda, a la Alcaldía Municipal para que contribuya a la provisión de vivienda digna.

Está inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No ha recibido ayuda humanitaria, únicamente remisión inicial a la IPS Hospital Federico Lleras.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia. Sentencia de octubre 28 de 2002. Deniega la tutela sin argumento alguno, afirmando que se desprende de las intervenciones de los demandados que no existió violación alguna de los derechos invocados. No toca el fondo del asunto.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de 26 de noviembre de 2002. Confirma fallo de primera instancia por distintas razones: (i) existencia de vía judicial alterna - la acción de cumplimiento regulada por la Ley 387, (ii)  inexistencia de vulneración de derechos fundamentales, por cuanto la Red dio respuesta oportuna a la petición formulada por la actora. Infiere, - sin que esté probado en el expediente – que el INURBE también le contestó Afirma que de ordenarse al INURBE que otorgue el subsidio se estaría violando la igualdad frente a las personas que están agotando el conducto ordinario legal. Además, considera que se le brindó la ayuda humanitaria en lo concerniente a salud, y no ha presentado proyecto productivo alguno.

Sala de selección No. 2, auto de 27 de febrero de 2003.

698625

(demandante:

Aldemar Loaiza Montealegre)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que pretende se le otorgue el auxilio para la vivienda y subsidio de 4 millones para el proyecto productivo.

Está inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Ha recibido tres mercados. 

Juzgado Quinto Civil del Circuito de Pereira. Sentencia de 9 de diciembre de 2002.Deniega la tutela por no haberse acreditado violación alguna de derechos fundamentales y porque la tutela no puede suplantar mecanismos ordinarios para obtener peticiones del actor.

No hubo segunda instancia.

Sala de Selección No. 2, auto de 27 de febrero de 2003.

698940

(demandante:

Norman Hernández Góngora)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar a quien no se le ha otorgado ayuda de ningún tipo aunque lleva desde marzo 2 de 2002 registrado como desplazado, que pide se ordene entregarla.

Está inscrito en el sistema de registro de desplazados.

No ha recibido ayuda humanitaria de emergencia.

Juzgado Catorce Penal del Circuito de Cali. Sentencia de 28 de octubre de 2002. Deniega la tutela por considerar que la Red ha cumplido con sus obligaciones al remitir al peticionario a la ONG, exhorta a la Red a que lo asesore sobre el trámite que debe efectuar.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 2, auto de 27 de febrero de 2003.

699715

(demandante:

Jairo Jantivas Sánchez, María Fanny Restrepo de Atehortúa y otros)

Grupo de 2 núcleos familiares que piden se ordene otorgar la ayuda humanitaria que no han recibido, y que como medida provisional se suspenda una diligencia de lanzamiento programada por la Inspección de Policía competente, ya que varias familias desplazadas invadieron un predio del cual algunas ya fueron lanzadas y sus ranchos tumbados.

Aunque la tutela fue interpuesta a nombre de otras 21 familias, fue rechazada por falta de poder - sólo se pronuncian sobre los dos accionantes.

Familia de Jairo Jantiva está inscrita y recibió AHE una vez y dos remisiones en salud.

La familia de María Fanny no está inscrita y no ha recibido nada.

Juzgado Veintitrés Penal del Circuito de Medellín. Sentencia de octubre 3 de 2002. Deniega la tutela porque la accionante Maria Fanny Restrepo no esta inscrita, y a Jairo Jantivas Sánchez ya se le entrego ayuda humanitaria de emergencia. 

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

La Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

700088

(demandante:

Bibiana Lancheros Zambrano)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a las entidades demandadas cumplan con sus obligaciones frente a la actora como desplazada.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Superior de Ibagué. Sala Familia Sentencia de octubre 15 de 2002. Deniega la tutela por considerar que como las entidades demandadas ya están en movimiento, no hay violación de los derechos fundamentales. Afirma que la peticionaria deberá acudir a la Red de Solidaridad “a fin de obtener agilización”.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Sentencia de diciembre 6 2002. Confirma fallo de primera instancia por las mismas razones.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

700362

(demandante:

Deycy Rubiano de Vanegas.

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita se ordene a entidades demandadas otorgar subsidio de vivienda, apoyo al proyecto productivo y ayuda humanitaria de emergencia.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Penal. Sentencia de octubre 9 de 2002. Deniega la tutela porque aunque las entidades demandadas no contestaron, la actora no acreditó haber adelantado las gestiones necesarias para obtener subsidio de vivienda y apoyo al proyecto productivo. 

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA - impugnación extemporánea.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

700370

(demandante:

Sunyi Yuliana Mosquera)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita se ordene a las entidades demandadas otorguen subsidio de vivienda

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Penal. Sentencia de octubre 22 de 2002. Deniega la tutela por considerar que la Red ha actuado diligentemente dentro de su competencia y que ha pasado muy poco tiempo (20 días) entre la remisión al INURBE y la presentación de la tutela como para inferir negligencia de esta entidad, además de existir otro medio de defensa judicial. 

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

700727

(demandante:

Mary Ettel Córdoba Burbano)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que pide se ordene a la Red de Solidaridad Social darle trámite a petición de reclamación de asistencia humanitaria 

No está inscrita en el sistema de registro de desplazados.

Juzgado Sexto Laboral del Circuito de Cali. Sentencia de octubre 18 de 2002. Deniega la tutela por dar crédito a la afirmación de la Red de que la petición de auxilio bajo Ley 418 no llegó. 

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, Sala Laboral.  Sentencia de diciembre 4 de 2002. Confirma fallo de primera instancia por las mismas razones.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

700805

(demandante:

Aída Maria Muñoz de Araujo)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita se ordene al INURBE otorgarle el subsidio de vivienda que solicitó desde diciembre de 2001.

Está inscrito en el sistema de registro de desplazados.

No se especifica si ha recibido ayuda humanitaria pues la tutela gira en torno a vivienda.

Juzgado Penal del Circuito Especializado de Pasto. Sentencia de noviembre 15 de 2002. Deniega la tutela por creer que no puede intervenir en la esfera de actividades del Ejecutivo, y porque no considera que se haya demostrado conexidad suficiente entre el derecho a la vivienda de la peticionaria y un derecho fundamental.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, Sala Penal. Sentencia de diciembre 12 de 2002. Confirma fallo de primera instancia por las mismas razones.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

700902

(demandante:

ASOFADECOL - Asociación de Familias Desplazadas de Colombia)

Grupo de 180 familias que a través  ASOFADECOL, piden se ordene a las entidades demandadas cumplir con sus obligaciones frente a la población desplazada, especialmente frente a las 180 familias miembros de ASOFADECOL - Asociación de Familias Desplazadas de Colombia, que es la entidad que otorgó poder para presentar la tutela.

Salvo las siguientes personas, los demás están inscritos en el sistema de registro. 

Adelaida Pinto, Adriana Pulido, Aída Castaño, Aldemar Osorio, Ana Belén García, Beatriz Osorio, Carlos Lozada, Carlos Pérez, Clara Inés Alonso, Deisy Lugo, Diana Osorio, Elma Alonso Osorio, Nobey Piento, Emilsen Osorio, Ennesy Lasso, Gilberto Cerquera, Gloria Giraldo, Gustavo Piento, Rogelio Neiva, Israel Rueda, Javier Toro, Javier Madrigal, Jesualdo Daza, Jesús Zamudio, Jhon Wilmer García, José A. Acosta, Nelson Rindo Quintero, Nohora Monroy, Octavio Sánchez, Orlando Lozada Pinto, Orlando Lozada Rueda, José Adán González, José Albeiro Marulanda, José Alfredo Motta, José Alvarado, Julio César Caicedo, Leonardo Lozano, Marleny Solano, Miller Castañeda, Luis Pinto, Luz Dary Chaguala, Luz Darly Osorio, Luz Dennis Pinto, Luz Lazzo, Luz Marina Pacheco, Manuel Criollo, María Angarita, María Páez, Neifer Osorio, Ramiro Vargas, Ruth Martínez, Sandra Gómez, Sandra Pinto, Sandro Morci, Teresa Ramírez, Willmer Lasso, Yasmín Pinto, Yenith Miranda, Yorledis Contreras, Yury Zulay y Amalfy Arias.

En su gran mayoría no han recibido ayuda humanitaria, salvo los siguientes: Eida Castaño Castro, Elsy Gaspar, Gloria Pava, Gustavo Ardila, Hermelinda Ortiz, Isai Gaspar, José Rubiel Silvestre, Joselí Hernández, Luis Evelio Guzmán, Luz Marina Vega, Maria Doly González, Nelson Cardozo, Neuvey Buitrago, Rubiela González, Solfidia Beltrán y William Rodríguez.

En educación, vivienda y proyectos productivos no hay nada concreto salvo algunas remisiones.

Tribunal Administrativo del Tolima. Sentencia de agosto 20 de 2002. Concede la tutela, ordenando al Director de la Red, al Director del INURBE, al Director del ICBF, al director del INCORA, al Gobernador del Tolima y al Alcalde de Ibagué, que cumplan con sus obligaciones frente a la población desplazada y a las familias demandantes, otorgándole un término de 180 días calendario para ello.

Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Quinta. Sentencia de diciembre 5 de 2002. Revoca el fallo de primera instancia por considerar que no se desvirtuaron las afirmaciones de las entidades demandadas en el sentido de que habían cumplido con sus obligaciones, y que los demandantes alegaron “vagamente” que sus derechos habían sido violados.

Sala de Selección No. 3, marzo 5 de 2003.

701212

(demandante:

Nohora Juvia Burbano Bolaños)

Grupo de 1 familia que solicita se ordene a la Red inscribirla en el registro de personas desplazadas.

No están inscritos en el sistema de registro de desplazados, les fue denegada.

No han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado Quinto Civil del Circuito de Popayán. Sentencia de diciembre 13 de 2002. Deniega la tutela por considerar que sí existen contradicciones en las declaraciones y documentos, y que la actora no salió del Putumayo por amenazas directas contra su vida, por lo cual la Red podía dentro de sus potestades, denegar la inscripción en el registro. 

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

701296

(demandante:

Rodrigo Olaya Muñoz)

Grupo de 1 familia que solicita se ordene a la Red - Unidad Pereira que lo inscriba a él y su familia como desplazados.

No están inscritos en el sistema de registro de desplazados, les fue denegada.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Contencioso Administrativo de Risaralda - Sala de Decisión. Sentencia de diciembre 12 de 2002. Deniega por compartir los argumentos de la Red de Solidaridad Social para denegar la inscripción.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

701300

(demandante:

Franklin Antonio Mosquera Sánchez)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a la Red - Unidad Pereira que los inscriba como desplazados, ya que el registro le fue denegado, y el recurso de reposición interpuesto fue resuelto desfavorablemente.  Una vez inscrito, que se le preste la ayuda necesaria.

No están inscritos en el sistema de registro de desplazados, les fue denegada.

No han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado Tercero de Familia de Pereira. Sentencia de noviembre 19 de 2002. Concede la tutela por considerar que los argumentos de la Red no son concluyentes para desvirtuar la buena fe de la declaración del accionante sobre las circunstancias de su desplazamiento, argumentando que la denegación de la inscripción es lesiva de sus derechos fundamentales.

Tribunal Superior de Pereira - Sala de Familia. Sentencia de enero 14 de 2003. Revoca fallo de primera instancia y deniega la tutela por considerar que la declaración del accionante y su compañera se contradicen, y que existen serios indicios sobre la falsedad de su declaración.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

701501

(demandante:

Faustino Piñeres Rangel, y Medardo Gámez Melgarejo)

Grupo de 2 familias que piden se ordene  a entidades demandadas proteger sus derechos, especialmente a la vivienda digna.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No se especifica si han recibido ayuda humanitaria.

  La tutela gira en torno a    vivienda.  En cuanto a la ayuda de vivienda, señalan que no han recibido nada, aunque han presentado múltiples peticiones ante el INURBE y el INVISBU, y han sido desalojados varias veces de predios invadidos. Llevan 4 años en Bucaramanga sin casa.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga, Sala Laboral. Sentencia de diciembre 12 de 2002. Deniega la tutela por considerar que la sola presentación de un formulario no da derecho al subsidio, y porque los accionantes no han cumplido los trámites legales.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

701730

(demandante:

Ruby Jadith Oyola Ramírez)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a las entidades demandadas prestar ayuda humanitaria, subsidio para vivienda, proyecto productivo y demás.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

En lista de espera para recibir ayuda humanitaria.

Juzgado Octavo Civil del Circuito de Bogotá. Sentencia de noviembre 12 de 2002. Deniega la tutela por considerar que la Red no ha violado derechos al someter a la peticionaria al trámite legal, el cual no puede saltarse el juez de Tutela

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Civil. Sentencia de enero 17 de 2003. Confirma la impugnación por considerar que está plenamente demostrado que la accionante con anterioridad había presentado la misma acción de tutela de la cual conoció el Juez Octavo Civil del Circuito quien así se lo notificó, lo cual se admite en el escrito de impugnación.

Sala de selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

701850

(demandante:

Uriel Salas Moreno y Eduviges Palacios)

Grupo de 2 familias que pide se ordene a la entidad competente prestar apoyo al proyecto productivo que se presentó desde octubre de 2001, y sobre el cual se han presentado peticiones reiteradas.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Durante el trámite de segunda instancia la Red de Solidaridad informa que se le ha dado ayuda humanitaria de emergencia consistente en mercados y arriendo. El actor alega que únicamente se le han dado unas colchonetas.

Juzgado Primero Penal del Circuito de Buenaventura. Sentencia de septiembre 20 de 2002. Concede la tutela por considerar que no se ha dado una respuesta de fondo al derecho de petición del actor al informarle que su proyecto está en trámite, ordena dar respuesta efectiva en las 48 horas siguientes.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga, Sala de Decisión Constitucional. Sentencia de diciembre 3 de 2002. Revoca sentencia de primera instancia y deniega la tutela, por considerar que (i) no existió violación del derecho al trabajo por parte de la Red, pues los actores tienen una simple expectativa al presentar el proyecto, y la Red es una simple coordinadora; y (ii) no existió violación del derecho de petición, porque la tardanza de la Red en responder se justifica por el exceso de trabajo, y porque no podía dar una respuesta de fondo que aprobara el proyecto porque no estaba en su competencia hacerlo.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

702437

(demandante:

Dominga Mosquera Largacha)

Grupo de 1 familia que pide se ordene entregar ayuda humanitaria, atención en salud y subsidio para el proyecto productivo.

No aparece inscrita en el sistema de registro de desplazados, pero porque afirma que su marido se había registrado como desplazado ante la cruz roja.

No han recibido ayuda humanitaria de emergencia, pero afirma que la cruz roja les dio mercados.

Juzgado Segundo Penal del Circuito de Buenaventura. Sentencia de octubre 9 de 2002. Deniega la tutela porque la peticionaria no aparecía inscrita ante las entidades competentes como desplazada.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga, Sala de Decisión Penal. Sentencia de noviembre 25 de 2002. Confirma fallo de primera instancia por las mismas razones y por considerar que la declaración de la peticionaria es inconsistente.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

702574

(demandante:

Pedro Mono Lozada)

Grupo compuesto por  1 núcleo familiar que solicita se ordene a la Red registrar al peticionario como desplazado.

No están inscritos en el sistema de registro de desplazados, les fue denegada.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia. Sentencia de diciembre 16 de 2002. Deniega la tutela por considerar que el peticionario no cumple los requisitos de ley para ser inscrito como desplazado.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

702579

(demandante:

Lisandro Rodríguez Pacheco)

Grupo de 1 familia que pide ordenar a las demandadas que otorguen ayuda para proyecto productivo y subsidio para vivienda

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado Primero Civil del Circuito de Ibagué. Sentencia de noviembre 14 de 2002. Deniega por considerar que el accionante no acreditó haber presentado las peticiones correspondientes, ni que las entidades accionadas no le hubieran prestado ayuda dentro de su competencia.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia. Sentencia de diciembre 16 de 2002. Modifica sentencia de primera instancia, concediendo la tutela en contra del INURBE por su silencio ante la tutela, ordenando que en 48 horas cumpla con sus obligaciones.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

703064

(demandante:

José Ignacio Campos)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a las entidades competentes prestar ayuda necesaria y resolver sus solicitudes.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Han recibido ayuda humanitaria de emergencia en 2001 y a finales de 2002.

Juzgado Veintiséis Penal del Circuito de Bogotá. Sentencia de noviembre 29 de 2002. Considera que no ha habido violación del derecho de petición. Luego, confundiendo la ley 387 con la ley 418, y confundiendo tanto las peticiones del actor como las pruebas presentadas, afirma: “si bien es cierto el demandante ha presentado las solicitudes para acceder a la ayuda humanitaria en razón de la muerte violenta de la cual fue victima su hija María Yenifer campos Díaz y por el desplazamiento que tuvo que afrontar su familia de su terruño a esta capital, también lo es, que éste no ha acompañado las pruebas necesarias para acceder a la referida ayuda. Así las cosas no se puede pregonar que la entidad accionada haya vulnerado los derechos fundamentales... obsérvese como la red de solidaridad le ha entregado atención alimentaria...” En consecuencia, DENIEGA la tutela. 

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

703130

(demandante:

Leonel Pascual Sánchez Rivera)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a la Red otorgar la protección, consolidación y estabilización socioeconómica en su condición de desplazado interno.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No es claro si han recibido ayuda: el actor pidió una “prórroga” de la ayuda humanitaria de emergencia, pero no hay constancia en el Registro de la Red sobre su entrega, ni siquiera sobre la petición de prórroga. La Red argumenta que ya se le entregó con base en lo dicho por el actor en la demanda. 

Tribunal Administrativo de Antioquia - Sala Tercera de Decisión. Sentencia de noviembre 28 de 2002. Deniega la tutela por considerar que no se le ha violado derecho fundamental alguno al actor. 

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

703423

(demandante:

Fray Martín Álvarez y otros)

Grupo de 15 familias que solicita se ordene a las entidades demandadas que otorguen soluciones definitivas para los peticionarios.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Salvo Fray Martín Álvarez, Nelly Otálvaro, Freddy Milton Ramírez, Elizabeth Pulido y Claudia Patricia Olaya y sus respectivos núcleos familiares quienes no han recibido ninguna asistencia, los demás si han recibido ayuda humanitaria por intermedio de la Comisión Internacional de la Cruz Roja.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Villavicencio, Sala de Familia. Sentencia de enero17 de 2003. Deniega la tutela por improcedente, dada la existencia de una acción de cumplimiento especial en la Ley 387, y porque no considera que haya amenaza de perjuicio irremediable en este caso.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

703857

(demandante:

Everardo Osorio Castro)

Grupo de 1 familia que solicita se ordene a la Red pagar los tres meses de arriendo de la ayuda humanitaria de emergencia (sólo ha dado un mercado), cumplir con sus demás obligaciones, y se ordene al INURBE otorgar subsidio de vivienda.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

En cuanto a la ayuda humanitaria de emergencia, se informa en la contestación a la tutela que ya fue autorizada y debe ser recogida.

Juzgado Treinta y Cinco Penal del Circuito de Bogotá. Sentencia de enero 16 de 2003. Deniega la tutela por considerar que las accionadas han cumplido con sus deberes legales al proporcionar orientación y la ayuda humanitaria al actor.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

703897

(demandante:

José María Gutiérrez Carrillo)

Grupo de 1 familia que solicita se ordene a la Red de Solidaridad otorgar ayuda humanitaria de emergencia y demás servicios.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

En cuanto a la ayuda humanitaria, se informa en la contestación a la tutela que ya fue autorizada y debe ser recogida.

Juzgado Veintinueve Penal del Circuito de Bogotá. Sentencia de diciembre 18 de 2002. Deniega la tutela por no encontrar vulneración de derechos fundamentales dado que se autorizó ayuda humanitaria, pero reconviene a la Red de Solidaridad para que requiera a la ONG que entregue dicha ayuda lo más pronto posible.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

704500

(demandante:

Ana Nilvia Galíndez Araujo, Blanca Dolly López Meza, Carlos Herminsul Díaz Ojeda, Holmes Alexander Meza Araujo)

Grupo de 4 familias que piden se ordene al INURBE otorgarle el subsidio de vivienda que solicitó desde diciembre de 2001.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No se especifica si han recibido ayuda humanitaria pues la tutela gira en torno a vivienda digna.

Juzgado Segundo de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pasto. Sentencia de noviembre 15 de 2002. Concede la tutela ordenando al INURBE que en las siguientes 48 horas inicie las gestiones pertinentes para reconocer el subsidio a los accionantes.

Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Pasto, Sala de Decisión Penal. Sentencia de enero 14 de 2003. Revoca el fallo de primera instancia argumentando que a pesar de las obligaciones del Estado para con los desplazados, las limitaciones presupuestales no se pueden salvar por vía de tutela: “...la íntegra satisfacción de los derechos de la persona humana se frustra en razón de las limitaciones fiscales que por su propia naturaleza resultan ajenas a la acción constitucional, en la medida en que el juez constitucional ni es ordenador del gasto ni coadministrador de la gestión ni de la política del Ejecutivo” (f. 85).

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

704501

(demandantes:

Jhon Jairo Ojeda Delgado, Doria Elia Valdés de Ojeda, Ubertino Díaz, Carlos Antonio Meza)

Grupo de 4 familias que piden se ordene al INURBE otorgarle el subsidio de vivienda que solicitó desde diciembre de 2001. 

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No se especifica si han recibido ayuda humanitaria.

Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pasto. Sentencia de noviembre 15 de 2002. Concede la tutela ordenando al INURBE que haga las gestiones necesarias para otorgar los subsidios a los peticionarios.

Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, Sala Penal. Sentencia de enero 17 de 2003. Revoca fallo de primera instancia argumentando que la simple condición de desplazado no da derecho automático a un subsidio, y que no se puede por vía de tutela alterar el orden legal de asignación de subsidios sin que medien actos discriminatorios por el INURBE, lo cual no considera sucedió en este caso. Argumenta que la negativa del INURBE no cierra las puertas a futuras postulaciones por haber sido calificados los actores como elegibles.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

705236

(demandante:

Eduardo Rincón Roa)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a entidades demandadas hacer efectivos sus derechos como desplazados.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Están en lista de espera para recibir la ayuda humanitaria de emergencia.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Laboral. Sentencia de diciembre 10 de 2002. Concede la tutela ordenando a la Red que otorgue ayuda humanitaria de emergencia con sujeción a los turnos legalmente establecidos, y al INURBE que en las 48 horas siguientes suministre la información necesaria al actor para que pueda tramitar adecuadamente su solicitud.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral. Sentencia de enero 28 de 2003. Revoca el fallo de primera instancia por considerar que el juez de tutela no puede ordenar a las autoridades públicas que lleven a cabo actos para los que no tienen los recursos necesarios, y porque no se puede romper la igualdad con los demás desplazados que están cumpliendo el procedimiento. 

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

706125

(demandante:

Hernando de Jesús Guingue)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a las entidades demandadas resolver de fondo sus peticiones y cumplir con sus obligaciones.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Si han recibido ayuda humanitaria de emergencia por una vez el 2 de julio de 2002.

Juzgado Dieciocho Penal del Circuito de Bogotá. Sentencia de diciembre 3 de 2002. Deniega la tutela por considerar que las entidades demandadas han cumplido con su deber y le han explicado al actor tanto los procedimientos a seguir como las limitaciones presupuestales existentes.

NO HUBO SEGUNDA INSTANCIA.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

706749

(demandante:

Ernesto Perdomo)

Grupo de 1 familia que pide se ordene a las entidades demandadas dar una solución a su problema.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

No han recibido ayuda humanitaria.

Tribunal Superior de Ibagué, Sala Laboral. Sentencia de diciembre 2 de 2002.  Concede la tutela ordenando a la Red que otorgue ayuda humanitaria de emergencia, y al INURBE que conteste el derecho de petición presentado por el petente. En lo demás niega la tutela. 

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral. Sentencia de enero 29 de 2003. Revoca el fallo en cuanto a la orden a la Red de entregar en 48 horas los mercados, por la limitación presupuestal y sus funciones de coordinación, y lo mantiene en cuanto a tutelar el derecho de petición, contra el INURBE.

Sala de Selección No. 3, auto de marzo 5 de 2003.

775898

(demandante: Maria Dolores Naranjo.)

Grupo de 1 familia que solicita le sea amparado su derecho a vivienda digna.

Están inscritos en el sistema de registro de desplazados.

Fueron remitidos a ONG para que sean atendidos con la ayuda humanitaria, guardando el orden o turno que le corresponde.

Juzgado 13 Civil Municipal de Cali.  Sentencia de Febrero 28 de 2003.  Niega la tutela por considerar que "no existe duda de la problemática social que vive la demandante y su núcleo familiar, dadas las condiciones infrahumanas en que estos viven y la total desprotección e indiferencia de los mismos por parte del Estado, particularmente el Municipio. En consecuencia, ORDENA : al INURBE que en un plazo de 4 meses despliegue los mecanismos necesarios para que se haga efectiva la consecución de vivienda de la accionante y su grupo familiar; al ICBF para que en 1 mes dar aplicación concreta a las políticas diseñadas por el Gobierno para la protección de  desplazados; al Municipio de Cali para que de forma inmediata dé aplicación al acuerdo 59 de 1997 en asocio con el art. 167 de la Ley 100 de 1993; y, a la Red de Solidaridad Social para que cumpla las funciones que le asigna el Dec.2569 de 2002.

Juzgado 15 Civil del Circuito de Cali.  Sentencia de abril 25 de 2003.  Revoca  la decisión de primera instancia por considerar que la acción de tutela es improcedente por no existir vulneración alguna a los derechos fundamentales enunciados por los accionantes.

Sala de Selección No. 8, auto de agosto 2 de 2003.

ANEXO 2

RESUMEN DE LAS PRUEBAS APORTADAS POR ENTIDADES PÚBLICAS Y ORGANIZACIONES.

En este anexo se resumirá la información enviada por las entidades u organizaciones que intervinieron en el presente proceso, como respuesta a la preguntas formuladas por la Sala de Revisión, respecto de la política pública de atención a la población desplazada. Este resumen se dividirá de acuerdo a las entidades u organizaciones intervinientes.  

6. Red de Solidaridad Social. 

Dentro del término correspondiente, la Red de Solidaridad Social dio respuesta a las preguntas enviadas por la Sala Tercera de Revisión y manifestó lo siguiente.  

En lo concerniente a la normatividad vigente aplicable a la atención a la población desplazada por la violencia, la Red de Solidaridad Social adjuntó un CD-ROM que contiene las leyes, decretos, circulares y acuerdos que regulan el tema en el presente. 

En cuanto a las políticas y programas de ayuda que actualmente se da a la población desplazada por la violencia, la Red de Solidaridad Social anota que de acuerdo a la normatividad vigente, dicha entidad es la coordinadora del Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada (SNAIPD). Como entidad ejecutora, la Red solamente “suministra atención humanitaria de emergencia, y alimenta de forma permanente el Registro Único de Población Desplazada, pieza fundamental para determinar quién posee la condición de desplazado y por ende los beneficios que otorgan las leyes vigentes en el tema.” Respecto de las demás materias que componen la ayuda a la población desplazada, la Red afirma haber oficiado a las entidades competentes para la ejecución de programas relacionados con dichos temas, para que sean éstas quienes respondan los interrogantes de la Corte. 

Así mismo, la Red de Solidaridad Social describe la atención humanitaria de emergencia (AHE), y la define como una “ayuda temporaria e inmediata que busca mitigar las necesidades básicas en alimentación, salud, atención sicológica, alojamiento, transporte de emergencia, elementos de hábitat interno, y salubridad pública, a través de acciones de socorro, asistencia y apoyo a la población desplazada por la violencia.” Según el organismo, a dicha ayuda tienen derecho aquellas personas que se encuentren inscritas en el Registro Único de Población Desplazada, durante un período de tres meses, prorrogables excepcionalmente por otros tres, “atendiendo criterios de disponibilidad presupuestal, vulnerabilidad, solidaridad, proporcionalidad e igualdad.” Para prestar la ayuda descrita, la Red afirma contar con los siguientes mecanismos. Primero, las Unidades de Atención y Orientación en ciudades receptoras de población desplazada medianas y grandes, “creadas bajo la dirección de las Alcaldías Municipales y con el apoyo de la Red de Solidaridad Social, son un espacio de trabajo interinstitucional en donde se planifica, atiende, organiza y articula la oferta gubernamental de atención a la población desplazada en un territorio caracterizado por concentrar un alto porcentaje de la demanda que busca el acceso a los diferentes servicios contemplados legalmente.” Este mecanismo ha sido diseñado para orientar y atender a la población desplazada individualmente, a partir de la identificación de los lugares y las “rutas de acceso” a los beneficios establecidos por la ley. Segundo, la delegación de la prestación de atención humanitaria de emergencia, a través de Organizaciones No Gubernamentales -“ONG”-. 

Por último, la Red de Solidaridad Social presta atención directa en los casos de desplazamiento masivo, (10 o más familias, o, 50 o más personas). En dichas circunstancias, los comités municipales, distritales y/o departamentales, de atención integral a la población desplazada, son convocados para definir un plan de acción, el cual identifica la infraestructura humana y material disponibles y las responsabilidades de cada entidad. Estas herramientas fueron diseñadas a partir del “plan estratégico, elaborado para llevar a cabo la gestión y atención a la población desplazada en el gobierno anterior, como una de las áreas de direccionamiento que permite satisfacer las necesidades básicas de la población desplazada como el inicio de la atención que posteriormente culminará en su restablecimiento ya sea retorno o reubicación, de acuerdo a las condiciones y caracterización de la misma.”   

De otra parte, en cuanto a los proyectos productivos a los que tiene acceso la población desplazada por la violencia, la Red de Solidaridad Social sostiene que en virtud del Acuerdo 003 de 2003, expedido en cumplimiento del Decreto 2569 de 2000, “en adelante la Red de Solidaridad Social no apalancará las iniciativas productivas con capital semilla, pues no es su función y las acciones se han encaminado hacia la gestión con el Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (FINAGRO), el cual ha abierto una línea de crédito para beneficiar, entre otras, a la población afectada por el conflicto con prioridad en la población en condición  de desplazamiento. Dicha línea posee condiciones más favorables en cuanto a tasas de interés y garantías, especialmente, que otras líneas crediticias de la misma entidad.” La red anexa una copia de la circular reglamentaria VO 07 de 2003, donde se describen las características de la mencionada línea de crédito. 

En relación con las “actividades de transformación comercio y servicios del sector urbano” el Instituto de Fomento Industrial (IFI) es la entidad responsable del financiamiento. La Red de Solidaridad Social consigna que hasta el momento, dicho organismo no ha establecido líneas de crédito para la población desplazada. También anota que el IFI está en proceso de fusión con BANCOLDEX, lo cual ha ocasionado “que no se tenga una opción real para la población que desea desarrollar alternativas de generación de ingresos urbanas”.

En cuanto a los proyectos productivos, la Red de Solidaridad Social señala que la entidad tiene la posibilidad de apoyar iniciativas de seguridad alimentaria, la cual define como la capacidad de la población desplazada de producir alimentos para su autoconsumo.  

Por último, la Red de Solidaridad Social afirma que su única función en materia de prestación de servicios de educación, salud y adjudicación de subsidios de vivienda a la población desplazada por la violencia, es “certificar la condición de desplazado por cualquier medio idóneo con el de que las entidades del sistema tengan certeza de la calidad que ostentan y se pueda atender de acuerdo  con los beneficios que establece la ley (...)

En cuanto a la pregunta acerca de las etapas requeridas para adoptar decisiones que conlleven a la prestación de los servicios a que tiene derecho la población desplazada por la violencia, las responsabilidades institucionales, el seguimiento y la coordinación interinstitucional de la Red con las demás entidades que hacen parte del SNAIPD, el interviniente respondió lo siguiente:

En primer término, la Red describió las etapas necesarias para que la población desplazada acceda a la atención humanitaria de emergencia. Culminada dicha etapa, “y en algunos casos coetánea a ésta”, la Red afirma que se inicia la etapa de estabilización y consolidación económica, “mediante la cual se busca obtener el restablecimiento de la población desplazada y su inserción en la vida productiva con el fin de obtener la cesación de la condición de desplazado”.  

Adicionalmente, la entidad mencionada contesta a la Corte que “en relación con los sistemas de seguimiento y control a las entidades del SNAIPD, los mismos corresponden a los sistemas generales de seguimiento y control establecidos legal y constitucionalmente para las entidades estatales, ejercidos por la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República.” 

Por último la Red sostiene que la coordinación con las demás integrantes del SNAIPD, se efectúa a través de “reuniones institucionales periódicas con las entidades respectivas para el tratamiento de aspectos puntuales de la atención a la población desplazada, pues existe un vacío jurídico en relación con el papel de la Red de Solidaridad Social como coordinadora del sistema, toda vez que no existe potestad legal que le otorgue la fuerza vinculante necesaria a la RSS para que las entidades miembros del SNAIPD cumplan las directrices que la RSS dispone en su papel de coordinador y no ejecutor de los diferentes programas que prestan las demás entidades del sistema.”

La Red de Solidaridad Social responde a la pregunta acerca de los trámites que debe seguir una persona desplazada para acceder a la oferta institucional, de la siguiente manera:

1. Para solicitar la inscripción en el Registro Único de Población Desplazada la persona debe acudir a la Procuraduría General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, la Personería Municipal o Distrital o cualquier despacho judicial. Cualquiera de estas autoridades debe tomar una declaración acerca de los hechos que originaron el desplazamiento y enviarla a la Red de Solidaridad Social, quien decide si se cumplen las condiciones para su inclusión en el registro de desplazados. No se incluyen en dicho registro cuando se de una declaración contraria a la verdad, cuando se deduzca que no existieron las circunstancias de hecho alegadas por el candidato, o cuando la solicitud se realice pasado un año de las circunstancias que provocaron el desplazamiento. De acuerdo al informe “el tiempo aproximado de resolución de este trámite es de 15 días hábiles contados a partir del recibo de la declaración por parte de la Red de Solidaridad Social.”

2. Para acceder a la Atención Humanitaria de Emergencia (AHE) la persona registrada, o incluida en un censo de desplazamiento masivo, debe acudir a la unidad territorial de la Red de Solidaridad Social o a una Unidad de Atención y Orientación (UAO), en donde se le indica la manera de acceder a la mencionada prestación. La Red indica que la prestación de dichas ayudas, en concordancia con la normatividad vigente, depende de la “disponibilidad presupuestal”

El monto máximo de la atención humanitaria de emergencia (AHE) prestada es: (i) Para el alojamiento transitorio, asistencia alimentaria y elementos de aseo personal, hasta una suma equivalente a 1.5 salarios mínimos mensuales legales vigentes, otorgada por espacio de tres meses (prorrogables por otros tres). (ii) Para utensilios de cocina y elementos de alojamiento, otorgados por una sola vez, hasta el 50% de un SMMLV. (iii) Para Transporte, otorgado por una sola vez, hasta una suma de 50% de un SMMLV. 

El hogar desplazado puede tener acceso a la prórroga de tres meses cuando (i) cualquiera de sus miembros presenta una incapacidad física y/o mental, parcial o total, médicamente certificada, ii) el jefe del hogar es una mujer, o un hombre mayor a 65 años, iii) alguno de sus miembros padece de una enfermedad terminal médicamente certificada, o iv), que a juicio de la Red de Solidaridad Social, y de manera excepcional, se presenta una situación cuya gravedad sea de naturaleza similar a las enunciadas en los numerales anteriores.  

Según lo que afirma la Red, la ayuda humanitaria de emergencia se presta inmediatamente después de solicitado, “siempre y cuando exista la disponibilidad presupuestal”.  

En cuanto a los trámites a seguir para acceder a los servicios de salud y educación, o al subsidio de vivienda, la Red considera que, al no ser la entidad competente para la ejecución de programas en estas materias, no posee la información detallada correspondiente. 

3. En el documento, la Red también se refiere a los datos o estadísticas solicitados por esta Sala de Revisión. Al respecto, envía a la Corte por medio magnético, datos acerca del número de personas desplazadas inscritas en el Registro. Adicionalmente, oficia al DANE para que esta entidad, al ser la competente para ello, responda las cuestiones  concernientes al número total de personas desplazadas. 

En cuanto a datos acerca de la evolución cuantitativa y cualitativa de los beneficios prestados, la Red remite a la Sala de Revisión a los informes presentados por dicha entidad al Congreso. Por último, sobre indicadores de gestión, la Red de Solidaridad Social anexa un plan operativo del 2001 y 2002, “en el cual se indican los indicadores bimestralmente” 

4. La Corte también formuló preguntas relacionadas con la evolución de las apropiaciones presupuestales y del gasto público destinados a atender a la población desplazada por la violencia. Respecto de este punto, la Red adjuntó un documento en el que se observan las apropiaciones presupuestales asignadas a la Red de Solidaridad Social en el presupuesto de gastos e inversión para atender a la población desplazada. Igualmente, remite a la Corte a la lectura de los informes presentados al Congreso. 

Así mismo, la Red anexó un informe en el que se describen las apropiaciones presupuestales y gastos para atender la población desplazada durante, las vigencias 1999, 2000, 2001, 2002 y 2003. 

5. En referencia a la cooperación internacional dirigida a la ayuda de la población desplazada por la violencia, la Red de Solidaridad Social explica que para la prestación de la atención humanitaria de emergencia  existen documentos de entendimiento con el Comité Internacional de la Cruz Roja y un acuerdo verbal efectuado con la Comunidad Habitat y Finanzas. “Con estas alianzas la Red de Solidaridad Social busca evitar la duplicidad en la atención y de esta manera poder suplir las necesidades a un mayor número de población desplazada. Cabe anotar que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) cuenta con criterios propios para determinar las personas objeto de su ayuda y la comunidad Habitat y Finanzas apoya los hogares que cumplen con los requisitos establecidos por el Gobierno Nacional, es decir a las familias inscritas en el Registro Único de Población Desplazada (SUR) y remitidas por la Red de Solidaridad Social.” 

En cuanto a la información concerniente a “las acciones desarrolladas con organizaciones internacionales a través de alianzas de cooperación” la Red remite a la Corte a los informes presentados al Congreso de la República. 

De otra parte, la Red de Solidaridad Social guarda silencio en relación con la pregunta acerca de la evolución de los montos recibidos por ayuda internacional, los mecanismos de coordinación entre las entidades colombianas y los organismos internacionales, y las herramientas de control existentes en este aspecto. 

6. Por último la Red de Solidaridad Social anexó los informes presentados al Congreso de la República en 2001 y 2002, en los cuales “se señalan las dificultades encontradas durante la gestión y atención realizada por las entidades que pertenecen al SNAIPD

 

Adicionalmente, la Red adjuntó al proceso los siguientes documentos:  

(i) Documento elaborado por la Red de Solidaridad Social, durante el segundo semestre de 2002, para el II Seminario Internacional, acerca del “Balance de las Políticas de atención a la población desplazada” y “Retos de la Política de atención integral a la población desplazada” 

(ii) “Ponencia de la Red de Solidaridad Social a la Conferencia Internacional sobre Paz y Derechos Humanos”, llevada a cabo en la ciudad de San José de Costa Rica, los días 17, 18 y 19 de Octubre de 2000. En dicho documento, la Red de Solidaridad Social afirma que “a pesar de los avances en la implementación de la política, el Estado reconoce que aún se advierten grandes carencias en la atención a la población desplazada, por múltiples razones (...).” Adicionalmente, el documento indica el número de personas inscritas en el Registro Nacional de Población Desplazada, la estimación total de la  población desplazada, el número de acciones armadas durante los últimos años, y un análisis numérico de las acciones del sistema SNAIPD.     

(iii) “Balance de la Política de Atención al Desplazamiento Interno Forzado en Colombia, 1999 – 2002”, elaborado conjuntamente por la Red de Solidaridad Social y la Oficina del Alto Comisionado De Las Naciones Unidas Para Los Refugiados. En este escrito, la Red y el ACNUR explican que durante el año 2002 el fenómeno del desplazamiento forzado se expandió territorialmente. También constata una “dramática tendencia decreciente al retorno”. Así mismo, el documento realiza un breve resumen de los logros del sistema SNAIPD en materia de “formulación y aplicación de políticas de atención a la población desplazada”, cuyos elementos pertinentes serán expuestos posteriormente en esta sentencia.  

7. Departamento Nacional de Planeación.

En respuesta a la solicitud de la Corte Constitucional, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) adjuntó copia de los siguientes documentos:

(i) Documento CONPES 3057 de 1999 titulado “Plan de acción para la prevención y atención del desplazamiento forzado”. 

(ii) Documento CONPES 3115 de 2001, “Distribución presupuestal sectorial para el cumplimiento del CONPES 3057”. 

(iii) Revista de Planeación y Desarrollo, Vol. XXX, No 3, Jul-Sept, 1999, titulada “Desplazamiento forzado por la violencia”. Esta publicación contiene varios ensayos que estudian el fenómeno del desplazamiento forzado en Colombia, y analizan algunas de las políticas estatales dirigidas a contrarrestar el problema. 

Adicionalmente, el Departamento Nacional de Planeación envió algunos datos relacionados con el presupuesto de inversión de la Red de Solidaridad Social para los años 1998 a 2003, en las que se observa la cuantificación que han hecho las distintas entidades acerca del volumen de recursos necesarios para atender los distintos componentes de la política de atención a la población desplazada, así como la insuficiente apropiación de recursos, por debajo de lo establecido, que se ha hecho de manera reiterada durante ese período. Este problema será examinado posteriormente en esta sentencia.

8. Ministerio de Hacienda y Crédito Público. 

Dentro del término para ello, el Ministro de Hacienda envió a esta Corporación un documento que describe algunas de las medidas legislativas y gubernamentales que en materia presupuestal “han permitido crear los mecanismos adecuados para atender a la población desplazada ”.

Afirma que los recursos del Fondo Nacional para la Atención a la Población Desplazada, creado como una cuenta especial por el Decreto 1547 de 1999, provienen de aportes del presupuesto nacional, de donaciones, y de recursos de cooperación internacional. 

Adicionalmente, el Ministerio anexa un cuadro que contiene los recursos asignados en el Presupuesto General de la Nación durante el período comprendido entre 1995 y 2003, destinados a atender a la población desplazada. En relación con dicho cuadro, previene que “dicha información es parcial, y corresponde solo a aquella que se puede identificar explícitamente en la base de datos del sistema de la Dirección General de Presupuesto del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, por cuanto que en la aplicación de la política sobre prevención y atención de los fenómenos de desplazamiento concurren diversas entidades integrantes del SNAIPD. En el curso de la vigencia, estos órganos realizan las operaciones presupuestales necesarias para el cumplimiento de sus funciones y parte importante de las mismas atiende poblaciones afectadas por el desplazamiento forzado.” 

Igualmente, el Ministro de Hacienda aclara que la ejecución de los recursos asignados a la población desplazada está en cabeza de cada uno de los organismos. De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 110 del Estatuto Orgánico del Presupuesto, los órganos que constituyen una sección del presupuesto gozan de autonomía presupuestal, por lo que son competentes para contratar, comprometer los recursos que consideren convenientes y ordenar el gasto necesario para atender a la población desplazada por la violencia.  

9. Ministerio de Educación Nacional 

Dentro del término legal, la Directora de Apoyo a la Gestión Educativa Territorial del Ministerio de Educación, respondió a la Corte las preguntas formuladas por la Sala Tercera a dicha entidad. La respuesta del Ministerio de Educación se resume en las siguientes líneas: 

1. En cuanto a las políticas y programas actuales para atender las necesidades de educación de los desplazados, el Ministerio respondió que “el Programa de Atención a la Población en Edad Escolar Desplazada (...) adelanta diferentes estrategias y acciones encaminadas a lograr el cumplimiento de los objetivos propuestos en los lineamientos de política del programa.” 

2. En relación con la descripción de los trámites que la población desplazada en edad escolar debe realizar para acceder a los programas educativos, el Ministerio contestó que “el Decreto 2562 del 27 de Noviembre de 2001 resuelve  lo solicitado en este numeral.

3. En lo concerniente a los indicadores de gestión actualmente disponibles y aplicados por el Ministerio de Educación a las políticas de atención a la población desplazada, dicha entidad adujo que “para adelantar las diferentes estrategas para atender a la población escolar desplazada [el Ministerio] se basa en información suministrada por la Red de Solidaridad Social –sistema único de registro-, con base en dicha información prioriza los municipios mayores receptores de población, establece criterios como la relación entre la matrícula total pública y privada y el número de niños desplazados ubicados en las ciudades intermedias y municipios que hacen parte de programas de retorno y zonas de rehabilitación.

4. La Corte preguntó al Ministerio de Educación por la evolución de las apropiaciones presupuestales y el gasto público enfocados a las políticas educativas de la población desplazada por la violencia. Al respecto, la entidad afirmó que ha venido desarrollando, en conjunto con las secretarías de educación, programas de “ampliación de cobertura (...). Es de tener en cuenta, que la asignación por un niño promedio nacional en 1997 era de $543.550 y para el año 2002 era de $822.000. Para ilustrar esta información se calcula que actualmente Bogotá atiende con recursos propios aproximadamente 22.000 niños y niñas en situación de desplazamiento, con una inversión de $18.084 millones. En las demás entidades territoriales se apropian recursos de acuerdo con sus posibilidades y necesidades.” 

5. En cuanto a la ayuda internacional recibida con el fin de apoyar las labores de educación escolar de la población desplazada, el Ministerio afirma que “en el año 2000, la UNESCO aprobó un proyecto para la realización del documental sobre la propuesta pedagógica “Escuela y Desplazamiento”, por un valor de 45 millones de pesos. Así mismo, en el año 2001 la UNESCO aprobó tres proyectos, por un valor cada uno de $55 millones de pesos, los cuales se enumeran a continuación: (i) Capacitación en valores a través de la estética –Cajita de Música, (ii) Educación básica, Metodología CAFAM, Cundinamarca, (iii) capacitación de docentes Costa Atlántica en la propuesta “Escuela y Desplazamiento”. Los tres proyectos se encuentran bajo ejecución en el presente. Adicionalmente, el Ministerio de Educación afirma que en el año 2001 la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó la investigación “Diseño y Validación de una propuesta de Capacitación a Docentes que atienden en Educación Básica a Niños, Niñas y Jóvenes desvinculados del Conflicto Armado”, por un valor de US $65.000 dólares. 

6. En cuanto a la pregunta número 5 formulada por la Corte, el Ministerio afirma que acerca de las necesidades respecto de las cuales el Ministerio no haya obtenido atención satisfactoria de autoridades nacionales, “no existe información”.   

De otra parte, el Ministerio adjuntó (i) un listado de los recursos destinados para la atención de la población desplazada en materia de educación escolar, entre los años 1997 y 2003. (ii) Una circular conjunta dirigida a la secretaría de educación, suscrita por el Ministro de Educación y el director de la Red de Solidaridad Social, que en virtud de la Ley 387 y el Documento CONPES 3057/99, señala el procedimiento para que las secretarías asignen cupos a los menores desplazados aspirantes a educación. (iv) Un cuadro en el cual se observa la planificación de la inversión de los rezagos de 2002. (v) El ministerio también envía un documento elaborado por el Programa de Atención a la población escolar desplazada, llamado “Política para la atención a la escolar población desplazada”. 

10. Ministerio de la Protección Social

Dentro del término legal para ello, Claudia Janeth Wilches Rojas, en representación del Ministerio de la Protección Social, dio respuesta al requerimiento de la Sala Tercer de Revisión en los siguientes términos: 

1. En relación con las políticas y programas actuales en materia de salud y programas de empleo, el ministerio se refirió a las estrategias que el Gobierno Nacional ha adoptado para disminuir el desempleo, dentro de las cuales se encuentran la disminución del déficit fiscal, la promoción de las exportaciones, o la disminución de los costos laborales. El Ministerio no se pronunció acerca de programas de generación de empleo,  cuya beneficiaria sea específicamente a la población desplazada. Tampoco se refirió a políticas en materia de salud. 

2. La Corte preguntó al Ministerio de la Protección Social acerca de los trámites que debe seguir una persona desplazada para acceder a la oferta institucional. Como respuesta, el Ministerio hizo una descripción general de las diferentes etapas de la ayuda a la población desplazada por la violencia, es decir, la inscripción en el Registro Único, la atención humanitaria de emergencia (AHE), y los diferentes proyectos relacionados con la estabilización económica. El Ministerio resumió cuáles son las diferentes entidades competentes para la prestación de la ayuda. No se refirió a funciones propias de dicha entidad en la materia. 

3. La Corte también le solicitó al Ministerio de Protección Social información acerca de los indicadores de gestión aplicados para evaluar las políticas de ayuda a la población desplazada por la violencia. Como respuesta, la entidad mencionada adjuntó una matriz de indicadores de generación de empleo en el ámbito general, sin detenerse en las políticas de ayuda laboral a la población desplazada. 

4. El Ministerio de la Protección Social se abstuvo de responder la pregunta referente a la evolución de la apropiación presupuestal y los gastos destinados a la ayuda de la población desplazada por la violencia. 

5. De otra parte, la Corte pidió al Ministerio información acerca de la ayuda prestada por la comunidad internacional en materia del fenómeno del desplazamiento forzado. Dicha entidad respondió que “el Ministerio de la Protección Social, sobre programas en atención a la población desplazada en materia de empleo y reinserción laboral, no recibe ayuda de la comunidad internacional”. 

En relación con programas de salud, el anterior Ministerio de Salud suscribió dos convenios de cooperación con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). El primero, tuvo una duración de 12 meses desde agosto de 2001 al mismo mes de 2002 y tenía como objetivo “desarrollar programas de salud, dirigidos a atender a la población desplazada” en varios departamentos del territorio nacional. El valor de dicho Convenio fue de $ 690 millones de pesos. Cubrió una multiplicidad de proyectos, dentro de los que se destacan jornadas de vacunación, fortalecimiento de la atención en salud a la población desplazada, atención de factores de riesgo psicosocial, y capacitación a personal en el sector salud encargado de ayudar a la población desplazada. El segundo convenio que se ejecuta en el presente, “tiene como objeto desarrollar proyectos de salud de las poblaciones desplazada y receptora” en varios departamentos del territorio nacional. Tiene un valor de 400 millones de pesos.  

11. Instituto Nacional de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana (Inurbe). 

De manera oportuna, el Inurbe respondió la solicitud de pruebas de esta Sala anexando los siguiente documentos: (i) Informe ejecutivo que describe la atención y las etapas para el acceso a los beneficios en materia de vivienda por parte de los hogares desplazados. (ii) Legislación vigente dirigida al otorgamiento y administración del subsidio familiar de vivienda para la población desplazada por la violencia. (iii) Cuadro que expone la cantidad de subsidios de vivienda familiar otorgados entre los años 2001 y 2002. 

Adicionalmente, el Inurbe afirma que “en cuanto a la pregunta sobre la evolución de las apropiaciones presupuestales y del gasto público destinado a la población desplazada, no es posible responderla dado que no somos la entidad competente para hacerlo.” 

El Inurbe se abstuvo de dar respuesta a las preguntas número 3, 5, 6 y 7 hechas por la Corte. 

12. La Defensoría del Pueblo

Por su parte, la Defensoría del Pueblo envió a la Corte la Evaluación de la política pública en procesos de restablecimiento de la población desplazada, educación salud, vivienda, tierras y proyectos productivos, publicada en el mes de Febrero de 2003. Dicho documento realiza un seguimiento de las políticas tendientes a restablecer o proteger los derechos humanos de la población víctima del desplazamiento forzado y hace recomendaciones para corregir las falencias detectadas. 

13. Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. 

Francisco Galindo Vélez, Representante Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), envió un memorial en el cual explicó el punto de vista de dicha organización acerca de las políticas estatales de atención a la población desplazada. Sus planteamientos también fueron valorados en las consideraciones y fundamentos de esta sentencia. En esencia, en el memorial se dice que “(...) la magnitud del desplazamiento no guarda relación con el esfuerzo financiero y fiscal que realiza el Estado colombiano, y que, dada la tendencia creciente del fenómeno, es necesario identificar mecanismos para evitar que la brecha entre la demanda y la respuesta con sus inmensurables costos humanos, políticos, sociales y económicos se siga ampliando.” 

14. Pastoral Social

En respuesta a la solicitud de esta Sala, Pastoral Social envió a la Corte el documento titulado “Sistematización y Alianzas Estratégicas en el Reasentamiento de la Población Desplazada por la Violencia  en Colombia” realizado por la sección de movilidad humana del Secretariado Nacional de dicha organización, en convenio con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Dicho trabajo es un estudio de tipo cualitativo, desarrollado principalmente a través de grupos de discusión con diferentes actores involucrados en el fenómeno del desplazamiento forzado, de la situación de la población desplazada que se encuentra en Montes de María (Departamento del Bolívar), Juradó (Departamento del Chocó) y Neiva-Pitalito (Departamento del Huila). El estudio se basa en las especificidades sociales, culturales, políticas y económicas de cada una de las comunidades  analizadas. En lo pertinente, también fue valorado por la Corte en las consideraciones y fundamentos de esta sentencia.

ANEXO 3

LOS DEBERES DEL ESTADO EN RELACIÓN CON LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LAS PERSONAS EN SITUACIÓN DE DESPLAZAMIENTO, SEGÚN LOS PRINCIPIOS RECTORES DEL DESPLAZAMIENTO FORZADO INTERNO (1998).

15. Los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado Interno como documento de compilación e interpretación de obligaciones internacionales del Estado colombiano. 

Uno de los documentos de mayor importancia para interpretar y precisar el alcance de los derechos que tienen las personas en situación de desplazamiento, así como las obligaciones correlativas de las autoridades en relación con su protección, es la compilación de los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado Interno, elaborada por el Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para el Desplazamiento Interno con base en un estudio exhaustivo de las disposiciones jurídicas internacionales que amparan a este grupo poblacional. 

Estos Principios, que en esencia (i) compendian lo dispuesto sobre desplazamiento interno en el derecho internacional de los derechos humanos, en el derecho internacional humanitario y –por analogía- en el derecho internacional de los refugiados, y (ii) contribuyen a la interpretación de las normas que hacen parte de este sistema de protección, fueron caracterizados así: "los Principios Rectores tienen por objeto tratar las necesidades específicas de los desplazados internos de todo el mundo, determinando los derechos y garantías necesarios para su protección. Los principios reflejan y no contradicen la normativa internacional de derechos humanos y el derecho humanitario internacional. Reafirman las normas aplicables a los desplazados internos, que se encuentran sumamente dispersas en los instrumentos existentes, esclarecen las ambigüedades que puedan existir y tratan de colmar las lagunas identificadas en la compilación y análisis. Se aplican a las diferentes fases de los desplazamientos, ya que conceden protección contra los desplazamientos arbitrarios, proporcionan acceso a la protección y asistencia durante los desplazamientos y garantías durante el regreso o el asentamiento y la reintegración sustitutivos.”  

El valor de los Principios Rectores en tanto documento de interpretación del derecho internacional existente en materia de desplazamiento interno, ha sido reafirmado por múltiples organismos e instancias internacionales, que han recomendado su aplicación por parte de las diversas autoridades de los Estados en los que se presente tal problema –tales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Comisión de Derechos Humanos del Consejo Económico y Social de la Organización de Naciones Unidas, el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, la Organización de la Unión Africana, la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, la Organización del Commonwealth y diversos gobiernos. De hecho, la importancia de este documento para el ordenamiento jurídico nacional, así como la naturaleza vinculante de algunas de las disposiciones de derecho internacional que se encuentran reflejadas e interpretadas en él (art. 93, C.P.), han sido resaltadas por la jurisprudencia de esta Corporación en sucesivas oportunidades –a saber, en las sentencias SU-1150 de 2000, T-327 de 2001, T-098 de 2002, T-268 de 2003, T-419 de 2003 y T-602 de 2003. 

Como se puede apreciar, la Corte Constitucional ha llegado incluso a considerar que algunas de las disposiciones contenidas en los principios forman parte del bloque de constitucionalidad, y ha precisado que recogen las obligaciones internacionales del Estado colombiano en virtud de distintos tratados en materia de derechos humanos y derecho internacional humanitario, tales como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la Convención de los Derechos del Niño, la Convención sobre la Eliminación de toda Forma de Discriminación contra la Mujer, la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José, el artículo 3° Común de los Convenios de Ginebra y el Protocolo II Adicional a los Convenios de Ginebra.

Antes de proceder a la descripción sucinta del contenido de este documento, la Sala considera necesario precisar que las personas en situación de desplazamiento, en tanto ciudadanos colombianos, son titulares de todos los derechos constitucionales que amparan a las personas que se encuentren en territorio nacional, de conformidad con la Carta. En esa medida, la condición de desplazado no equivale a un status jurídico diferencial que haga a quienes la detentan titulares de un régimen especial de derechos. Sin embargo, dadas sus especiales circunstancias de vulnerabilidad y debilidad, los derechos constitucionales que les garantiza la Carta Política adquieren manifestaciones específicas que pretenden responder a las particularidades de su condición. Es esta la perspectiva desde la cual se debe abordar la aplicación e interpretación de los Principios Rectores en comento.

1.1.  En la Introducción a los Principios, que delimita su campo de aplicación y su objeto, se precisa lo siguiente:

Los Principios buscan atender las necesidades particulares de las personas en situación de desplazamiento, identificando los derechos y garantías que son relevantes tanto para la prevención de tal fenómeno, como para la protección de quienes lo sufren, tanto durante el desplazamiento como al momento de reintegrarse o restablecerse en otro entorno.

Para efectos de los Principios Rectores, los desplazados internos son aquellas personas, o grupos de personas, que han sido forzados u obligados a huir o abandonar sus hogares o sus sitios de residencia habitual sin cruzar una frontera internacional, en particular cuando ello obedezca a los efectos de un conflicto armado, una situación generalizada de violencia, violaciones a los derechos humanos, o desastres de origen natural o humano. 

Los Principios son un reflejo del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario; su objetivo es proveer una guía de acción para (1) el representante del Secretario General de las Naciones Unidas sobre personas en situación de desplazamiento interno, (2) los Estados que deban afrontar este fenómeno, (3) todas las demás autoridades, grupos o personas que tengan relación con desplazados, y (4) las organizaciones internacionales y las Organizaciones No Gubernamentales que se ocupen del asunto.

1.2. La Sección I del documento que se reseña establece cuatro Principios Generales aplicables a la situación de desplazamiento interno. 

1.2.1. El primero de ellos (Principio 1) incluye (1) una garantía de igualdad para las personas en situación de desplazamiento, las cuales gozarán de los mismos derechos y libertades que el ordenamiento jurídico nacional e internacional concede a las demás personas que se encuentren en el mismo país, y son por lo mismo titulares de una garantía expresa en contra de cualquier tipo de discriminación basada en su condición de desplazados, que pueda afectar el ejercicio de dichos derechos y libertades; y (2) una aclaración expresa sobre el hecho de que la aplicación de los Principios Rectores no afectará la obligación de declarar y sancionar la responsabilidad penal individual a la que pueda haber lugar bajo las normas internacionales aplicables, en particular las que se refieren al genocidio, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra. Es de anotar, nuevamente, que ello no obsta para que los Estados adopten medidas de acción afirmativa a favor de los desplazados, en atención a sus condiciones de especial debilidad, vulnerabilidad e indefensión.

1.2.2. En el Principio 2 se deja sentado que (1) los Principios Rectores deberán ser observados por todas las autoridades, grupos y personas, sin efectuar distinciones adversas entre sus beneficiarios, y sin que incida para ello el status jurídico de la autoridad, grupo o persona en cuestión, el cual tampoco será afectado por el cumplimiento de las normas que allí constan; y que (2) los Principios Rectores no pueden ser interpretados en forma tal que restrinjan, modifiquen o afecten lo dispuesto en cualquier instrumento de derechos humanos o de derecho internacional humanitario, como tampoco el alcance de los derechos que el ordenamiento nacional correspondiente confiera a las personas que se encuentren en su territorio. En particular, se especifica que la aplicación de los Principios Rectores no afecta el derecho de pedir y disfrutar de asilo en el extranjero. 

1.2.3. El Principio 3 contiene una doble garantía de especial importancia para los casos bajo revisión, al disponer que (1) son las autoridades nacionales quienes tienen a su cargo la responsabilidad primordial de proveer protección y asistencia humanitaria a las personas en situación de desplazamiento interno que se encuentren en sus territorios, y (2) los desplazados tienen derecho a pedir y recibir protección y asistencia humanitaria de parte de tales autoridades nacionales, por lo cual no podrán ser perseguidos o castigados.

El alcance de ambas garantías ha sido precisado con detalle por la jurisprudencia constitucional. Así, en relación con la primera se ha explicado que es un deber básico del Estado colombiano atender al grave problema nacional de desplazamiento interno, que dicho deber recae primordialmente sobre la Rama Ejecutiva y en especial a nivel nacional, aunque no por ello exonera a las entidades territoriales de ejercer sus funciones en la materia, que para cumplir con él las autoridades tienen instrumentos ordinarios y extraordinarios a su disposición, y que además las autoridades están obligadas a promover el respeto de la población civil por parte de todos los actores armados y el cese del conflicto armado, con miras a prevenir el desplazamiento. En relación con la segunda, la Corte ha delimitado el alcance del derecho de petición de las personas en situación de desplazamiento, y ha precisado que su respeto es necesario para la satisfacción de los diversos derechos constitucionales comprometidos por tales condiciones.

1.2.4. El Principio 4 establece (1) una prohibición de cualquier tipo de discriminación en la aplicación de los Principios Rectores, y (2) una garantía de protección y asistencia especiales para ciertas categorías de desplazados internos, tales como los niños –en particular los que no estén acompañados por un adulto?, las mujeres embarazadas, las madres de niños pequeños, las mujeres cabeza de familia, las personas discapacitadas y las personas de avanzada edad, a cuyas necesidades especiales las autoridades habrán de prestar especial atención.

Respecto de la primera garantía, se reitera lo arriba dicho sobre el desarrollo que la jurisprudencia constitucional ha dado al principio de igualdad en materia de desplazamiento interno. En cuanto a la segunda, es de anotar que en reciente decisión la Corte precisó el alcance de la protección reforzada de la que son acreedores los sujetos de especial protección constitucional en situaciones de emergencia, tales como las madres cabeza de familia o los niños en condiciones de desplazamiento como consecuencia del conflicto armado.

1.3. Los principios contenidos en la Sección II del instrumento se refieren a criterios para la prevención del desplazamiento interno y a la protección de las personas frente al riesgo de sufrir dicho desplazamiento. 

1.3.1. El primer principio de este grupo, el Principio 5, dispone que todas las autoridades y actores internacionales deberán respetar –y hacer respetar- las obligaciones impuestas por el derecho internacional en todas las circunstancias, en particular el derecho internacional de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, en forma tal que su aplicación permita prevenir y evitar las condiciones que pueden conducir eventualmente a un desplazamiento poblacional. 

1.3.2. El Principio 6 consagra (1) el derecho de todo ser humano a ser protegido frente al riesgo de ser desplazado arbitrariamente de hogar o su lugar de residencia habitual, y (2) una especificación precisa de ciertos tipos de desplazamiento que quedaron expresamente cobijados por dicha prohibición, a saber (a) los que se basen en políticas de apartheid, “limpieza étnica” o prácticas similares que pretendan o traigan como consecuencia la alteración de la composición étnica, religiosa o racial de la población afectada; (b) los que se presenten en situaciones de conflicto armado, a menos que tales desplazamientos obedezcan a la preservación de los civiles involucrados o a razones militares imperativas; (c) los que sean causados por proyectos de desarrollo de gran escala, que no se encuentren justificados por motivos de interés público serios y prevalecientes; (d) los que se efectúen en casos de desastre o calamidad, a menos que la seguridad y salud de las personas afectadas haga necesaria su evacuación; y (e) los que se impongan como forma de castigo colectivo. En cualquier caso, (3) se establece expresamente que en los casos en que el desplazamiento sea necesario y lo permita el derecho internacional, no podrá durar más del tiempo estrictamente requerido por las circunstancias; es decir, se enfatiza la naturaleza transitoria de los –excepcionales? desplazamientos poblacionales lícitos.

1.3.3. El Principio 7 que regula en detalle las condiciones para la realización de desplazamientos poblacionales lícitos por parte de las autoridades. Establece lo siguiente: 

(1) Con anterioridad a cualquier decisión que implique el desplazamiento de personas, las autoridades competentes deberán haberse asegurado de que todas las alternativas viables sean exploradas cuidadosamente con miras a evitar, en lo posible, que tal desplazamiento se produzca. Cuando no exista alternativa viable a disposición de dichas autoridades, deberán adoptarse todas las medidas necesarias para minimizar el desplazamiento que se causar, así como sus impactos negativos sobre la población afectada.

(2) Las autoridades que lleven a cabo el desplazamiento en cuestión deberán asegurar, en la medida de lo posible, que se provea una acomodación apropiada a las personas desplazadas, que los desplazamientos se efectúen en condiciones satisfactorias de seguridad, nutrición, salud e higiene, y que en todo caso se respete la unidad familiar, esto es, que los miembros de una misma familia no sean separados. 

(3) En los casos de desplazamientos efectuados en situaciones distintas a las etapas de emergencia de conflictos armadas o desastres, deberán respetarse las siguientes garantías adicionales:

? Los desplazamientos deberán estar precedidos por una decisión específica de una autoridad con competencia legal para ello;

? Deben adoptarse las medidas necesarias y adecuadas para garantizar que quienes vayan a ser desplazados sean plenamente informados sobre las razones del desplazamiento, el procedimiento a seguir, y, cuando ello sea aplicable, la compensación y la reubicación a las que haya lugar;

? Deberá lograrse el consentimiento libre e informado de las personas que vayan a ser desplazadas;

? Las autoridades competentes deberán esforzarse especialmente por involucrar a las personas afectadas en los procesos de planeación y administración del proceso de reubicación, en particular a las mujeres;

? Deberán adoptarse todas las medidas ejecutivas y administrativas a las que haya lugar por parte de las autoridades competentes; y

? En todo caso habrá de respetarse el derecho a obtener un medio de defensa eficaz frente a las decisiones adoptadas en relación con el desplazamiento, en particular ante las autoridades judiciales.

1.3.4. El Principio 8 establece que los desplazamientos no podrán llevarse a cabo de forma tal que se desconozcan los derechos a la vida, la dignidad, la libertad y la seguridad de las personas afectadas. En cualquier caso, el Legislador colombiano declaró que estos derechos ya se han violado, y se continúan violando, en el contexto del país al definir quienes son los desplazados (artículo 1, Ley 387 de 1997).

1.3.5. En virtud del Principio 9, existe una obligación especial en cabeza de los Estados, consistente en proteger a los grupos indígenas, las minorías, los campesinos, los grupos pastorales y otras agrupaciones que tengan una especial dependencia o apego a su territorio, del riesgo de ser desplazados del mismo. 

La relevancia de este principio para el caso concreto es evidente, no sólo porque existen algunos miembros de grupos étnicos –pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas- entre los peticionarios, sino porque frente a los miembros de estos grupos existen claras obligaciones no sólo nacionales, sino también internacionales para el Estado Colombiano, derivadas –entre otras- del Convenio 169 de la OIT sobre protección de pueblos indígenas y tribales. Esta obligación internacional, y su importancia frente a los indígenas o a los miembros de comunidades afrocolombianas desplazados por la violencia, ha sido reconocida en anteriores oportunidades por la jurisprudencia de esta Corporación.

1.4. La Sección III de los Principios Rectores consagra aquellos relativos a la protección de las personas desplazadas durante el período de su desplazamiento. 

1.4.1. El principio que encabeza este grupo, es decir, el Principio 10, enuncia algunas reglas específicas sobre la protección del derecho a la vida de las personas en condición de desplazamiento interno, así:

(1) Se reconoce el derecho a la vida como una garantía inherente a todo ser humano, que deberá ser protegido por la ley; se especifica que nadie podrá ser privado de su vida, y que las personas en situación de desplazamiento interno deberán recibir una protección especial frente a (a) el genocidio, (b) el homicidio, (c) las ejecuciones sumarias o arbitrarias, y (d) los desaparecimientos forzados, incluyendo las abducciones y las detenciones secretas o irregulares que amenacen con causar, o traigan como resultado, la muerte de la persona afectada. Se dispone también que las amenazas de cometer cualquiera de los anteriores actos, así como la incitación a cometerlos, deberán ser prohibidos.

(2) Se prohíben, en toda circunstancia, los ataques y cualquier otro tipo de actos violentos contra personas desplazadas que no participen en las hostilidades, o que hayan dejado de participar en ellas. Se precisa que las personas desplazadas deberán recibir protección especial de las autoridades contra (a) ataques directos o indiscriminados, o cualquier otro acto de violencia, incluida la creación de áreas o zonas dentro de las cuales se toleren los ataques a la población civil; (b) el hambre como método de combate; (c) ser utilizados como escudos para proteger objetivos militares de ataques, o para escudar, favorecer o impedir operaciones militares; (d) ataques contra sus campos o asentamientos; y (e) el uso de minas antipersonales. 

1.4.2. El Principio 11 protege los derechos de los desplazados a la dignidad y a la integridad física, psicológica y moral. Establece lo siguiente:

(1) Una formulación genérica del derecho de todo ser humano a la dignidad y a la integridad física, psicológica y moral.

(2) Una garantía de protección especial a favor de los desplazados, independientemente de que se haya restringido o no su libertad física, contra los siguientes actos: (a) los delitos sexuales, la mutilación, la tortura, los tratos crueles, inhumanos o degradantes y cualquier otro asalto a la dignidad personal, tales como los actos de violencia de género, la prostitución forzada o cualquier tipo de ataque contra la dignidad y el pudor de la persona; (b) la esclavitud, incluyendo las diversas formas de esclavitud contemporáneas, tales como la venta para matrimonio, la explotación sexual o la explotación laboral de los niños; y (c) los actos de violencia dirigidos a causar terror entre la población desplazada. Al igual que el Principio 10, se dispone que las amenazas de cometer cualquiera de estos actos, así como la incitación a cometerlos, deberán quedar prohibidos. 

1.4.3. De conformidad con el Principio 12, deben garantizarse los derechos de la población desplazada a la libertad y la seguridad. Las garantías específicas consagradas a este respecto por el Principio en comento, son las siguientes:

(1) Todo ser humano tiene derecho a la libertad y a la seguridad personal. No podrán realizarse detenciones o arrestos arbitrarios.

(2) Las personas desplazadas no podrán ser internadas ni confinadas en campos. Si tal internamiento resulta absolutamente necesario en circunstancias excepcionales, no podrá durar más del tiempo estrictamente requerido por dichas circunstancias. 

(3) Las personas desplazadas deberán ser protegidas frente a arrestos o detenciones discriminatorias, que se hayan llevado a cabo como resultado de su desplazamiento.

(4) Las personas desplazadas no podrán ser tomadas como rehenes en ningún caso.

1.4.4. El Principio 13 consagra una protección especial frente al reclutamiento forzoso por parte de cualquiera de las partes en conflicto, y en particular (1) protege a los niños frente al reclutamiento forzoso, que no podrá llevarse a cabo en ninguna circunstancia, como tampoco se podrá exigir ni permitir a los niños que tomen parte en las hostilidades, y (2) protege a las personas desplazadas frente a las prácticas discriminatorias de reclutamiento que lleve a cabo cualquier fuerza armada o grupo con base en su condición de desplazamiento, precisando que queda prohibido cualquier tipo de prácticas crueles, inhumanas o degradantes que busquen forzar el reclutamiento o castigar a quienes se nieguen a alistarse.

1.4.5. El Principio 14 protege la libertad de locomoción de los desplazados, tanto (1) en términos genéricos, expresando que toda persona desplazada tiene derecho a circular libremente y a elegir libremente su lugar de residencia, como (2) en relación específica con los campos u otros asentamientos de personas desplazadas, de los cuales éstas podrán entrar y salir libremente.

1.4.6. Por mandato del Principio 15, los desplazados tienen derecho a (a) buscar condiciones de seguridad en otra parte del país, (b) salir de su país, (c) buscar asilo en otro país, y (d) ser protegidos de ser forzados a regresar o a reasentarse en cualquier lugar en donde su vida, su seguridad, su libertad y/o su salud puedan estar en riesgo.

1.4.7. El Principio 16 consagra disposiciones de gran importancia para proteger los derechos a la verdad y a la unidad familiar de los desplazados. Dispone lo siguiente:

(1) Todas las personas en situación de desplazamiento tienen derecho a conocer el destino y el paradero de sus familiares respecto de quienes no tenga información.

(2) Las autoridades competentes deberán esforzarse por establecer el destino y el paradero de personas desplazadas que hayan sido reportadas como ausentes, y habrán de cooperar con las organizaciones internacionales relevantes que tomen parte en dicha tarea. También deberán informar a los parientes más próximos sobre los progresos de la investigación, y notificarles cualquier resultado.

(3) Las autoridades competentes deberán esforzarse por recoger e identificar los restos mortales de los desplazados que hayan muerto, prevenir su despojo, ultraje o mutilación, y facilitar su devolución a los parientes más próximos de la persona fallecida, o cuando ello no sea posible, disponer respetuosamente de ellos.

(4) Las tumbas o lugares de entierro de las personas desplazadas deben ser objeto de especial protección y respeto en cualquier circunstancia. Las personas desplazadas tienen derecho de acceder a las tumbas o los lugares donde se encuentren los restos mortales de sus parientes muertos.

Es importante anotar que la jurisprudencia constitucional colombiana se pronunció recientemente sobre el derecho a la verdad que se deriva de la condición de desplazado y su alcance en el orden constitucional, así como el de otros derechos igualmente derivados de dicha condición: la justicia, la reparación y el retorno. 

1.4.8. El Principio 17 protege específicamente el derecho a la familia y a la unidad familiar de los desplazados. Allí se dispone que (1) en general, todo ser humano tiene derecho a que su vida familiar sea respetada; (2) para que este derecho sea efectivo en relación con las personas que se encuentran en situación de desplazamiento interno, deberá permitirse que los miembros de una misma familia que así lo deseen permanezcan juntos; (3) las familias que sean separadas como consecuencia del desplazamiento deberán ser reunidas tan pronto como sea posible, y se deberán tomar todos los pasos necesarios para agilizar su reunión, en especial cuando haya niños involucrados; para este propósito, las autoridades competentes deben facilitar las investigaciones efectuadas por los miembros de familias dispersas, así como estimular y cooperar con las labores de las agencias y organizaciones humanitarias dedicadas a facilitar la reunificación familiar; y (4) los miembros de familias desplazadas cuya libertad personal haya sido limitada por haber sido internados o confinados en campos, tendrán derecho a permanecer unidos. El derecho a la familia y a la unidad familiar de las personas desplazadas ya ha sido aplicado por esta Corporación en oportunidades pasadas. 

1.4.9. El Principio 18 consagra (1) el derecho de los desplazados a un nivel adecuado de vida, y (2) especifica que como mínimo, independientemente de las circunstancias y sin discriminación, las autoridades competentes deben proveer a las personas desplazadas, así como asegurar el acceso seguro de las mismas, a (a) alimentos esenciales y agua potable, (b) acomodación, refugio y vivienda básicos, (c) vestidos apropiados, y (d) servicios médicos y sanitarios esenciales. También (3) se dispone que las autoridades deberán realizar esfuerzos especiales para garantizar la participación plena de las mujeres en condición de desplazamiento en la planeación y la distribución de estas prestaciones básicas. 

1.4.10. De conformidad con el Principio 19, el derecho a la salud de los desplazados deberá ser protegido por las autoridades. En esa medida, se establece lo siguiente:

(1) Todas las personas desplazadas que se encuentren heridas o enfermas, así como las que sufran de discapacidades, deberán recibir, en la máxima medida y con la mínima demora posibles, el cuidado y la atención médicas que requieran, sin efectuar distinción alguna que no esté basada en un criterio médico. También tienen derecho, cuando ello sea necesario, a acceder a servicios psicológicos y sociales.

(2) Debe prestarse especial atención a las necesidades de salud de las mujeres, incluyendo el acceso a los prestadores de servicios de salud especializados, incluyendo el cuidado de la salud reproductiva, así como a la orientación y apoyo que requieran en caso de abusos de tipo sexual u otros similares.

(3) También debe prestarse especial atención a la prevención de las enfermedades contagiosas e infecciosas, incluido el SIDA, entre la población desplazada.

La Corte Constitucional también se ha pronunciado en algunas oportunidades sobre el derecho de las personas desplazadas a la salud.

1.4.11. El Principio 20 consagra (1) el derecho de todo ser humano a ser reconocido como persona jurídica en todo lugar, y (2) la necesidad de que para hacer efectivo este derecho en cabeza de las personas desplazadas, las autoridades competentes expidan todos los documentos que sean necesarios para el disfrute de sus derechos, tales como pasaportes, documentos de identificación personal, certificados de nacimiento y certificados de matrimonio. En particular, se especifica que las autoridades deberán facilitar la expedición de nuevos documentos, o la reposición de los documentos que se hayan perdido en el curso del desplazamiento, sin imponer para ello condiciones irrazonables, tales como exigir el retorno al área de residencia habitual para obtener los documentos requeridos. También (3) se especifica que existe igualdad de derechos entre hombres y mujeres para obtener los documentos necesarios en cuestión, así como para que se expida tal documentación con el nombre propio del solicitante.

La importancia de este principio para los casos que se estudian es central. De hecho, el problema de la documentación, la “certificación” y el registro de las personas en situación de desplazamiento ha sido objeto de múltiples pronunciamientos por parte de esta Corporación, a los que se hace referencia en otros apartes de esta providencia. Por ejemplo, la Corte ha expresado que las autoridades encargadas de las funciones de registro de la población desplazada deben (i) hacer uso de criterios de interpretación sistemática, teleológica y favorable al desplazado al momento de aplicar las normas sobre identificación personal de los afectados por el desplazamiento, en forma tal que no se impongan requisitos puramente formales o innecesarios, tales como la certificación por una autoridad para acceder al registro en cuestión, especialmente cuando hay niños de por medio, (ii) tomar en cuenta las condiciones y los antecedentes de la población desplazada al momento de exigir requisitos probatorios y de identificación para efectos de registro, y (iii) aplicar la presunción constitucional de buena fe a los desplazados que acudan a sus despachos solicitando la asistencia que requieren, en especial en lo atinente a la prueba de los hechos constitutivos del desplazamiento.

1.4.12. En virtud del Principio 21, (1) las personas desplazadas deben ser protegidas frente a toda privación arbitraria de su propiedad y sus posesiones, las cuales (2) deberán ser especialmente protegidas en todas circunstancias contra los siguientes actos: (a) pillaje, (b) ataques directos o indiscriminados, u otros actos de violencia, (c) uso como escudos para operaciones u objetivos militares, (d) ser objeto de represalias, y (e) ser destruidos o ser objeto de apropiación ajena como forma de castigo colectivo. También se expresa que las propiedades y posesiones que los desplazados dejen tras sí como consecuencia del desplazamiento deberán ser protegidas contra la destrucción y la apropiación, ocupación o uso arbitrarios e ilegales. 

1.4.13. El Principio 22 protege a las personas en situación de desplazamiento, independientemente de que residan o no en campos, frente a prácticas discriminatorias que obedezcan a su desplazamiento, en lo relacionado con el disfrute de los siguientes derechos: (a) las libertades de pensamiento, conciencia, religión o creencia, opinión y expresión; (b) el derecho a buscar libremente oportunidades de empleo y participar en actividades económicas; (c) el derecho a asociarse libremente y participar en pie de igualdad en los asuntos comunitarios; (d) el derecho a votar y a participar en los asuntos públicos y gubernamentales, incluido el derecho a acceder a los medios necesarios para ejercer tal derecho; y (e) el derecho a comunicarse en un idioma que comprendan.

 

1.4.14. El Principio 23 protege el derecho de los desplazados a la educación. Para estos efectos, dispone lo siguiente:

(1) Todo ser humano tiene derecho a la educación. 

(2) Para hacer efectivo el derecho de los desplazados a la educación, las autoridades competentes deberán asegurar que tales personas, en particular los niños, reciban educación, la cual será gratuita y obligatoria en el nivel de primaria, y deberá respetar su identidad cultural, su lenguaje y su religión.

(3) Las autoridades deben llevar a cabo esfuerzos especiales para asegurar que las mujeres y las niñas participen plenamente, en condiciones de igualdad, en los programas educativos.

(4) Las personas en situación de desplazamiento deben tener acceso, tan pronto como las circunstancias lo permitan e independientemente de que estén o no viviendo en campos, a instalaciones educativas y de entrenamiento adecuadas, en particular los adolescentes y las mujeres. 

También el derecho a la educación de los desplazados, en especial de los niños desplazados, ha sido objeto de pronunciamientos expresos por parte de la Corte Constitucional. 

1.5. La Sección IV de los Principios Rectores desarrolla los principios aplicables a la asistencia humanitaria a la que tienen derecho las personas en condiciones de desplazamiento. 

1.5.1. El primero de ellos es el Principio 24, en virtud del cual (1) toda ayuda humanitaria deberá efectuarse de conformidad con los principios de humanidad e imparcialidad, y sin discriminación, y (2) la asistencia humanitaria a los desplazados no podrá ser desviada para otros propósitos, en particular para asuntos políticos o militares.

1.5.2. El Principio 25 dispone que son las autoridades nacionales las llamadas, en primer lugar, a soportar la responsabilidad y el deber de proveer la asistencia humanitaria requerida por los desplazados internos que se encuentren en su territorio. Por su parte, los Principios 26 y 27 regulan las condiciones bajo las cuales se debe prestar esta ayuda humanitaria por parte de las organizaciones internacionales pertinentes.

1.6. La Sección V de los Principios desarrolla estos principios. 

1.6.1. En lo relativo al derecho al retorno, el Principio 28 dispone que (1) las autoridades competentes tienen la responsabilidad primordial de establecer las condiciones y proveer los medios que permitan a los desplazados retornar voluntariamente, en condiciones de seguridad y dignidad, a sus hogares o sitios de residencia habitual, así como a restablecerse en otro lugar del país. Dichas autoridades deberán esforzarse por facilitar la reintegración de personas desplazadas que hayan vuelto a sus lugares de residencia o se hayan restablecido en otro lugar. También se dispone que (2) las autoridades deberán esforzarse especialmente por asegurar la participación plena de los desplazados en la planeación y administración de su retorno o restablecimiento y su reintegración. 

1.6.2. Por su parte, el Principio 29 establece que (1) las personas desplazadas que hayan vuelto a sus hogares o lugares de residencia habitual, o que se hayan restablecido en otro punto geográfico del mismo país, no podrán ser objeto de discriminación por el hecho de haber sido desplazados. En ese sentido, se precisa que tendrán derecho a participar plenamente, en condiciones de igualdad, en los asuntos públicos a todo nivel, y tendrán igual acceso que los demás a los servicios públicos. También dispone este principio que (2) las autoridades competentes tienen el deber y la responsabilidad de asistir a las personas desplazadas que hayan retornado o se hayan restablecido para que recuperen, en la medida de lo posible, las propiedades y posesiones que dejaron atrás o que les fueron arrebatadas al momento del desplazamiento. Cuandoquiera que no sea posible recuperar tales propiedades o posesiones, las autoridades competentes están en la obligación de proveer una compensación adecuada u otra forma justa de reparación del perjuicio causado, o en forma alternativa, están obligadas asistir en su consecución por los medios procedentes. 

1.6.3. Por último, el Principio 30 establece que todas las autoridades competentes deberán otorgar y facilitar el acceso rápido y sin obstáculos de las organizaciones humanitarias internacionales y otros actores relevantes, en ejercicio de sus respectivos mandatos, a la población desplazada, con miras a prestar su asistencia durante los procesos de retorno o restablecimiento y reintegración.

ANEXO 4

RESUMEN DE LAS SENTENCIAS DE LA CORTE CONSTITUCIONAL SOBRE LOS DERECHOS DE LA POBLACIÓN DESPLAZADA VALORADAS EN LA PRESENTE SENTENCIA

Desde 1997 hasta el año 2003, la Corte ha abordado en 17 ocasiones la grave situación de los derechos de la población desplazada. La intervención de la Corte ha estado dirigida primordialmente a corregir omisiones de las autoridades responsables de atender a la población desplazada, a rechazar actuaciones discriminatorias o exigencias irrazonables que se traducen en violación de derechos a la población desplazada. En concreto, la Corte se ha pronunciado en sus sentencias de tutela en materia de desplazamiento para: (i) corregir actuaciones negligentes o discriminatorias y omisiones de las autoridades encargadas de atender a la población desplazada; (ii) señalar las responsabilidades institucionales en la atención de la población desplazada; (iii) precisar los derechos constitucionales de la población desplazada; (iv) fijar criterios para la interpretación de las normas que regulan la ayuda para esta población, de tal manera que se garanticen efectivamente sus derechos; (v) rechazar el retardo injustificado o la omisión de las autoridades para atender a quienes se ven afectados por el desplazamiento forzado; (vi) urgir el desarrollo de políticas y programas adecuados para la atención de este fenómeno; (vii) precisar los elementos que determinan la condición de desplazado; (viii) señalar los obstáculos que impiden una atención adecuada de la población desplazada y que favorecen o agravan la vulneración de sus derechos; (ix) indicar falencias u omisiones en las políticas y programas diseñados para atender a la población desplazada; y (x) otorgar una protección efectiva a la población desplazada, en particular cuando se trata de personas especialmente protegidas por la Constitución como son los niños, la mujeres cabezas de familia, las personas de la tercera edad y las minorías étnicas.

Con el fin de garantizar la efectividad de los derechos de la población desplazada, la Corte ha ordenado a las distintas autoridades que participan en su protección la adopción de medidas en beneficio de individuos o pequeños grupos de desplazados, entre otras cosas (i) abstenerse de conductas o prácticas discriminatorias contra la población desplazada o que no tengan en cuenta la especial situación de vulneración en que se encuentran; (ii) la inclusión de los actores en los programas existentes; (iii) la coordinación de acciones y esfuerzos y la realización de gestiones para garantizar una solución definitiva a los problemas que enfrentan las personas en situación de desplazamiento; (iv) el otorgamiento de las ayudas previstas, especialmente en materia de ayuda humanitaria de emergencia, atención en salud y acceso a la educación. 

A continuación se resume la línea jurisprudencial de la Corte en materia de desplazamiento, con dos objetivos particulares: (i) mostrar el tipo de vulneración de derechos que ha llevado a la intervención de la Corte; y (ii) las órdenes dadas por la Corte para remediar la situación de vulneración planteada. 

1.1. La primera ocasión en que la Corte se refirió a este fenómeno fue en la sentencia T-227 de 1997, donde adoptó medidas para proteger a la población desplazada contra actos discriminatorios y de intolerancia cometidos por las autoridades de Cundinamarca, quienes alegando que se generaba una alteración grave del orden público, intentaban impedir la reubicación de éstas personas en el territorio de ese departamento. En esa sentencia se precisa por primera vez que la condición de desplazado interno no depende de la certificación que de esa situación haga una autoridad estatal, sino que está determinada por la presencia de dos elementos objetivos esenciales: i) la coacción que obliga al desplazamiento, y ii) que ese desplazamiento se realice dentro de las fronteras del Estado.  

En cuanto a los deberes del Estado, la Corte resaltó que el Estado estaba obligado a dar una protección real a la población desplazada y, en consecuencia, a adoptar las medidas necesarias para garantizar su seguridad. Finalmente, señaló la Corte que la población desplazada no podía ser calificada como perturbadora del orden público, puesto que su carácter de víctimas obligaba a las autoridades nacionales y locales a actuar de manera solidaria y coordinada. En consecuencia, la Corte ordenó a la gobernadora de Cundinamarca abstenerse de restringir la libertad de locomoción y de expresarse públicamente con expresiones que comprometieran la protección debida a las personas desplazadas por la violencia. Así mismo le ordenó darles un tratamiento conforme a su dignidad y, dada la intolerancia demostrada por las autoridades locales del departamento de Cundinamarca, ordenó a la Defensoría del Pueblo impartirles un curso de promoción de los derechos humanos y dio un plazo de 12 meses al Ministerio de Educación para hacer efectiva la educación en el respeto a los derechos humanos y, especialmente, en el respeto a las personas que son desplazados por la violencia.

1.2. Posteriormente, en la sentencia SU-1150 de 2000, la Corte toma medidas para proteger a tres grupos de desplazados cuyos derechos habían sido vulnerados porque las autoridades no habían atendido a sus solicitudes de ayuda debido a la ausencia de políticas y de programas para atender las necesidades propias de la población desplazada. Luego de examinar las medidas adoptadas por las autoridades colombianas, y de considerar las observaciones de distintos organismos internacionales sobre las deficiencias institucionales, presupuestales y las necesidades de la población desplazada, concluye que el desplazamiento constituía una situación de grave emergencia social que exigía al Estado colombiano como “Estado Social de Derecho, prestar una atención especial a esta calamidad nacional, con el fin de aliviar la suerte de los colombianos afectados por esta tragedia política y social.”

Dadas las dimensiones del problema y las falencias estatales para atender este fenómeno, la Corte señaló la necesidad de que la Defensoría del Pueblo interviniera para “controlar el funcionamiento de la atención a la población desplazada y a establecer un mecanismo de diálogo permanente con la Red de Solidaridad Social y las demás instituciones, con miras a exponer los problemas que se detectan, a promover el diseño de las soluciones más adecuadas y, en general, a discutir las  políticas de atención. De la misma manera, es necesario que la Defensoría asuma una amplia labor de difusión de los instrumentos jurídicos existentes para el tratamiento del problema del desplazamiento forzado,  tarea que debe enfocarse tanto hacia los funcionarios públicos del orden nacional y territorial como hacia las mismas personas desplazadas.

En cuanto al esfuerzo presupuestal que implicaba adoptar medidas para atender a la población desplazada, la Corte consideró que era principalmente la Nación la que debía asumir los costos finales que genera la atención a las personas desplazadas, sin que ello significara que se eximía a las entidades territoriales de su responsabilidad para con las personas desalojadas de sus hogares. 

Adicionalmente, en la sentencia SU-1150 de 2000, la Corte destacó dos de los problemas que impedían una respuesta adecuada al fenómeno del desplazamiento: 1) la falta de coordinación entre las distintas entidades, con la  consiguiente dilapidación de esfuerzos y recursos; 2) la falta de desarrollo de la política estatal para el desplazamiento forzado plasmada en la Ley 387 de 1997, lo que había conducido a su inaplicación práctica. Igualmente, recordó la responsabilidad del Presidente de la República con la población desplazada, en su triple calidad como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa “para establecer la fórmula administrativa que permita atender con prontitud las necesidades urgentes de las personas desplazadas y superar la situación de descoordinación que se presenta en la atención a este sector de la población nacional, de manera tal que se evite el despilfarro de los escasos recursos que posee  el país y se favorezca un trabajo mancomunado entre la acción oficial y las labores desarrolladas por las agencias internacionales y las ONG nacionales e internacionales.”

Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte resolvió cada uno de los casos que originaron las acciones de tutela analizadas en la SU-1150 de 2000.  En cuanto al primer grupo de personas desplazadas, quienes ocupaban un predio considerado por las autoridades como zona de alto riesgo, la Corte niega la petición de la Defensoría del Pueblo Regional de Antioquia que solicitaba que se suspendiera una orden de desalojo dictada por la Alcaldía de Medellín. Para la Corte, suspender la orden de desalojo conllevaría a amenazar la integridad personal de los actores. Sin embargo, consideró que el Estado tenía la obligación de brindar albergue temporal a dichas familias. Por lo tanto, dispuso “que el Presidente de la República debe iniciar en un término no mayor de 3 meses, contados a partir de la notificación de esta sentencia, las gestiones necesarias para garantizarle a las personas y familias en cuyo nombre se instauró esta acción de tutela – y que se hallan identificadas en el numeral 47 de los fundamentos jurídicos – el derecho al albergue temporal y su inclusión en los programas existentes referidos a la población desplazada, en el caso de que aún no hayan sido beneficiados por estas medidas. Estas gestiones deberán haber finalizado dentro de los 6 meses siguientes a la notificación de esta sentencia. Igualmente, se determina que le corresponde a la Defensoría del Pueblo velar por la divulgación y promoción de los derechos de los desplazados, en relación con lo que se establece en la presente sentencia.”

En relación con el segundo grupo de desplazados, que había solicitado la intervención del juez de tutela para que se ordenara a la Secretaría de Vivienda Social y Renovación Urbana de Cali ser incluidos dentro de un programa especial de vivienda dirigido a personas asentadas en zonas de alto riesgo, pues consideraban que habían sido discriminados por su condición de desplazados. Tomando en cuenta las pruebas existentes en el proceso, la Corte concluyó que este grupo sí estaba incluido en el programa de vivienda formulado por el Comité Municipal de Desplazados, el cual era financiado por la Caja Agraria, y tenía el aval de la Secretaría de Vivienda Social de Cali. Por lo tanto, decidió que la Secretaría de Vivienda Social de Cali no había discriminado a los desplazados y negó la acción de tutela. 

En cuanto al tercer grupo de desplazados, quienes habían demandado a la Red de Solidaridad Social por cuanto dicha entidad había incumplido con su promesa de proveer una ayuda económica para montar un proyecto productivo en Guayabal. Sin embargo, en escrito enviado por la Red se concluyó que al actor ya le había sido concedida la ayuda que solicitaba para su proyecto productivo y que éste ya se encuentra operando, por lo que la Corte consideró que el hecho que había originado la acción de tutela había sido superado y que por lo tanto debía negarse la tutela.  

1.3. Con posterioridad a esta sentencia, la Corte examinó en la sentencia T-1635 de 2000 de nuevo esta problemática y tuteló los derechos de un grupo de desplazados inscritos como tales ante la Red de Solidaridad, quienes ante la falta de asistencia de las autoridades, habían ocupado pacíficamente la sede del Comité de la Cruz Roja Internacional. Siguiendo la misma línea jurisprudencial trazada en la Sentencia SU-1150 de 2000, la Corte reitera “que la primordial responsabilidad en cuanto a la solución del caso corresponde al Presidente de la República, de quien depende la Red de Solidaridad y quien debe coordinar a las demás agencias estatales encargadas de los distintos aspectos relativos al tema, por lo cual la orden en que consiste la tutela se impartirá principalmente al Jefe del Estado, aunque también serán cobijados por ella, además del Director de la Red de Solidaridad Social, los ministros del Interior, de Educación, de Salud, de Trabajo y de Hacienda, bajo la vigilancia del Procurador General de la Nación. El Defensor del Pueblo, por su parte, deberá velar por la divulgación y promoción de los derechos de los desplazados ocupantes, y establecerá contacto permanente con las agencias estatales que indique el Presidente de la República, para que éste, en un término no superior de treinta (30) días, contados a partir de la notificación de esta Sentencia, imparta solución definitiva al conflicto creado” y, en consecuencia, ordena la reubicación de los desplazados y el despeje pacífico de la sede de la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja en Bogotá, un albergue temporal, la atención de las necesidades básicas de estas personas y la educación para los menores, y su inclusión en los programas para desplazados.

1.4. En el año 2001, la Corte se pronunció en tres ocasiones para proteger los derechos de personas cuyos derechos habían sido vulnerados por las autoridades encargadas de los distintos programas de atención a la población desplazada. Así, en la sentencia T-258 de 2001, la Corte protege el derecho a la vida de un docente amenazado por las FARC, que es obligado a desplazarse a Manizales junto con su familia y a solicitar su traslado como docente a otro municipio dentro del mismo departamento. La única oferta que había recibido fue para reubicarse en un lugar donde operaba el mismo frente que le había amenazado inicialmente. Aun cuando la Corte reconoció que la decisión del traslado del docente era un acto discrecional, también reiteró que tal discrecionalidad se ve reducida cuando, además de las consideraciones sobre las necesidades y conveniencias del servicio, deben tomarse en cuenta riesgos graves o amenazas serias contra la vida de los empleados o trabajadores a cargo de la prestación del servicio, caso en el cual prima el derecho a la vida sobre las demás consideraciones. 

Si bien el Comité de Desplazados de Caldas había dispuesto “no conceder la calidad de desplazado” al demandante, la Corte consideró que la Secretaría de Educación había hecho un reconocimiento tácito de dicha condición al conceder el primer traslado del actor. Adicionalmente, tuvo en cuenta que el hijo del docente sí aparecía registrado como desplazado por la Red de Solidaridad Social. Con base en estas consideraciones, y en particular la prevalencia de los derechos de los niños, la Corte concede la protección de los derechos a la vida y a la integridad personal, para lo cual ordena a la entidad demandada adelantar las gestiones administrativas necesarias, a fin de reubicar al actor en un centro educativo que no le comporte amenaza a tales derechos.

1.5. En la sentencia T-327 de 2001, la Corte resuelve la situación de una persona desplazada por paramilitares en el departamento del Chocó, quien se encontraba inscrita en el registro de desplazados que llevaba el personero municipal de Condoto, pero a quien se le niega tres veces su inscripción en el Sistema único de registro de Población desplazada, por no aportar pruebas de su condición y, por ende, el acceso a toda la ayuda que requerían el desplazado y su familia. 

La Corte señala, en primer lugar, respecto de la definición de desplazamiento “por ser una situación de hecho no necesita, como requisito indispensable para adquirir la condición de desplazado ser declarado por ninguna entidad ni pública ni privada para configurarse.”  En segundo lugar, advierte la Corte que todas las autoridades involucradas en la atención de la población desplazada deben ajustar sus conductas a lo previsto en la Constitución y en los Principios Rectores del Desplazamiento Interno consagrados en el Informe del Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas para el Tema de los Desplazamientos Internos de Personas. 

En tercer lugar, resalta el papel y las responsabilidades de la Red de Solidaridad Social en la atención de la población desplazada, en los siguientes términos: “Precisamente para hacer frente a esta nueva categoría de colombianos, el ordenamiento jurídico ha confiado a la Red de Solidaridad Social ?que es un establecimiento público del orden nacional, dotado de personería jurídica, autonomía administrativa y patrimonio propio, adscrito al Departamento Administrativo de la Presidencia de la República? la tarea de promover el mejoramiento de las condiciones de vida de la población más pobre y vulnerable del país, de la que indudablemente hace parte la franja de los desplazados. Ello, por las terribles circunstancias a que los ha conducido la confrontación armada, tienen derecho constitucional a que el Estado despliegue su acción de manera efectiva, oportuna y eficiente, con miras a su amparo y al disfrute de garantías básicas de las que han sido violentamente despojados.” 

En consecuencia, destacó que las autoridades estaban obligadas a interpretar las normas que regulan la materia de tal manera que resultara más favorable a la protección de los derechos de los desplazados. La Corte concluyó que se había desconocido el principio de buena fe (i) al no dar validez a las declaraciones del tutelante ni desvirtuar que lo afirmado por éste correspondía a la verdad; (ii) al hacer caso omiso de las pruebas aportadas por el actor al momento de presentar la demanda y considerarlas insuficientes. 

Con base en lo anterior, ordena la Corte que se proceda a la inclusión del actor en el Sistema único de registro de Desplazados, no porque existiera un derecho a ser registrado, sino porque a través de él se posibilitaba el acceso a la ayuda y es posible “mermar las nefastas y múltiples violaciones a los derechos fundamentales de los cuales son víctimas los desplazados.”

1.6. Finalmente, en la sentencia T-1346 de 2001 la Corte ampara los derechos de una mujer cabeza de familia y de sus hijos, quienes hacían parte del grupo de personas desplazadas que ocupaban un predio de propiedad del municipio de Villavicencio e iban a ser desalojados del mismo, sin ofrecerles una reubicación alternativa en el corto plazo. La alcaldía de Villavicencio había ofrecido a la actora y a sus hijos acceso a las soluciones de vivienda de interés social que el municipio construiría en el mediano y largo plazo, a condición de que accedieran a abandonar voluntariamente el predio. Por lo anterior, la Corte concluye que las medidas adoptadas por la alcaldía no se dirigían “a solucionar de manera efectiva e inmediata la situación de desprotección que se generaría como consecuencia de su retiro del lugar.” 

La Corte encontró evidencias que indicaban que la alcaldía no contaba con programas para los desplazados a fin de lograr su reubicación y su estabilización económica, y que, por el contrario, en razón de dificultades económicas, había postergado, para un futuro incierto, el desarrollo de este tipo de programas. En consecuencia, ordenó, “constituir el Comité Municipal para la Atención Integral a Población Desplazada por la Violencia, con el objeto de establecer los mecanismos de  reubicación y estabilización económica de los desplazados ocupantes del predio “La Reliquia” y en un plazo máximo de 20 días, contados a partir de su constitución, establecer “un programa de reubicación y estabilización económica”, así como una solución real y efectiva para los desplazados ocupantes del predio “La Reliquia”, y en particular, para la actora y a sus hijos.

1.7. En el año 2002, la Corte se pronunció en dos ocasiones frente a tutelas interpuestas para corregir alguna deficiencia del sistema de atención a la población desplazada. Así en la sentencia T-098 de 2002, la Corte protege los derechos de 128 núcleos familiares, compuestos principalmente por mujeres cabeza de familia, menores, ancianos y algunos indígenas, cuyas solicitudes de atención en salud, estabilización económica y reubicación, no habían sido atendidas por la Red de Solidaridad, por falta de recursos suficientes. 

La Corte reitera en esta sentencia que la población desplazada tiene derecho a un trato urgente y preferente por cuanto en ella concurren los elementos señalados por la sentencia T-530 de 1993 para justificar un trato diferente. “Cuando concurren  estas cinco circunstancias, la diferenciación es constitucionalmente legítima; y por ende se justifica ordenar medidas para la protección de los derechos fundamentales de los desplazados.  Se otorga, por ejemplo, subsidio de vivienda (decreto 951/01), prioridades en los cupos educativos ( decreto 2231/89), preferencia para inclusión dentro de los grupos prioritarios  de atención en el SISBEN  ( documento CONPES 3057), preferencia en los programas preventivos y de protección del ICBF, (artículo 17 de la ley 418/97), prioridad para las mujeres embarazadas, lactantes y menores de 18 años desplazados (Acuerdo 006/97). Estas medidas se justifican teniendo en cuenta la grave  urgencia  en que se encuentra el  desplazado.

También reitera la Corte en esta sentencia: 1) que las normas aplicables al desplazamiento forzado son tanto de carácter interno como internacional, y establecen, entre otras cosas, el derecho de la población desplazada a un nivel de vida adecuado, a recibir de las autoridades competentes, como mínimo, los alimentos esenciales y agua potable, alojamiento y vivienda básicos, vestido adecuado, servicios médicos y saneamiento esenciales; 2) el desplazamiento forzado conlleva violaciones a los derechos fundamentales; 3) la tutela es procedente para proteger los derechos de la población  desplazada. 

Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte señala la necesidad de precisar las órdenes teniendo en cuenta la normatividad y programas existentes. Así, en cuanto a la protección de menores desplazados, la Corte resaltó entre otros derechos los siguientes:  i) a mantenerse unido con su grupo familiar; ii) a la atención gratuita por parte de las instituciones de salud que reciban aportes del Estado, para los menores de un año (Artículo 50, CP), iii) a recibir un subsidio alimentario en la forma como lo determinen los planes y programas del ICBF y con cargo a éste; iv) a la protección en jardines y hogares comunitarios; v) a tener acceso a los programas de alimentación que provee el ICBF con el apoyo de las asociaciones de padres, de la empresa privada o los Hogares Juveniles campesinos; vi) en materia de atención de salud, los hijos menores de desplazados tienen derecho a atención prioritaria, rápida e inmediata de salud.

En cuanto al derecho a la atención en salud para los adultos desplazados, recordó la Corte que el Acuerdo 59 de 1997 del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud había declarado al desplazamiento forzado como evento catastrófico y, por lo tanto, garantizó su acceso al sistema general de salud, cuyos costos serían asumidos directamente por el Fondo de Solidaridad y Garantía. En consonancia con lo anterior, aunque el desplazado no estaba carnetizado, señaló que debía prestársele el servicio a la salud. En materia de vivienda, la Corte resaltó que se les debía facilitar su reubicación, para lo cual debía colaborar el INURBE y el Municipio de Quibdó. 

En relación con su estabilización económica y las garantías al derecho al trabajo, la Corte señaló la responsabilidad de las autoridades nacionales y locales para darles elementos que les ayudaran a ingresar al mercado laboral, a través de capacitación  del SENA y del fomento de proyectos específicos.  En relación con el derecho a la educación, la Corte resaltó que las normas vigentes (Decreto 2231 de 1989), se había favorecido el acceso prioritario a cupos educativos a las familias de las víctimas de la violencia, así como a la exoneración total del pago de matrícula y de la pensión.  

En consecuencia, y luego de recordar que la Red de solidaridad Social era la entidad encargada de hacer viable y de coordinar  las medidas de  protección, ordenó lo siguiente: 

a. El Director Nacional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, en el término de cuarenta y ocho horas deberá iniciar, si es que aún no lo ha hecho, la realización de los programas que le corresponden, respecto a los niños que en su condición de desplazados han instaurado las tutelas que motivan el presente fallo. Son especialmente [pertinentes] los siguientes programas: hogares de bienestar, jardines comunitarios, programa FAMI, intervención nutricional materno infantil, mejoramiento y apoyo nutricional para menores de siete años, distribución de sales orales a población infantil, distribución de bono alimentario para niños en edad preescolar, programa de comedores escolares, creación y asistencia de clubes juveniles. 

b. El Gerente  Nacional del  INURBE, iniciará en el término de cuarenta y ocho horas, si es que no lo ha hecho,  los trámites para  otorgar, de manera preferencial y rápida,  el subsidio familiar de vivienda para los desplazados que han interpuesto la tutela que motiva el presente fallo.

c. El Alcalde Municipal de Quibdó, dentro de la disponibilidad presupuestal, en el término de tres meses contribuirá a la solución de las viviendas dignas para los grupos familiares de los tutelantes 

d. El Director Nacional de  la Red de Solidaridad Social y  los Secretarios de Educación del Chocó y de Quibdó, en el término de cuarenta y ocho horas,  buscarán  los cupos para los niños desplazados que han instaurado las tutelas que se revisan,  para que esos niños inmediatamente ingresen a la educación preescolar, de primaria  y de secundaria hasta el grado 9 y los 15 años de edad, sin que para los menores haya costo alguno en cuanto a matrícula y mensualidad. 

e. El Director Nacional de la Red de Solidaridad Social, en el término de treinta días iniciará las diligencias pertinentes para ubicar a los desplazados que instauran la presente tutela, en el régimen del SISBEN, sin perjuicio de  exigirle al Hospital de Quibdó que desde ya los atienda de manera eficiente  y les dé los medicamentos necesarios, para luego repetir contra el FOSYGA, debiendo esta última entidad, de manera preferente e inmediata, cubrir lo debido. 

f. El Director Nacional de la Red de Solidaridad Social, en el término de cuarenta horas, en colaboración con el SENA , incluirá en los  programas de capacitación a los desplazados que instauraron las tutelas objeto de revisión  y acelerará  los programas y planes comunitarios  ofrecidos por acuerdos efectuados con los desplazados que se encuentran en Quibdó y que han presentado las correspondientes tutelas.

1.8. En la sentencia T-215 de 2002, la Corte protege los derechos de varios menores desplazados a quienes se les niega el cupo en un centro educativo de Medellín y su inscripción en el sistema único de registro de población desplazada. Luego de recordar la jurisprudencia de la Corte al tutelar los derechos de la población desplazada, señaló que se “ha ido perfilando una clara línea jurisprudencial orientada a la solución del estado de cosas inconstitucional generado por la situación en que se hallan los desplazados por el conflicto interno colombiano.” A pesar de esta constatación, la Sala no examina en el caso concreto los elementos que configuran ese estado de cosas inconstitucional, ni declara su existencia.  

No obstante lo anterior, dijo la Corte, “es claro que si bien el desplazamiento forzado es un fenómeno que cíclicamente ha hecho presencia en nuestra historia reciente, también es cierto que nunca había adquirido las proporciones que se advierten hoy en día, es decir, que nunca había adquirido la dimensión requerida para comprometer el futuro del país, como ocurre en este momento.  (...)  De allí la necesidad de inclinar la agenda política del Estado a la solución del desplazamiento interno y el deber de darle prioridad sobre muchos otros tópicos de la agenda pública.  Mucho más si la actual conformación política del Estado impide que las instituciones y la sociedad sigan mostrándose indiferentes pues, a diferencia de lo que ocurría en otras épocas, en las que los derechos se asumían como actos de desprendimiento de los soberanos para con sus súbditos, hoy los derechos humanos constituyen facultades intrínsecas al ser humano, irrenunciables, oponibles al Estado y por eso éste se encuentra inexorablemente vinculado a su realización, sobre todo cuando se trata de los derechos de los sectores poblacionales más vulnerables.”

En esta sentencia, y en relación con la persona legitimada para hacer la solicitud de inscripción en el Sistema único de registro de Población Desplazada, la Corte reitera que el estado de desplazado no se adquiere en virtud de una declaración institucional y rechaza que las autoridades hubieran exigido que el registro de los menores lo hicieran sus padres o representantes legales, pues ese tipo de condiciones dificultan el acceso a los programas de atención a la población desplazada. “Con esa lógica, aquellos menores que en razón del conflicto armado han perdido a sus padres y allegados y que se ven forzados a abandonar el lugar en el que se encuentran radicados para no correr la misma suerte, no podrían ser incluidos en el registro nacional de desplazados por no tener quién los represente.  Es claro que con tales exigencias, las instituciones concebidas para apoyar a los desplazados y para proyectarles un nuevo horizonte, se convierten en un obstáculo para el reconocimiento, al menos, de sus más elementales derechos.”

Igualmente reiteró que los criterios para determinar la inscripción en el sistema único de registro de población desplazada por la violencia debían ser razonables, estar orientados a la protección de los derechos fundamentales que se hallan en juego y que debe presumirse la buena fe de los solicitantes.  

Adicionalmente, consideró la Corte que se había vulnerado el derecho de los niños a la educación, al negarles el cupo por haber superado una edad límite para los años escolares a los que aspiraban.  “Ante ello, es evidente que se les está vulnerando su derecho fundamental a la educación pues el hecho de que hayan superado la edad requerida para acceder a un determinado año lectivo no tiene por qué conllevar su imposibilidad de acceder al sistema educativo.” En consecuencia, ordenó “a la Secretaría de Educación de Medellín evaluar la situación en que se encuentra cada uno de ellos y disponer su ingreso al sistema educativo en los grados escolares correspondientes a su grado de instrucción.  Para el efecto, determinará cuáles de esos niños ingresarán al Colegio Sol de Oriente, aprovechando los cupos que allí están disponibles, y cuáles ingresarán a otros colegios.  Se tutelarán igualmente los derechos a la recreación y a la cultura por estar, en este caso, inescindiblemente vinculados con el derecho a la educación.”

1.9. En el año 2003, la Corte se ocupó de la problemática del desplazamiento en nueve ocasiones. En la sentencia T-268 de 2003, la Corte se refirió por primera vez al desplazamiento interno urbano y protegió los derechos de un grupo de 65 núcleos familiares que había huido de sus viviendas en la Comuna 13 de Medellín, a raíz de los enfrentamientos entre distintos grupos armados que operaban en dicha zona. La Red de Solidaridad les negó la inscripción en el Sistema único de registro de Población Desplazada y el consiguiente otorgamiento de ayudas por tres razones: 1) por considerar que “no se concibe el desplazamiento forzado cuando la víctima no ha abandonado su localidad”, asimilando el término localidad al de municipalidad; 2) porque varios de los núcleos familiares desplazados ya habían recibido ayuda cuando se desplazaron por primera vez; y 3) por no haberse remitido al Ministerio del Interior copia de las declaraciones obtenidas a raíz de los hechos violentos ocurridos en la Comuna 13, para que éste decidiera si el hecho constituía desplazamiento. 

Luego de recordar la definición de desplazamiento interno y el principio según el cual toda norma sobre desplazamiento interno se debe interpretar a la luz de los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado Interno, así como de reiterar que la calidad de desplazado forzado se adquiere de facto y no por una calificación que de ella hagan las autoridades, la Corte resalta que el artículo 12 del Decreto 2569 de 2000 que define el desplazamiento forzado interno de carácter masivo “habla de hogares, lo cual soluciona el inconveniente que la Red de Solidaridad planteó al confundir localidad con municipio”. Igualmente, reconoce que el desplazamiento interno entre zonas de un mismo municipio o una misma ciudad también cumple con los elementos mínimos que definen ese fenómeno: a) La coacción que hace necesario el traslado; y b) La permanencia dentro de las fronteras de la propia nación. Adicionalmente, rechaza que las autoridades puedan negar la protección a la población desplazada invocando circunstancias formales, cuando los hechos que originaron el desplazamiento eran notorios y de público conocimiento.

En consecuencia, concede la tutela respecto de los derechos a la vida, la dignidad, la libertad, la igualdad, la educación, la seguridad social y, ordena a la Red de Solidaridad Social que, dentro del término de cuarenta y ocho horas, a partir de la notificación del fallo, cumplir con lo siguiente:

1) Incluir en el Sistema único de registro de Población Desplazada, si es que aún no lo ha hecho, a las sesenta y cinco familias desplazadas de la Comuna 13 de Medellín;

2) Proteger, directamente y con la colaboración de las autoridades locales, la integridad personal de los tutelantes y para garantizar el retorno a sus hogares de origen, si así lo solicitaren aquellos; 

3) Solicitar la colaboración del Director Nacional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, para la inclusión de los hijos menores de los demandantes, entre otros, en los siguientes programas: hogares de bienestar, jardines comunitarios, programa FAMI, intervención nutricional materno infantil, mejoramiento y apoyo nutricional para menores de siete años, distribución de sales orales a población infantil, distribución de bono alimentario para niños en edad preescolar, programa de comedores escolares, creación y asistencia de clubes juveniles, así como en los que se realicen específicamente para la población desplazada;

4) Prestar a las mujeres cabeza de familia que integran el grupo de desplazadas demandantes, acceso, entre otras, a las siguientes ayudas: el subsidio de vivienda (Decreto 951 de 2001), prioridad de acceso a los cupos educativos (Decreto 2231 de 1989), preferencia para su inclusión dentro de los grupos prioritarios de atención en el SISBEN (Documento CONPES 3057), preferencia en los programas preventivos y de protección del ICBF (artículo 17 de la Ley 418 de 1997), y prioridad para las mujeres embarazadas, lactantes y menores de 18 años desplazados (Acuerdo 006 de 1997), en el acceso a las siguientes ayudas: préstamo de textos escolares para los hijos de mujeres cabezas de familia (Artículo 5° de la ley 82 de 1993); acceso a los servicios de educación o de salud a los hijos (Artículo 6, Ley 82 de 1993), ingreso a los establecimientos de educación primaria y secundaria (Artículo 7, Ley 82 de 1993).

5) Tramitar la solicitud de subsidio familiar de vivienda para los desplazados que no hayan retornado a su hogar de origen;

6) Que directamente y con la colaboración de la Secretaría de Educación de Medellín buscar los cupos para los niños desplazados incluidos en la presente tutela,  a fin de que ingresen a la educación preescolar, primaria  y secundaria, sin que para los menores haya costo alguno en cuanto a matrícula y mensualidad; 

7) Iniciar las diligencias pertinentes para ubicar a los desplazados en el régimen del SISBEN.

8) Que en colaboración con el SENA, incluir en los programas de capacitación a los actores del presente proceso, teniendo en cuenta especialmente a las mujeres cabeza de familia.

9) Informar a la Defensoría del Pueblo respecto a sus actuaciones sobre lo determinado en este fallo.

1.10. En la sentencia T-339 de 2003, la Corte denegó la tutela a una mujer que afirmaba ser desplazada, debido a que las pruebas existentes no demostraban ni su calidad de desplazada del predio ni el incumplimiento de las autoridades. Según las pruebas solicitadas por la Corte y las que obraban en el proceso, la actora había abandonado por voluntad propia el lugar, sin la existencia de un elemento de coacción, y no se había presentado el incumplimiento del Estado alegado por la actora, por lo cual la Corte concluye que no se vislumbraba violación alguna a los derechos fundamentales de la demandante. 

1.11. En la sentencia T-419 de 2003, la Corte concede el amparo de los derechos a dos mujeres cabeza de familia desplazadas y a sus hijos, a quienes en un caso, no se le había dado la ayuda humanitaria a la que tenían derecho, y en el otro, la ayuda humanitaria recibida resultaba claramente insuficiente dadas las urgentes necesidades de la familia. Luego de reiterar la línea jurisprudencial en materia de protección de los derechos de la población desplazada, la Corte revoca los fallos de instancia que habían negado la tutela por considerar que no le era “dable al juez mediante este mecanismo constitucional, tomar determinaciones que afectan una programación presupuestal hecha por la autoridad competente y que implican la omisión de unos procedimientos legalmente establecidos en beneficio no de una persona sino de un determinado grupo de la población”. 

La Corte rechaza esta posición y señala que “si bien es cierto, al juez constitucional no le corresponde entrar analizar en vía de tutela el presupuesto que manejan las entidades demandadas, sí está dentro de sus atribuciones legales y constitucionales proteger derechos fundamentales vulnerados por omisión de instituciones, que para el presente caso, están encargadas de desarrollar políticas y programas de prevención, atención y protección a personas desplazadas.  La amenaza de los derechos invocados por los actores continúa, toda vez que, permanece inactiva la ayuda humanitaria solicitada y sin aprobar el proyecto productivo presentado, aún teniendo derecho a ello, por lo que resulta inaceptable, desde el punto de vista constitucional, que se aduzca insuficiencia presupuestal, en este o en otro caso, para abstenerse de proteger derechos fundamentales.”

En consecuencia ordena a la Red de Solidaridad, que dentro de las 48 horas siguientes a la notificación del fallo (i) otorgue la ayuda humanitaria de emergencia solicitada; (ii) atienda de manera transitoria y prioritaria la necesidad de vivienda de los actores desplazados; (iii) incluya a una de las actoras en los programas de capacitación laboral existentes para la población desplazada; (iv) dé orientación a las actoras para la presentación y aprobación de proyectos productivos; (v) en relación con  los hijos menores de las actoras, ubique cupos para que ingresen a la educación preescolar, primaria o secundaria, según sea el caso, sin costo alguno; (vi) inscriba a los actores en el régimen del Sisbén, sin perjuicio de que empiecen a recibir atención médica inmediatamente y de manera eficiente en los hospitales municipales y se entreguen los medicamentos necesarios.

1.12. En la sentencia T-602 de 2003, la Corte ampara los derechos de una mujer desplazada de la tercera edad, inscrita en el Sistema único de Registro de población desplazada y quien había solicitado ayuda para un proyecto productivo, atención integral de salud para ella y su núcleo familiar y el subsidio para vivienda, pero había recibido respuesta negativa a sus peticiones de parte de las autoridades responsables. Luego de reiterar la línea jurisprudencial sobre el carácter del desplazamiento forzado, y las responsabilidades constitucionales de las autoridades encargadas de atender a la población desplazada, la Corte resalta que de conformidad con el artículo 13 de la Constitución, las víctimas del fenómeno del desplazamiento forzado interno merecen atención diferencial, en razón de “la necesidad de asegurar un justo trato a uno de los sectores más desaventajados de la sociedad colombiana, en la urgencia de evitar que la nación colombiana se siga fragmentando y en la perentoria protección frente a graves afecciones al mínimo vital de las víctimas del desplazamiento.”

En consecuencia, para contrarrestar los efectos nocivos del reasentamiento involuntario producto del desplazamiento, la Corte enfatizó que “siempre que no sea posible el retorno al lugar de origen de los desplazados en condiciones de dignidad, voluntariedad y seguridad, la respuesta estatal debe articularse en torno a acciones afirmativas (...) que garanticen (i) el acceso a bienes y servicios básicos en condiciones de no discriminación, (ii) la promoción de la igualdad, y (iii) la atención a minorías étnicas y a grupos tradicionalmente marginados, ya que no puede obviarse que Colombia es un país pluriétnico y multicultural y que buena parte de la población desplazada pertenece a los distintos grupos étnicos, así como tampoco puede olvidarse que dentro de la población afectada un gran porcentaje son mujeres y, bien sabido es que éstas padecen todavía una fuerte discriminación en las áreas rurales y en las zonas urbanas marginales. Para expresarlo en otros términos, la atención a la población desplazada debe basarse en acciones afirmativas y en enfoques diferenciales sensibles al género, la generación, la etnia, la discapacidad y la opción sexual. Las medidas positivas, entonces, deben estar orientadas a la satisfacción de las necesidades de los grupos más vulnerables, tales como los niños, los adultos mayores o las personas discapacitadas.” 

También resaltó la Corte en este fallo que, aun cuando las acciones afirmativas a favor de la población desplazada resultan razonables y legítimas en el marco constitucional vigente, “deben ser entendidas como mecanismos destinados a desaparecer con el tiempo, es decir, cuando los derechos y las libertades básicas de los desplazados sean restablecidos, y a ser lo suficientemente flexibles como para adaptarse a las consecuencias del conflicto armado interno sin derivar en la concesión de privilegios con base en análisis individuo por individuo.”

Con base en lo anterior, la Corte consideró el restablecimiento socioeconómico como una vía para alcanzar la inclusión social, potenciar el desarrollo humano de la población desplazada y como medio para garantizar y proteger el goce de sus derechos y libertades. Sobre este punto dijo:

“Así las cosas, el restablecimiento consiste en el mejoramiento de la calidad de vida de la población desplazada y, para lograrlo, las acciones del Estado, de la cooperación internacional y del sector privado, en desarrollo de alianzas estratégicas con el Estado, deben orientarse a contrarrestar los riesgos de empobrecimiento y exclusión social. Tales acciones, entonces, deben propender por (i) el acceso a la tierra, (ii) el empleo en condiciones dignas, (iii) el acceso a soluciones de vivienda, (iv) la integración social, (v) la atención médico asistencial integral, (vi) la nutrición adecuada, (vii) la restauración de los activos comunitarios, (viii) la reconstitución de las comunidades, (ix) el acceso a la educación, (x) la participación política efectiva, y (xi) la protección de los desplazados frente a las actividades que desgarran el tejido social, principalmente las asociadas al conflicto armado interno. De manera que, por ejemplo, el desarrollo del componente de generación de ingresos para población desplazada debe ir articulado con el desarrollo de los componentes de vivienda y de alimentación.”

Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte analiza la política de vivienda y de proyectos productivos existente para la población desplazada, y luego de confrontar el diseño de política pública, la Constitución y los Principios Rectores del Desplazamiento Interno con las acciones concretas adoptadas por las entidades en el caso concreto, concluye que hubo “vulneración de los derechos a la vivienda digna y al mínimo vital de la actora por parte de las entidades demandadas, las cuales se han limitado a entregar información a la demandante sin acompañarla en el proceso de restablecimiento, es decir, sin asesorarla para que logre acceder efectivamente a los servicios que prestan las distintas entidades que constituyen el SNAIPD.”

Según la Corte la vulneración se produjo “debido a una aplicación rígida de los parámetros normativos de la estabilización socioeconómica de la población desplazada en general”, pues los programas ofrecidos a la actora, tales como el Programa del Mayor Adulto, si bien eran importantes, no tenían la virtualidad de contrarrestar los riesgos de empobrecimiento  ni constituían un forma de restablecimiento para los adultos mayores desplazados. En cuanto al modelo de atención en vivienda basado en la capacidad de ahorro programado de la persona en situación de desplazamiento, la Corte resaltó que “las acciones de política pública que lo desarrollan, por sí solas, no dan cuenta del enfoque poblacional ni finalmente, de los criterios de realización del derecho a la vivienda.” 

Con base en lo anterior, la Corte concedió la tutela y ordenó a la Red de Solidaridad lo siguiente: 1) gestionar ante el INCORA, o ante el organismo que haga sus veces, para reubicar a la actora en una zona rural o urbana, si la actora decidía voluntariamente ser reubicada con su núcleo familiar en otra zona; 2) incluir a la demandante y su grupo familiar en un proyecto productivo integral y viable, articulado a un programa de seguridad alimentaria, garantizando al mismo tiempo su financiación. 3) garantizar la cobertura permanente de los servicios de salud y educación que demanden la actora y su grupo familiar. Adicionalmente, la Corte vinculó a la Defensoría del Pueblo, para que acompañara e hiciera el seguimiento de las medidas ordenadas.

1.13. En la sentencia T-645 de 2003, la Corte concede la tutela a una mujer cabeza de familia a quien se le niega atención médica porque no se encontraba “sisbenizada” en el municipio receptor, y porque según el hospital, la atención de salud le correspondía directamente a la Red de Solidaridad Social. 

La Corte reitera la línea jurisprudencial sobre atención integral a la población desplazada y señala “que las obligaciones del Estado respecto de las personas desplazadas no constituyen una dádiva del Estado a favor de estas personas, sino que es un deber, que se traduce no sólo en dictar leyes y decretos apropiados al tema, sino, en especial, que las personas que se encuentran en esta situación, puedan ser verdaderamente atendidas en sus necesidades vitales y de está forma se morigere, en la medida de las circunstancias, la tragedia que atraviesan.” 

Por ello, enfatiza que es obligación de quienes tienen las funciones de hacer realidad los derechos de los desplazados, “suministrar a la persona desplazada que lo requiera, información sobre sus derechos y cómo ponerlos en marcha, en forma clara, precisa y oportuna. Teniendo en cuenta que el grupo que lo requiere es el más vulnerable, ya que se encuentra, en la generalidad de los casos, en una ciudad extraña, lo que hace más difícil para ellas conocer y acceder a las instituciones para obtener la ayuda humanitaria a la que tienen derecho. (...)  en casos como los examinados, que se requiere atención en salud, se dice que la persona tiene el derecho a ser atendido, comprende no sólo la atención médica integral, sino el derecho a ser informado sobre la fecha en que ocurrirá tal atención, fecha que debe ser fijada con criterios de oportunidad y razonabilidad.”

La Corte llama la atención sobre el peregrinaje innecesario por las distintas entidades encargadas de prestarle ayuda al que fue sometida la actora, hasta que, habiendo iniciado su petición ante la Red de Solidaridad, después de muchas vueltas, finalmente le indicaron que debía volver a la Red, sin que a la fecha de interponer la tutela, hubiera sido atendida por esa entidad. La Corte señaló que “situaciones como la descrita son lo más alejado a un Estado social de derecho, porque es al Estado al que le corresponde suministrar atención e información precisa para la solución de las necesidades de las personas que sufren el desplazamiento forzado y facilitar los procedimientos, como reconocimiento de la dignidad humana, principio garantizado por la Constitución.” Igualmente, la Corte rechaza que por el altísimo volumen de tutelas que se dirigen contra la Red, ésta entidad haya acudido a la utilización de formatos predefinidos con información general sobre la política como mecanismo para dar respuesta a las peticiones de los desplazados, en los cuales no se suministra información pertinente para dar respuesta de fondo a la petición de los desplazados. 

La Corte rechaza las razones expresadas por el juez de segunda instancia al negar el amparo según el cual la tutela no procedía para tutelar los derechos de los desplazados porque  (i) se trataría de la injerencia del juez de tutela en una programación presupuestal hecha por autoridad competente; (ii) no existía prueba sobre la urgencia del tratamiento que requiere la actora; y (iii) debía respetarse un orden para la atención de su petición, cuya alteración podría implicar la violación del derecho a la igualdad de otras personas. 

Sobre la primera razón, la Corte afirma que “en el ámbito de la acción de tutela,  tratándose de la protección de derechos fundamentales, no se está ante una intervención en la programación presupuestal, sino que el juez, si al estudiar el asunto puesto a su consideración observa que la entidad creada por la ley para atender a la población desplazada, incurre en una omisión vulneradora de derechos, lo procedente es ordenarle a esa entidad que cese la vulneración y proceda a la atención pedida, todo dentro del respeto de las competencias. No se está, entonces, invadiendo ningún campo vedado al juez de tutela. Además, suministrar información clara, oportuna y precisa sobre cuándo será atendida en su salud una persona desplazada no es asunto que tenga injerencia en la programación presupuestal, sino que es el desarrollo propio de la función que le fue encomendada por el legislador a la Red de Solidaridad Social (...).”

Sobre la segunda razón, la Corte resalta que el ad quem solicita una prueba sobre la urgencia de programar y practicar la intervención quirúrgica que requiere la actora, sin tener en cuenta, que ésta interpone la tutela, precisamente porque no había sido atendida y sin considerar que en la remisión de la Cruz Roja para valoración y cirugía, se expresa claramente que la demandante padece un tumor que le causa dolor y la incapacita para trabajar, con lo cual hay una vulneración evidente de su derecho a una vida digna. En cuanto al respeto de los turnos, la Sala reitera que ante una situación de urgencia manifiesta, no puede someterse al afectado al respeto de los turnos, sino que se le debe proveer la atención de manera inmediata. Destaca la Corte que la necesidad de respetar unos turnos no puede convertirse en excusa para no suministrar información sobre cuándo será atendida la persona que requiere el servicio de salud.

Finalmente, señala la Corte que la Red no puede invocar que el plazo de los tres meses de que trata el parágrafo del artículo 15 de la Ley 387 de 1997 ya se venció para negarse a garantizar a la actora el acceso a los servicios de salud, “porque cuando la actora solicitó la atención no había transcurrido el primer mes de haber sido inscrita en el Registro Único de Población Desplazada.”

Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte concede la tutela y ordena a la Red de Solidaridad que dentro de las 48 horas siguientes a la notificación del fallo, inicie las gestiones necesarias ante las autoridades competentes para que se suministre atención integral a la actora. 

1.14. En la sentencia T-669 de 2003, la Corte examina el caso de una mujer cabeza de familia desplazada, madre de cinco hijos menores de edad y con un nieto, analfabeta, a quien no se le da acceso a los programas de estabilización económica al omitir una respuesta efectiva a su petición. La Corte analiza brevemente la política estatal en materia de proyectos productivos para la población desplazada. En primer lugar, considera que ante el hecho de que los desplazados hayan tenido que abandonar su modus vivendi, “es obligación del Estado brindarles capacitación para que puedan asumir un nuevo rol en el mercado laboral. En virtud de que la obligación del Estado consistente en el restablecimiento en los lugares de vivienda originarios se torna altamente complejo, el Estado debe velar por la garantía de un medio de trabajo que ayude a la consecución de un mínimo vital.” 

Por ello concluye que la petición para ser incluida en un proyecto productivo no ha sido respondida por la Red de solidaridad, violando con ello los derechos de petición y trabajo. Para la Corte, “el omitir la respuesta de un derecho de petición de un desplazado con respecto a la protección de sus derechos aumenta la gravedad de la vulneración de los mismos en la medida en que limita toda posibilidad de certidumbre acerca del porvenir de éste y su familia.” Igualmente señaló que se había vulnerado su derecho al trabajo, toda vez que la triple condición de la tutelante como mujer cabeza de familia con cinco hijos menores, analfabeta y desplazada indicaban la urgencia de “tener asesoría pronta y oportuna referente a los proyectos productivos y acceso prioritario a los mismos por su condición manifiesta de debilidad.” 

En cuanto a la solicitud de subsidio de vivienda, encontró la Corte que la accionante no había hecho ninguna solicitud formal en ese sentido, por lo cual decidió negar la tutela frente al derecho a la vivienda. 

La Corte también llamó la atención sobre el hecho de que luego de dos años de estar inscrita en el Sistema Único de Registro, a la actora solo se le hubiera brindado como ayuda tres mercados, tres meses de arrendamiento y un kit humanitario. Teniendo en cuenta la forma como la Red de Solidaridad Social había atendido el caso de la actora, la Corte resalta el alcance y responsabilidades de dicha entidad como coordinadora de la ayuda a la población desplazada en los siguientes términos:

La Corte reconoce que la labor asignada a la Red de Solidaridad Social es de coordinación de las entidades que brindan proyectos productivos. No obstante, si bien ella no es la prestadora directa de las capacitaciones no es ajeno a su deber de coordinación velar porque una vez enviada la persona a determinada entidad, por ejemplo el SENA, la atención que ésta brinde no tenga obstáculos excesivos que la hagan ineficaz. La coordinación de la entidades debe ser continuada y, por tanto, implicar un seguimiento de la ayuda que se les está brindando a los desplazados remitidos a las diferentes instituciones.

Siendo esto así, en el caso concreto se hace necesario que la Red no sólo le exponga a la señora Palacios cuáles son las diferentes alternativas de restablecimiento económico que existen, sino que haga un seguimiento de la atención que las entidades a las cuáles coordina le brinden a la accionante, para que ésta sea efectiva.

Por lo anterior, la Corte ordenó a la Red de Solidaridad Social que en el término de 48 horas posteriores a la notificación de la sentencia, (i) diera respuesta de fondo 1a la petición de aprobación del proyecto productivo y constatara la efectiva recepción de la respuesta; (ii) que una vez brindada la asesoría acerca de las diferentes alternativas de consolidación económica, hiciera un seguimiento de la efectiva atención de la peticionaria en la entidad a la cual acuda para obtener tal consolidación y tomara las medidas de coordinación necesarias en caso de que constatara que no se están desplegando las actividades para proteger el derecho al trabajo de la peticionaria.

1.15. En la sentencia T-721 de 2003, la Corte concede la tutela a una mujer desplazada y cabeza de familia, a quien no le habían prestado la asistencia humanitaria de emergencia integral, ni la ayuda para su reubicación o retorno en condiciones de seguridad ni para su “restablecimiento socio económico”, a pesar de encontrarse inscrita en el Sistema Único de Registro desde el mes de junio de 2002. 

En este fallo, además de reiterar la línea jurisprudencial en materia de protección de los derechos de la población desplazada, la Corte se refiere a dos temas adicionales: (i) la perspectiva de género en la atención a la población desplazada; y (ii) la sensibilidad de las autoridades para evaluar las circunstancias que afectan a la población desplazada, en particular cuando se examine una posible temeridad en la interposición de la acción de tutela. 

En cuanto a la perspectiva de género, señala la Corte lo siguiente:

También la Corte ha destacado que las heridas físicas y afectivas generadas por el desplazamiento, comportan traumas de toda índole de difícil recuperación, los que se agravan al tener que soportar las escasas o nulas posibilidades de acceder a una vida digna, que les ofrecen las ciudades, que los albergan en condiciones de hacinamiento e indigencia.

(...) el desplazamiento –de acuerdo con los estudios realizados al respecto– conlleva abruptos cambios sicológicos y culturales en las mujeres, debido a que a éstas a menudo les corresponde asumir solas la reconstrucción del hogar en todos los órdenes, y ser el apoyo de los hombres enfermos e incapacitados, no pocas veces en razón de los mismos hechos que dieron lugar al desplazamiento, como también de niños y ancianos, atemorizados e inermes.

En consecuencia, resalta las recomendaciones de la Relatora Especial sobre la Violencia contra la Mujer, en el informe presentado ante la Comisión de Derechos Humanos en su 57° período de sesiones, en el sentido de que las autoridades incluyan dentro de los programas de atención a la población desplazada, programas de rehabilitación frente a la agresión sexual y la violación, programas que aborden las necesidades especiales de las mujeres ex combatientes, y realicen esfuerzos especiales para garantizar que los intereses de seguridad y subsistencia de todas las viudas de la guerra y otras mujeres jefas de hogar se atiendan debidamente.

En relación con el análisis de las circunstancias especiales de la actora para determinar si había existido temeridad, la Corte recordó su jurisprudencia sobre el tema señalando que ésta ocurre “cuando la presentación de más de un amparo constitucional por los mismos hechos y con igual pretensión i) envuelva una actuación “torticera”; ii) denoten el propósito desleal “de obtener la satisfacción del interés individual a toda costa”, iii) deje al descubierto un abuso deliberado del derecho de acción,  o iv) que asalte “la buena fe de los administradores de justicia.”.” 

Así mismo resaltó que dado que la buena fe se presume en todas las actuaciones de los particulares ante las autoridades públicas, “resulta imperativo demostrar que se incurrió, real y efectivamente en una conducta proscrita por el ordenamiento, porque la reiteración de solicitudes de amparo no tiene justificación.  De modo que la aplicación del artículo 38 del Decreto 2591 de 1991 exige al fallador detenerse en las circunstancias específicas que rodearon las presentación de dos o más demandas de tutela, por la misma persona o su representante, en solicitud de igual protección a fin de establecer si el accionante incurrió efectivamente en una actuación contraria a derecho.”

La Corte concluyó que no resultaba aceptable que la Red de Solidaridad Social, entidad encargada de coordinar la asistencia a la población desplazada, hubiera circunscrito su compromiso institucional con la actora y su familia, al registro de ésta en el Sistema Nacional de Atención a la Población Desplazada, y que ignorara i) que el grupo en comento no recibía atención en salud, ii) que la actora no había logrado solventar su programa de vivienda, y iii) que ésta no contaba con recursos para atender su subsistencia y la de su familia, porque no había tenido acceso a un proyecto productivo.

Por lo expuesto, consideró que el juez de instancia no le podía endilgar actuación temeraria alguna a la peticionaria, “i) sin haberla oído al respecto, y ii) sin haber indagado sobre su situación y la de su familia, y tampoco respecto de las circunstancias que rodearon la presentación de las dos acciones -según la accionada con la asesoría de profesionales del derecho, que habitualmente asesoran a la población desplazada, a quienes nombra expresamente. (...) cuando el presunto infractor del artículo 38 del Decreto 2591 de 1991, es una persona en estado de especial vulnerabilidad e indefensión, como lo están los afectados por desplazamiento forzado, en especial los niños, las mujeres y los ancianos, el Juez constitucional deberá ser en extremo cuidadoso antes de negarles la protección constitucional, cuando advierte que sus derechos constitucionales están siendo conculcados, porque su proceder podría dejar a los afectados desprovistos de amparo, a la luz de la jurisprudencia constitucional al respecto.”

Por lo anterior, concede la tutela  para proteger el derecho fundamental a la vida digna de la actora y, en consecuencia, le ordena a la Red de Solidaridad Social “que asista, asesore y acompañe, en general, que efectivamente coordine la asistencia estatal que la actora demanda, para ella y para su grupo familiar, en todos los órdenes, con el concurso del INURBE y de Ministerio de Hacienda y Crédito Público, en lo que a cada uno de estas entidades compete.” Así mismo, oficia al Consejo Seccional de la Judicatura Seccional Tolima, los hechos denunciados por la actora relacionados con la asesoría para presentar dos acciones de tutela por los mismos hechos, que involucran a dos profesionales del derecho, para que proceda a su investigación y sanción. Finalmente, solicita a la Defensoría del Pueblo Regional Tolima que instruya a la accionante sobre sus derechos fundamentales dada su situación de desplazamiento, al igual que respecto de sus deberes constitucionales. Y hacer extensivo tal instructivo, de ser posible, a todos los desplazados de la región, utilizando para el efecto medios y procedimientos de fácil de acceso.

1.16. En la sentencia T-790 de 2003, la Corte concede la tutela a una mujer cabeza de familia y desplazada, a quien se le niega la autorización para realizarse un examen médico urgente, no cubierto por el POS. La entidad demandada adujo que no había vulnerado los derechos de la actora por tres razones: (i) porque la peticionaria no se encontraba encuestada a través del SISBEN en la ciudad de Bogotá, por lo que la negación de los servicios por parte de la Institución Prestadora de Salud no se le podía atribuir a esa Secretaría; (ii) porque ni la peticionaria ni el personero habían elevado una solicitud para la prestación del servicio de salud requerido; y (iii) porque de conformidad con las circulares 42 y 45 de 2002, expedidas por el Ministerio de Protección Social, con la presentación de la certificación de desplazado la persona recibe los servicios de salud que requiere y que sean inherentes al desplazamiento. 

La Corte señala que “teniendo en cuenta que la población desplazada no puede quedar al margen de la cobertura del Sistema General de Seguridad Social en Salud y que, en los términos del Decreto 173 de 1998, tiene la categoría de vinculada al régimen subsidiado, es la Secretaría de Salud de Bogotá, D.C., lugar donde habita actualmente la titular de los derechos, la llamada a gestionar lo pertinente ante las instituciones prestadoras del servicio de salud adscritas o con las que tenga contrato, con el fin de que el examen prescrito a la señora Alicia Cadena Badillo le sea practicado, sin perjuicio de su derecho de reclamar ante el Fosyga por los gastos en que incurra.” En consecuencia, ordena a la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá que, en el término de cuarenta y ocho (48) horas, contadas a partir de la notificación de la sentencia, adelante las gestiones necesarias para que se le practique el examen médico requerido por la actora,  para lo cual debe coordinar con las instituciones prestadoras de salud adscritas o con las que tenga contrato. Lo anterior, sin perjuicio del derecho que le asiste para repetir contra el Fondo de Solidaridad y Garantía, Fosyga.

1.17. Y finalmente, en la sentencia T-795 de 2003, donde la Corte niega la tutela a dos educadores al servicio de la Secretaría de Educación Departamental del Guainía que son amenazadas por las FARC y solicitan, a través de la acción de tutela, que se ordene su traslado a la Secretaría de Educación de Cundinamarca. 

La Corte consideró que si bien no era posible ordenar mediante tutela el traslado de los docentes entre distintas entidades territoriales, dado que la prestación del servicio de educación era un servicio descentralizado, las autoridades territoriales sí estaban obligadas a velar por los derechos de los educadores cuando éstos eran amenazados. En consecuencia, debían continuar aplicando las disposiciones del Decreto 1645 de 1992 en lo que no contrariara el espíritu y finalidad de la Ley 715 de 2001, y mientras se desarrollaba lo concerniente al traslado y reubicación de docentes entre entidades territoriales, previsto en esa ley. También señaló que nada impedía que se activaran los Comités Especiales de Docentes Amenazados o Desplazados, aun cuando no existiera una Oficina de Escalafón. Finalmente, exhorta al Gobierno Nacional para que en un plazo prudencial reglamente la Ley 715 de 2001 en lo concerniente al traslado y reubicación de docentes amenazados.

ANEXO 5.

LA POLÍTICA PÚBLICA DE ATENCIÓN A LA POBLACIÓN DESPLAZADA . DESCRIPCIÓN Y OBSERVACIONES RELEVANTES PARA LA DECISIÓN ADOPTADA POR LA CORTE

Como desarrollo del apartado 6 de la sentencia, la Corte realiza a continuación un análisis acerca las políticas estatales de atención a la población desplazada. Para ello, en primer lugar, la Corte resumirá el contenido de la política estatal en la materia , y en segundo lugar, teniendo en cuenta (i) las observaciones realizadas a dicha política por parte de distintos organismos de derechos humanos y de entidades estatales, y (ii) las pruebas enviadas a la Corte para la resolución del caso presente, señalará las principales debilidades y obstáculos que se han identificado en la atención de las necesidades de la población desplazada, destacando las carencias más importantes. 

V. La respuesta estatal al fenómeno del desplazamiento forzado.

El desarrollo de la política estatal para hacer frente al fenómeno del desplazamiento forzado se inicia en 1995, a pesar de que la ocurrencia de éste es muy anterior a esa fecha. 

El Documento CONPES 2804 de 1995 constituye la primera respuesta estatal a la necesidad de formular una política coherente e integral para la atención de la población desplazada, así como para asignar responsabilidades institucionales específicas para atender esta problemática. Este documento fue sustituido por el Documento CONPES 2924 de 1997 y en él se detectaron varias dificultades y carencias para responder al desplazamiento, en particular en relación con la estructura institucional existente. Este documento propuso la creación del Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada (SNAIPD), así como el diseño de un Plan Nacional dirigido a la Atención Integral a la Población Desplazada.

Con base en las recomendaciones del Documento CONPES 2924 se estructuraron los lineamientos políticos esenciales para la prevención del desplazamiento forzado, la atención, la protección, consolidación y estabilización socioeconómica de los desplazados internos por la violencia, los cuales fueron finalmente plasmados en la Ley 387 de 1997. Dicha Ley establece la responsabilidad del Estado en la formulación de políticas y en la adopción de las medidas necesarias para la prevención del desplazamiento forzado y para la atención integral de los desplazados. La Ley 387 de 1997, define los dos elementos que determinan la calidad de desplazado: la fuerza que obliga al desplazamiento y la migración dentro del territorio nacional. Igualmente, señala los principios que deben orientar la interpretación de las medidas para la atención de la población desplazada. Entre estos se destaca uno formulado como derecho: “El desplazado forzado tiene derecho a acceder a soluciones definitivas a su situación.”

Desde el punto de vista de la estructura administrativa dirigida a atender a la población desplazada, la Ley crea el SNAIPD, constituido por el “conjunto de entidades públicas, privadas y comunitarias que realizan planes, programas, proyectos y acciones específicas, tendientes a la atención integral de la población desplazada.” También crea un nuevo organismo asesor llamado Consejo Nacional de Atención Integral de la Población Desplazada por la Violencia, el cual tiene como función formular los lineamientos de la política y garantizar la asignación presupuestal para la atención integral de la población desplazada.  Adicionalmente, la Ley 387 establece el deber del gobierno de incentivar la creación de los comités territoriales para la atención integral de la población desplazada. 

Según la Ley 387, las entidades, organismos y autoridades responsables de prestar la atención integral a la población desplazada son, entre otros, el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria INCORA, el Ministerio de Agricultura, el Instituto de Fomento Industrial IFI, el Sistema General de Seguridad Social en Salud, la Red de Solidaridad Social, la Dirección Nacional para la Equidad de la Mujer, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, el Sistema Nacional de Cofinanciación, las entidades territoriales, el SENA, la Defensoría del Pueblo, la Comisión Nacional de Televisión y el Instituto Nacional de Reforma Urbana INURBE. A cada uno de dichos organismos, la Ley le asigna funciones dirigidas a la prestación de los diferentes componentes de la atención a la población desplazada. 

La Ley 387 indica que el desplazamiento se desagrega en tres etapas: la primera, previa a los eventos de desplazamiento, la segunda que corresponde a la fase de desplazamiento como tal, y la tercera, relativa al retorno o la reubicación. Para atender los requerimientos derivados de este fenómeno, “se ha considerado indispensable (i) contar con un sistema de información, que permita estimar el número de desplazados y cuantificar los sujetos pertenecientes a los distintos segmentos poblacionales, (ii) prevenir los desplazamientos con base en el esfuerzo mancomunado de varias instituciones, (iii) prestar asistencia humanitaria de urgencia, de emergencia y de transición, en asentamientos temporales y, por último, (iv) desarrollar componentes de retorno o de reasentamiento relocalización en el sitio de recepción o reubicación en lugar diferente a éste y al de origen.”

Igualmente, la Ley consagra cuatro componentes básicos de la política: la Prevención, la Atención Humanitaria de Emergencia, la Estabilización socioeconómica y  el Retorno. En materia de prevención, la Ley señala que se trata de medidas orientadas a anticipar los riesgos que puedan generar el desplazamiento, a fortalecer los vínculos y la colaboración de la población con la fuerza pública y a mitigar los riesgos contra la vida, la integridad de las personas y los bienes patrimoniales de la población desplazada, entre otras.

En referencia a la atención humanitaria de emergencia, la Ley 387 de 1997 la define como “las acciones inmediatas tendientes a garantizar la atención humanitaria de emergencia con la finalidad de socorrer, asistir y proteger a la población desplazada y atender sus necesidades de alimentación, aseo personal, manejo de abastecimientos, utensilios de cocina, atención médica y psicológica, transporte de emergencia y alojamiento transitorio en condiciones dignas.” La prestación de la atención humanitaria de emergencia es responsabilidad del gobierno nacional, con la colaboración de “las autoridades civiles y militares que se encuentren en las zonas receptoras de población desplazada”, y a ésta únicamente se tiene acceso, tan pronto se produzca el desplazamiento y durante un lapso de tiempo de tres meses, prorrogables durante otros tres. 

En cuanto a los programas dirigidos a la estabilización socioeconómica de la población desplazada, la Ley 387 define este componente como las “acciones y medidas de mediano y largo plazo con el propósito de generar condiciones de sostenibilidad económica y social para la población desplazada en el marco del retorno voluntario o el reasentamiento en otras zonas rurales o urbanas.”  Se trata de medidas que permiten el acceso a programas de generación de proyectos productivos, desarrollo rural, generación de microempresas, planes de empleo y atención social en salud, educación y vivienda. 

Por su parte, la Ley 387 de 1997 dispone que a los organismos responsables de la atención integral a las personas víctimas del desplazamiento forzado les corresponde “con su planta de personal y estructura administrativa, adoptar a nivel interno las directrices que les permitan prestar en forma eficaz y oportuna la atención a la población desplazada, dentro del esquema de coordinación del Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada.” 

Así mismo, la Ley 387 instituye el Fondo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada, el cual tiene la naturaleza jurídica de una cuenta  especial y separada, que tiene como objeto financiar los programas de atención a la población desplazada. Por último, la Ley mencionada dispone que el Gobierno Nacional debe presentar cada año al Congreso un informe acerca del avance de la ejecución del plan nacional para la atención integral de la población desplazada por la violencia. 

En enero 28 de 1998, por estar expresamente en la Ley 387 de 1997, el gobierno, previa aprobación del Consejo Nacional para la Atención Integral a la población desplazada, expidió el Decreto 173 de 1998, mediante el cual se estableció el Plan Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada. Su propósito fundamental es “articular la acción gubernamental en el orden nacional y territorial. [Además] formular, en el marco de los principios y objetivos definidos por la Ley 387, las acciones que el Gobierno Nacional ejecutará en materia de prevención del desplazamiento, de atención humanitaria de emergencia y de consolidación y estabilización socioeconómica en la perspectiva del retorno voluntario o la reubicación de la población desplazada por la violencia. Así mismo, determina las entidades responsables en las distintas estrategias de intervención.” El Decreto estableció como objetivos principales del Plan los siguientes:

“1. Elaborar diagnósticos de las causas y agentes que generan el desplazamiento por la violencia, de las zonas del territorio nacional donde se producen los mayores flujos de población, de las zonas receptoras, de las personas y comunidades que son víctimas de esta situación y de las consecuencias sociales, económicas, jurídicas y políticas que ello genere.

2. Diseñar y adoptar medidas sociales, económicas, jurídicas, políticas y de seguridad, orientadas a la prevención y superación de las causas que generan el desplazamiento forzado.

3. Adoptar medidas de atención humanitaria de emergencia a la población desplazada, con el fin de asegurarle su protección y las condiciones necesarias para la subsistencia y la adaptación a la nueva situación.

4. Crear y aplicar mecanismos que brinden asistencia legal y jurídica a la población desplazada para garantizar la investigación de los hechos, la restitución de los derechos vulnerados y la defensa de los bienes afectados.

5. Diseñar y adoptar medidas que garanticen a la población desplazada su acceso a planes, programas y proyectos integrales de desarrollo urbano y rural, ofreciéndole los medios necesarios para que cree sus propias formas de subsistencia, de tal manera que su reincorporación a la vida social, laboral y cultural del país, se realice evitando procesos de segregación o estigmatización sociales.

6. Brindar atención especial a las mujeres y niños, preferencialmente a las viudas, mujeres cabeza de familia y huérfanos.

7. Adoptar las medidas necesarias que posibiliten el retorno voluntario de la población desplazada a su zona de origen o su reubicación en nuevas zonas de asentamiento.

8. Garantizar atención especial a las comunidades negras e indígenas sometidas al desplazamiento en correspondencia con sus usos y costumbres, y propiciando el retorno a sus territorios, y

9. Las demás acciones que el Consejo Nacional considere necesarias”

A su vez, la mencionada disposición señaló los siguientes criterios para la ejecución del plan:

“Para efectos de la ejecución de este plan, se tendrán como criterios la participación de la comunidad, el tratamiento descentralizado, la coordinación del trabajo de planeación y ejecución entre las entidades del Estado, las ONG y los organismos internacionales que por competencia o mandato cooperen en la ejecución o ejecuten en el país acciones de atención a la población desplazada, el reconocimiento a la diversidad étnica, cultural y social, la equidad de género, la igualdad y la no discriminación, así como la concurrencia, complementariedad y subsidiaridad entre los tres niveles territoriales.” 

 

En términos generales, el Plan dispuso el conjunto de programas y acciones que debían ser ejecutados por los organismos públicos responsables de la atención a la población desplazada, en lo concerniente a los componentes de prevención, atención humanitaria de emergencia (a la que a su vez incluyó los subcomponentes de seguridad alimentaria, salud, transporte, protección y seguridad, alojamiento, atención educativa, y participación y organización comunitaria), consolidación y estabilización económica (el cual está presente tanto en los procesos de retorno, como en los de reubicación de la población desplazada). 

El Plan Nacional también dispuso la creación del Observatorio del Desplazamiento Forzado como un centro de recopilación, consolidación y análisis sistemático de información sobre el desplazamiento forzado.

Por último, el Decreto 173 estableció algunas reglas concernientes a la financiación de la política de atención a la población desplazada. La norma señala que “para garantizar la adecuada financiación de los programas, proyectos y acciones que este Plan comprende, se contará” con los recursos financieros provenientes del Presupuesto General de la Nación, los créditos y las donaciones en dinero o en especie, los aportes de la comunidad internacional, parte de los rendimientos de los recursos bajo la administración de la Dirección Nacional de Estupefaciente o provenientes de la extinción de dominio, y los dineros apropiados en los presupuestos departamentales o municipales, entre otros.

En 1999, fue aprobado el Documento CONPES 3057 de 1999. Dicho instrumento adelantó una evaluación de la política estatal de atención a la población desplazada realizada desde 1997, año de expedición de la Ley 387, y realizó una crítica al diseño y a la implementación de todos los componentes de la respuesta estatal. En concordancia con estos reparos, el documento propuso la configuración de un “plan de acción” dirigido a mejorar los mecanismos e instrumentos de respuesta institucional al fenómeno del desplazamiento. Dicho plan reorganizó y simplificó el esquema institucional, fortaleció los sistemas de información, y  dispuso que, en concordancia con el Decreto 489 de 1999, la Red de Solidaridad Social, sería la única entidad coordinadora del Sistema Nacional de Atención Integral de la Población Desplazada (SNAIPD). De igual manera, creó la Unidad Técnica Conjunta (UTC) conformada por la Red de Solidaridad Social  y el ACNUR. Por último, el Documento estimó que entre los años 2000 y 2002 la implementación de la política pública diseñada tendría un costo aproximado de US $ 360 millones, sin incluir la adjudicación de vivienda y tierras. 

No obstante, sólo hasta el día 12 de diciembre de 2000, más de tres años después de promulgada la Ley 387 de 1997, el gobierno reglamentó, con la expedición del Decreto 2569 de 2000, los siguientes aspectos. 

Primero, reglamentó las funciones y atribuciones de la Red de Solidaridad Social como entidad coordinadora del sistema SNAIPD. Segundo, el Decreto desarrolló lo establecido en la Ley 387 de 1997, en lo concerniente a la condición de persona desplazada y a su registro. En este orden de ideas, la norma creó el Registro Único de Población Desplazada, cuyo funcionamiento está a cargo de la Red de Solidaridad Social, y en el cual los hogares desplazados se deben inscribir con el fin de acceder a la oferta institucional. El Decreto 2569 estableció las reglas para la inscripción de la población desplazada, la declaración que deben efectuar éstas personas, y la valoración que realiza la Red de Solidaridad Social con el fin de decidir si incluye o no a los declarantes en el registro. 

Tercero, el Decreto 2569 de 2000 indica el procedimiento para inscribir y prestar atención humanitaria de emergencia a la población víctima de desplazamientos de tipo masivo, entendiendo por tal el “desplazamiento conjunto de diez (10) o más hogares, o de cincuenta (50) o más personas.”  

Cuarto, de manera más específica, el Decreto 2569 de 2000 describe algunos componentes de la respuesta institucional, en lo relacionado con sus objetivos, los procedimientos para realizar su prestación, y los requisitos para acceder a ellos. En lo referente a la atención humanitaria de emergencia, el Decreto dispone que ésta debe ser proporcionada (i) inmediatamente después de realizada la inscripción, dependiendo de la disponibilidad presupuestal y (ii) por un período de tres meses, prorrogables durante otros tres, también con sujeción a la disponibilidad de recursos. Adicionalmente, el Decreto establece unos máximos de la ayuda otorgada, y algunas reglas adicionales para la prestación de la atención humanitaria de emergencia, las cuales incluyen la posibilidad de que el gobierno celebre “convenios con organizaciones no gubernamentales, entidades del sector privado y organizaciones internacionales.” 

Quinto, el Decreto mencionado condicionó la prestación de algunos los componentes de la ayuda a la población desplazada a la disponibilidad presupuestal. Es así como los artículos 16, 17, 20, 21, 22, 25, 26 y 27  limitaron el acceso a la ayuda humanitaria de emergencia y a los programas de estabilización socioeconómica a la disponibilidad de recursos.

Por último, el Decreto 2569 estableció que los entes territoriales “crearán los Comités para la Atención Integral a la Población Desplazada” los cuales cuentan con las funciones de ejecutar las políticas en los campos de la prevención y la atención integral a la población desplazada.

El día 25 de mayo de 2001 fue publicado el documento CONPES 3115. Este consistió en una respuesta a la falta de resultados de las políticas propuestas en el documento CONPES 3057 de 1999. El documento de 2001, propuso un mecanismo de “distribución presupuestal sectorial” y recomendó “el ajuste de los mecanismos y procedimientos que faciliten el acceso de la población desplazada a los programas de las instituciones que hacen parte del Sistema, de forma que permita al Estado  dar una respuesta efectiva al fenómeno de desplazamiento forzado para el período 2001-2002.

El documento indicó tres factores como los causantes del “rezago” de los resultados esperados tras las recomendaciones hechas por el documento CONPES 3057. (i) “Algunas entidades o programas no han podido asignar recursos por falta de proyectos formulados. Así mismo, la formulación de los mismos no ha sido suficiente para satisfacer la demanda por falta de recursos.” (ii) “Los procedimientos para el acceso de la Población Desplazada a programas de Inversión a través de entidades del orden nacional han sido restrictivos.  En algunos programas a los cuales se accede por demanda, como es el caso de los créditos para actividades productivas, subsidios o acceso a tierras y vivienda los mecanismos de focalización no contemplan canales especiales de acceso para la población desplazada. En muchos casos, existiendo demanda por parte de esta población, algunas entidades no han podido ejecutar recursos programados debido a que los mecanismos de calificación limitan su asignación a desplazados.” (iii) “La programación de la inversión en las entidades que hacen parte del Sistema Nacional de Atención a la Población Desplazada  evidencia problemas de dispersión e insuficiente asignación en programas generales y específicos para atender el fenómeno del desplazamiento. En la actualidad sólo la Red de Solidaridad Social cuenta con proyectos específicos para la población desplazada con el presupuesto nacional. Por otro lado, varias entidades del Sistema tienen proyectos generales que no cuentan con recursos específicos  para la atención del desplazamiento, dificultando la determinación del monto de la inversión y su impacto.” 

Por las razones anteriores, el documento propuso, entre otras cosas, (i) que las entidades del Sistema Nacional de Atención a la Población Desplazada destinen los recursos necesarios para cumplir lo señalado en el documento CONPES 3057; (ii) “revisar y adecuar los mecanismos de calificación y acceso a los programas a  cargo del Sistema”, de tal forma que se garantice la ausencia de duplicidad en la asignación de beneficios. (iii) apropiar recursos suficientes que garanticen una respuesta institucional al problema del desplazamiento, el cual consistiría en el desembolso de un total de 145 mil millones de pesos para el año 2001, y 162 mil millones para el año 2002. 

Por último, el Documento solicitó al Departamento Nacional de Planeación que defina, en conjunto con la Red de Solidaridad Social “los indicadores para la evaluación de resultados del Plan de Acción para la atención integral de la población desplazada.” 

En Noviembre del año 2001 fue expedida la Directiva Presidencial No 6, la cual, con el fin de mejorar la implementación de las políticas de atención a la población desplazada, imparte entre otras las siguientes órdenes: (i) al Ministerio del Interior, desarrollar e impulsar las políticas para la prevención del desplazamiento. (ii) al Ministerio de Relaciones Exteriores y a los agentes diplomáticos y consulares, velar por lo desplazados afuera de las fronteras. (iii) Al Ministerio de Salud, implementar los mecanismos para el cumplimiento del Acuerdo 185 de 2000 del Consejo Nacional de Seguridad Social en salud, para que se preste una “pronta y adecuada atención en salud a la población desplazada.” (iv) Al Ministerio de Educación Nacional, “implementar y desarrollar junto con las Secretarías de Educación departamentales, municipales y distritales programas educativos especiales para las víctimas del desplazamiento forzado.” (v) Al Ministerio de Agricultura “implementar y desarrollar a través de INCORA el registro de bienes abandonados por los desplazados y programas especiales para la atención consolidación y estabilización de la población desplazada.” (vi) Al Ministerio de Desarrollo, “liderar el desarrollo de programas y proyectos tendientes a la consolidación y estabilización socioeconómica de la población desplazada.” (vii) Al programa presidencial para los derechos humanos, “coordinar las decisiones del Consejo Nacional de Atención Integral a la población desplazada con la Comisión Intersectorial de Derechos Humanos, en lo que respecta al tema de atención integral al desplazamiento forzado.” (viii) A la Red de Solidaridad Social, promover la creación de Comités municipales, distritales y departamentales para la atención integral de la población desplazada y asistir a las sesiones de los mismos, con el fin de coordinar la ejecución de las acciones y/o prestar apoyo técnico en cualquiera de las áreas de intervención de dichos comités. 

Igualmente, la Directiva Presidencial No. 6 ordena a todos los servidores públicos gestionar de manera prioritaria los asuntos relacionados con derechos humanos y desplazamiento forzado, y las órdenes de carácter humanitario, emitidas por el Presidente de la República a través de sus ministros o delegados. Con estos fines, la Directiva ordena el cumplimiento de los siguientes procedimientos: “a)El funcionario o entidad destinatario de una orden de carácter humanitario deberá acometer de manera inmediata las gestiones ordenadas o seguir las directrices contenidas en ella. b) Todos los días y horas son hábiles para emitir y cumplir órdenes de carácter humanitario dictadas de conformidad con esta directiva, y las entidades y funcionarios que a su vez sean requeridos por el destinatario, están en la obligación, de conformidad con el artículo 113 de la Código Penal, de prestar toda la colaboración que permita el cumplimiento cabal de la orden. c) Las gestiones tendientes a cumplir con una orden de carácter humanitario deberán agotarse dentro de los 10 días siguientes al recibo de la misma, a menos que  la orden establezca un tiempo preciso para su cumplimiento. d) Una vez iniciadas las gestiones tendientes al cumplimiento de la orden, el funcionario o entidad destinatario informará de manera inmediata y pormenorizada sobre ellas al funcionario emisor. e) Dentro del término señalado en el numeral c) El funcionario destinatario de una orden de carácter humanitario deberá presentar un informe final al emisor sobre las gestiones realizadas para el cumplimiento de la orden, y en caso de que no se hayan podido cumplir, deberá justificar de manera suficiente las razones por las cuales ello no fue posible, sugiriendo y una solución alternativa del caso.

También, la Directiva Presidencial No 6 ordena a las entidades de orden nacional y territorial que conforman el Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada SNAIPD, “coordinar sus acciones de manera tal que un seguimiento a los principios de eficiencia eficacia, economía y celeridad, se atiendan con prontitud las necesidades de la población desplazada”, y conformar los Comités Territoriales de Atención Integral a la Población Desplazada. Al INCORA, INURBE, ICBF, IFI y SENA, la Directiva ordena llevar los registros necesarios y realizar las actividades pertinentes, con el objetivo de desarrollar programas especiales de vivienda, y estabilización socioeconómica para la población desplazada. 

Por último, la Directiva ordena a la Fuerza Pública dar cumplimiento a su deber constitucional de proteger la vida, la integridad personal, la dignidad y los bienes de los colombianos, en especial de la población desplazada, y de los particulares y organizaciones públicas y particulares que presten ayuda o atención a estas comunidades. 

 

El mismo día 28 de Noviembre de 2001 fue expedida la Directiva Presidencial No. 07 de 2001. En ella, el gobierno “reitera su voluntad de trabajar coordinada y concertadamente con las organizaciones de carácter humanitario a favor de la asistencia de las víctimas (...)”. Entre otras cosas, el Presidente de la República ordena: (i) A los servidores públicos de la rama ejecutiva, tramitar de manera pronta y efectiva las solicitudes y gestiones provenientes de las organizaciones no gubernamentales humanitarias, cooperar con los miembros de dichos organismos, abstenerse de cuestionar la legitimidad de estos grupos, y de hacer falsas imputaciones contra ellos. (ii) Al Ministerio de Relaciones Exteriores, promover y gestionar la cooperación internacional en materia de atención humanitaria. (iii) Al Ministerio del Interior, coordinar con la Fuerza Pública la protección de los miembros de las organizaciones humanitarias no gubernamentales. (iv) A la Red de Solidaridad Social, promover la coordinación entre las organizaciones humanitarias y las entidades integrantes del Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada. (v) A la Fuerza Pública,  respetar y proteger  a los miembros de las organizaciones aludidas, y facilitar el desempeño de sus labores. (vi) A los gobernadores y alcaldes, coordinar estrategias para garantizar la seguridad de los miembros de dichos organismos.  

Adicionalmente, en concordancia con la normatividad hasta ahora señalada, tanto el Presidente de la República, como algunas entidades territoriales expidieron un número abundante de normas que regulan la prestación de los servicios incluidos en los diferentes componentes de la atención a la población desplazada. Así, el Ministerio de Desarrollo promulgó el Decreto 951 de 2001 relativo a la solución de las necesidades de vivienda de la población desplazada. El Ministerio de Educación Nacional emitió el Decreto 2562 de 2001 y una circular conjunta con la Red de Solidaridad Social, relacionados con la prestación del servicio público educativo a la población escolar desplazada. El Ministerio de Salud, el Ministerio de la Protección Social y el Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud han expedido varios decretos y acuerdos dirigidos a coordinar la prestación del servicio de salud a la población desplazada. Por su parte, la Secretaría de Educación de la Alcaldía Mayor de Bogotá promulgó la Circular 020 de 2000, que regula los procedimientos relativos a la atención de la población escolar desplazada. Igualmente, FINAGRO dictó la circular VO 007 de 2003 que regula las líneas de crédito agrícola destinadas, entre otras, a la población desplazada. 

Finalmente, cabe anotar que en el Plan Nacional de Desarrollo vigente se consignaron varios lineamientos de política pública que ratifican lo dispuesto en las normas de la Ley 387 de 1997 sobre desplazamiento forzado. En algunos de sus apartes, y dentro del marco de la política de seguridad democrática, la Ley 812 de 2003 “por la cual se aprueba el Plan Nacional de Desarrollo 2003-2006” dispone objetivos dirigidos a fortalecer la política de atención a la población desplazada en lo referente a diferentes componentes de dicha atención. En particular, en el apartado concerniente a la “protección y promoción de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario”, el Plan de Desarrollo establece: 

“La prevención de violaciones a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario (DIH) se fundamentará en el sistema de alertas tempranas, el cual consolidará la información para la valoración oportuna del riesgo y la anticipación de eventos contra la comunidad. Paralelamente, se impulsará una estrategia pedagógica dirigida a las autoridades civiles y militares, así como a la ciudadanía.

Las víctimas del desplazamiento forzado recibirán asistencia integral en nutrición, refugio y salud (física y psicosocial). Los menores de edad contarán con asistencia educativa formal en instituciones del Estado y de haberse quedado huérfanos por causa del conflicto será obligación del ICBF brindar toda la asistencia social, integral y digna. Se activará de manera regular el Consejo Nacional de Atención a la Población Desplazada y se consolidará el Sistema Unico de Registro y el Sistema de Estimación de la Magnitud del Desplazamiento, con el apoyo de la Red de Solidaridad Social.

El restablecimiento de la población desplazada se promoverá a través de la titularización de tierras, subsidios de vivienda y el desarrollo de proyectos productivos asociativos financiados con microcréditos. Se implementará un programa piloto con el objeto de que cerca de 30 mil familias campesinas retornen a sus hogares.

El Gobierno fortalecerá el Fondo Nacional para la Atención del Desplazamiento creado por la Ley 387 de 1997.

(…)

Se diseñará e implementará un modelo de seguimiento, evaluación y monitoreo de las políticas públicas que inciden en los derechos humanos, tanto las relacionadas con los derechos civiles y políticos, como aquellas que vinculan los derechos económicos, sociales y culturales, colectivos y del ambiente.”

Adicionalmente, en cuanto al servicio de salud, la Ley dispone los siguiente:

“El Gobierno Nacional destinará recursos de la subcuenta ECAT para la atención en salud a la población en condición de desplazamiento forzoso sin capacidad de pago, con cofinanciación de las entidades territoriales condición que se mantendrá hasta que sean afiliados al régimen subsidiado.” 

Por su parte, en cuanto a la educación, el Plan de Desarrollo establece que 

“se buscará crear 1,5 millones de cupos en educación preescolar, básica y media mediante la implementación de varios esfuerzos complementarios, entre otros, aumentos en la eficiencia, recursos adicionales provenientes de las reformas constitucionales y el Programa de Educación Rural, con atención prioritaria a la población más vulnerable y teniendo en cuenta a la población desplazada.”

Por último, en relación con el subsidio de vivienda, el artículo 94 del Plan Nacional de Desarrollo dispone que la población desplazada que aspire al subsidio familiar de vivienda está exceptuada de cumplir con el requisito de ahorro programado.  

VI. Observaciones a la política existente y a sus distintos componentes. 

Pasa la Corte a analizar las distintas falencias de las políticas de atención a la población desplazada. Dichas falencias se deducen, tanto de los documentos analizados, como de la respuesta de algunas entidades al cuestionario enviado por la Sala de Revisión. El análisis se dividirá de acuerdo a los reparos que (i) pueden ser efectuados a la generalidad de la política pública de atención a la población desplazada, y (ii) los dirigidos contra los diferentes componentes de la respuesta institucional. Posteriormente, la Corte hará un resumen de lo observado.

1. Observaciones generales a la política pública de ayuda a la población desplazada por la violencia.  

Las falencias generales de la política pública de ayuda a la población desplazada por la violencia pueden dividirse en doce aspectos: (i) La insuficiencia en la apropiación de recursos para la implementación de políticas de atención a la población desplazada. (ii) La escasa cobertura de los programas de atención a la población desplazada. (iii) La falta de coordinación en la formulación e implementación de las políticas y la dispersión de funciones y responsabilidades. (iv) La ausencia de participación de la población desplazada en el diseño y la ejecución de la respuesta institucional. (v) El excesivo énfasis en la orientación hacia soluciones de corto plazo y de carácter temporal en la atención que se presta al desplazado. (vi) La falta de preparación de funcionarios. (vii) La ausencia de planeación de las políticas y los proyectos y programas. (viii) La inexistencia de mecanismos efectivos de seguimiento de la gestión. (ix) El bajo nivel de compromiso de la sociedad civil no desplazada. (x) La falta de flexibilidad de la reacción estatal al fenómeno del desplazamiento. (xi) El bajo grado de compromiso de las entidades territoriales. Y, por último, (xii) la ausencia de políticas favorables a los grupos de desplazados en debilidad extrema. A continuación se analizará cada uno de estos temas. 

1.1. Insuficiencia en la apropiación de recursos para la implementación de políticas de atención a la población desplazada. 

La insuficiencia de recursos financieros es uno de los factores que los documentos revisados mencionan, de manera consistente, como una las principales causas de las carencias en la implementación de las políticas de atención a la población desplazada y de la baja cobertura de sus componentes. 

 

En 1999, el Documento CONPES 3057 reveló que no habían sido destinados los recursos suficientes para cumplir una política estatal coherente e integral. Debido a esto, en el marco de la formulación del Plan de Acción de atención a la población desplazada, el Documento calculó que, de acuerdo a las metas financieras del Plan Colombia, la política de atención durante los años 2000, 2001 y 2002 tendría un costo de 360 millones de dólares, sin incluir la asignación de tierras y la adjudicación de vivienda a la población desplazada.     

También en 1999, la revista del Departamento Nacional de Planeación, Planeación y Desarrollo publicó un artículo en el que se consideraba que “(...) dadas las magnitudes del desplazamiento interno en Colombia la respuesta del gobierno nacional tanto para la prevención como para la asistencia es insuficiente." Los autores se fundamentaban en el siguiente análisis:

“(...) Durante 1997 y 1998, período donde se realizaron las mayores inversiones, el gasto total para asistencia a desplazados asciende a US 60 millones. Si se tiene en cuenta que para el período de 1995-1999 se reportaron alrededor de 700 mil desplazados, esta inversión equivale aproximadamente a 856 mil pesos por familia, mientras que las transferencias de la nación a los municipios asciende a 255 mil pesos por familia para 1997.

De otro lado, el Incora planea asignar un total de 3000 hectáreas para programas de reubicación. Si se asume que cada familia desplazada poseía 3 hectáreas, durante el período 1995-1999, la población desplazada ha perdido, vendido en condiciones desventajosas o abandonado alrededor de 420 mil hectáreas, es decir se está reintegrando a los desplazados solo un 0,7 % de sus tierras. 

Desde entonces, se observa claramente un cambio positivo en el nivel de recursos financieros destinados por el Estado a la política de atención a la población desplazada. Según la Red de Solidaridad Social, “se logró movilizar un importante nivel de recursos. (...) Entre 1998 y Junio de 2002, con recursos de la Red de Solidaridad Social, FONSECON, Fondo de Calamidades, Fondo de Inversiones para la Paz, Inurbe y Banco Agrario, se invirtieron más de 193 mil millones de pesos, en beneficio de más de 141 mil hogares. Igualmente durante el período en cuestión la Red de Solidaridad Social consolidó alianzas de cooperación internacional por un valor superior a los US 20 millones.”

En el mismo sentido, el informe de la Red de Solidaridad Social al Congreso de la República indica que “durante el actual período presidencial los recursos de inversión de las entidades de Gobierno encargadas de la atención al desplazamiento aumentaron casi diez veces con relación al período anterior. Pasaron de $15.166.347.748 en el período 1994 - 1998 a $148.935.695.923 entre los años 1998 y 2002.”

Además, de acuerdo a la Red de Solidaridad Social, el manejo, al menos de una parte de dichos recursos, fue realizado de manera más eficiente. “Cabe señalar que la Red de Solidaridad Social adecuó sus sistemas administrativos y financieros para poder operar en un contexto de emergencia con un presupuesto de funcionamiento cada vez más reducido. Por ejemplo, para 1998, con cada peso gastado en funcionamiento se invirtieron dos pesos en la atención a grupos de población vulnerable. En el 2001, por cada peso gastado en funcionamiento se invirtieron ocho pesos en la atención a la población vulnerable, sobre todo a la población desplazada por la violencia.

No obstante, a pesar de que la destinación de recursos aumentó de manera importante, ésta es todavía insuficiente para atender la demanda de la población desplazada. Así, el Documento CONPES 3115 de 2001 criticó la política pública estudiada en lo relativo al nivel de recursos económicos dirigidos a ella. Este Documento sostuvo que las asignaciones generales, y las destinadas a entidades y proyectos específicos, era insuficiente, ante todo considerando las metas financieras que habían sido calculadas por el Documento CONPES 3057 de 1999. Por esto, propuso una distribución y asignación de recursos para un total de 145 mil millones de pesos para el 2001, y 161 mil millones para el 2002, montos que se consideraban necesarios para cumplir con los objetivos establecidos en el CONPES anterior. Por último, el Documento de 2001 también estimó que varias de las entidades que integraban el SNAIPD habían concebido proyectos que no contaban con la asignación suficiente de recursos para su ejecución. 

En el mismo sentido, se pronuncia la Red de Solidaridad Social: 

 “(...) a pesar del sustancial incremento en la movilización de recursos (...) el crecimiento del fenómeno constituye una demanda muy elevada frente a los presupuestos posibles. Por ejemplo, para atender a 57 mil familias desplazadas (estimativo para Julio de 2002) se requería 159 mil millones, solamente en la fase de emergencia, brindando asistencia alimentaria, salud y educación. Financiar el retorno rápido de 35 mil familias requiere de una inversión mínima de 35 mil millones. Para restablecer integralmente a 100 mil familias que ya están incluidas en el registro se requiere alrededor de 1.5 billones de pesos, sin incluir los costos de la tierra y la seguridad física."

Los distintos análisis publicados durante los años 2002 y 2003 señalaron que a pesar del aumento en la apropiación de recursos durante el período 1998-2002, el nivel del esfuerzo financiero seguía siendo bajo. En opinión de la Defensoría del Pueblo, "durante el período 1998 -2002 la Red de Solidaridad Social invirtió un total de 25.466.000.000 en 353 proyectos de generación de ingresos que beneficiaron al 16% de la demanda potencial (incluye los no inscritos en el SUR)."

En el análisis realizado conjuntamente por el ACNUR y la Red de Solidaridad Social, se observan varias críticas en el mismo sentido: 

“Es indudable que en el período 1999-2002 tuvo lugar un incremento sustancial en la asignación de recursos por parte del gobierno nacional para la atención del desplazamiento forzado, la cual ascendió (entre enero de 1999 y junio de 2002) a 126.582 millones. De esta suma, el 52% se dedicó a financiar actividades de restablecimiento de la población desplazada, el 37% a la AHE, el 3.7% a prevención, y el 6.13% a fortalecimiento institucional. Sin embargo, este esfuerzo es insuficiente para satisfacer la demanda creciente de recursos. (...) La cobertura en AHE apenas ascendió al 43,2 % de la demanda registrada en el mismo período; la cobertura en estabilización socioeconómica fue del 19,5% y la cobertura en vivienda del 3,7%. De otro lado, la Red de Solidaridad Social estima que durante los próximos años se requiere invertir 2.6 billones para el restablecimiento de la población desplazada, sin incluir el costo de seguridad física, adquisición de tierras ni recursos para crédito. Así, el financiamiento de la política de atención a la población desplazada continúa siendo una de las principales limitantes de la política."

(…)

"Persiste un bajo grado de compromiso de muchos departamentos y municipios, cuyos mandatarios arguyen escasez de recursos presupuestales.” 

(…)

"La respuesta del Estado en su conjunto ha sido evidentemente insuficiente, en particular en lo relativo a la prevención y a la estabilización social y económica." 

Por su parte, en el documento que ACNUR envió a la Corte Constitucional en el curso del presente proceso, se afirma lo siguiente: 

"Al comparar las cifras establecidas para el año 2002 y 2003 en la Ley anual de Presupuesto respectiva, se encuentra que para la atención específica del problema del desplazamiento (rubros en los que expresamente se indica su destinación a favor de los desplazados), el Estado colombiano asigna una cifra cercana al 0.05% de los recursos del presupuesto nacional. Incluso, con el pago en el año 2003 de los recursos comprometidos el año anterior, el presupuesto sigue siendo deficiente."

(...)

Los recursos asignados a la Red de Solidaridad Social en el año 2003 representan el 0.13% del Presupuesto General de la Nación, incluyendo atención a otras víctimas de la violencia y habitantes de la calle. Incluso, si se destinara la totalidad de estos cerca de 90 mil millones de pesos a la atención de la población desplazada, y las cifras del desplazamiento se mantuvieran constantes, los recursos seguirán siendo claramente insuficientes. 

"No se pretende señalar ni que los rubros citados ni que los recursos de la RSS son los únicos que el Estado destina a la atención del desplazamiento. Si se tomaran el monto de recursos asignados a los rubros identificados por el documento CONPES 3115 de 2001 como relacionados con el tema, se tendría que una cifra cercana al 0.2% del Presupuesto General de la Nación tiene la vocación de atender a la población desplazada.” 

Igualmente, según opinión del secretariado General de Pastoral Social, expresada en 2001, los "recursos destinados al fortalecimiento militar del Estado con fondos de asistencia norteamericanos para el Plan Colombia sobrepasa el 70% (US$ 925 de los US$ 1300 millones de dólares), pues del total sólo se asignaron US$ 15 millones de dólares para atender las 400.000 personas desplazadas, estimativo de migración forzada calculado para la primera fase de intensificación de la guerra en el Sur del país."

En el mismo sentido, el Observatorio de los Derechos Humanos de las Mujeres en Colombia recomienda lo siguiente:

“Sobre la política pública en general, nos sumamos al reiterado llamado al Estado y específicamente, a la Presidencia de la República, a darle cumplimiento expedito a la orden del juez constitucional de destinar de manera prioritaria y urgente, al gasto público social para financiar la atención y protección integral a la población desplazada por la violencia en general y, dentro de ello, a los grupos más vulnerables en razón del género, la etnia, la edad, las discapacidades físicas u otro similar.” 

Se constata entonces que diferentes documentos, en distintos momentos en el tiempo, han establecido que, si bien existió un aumento considerable de los recursos destinados a la atención de la población desplazada entre los años 1998 y 2002, el nivel absoluto de los montos asignados continúa siendo insuficiente y muy inferior a los necesarios para satisfacer la demanda de las víctimas de este fenómeno. 

La Corte advierte que lo anterior también se evidencia al estudiar cada uno de los componentes de la atención a la población desplazada. 

En cuanto a la prevención del fenómeno, la Unidad Técnica Conjunta considera lo siguiente: 

"La inversión directa destinada a Prevención (excluyendo el Programa de atención a Municipios) se dedicó al componente de fortalecimiento del arraigo, con 3.595 millones para proyectos productivos que beneficiaron a 1028 personas, y 8530 familias, y a la promoción de la convivencia pacífica con 1171 millones, en 8 proyectos de atención psicosocial. Se concluye que el total de inversión en Prevención entre 1998 y Junio de 2002 es muy bajo y de reducida cobertura, pues asciende sólo a 4.766 millones y constituye apenas el 3.77% de la inversión total en atención del desplazamiento forzado."

En términos generales, en el patrón territorial de la inversión de los recursos en la atención al desplazamiento se ha privilegiado la atención de la demanda geográfica, y se ha relegado el de la atención a los municipios y regiones en riesgo."  

Por su parte, en lo relacionado con la atención humanitaria de emergencia, se observa que los recursos destinados a la prestación de este componente siguen siendo insuficientes. En opinión de la Red de Solidaridad Social y del ACNUR, "la inversión ejecutada para el período del presente gobierno, por valor de 49.170 millones es muy superior a la de los períodos anteriores, pero ello también se explica por el incremento acelerado del fenómeno del desplazamiento forzado. Así, el 95.5% de ésta se realizó entre el año 2000 y el 2002, y el 62% entre el 2001 y el 2002."  Según la Unidad Técnica Conjunta, la asignación de recursos, a pesar de ser mayor, sigue siendo insuficiente, ya que con los dineros apropiados no es posible llegar a niveles aceptables de cobertura. En igual sentido, se constata que la ausencia de recursos ha llevado a que los contratos con las ONGs prestadoras de atención humanitaria de emergencia, no se estén ejecutando, lo que a su vez incide gravemente en la eficiencia y eficacia con la que se presta dicho servicio en las regiones. 

Lo mismo sucede con los programas dirigidos a la estabilización socioeconómica de los hogares víctimas del desplazamiento. Dicho componente, es el que, en términos relativos, ha recibido una mayor cantidad de recursos. Aún así, dada la baja cobertura de estos programas, y la relación entre dicha carencia y la falta de recursos, la Unidad Técnica Conjunta estima que “la inversión del gobierno en restablecimiento durante el período 1999-2002 ha sido absolutamente superior al período de gobierno anterior y ha crecido geométricamente: en el 2000 creció tres veces respecto a 1999, en el 2001 creció 17 veces respecto del mismo año, y en el primer semestre del 2002 ha crecido 8 veces."  

Por su parte, la Defensoría del Pueblo estima que “durante el período 1998-2002 la Red de Solidaridad Social invirtió un total de 25.466.000.000 en 353 proyectos de generación de ingresos que beneficiaron al 16% de la demanda potencial (incluye los no inscritos en el SUR).”  

En materia de soluciones de vivienda para las familias desplazadas, la Red de Solidaridad Social y el ACNUR advierten:  

"Uno de los avances más importantes es que por primera vez hubo una asignación importante de recursos para inversión específica en vivienda de la población desplazada. Aunque ésta se hizo visible sólo durante el último año de gobierno a partir de la promulgación del CONPES 3115 de 2001 (29.000 millones al INURBE y 7000 millones al Banco Agrario). De otro lado, la Red de Solidaridad Social fue encargada de asignar la inversión de 12.500 millones adicionales (3.500 millones apropiados al DRI y 9000 millones apropiados al FINDETER), destinados a saneamiento básico rural y a infraestructura urbana respectivamente. Sin embargo, fue muy bajo. El nivel de ejecución en el 2001 y al final de febrero del 2002 solamente se había comprometido el 74%" 

(…) 

“El punto central hacia futuro es la posibilidad de incrementar significativamente la disponibilidad presupuestal de recursos para atención a la población desplazada en materia de vivienda, mejorando así el muy bajo desempeño en término de cobertura durante los últimos cuatro años, apelando a recursos de crédito externo y articulando las acciones en vivienda para la población desplazada con algunos de los programas de la red de apoyo social.” 

Igualmente, en el documento enviado por el ACNUR en el trámite del presente proceso se estima que 

“El INURBE (...) no contó con recursos para la puesta en marcha de sus políticas. Solamente, de acuerdo con el balance adelantado por el ACNUR en materia de vivienda se ha satisfecho un 3.7% de la demanda potencial de subsidios de vivienda para la población desplazada, en el período evaluado. (…) A lo anterior se suma que para el 2003, de acuerdo con la Ley de Presupuesto General de la Nación, se asignarán subsidios por valor de 120.000.000 de pesos. No más de 10 mil familias podrán ser atendidas, incluso si se sacrificaran otros sectores de la población.”  

Adicionalmente, en el informe ejecutivo que el INURBE envió a la Corte Constitucional como parte de su respuesta al cuestionario formulado por la Corte Constitucional, dicha entidad afirma que 

"Teniendo en cuenta las dificultades de apalancar dentro de la estructura normativa existente - Decreto 951 de 2001-, los recursos con la celeridad que el fenómeno (del desplazamiento) lo exige, algunos hogares desplazados amparados en la Constitución, han sido beneficiados por sentencias de la Corte Constitucional y diferentes entes judiciales a efectos de lograr su restablecimiento socioeconómico, en especial, la búsqueda de un techo para sus familias, interviniendo en esta fase del proceso, el Inurbe."

"La atención a la población desplazada comenzó a ser efectiva por parte de Inurbe en febrero de 2001 asignando la primera tutela que beneficiaba a 178 hogares instalados en el edificio antiguo de la Cruz Roja Internacional. A partir de este momento, y a la fecha se han asignado a nivel nacional 3487 subsidios por valor de $23.836.546.775.

Sin embargo, los fallos de tutela siguen en aumento y a hoy tenemos pendientes de asignar 1155 subsidios equivalentes a un valor de $8.879.115.000." 

De lo antedicho se concluye que dicha entidad ha otorgado subsidios de vivienda a la población desplazada como respuesta, de manera casi exclusiva, a las acciones de tutela formuladas en su contra. Se observa que la entidad responsable de este componente, (i) no ha destinado los recursos suficientes para una prestación ordinaria, sino para el cumplimiento de órdenes judiciales, y (ii) no ha recibido la apropiación presupuestal suficiente para poder cumplir con los objetivos de la política. 

Las carencias económicas de dicha entidad se evidencian también en un cuadro enviado por ella a la Sala Tercera, en el cual se observan el número de subsidios adjudicados en favor de la población desplazada, clasificados de acuerdo al tipo de asignación efectuada. Se observa que en el año 2001, fueron asignados 773 subsidios de vivienda en cumplimiento de órdenes de tutela, mientras que, para el mismo año fueron adjudicados 711 subsidios por vía ordinaria. Peor aún, el cuadro muestra que para el año 2002, fueron asignados 2003 subsidios de vivienda, todos por vía de orden judicial. De esta manera, durante el año 2002, las únicas familias que fueron beneficiadas por la ayuda estatal en materia de vivienda, fueron aquellas que interpusieron una acción de tutela y que tuvieron éxito en sus pretensiones judiciales. Adicionalmente, el INURBE no tiene la capacidad financiera, ni siquiera, de acatar los fallos de tutela proferidos en su contra. En efecto, esta entidad, ha venido acumulando una deuda con las personas desplazadas favorecidas por sentencias de tutela, a quienes no les ha podido desembolsar los dineros correspondientes. 

En materia de educación, la respuesta del Ministerio de Educación al cuestionario enviado por la Sala Tercera de Revisión, señala que existió una mayor asignación relativa de recursos en el año 2002, en comparación con el año 1997.  

“La entidad afirmó que ha venido desarrollando, en conjunto con las Secretarías de educación, programas de “ampliación de cobertura (...). Es de tener en cuenta, que la asignación por un niño promedio nacional en 1997 era de $543.550 y para el año 2002 era de $822.000. Para ilustrar esta información se calcula que actualmente Bogotá atiende con recursos propios aproximadamente 22.000 niños y niñas en situación de desplazamiento, con una inversión de $18.084 millones. En las demás entidades territoriales se apropian recursos de acuerdo con sus posibilidades y necesidades.”

No obstante, la Unidad Técnica Conjunta indica que 

“entre 1995 y 2000 no se destinaron [recursos] al Ministerio de Educación con destino específico para la atención de la población desplazada, y en el 2001 solamente se apropiaron 2´141 millones. A 31 de Octubre de 2001 sólo se habían comprometido apenas el 30%. Se proyectó asignar al Ministerio de Educación en el 2002 una apropiación presupuestal de sólo 2´569 millones para atención a la población desplazada. Si se tiene en cuenta la reconocida crisis fiscal de los municipios no se ve ninguna luz de esperanza de que el tema de la financiación en este servicio para la población desplazada entre en vía de real solución. Es decir, que, a diferencia de los demás componentes de la política, en este caso no opera el principio de la discriminación positiva, financieramente hablando, sino que la atención a la población desplazada se realiza a través de los servicios y con cargos a los recursos regulares de la atención social.”   

De otra parte, el documento elaborado conjuntamente por el ACNUR y la Red de Solidaridad Social establece que, adicionalmente al problema del nivel de recursos apropiados, existe un obstáculo al desembolso efectivo de los dineros que han sido apropiados. Según el documento, 

“una limitante adicional a la de la escasa asignación de recursos del presupuesto nacional, es la no disponibilidad efectiva de los recursos ocasionada por el hecho de que el giro de los mismos está sujeto al Programa Anual de Caja (PAC) controlado por el Ministerio de Hacienda, según la disponibilidad efectiva de recursos en tesorería y de acuerdo con las disposiciones de la política macroeconómica del gobierno nacional." 

Finalmente, algunos autores sostienen que la capacidad de asignación relativa de recursos por entidades territoriales no corresponde a la incidencia del fenómeno del desplazamiento en cada uno de ellos. En este sentido, “la distribución geográfica de la población desplazada no concuerda con la presión ejercida en cada municipio por la demanda de asistencia. Las grandes ciudades concentran los mayores flujos de población desplazada pero la evidencia sugiere que las ciudades intermedias sufren luna presión excesiva sobre su capacidad financiera e institucional.” 

Como conclusión de este apartado, la Corte constata que respecto a la asignación de recursos económicos dirigidos a la atención de la población desplazada, la jurisprudencia de la Corte referente a que “el gasto en el cuidado a los desplazados debe ser considerado, inclusive, como más perentorio que el gasto público social, al cual el artículo 350 de la Carta Política le asignó prioridad sobre los demás”, no ha sido acatada por las autoridades y organismos estatales responsables de responder a este fenómeno. En este sentido, el documento conjunto de la Red de Solidaridad Social y el ACNUR afirma lo siguiente:

“Es claro que el Estado colombiano afronta una restricción fiscal de amplias proporciones y que la misma resiente su capacidad de respuesta frente a la situación de la Población Desplazada. No obstante, es pertinente recordar que a partir de las obligaciones que el Estado colombiano ha adquirido, la situación de extrema vulnerabilidad que enfrentan las comunidades desplazadas, la naturaleza de las obligaciones, en el doble contenido programático y de reparación frente a una falta del deber de protección de las autoridades, la misma H. Corte Constitucional, en la sentencia SU-1150 de 2000, señaló la necesidad de darle prioridad al gasto en desplazamiento incluso por encima del gasto público social.”

En este orden de ideas, el ACNUR y la Red de Solidaridad Social recomiendan (i) "ajustar la programación presupuestal a la dimensión actual de la demanda y a sus proyecciones futuras" (ii) eliminar las cláusulas suspensivas en el Decreto 2569 de 2000, en las cuales condicionan la atención a la población desplazada a la disponibilidad presupuestal, y (iii), "establecer un régimen especial de financiación de este gasto teniendo en cuenta que está dirigido a atender una situación de crisis humanitaria que requiere respuestas de emergencia, dando cumplimiento a la sentencia SU1150 de la Corte Constitucional: a) Definiendo con suficiente anticipación el monto del PAC a ser asignado a la atención al desplazamiento, b) mejorando la coordinación entre el DNP, la RSS y Minhacienda en cuanto a las decisiones sobre asignación de PAC y su implementación, c) Mejorando la oportunidad en la disponibilidad de los recursos mediante la agilización del flujo de caja y d) Haciendo consistente la prioridad de esta política para el gobierno con los criterios de asignación de PAC del Minhacienda.

De otra parte, de los documentos enviados por el Departamento Nacional de Planeación se observa que el presupuesto de inversión de la Red de Solidaridad Social ha tenido la variación que se observa a continuación. 

Red de Solidaridad Social  

Presupuesto de Inversión 1998-2003

Vigencia

Cifras en millones de pesos constantes

Variación

1998

84,449

1999

117,321

39%

2000

86,240

-26%

2001

130,620

51%

2002

69,320

-47%

2003

72,046

4%

Total

559,996

En concordancia con las funciones de la Red de Solidaridad Social, los datos expuestos incluyen partidas dirigidas a proyectos o programas que no conciernen a las políticas de atención a la población desplazada. Sin embargo, dado que la Red de Solidaridad Social es la entidad responsable de coordinar el SNAIPD, así como de prestar la ayuda humanitaria de emergencia, el presupuesto de inversión de dicha entidad permite inferir que el nivel de recursos que el Estado le ha asignado a las políticas públicas bajo análisis. 

Se observa que del año 1998 al 2001, el presupuesto de inversión de la Red de Solidaridad Social, aumentó de 84´449 a 130´620 millones de pesos. Sin embargo, para el año 2002 dicha suma bajó a 69´320 millones (disminuyó en un 47 %). A su vez, para el año 2003, se dispusieron para este guarismo 72´046 millones de pesos, lo cual representa un aumento poco significativo respecto del año anterior, y constituye una disminución de 45% respecto del año 2001.  

Por su parte, el Ministerio de Hacienda envió a la Corte Constitucional un cuadro en el cual se observa el monto de recursos asignados a la población desplazada para el período 1995-2003. Dicho cuadro se encuentra dividido por entidades e incluye la Red de Solidaridad Social, la Presidencia de la República, el Ministerio de Interior, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, el INCORA, el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, el Ministerio de Salud (FOSYGA), el Inurbe y el Ministerio de Educación Nacional. Sin embargo, la Corte analizará únicamente las cifras totales adjudicadas para cada período. 

Recursos asignados para la atención de la población desplazada en el Presupuesto General de la Nación. Período 1995-2002 

(Cifras en millones de pesos)

Año

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

2003

Total

247

1,087

6,451

21,108

33,299

32,650

91,967

103,492

70,783

Var

340%

494%

227%

58%

-2%

182%

13%

-32%

Durante el período 1995-2000, la asignación de recursos para la atención de la población desplazada en el presupuesto general, aumentó de manera considerable. En el año 2000 se mantuvo más o menos constante con respecto del año anterior. Posteriormente, dicha asignación volvió a aumentar para los años 2001 y 2002. No obstante, para el año el año 2003 se observa una caída del 32% respecto del período antecedente, de lo cual se percibe una disminución de los recursos asignados para la atención de la población desplazada. Igualmente, el ACNUR estima que los recursos destinados a la atención de la población desplazada corresponden al 0.05% del Presupuesto General de la Nación. Lo anterior no se compadece con que, de acuerdo a ciertos cálculos, el número de personas desplazadas en Colombia asciende al 4,3% de la población total. 

Ahora bien, si se tienen en cuenta las cifras relativas al crecimiento de la población desplazada en los últimos años, se observa que, al menos en relación con los datos analizados anteriormente, la evolución de la respuesta estatal desde el punto de vista de asignación de recursos no ha estado ligada a la evolución de la dimensión del problema. 

De otra parte, la apropiación de recursos ha sido menor que la propuesta por los Documentos CONPES 3057 de 1999 y 3115 de 2001. Como se observó repetidamente en esta sentencia, el Documento CONPES 3057 recomendó que para los años 2000, 2001 y 2002 se apropiaran 360 millones de dólares, lo cual no incluía la adjudicación de tierras y la vivienda. Por su parte, el documento, CONPES 3115 concluyó que no habían sido asignados los recursos necesarios para cumplir las metas establecidas en el Documento formulado en el año 1999 y recomendó aprobar una distribución presupuestal que totalizaba 145 mil millones de pesos para el año 2001, y 161 mil millones de pesos para el año 2002. Sin embargo, como se estudió anteriormente, de acuerdo a los datos aportados por la Red de Solidaridad Social y el ACNUR, la suma de la asignación de recursos por parte del gobierno nacional para la atención del desplazamiento forzado, entre enero de 1999 y junio de 2002 fue de 126.582 millones. Este monto, que corresponde a la suma del dinero destinado a lo largo tres años y medio, es bastante inferior a lo requerido para cualquiera de dichos años en particular.

Además, tanto las entidades estatales como las organizaciones de derechos humanos señalan que la asignación de recursos económicos para atender este fenómeno, no sólo es insuficiente sino que ha tenido una tendencia decreciente desde el año 2002.   

1.2. Escasa cobertura de los programas de atención a la población desplazada

Los documentos resaltan el sub registro de la población afectada por este fenómeno, el aumento constante del número de personas inscritas, y el bajo cubrimiento efectivo que han recibido aquellos desplazados inscritos en el Sistema Único de Registro de Población Desplazada.

Si bien la Corte constata evidentes esfuerzos de las entidades estatales con miras a ampliar la cobertura de la ayuda a las comunidades en condición de desplazamiento, análisis realizados en los dos últimos años, tanto por organizaciones privadas como por entidades del Estado, coinciden en informar acerca de la insuficiencia de las políticas para atender a la población desplazada. Tanto el ACNUR como la Red de Solidaridad Social coinciden en afirmar que la política de atención a la población desplazada cuenta con una “cobertura insuficiente” o que, en el mismo sentido, "las coberturas de atención no alcanzan niveles satisfactorios de respuesta." Esa insuficiencia de cobertura es un fenómeno presente en todos los componentes de la respuesta institucional al fenómeno del desplazamiento. 

Así, para la prestación de atención humanitaria de emergencia, la cual está encaminada a satisfacer la necesidades básicas de supervivencia de la población desplazada, la cobertura para el período 1998 –2002, sólo alcanzó el 43.32% ?si se tiene en cuenta la cifra de hogares registrados por la Red? y el 25.66%, si se toma como referencia la cifra de hogares desplazados reportada por CODHES.

En cuanto al servicio de salud, varios de los documentos analizados afirman que, debido a las restricciones institucionales, la oferta de dicho servicio es insuficiente en relación con la demanda.

De igual manera, el componente de estabilización socioeconómica no atañe a un número suficiente de personas. Así, por ejemplo, lo reporta la Defensoría del Pueblo al señalar que “solamente se ha cubierto con proyectos de generación de ingresos al 10% de la población desplazada, sin contar el acumulado de población en situación de desplazamiento que no ha sido atendido en los últimos cinco años." De acuerdo a la Red de Solidaridad Social, la baja cobertura en este componente se debe primordialmente a dos factores: (i) a la escasez de recursos –asunto que se examinará más adelante; y (ii) a la insuficiencia de labores desarrolladas por las entidades que integran el SNAIPD. Por ejemplo, la Red de Solidaridad Social anota que, en relación con las “actividades de transformación del comercio y servicios del sector urbano” el Instituto de Fomento Industrial (IFI) era la entidad responsable del financiamiento, y que hasta el momento dicho organismo no había establecido líneas especiales de crédito para la población desplazada. Por esta razón no se habían otorgando créditos para proyectos urbanos. Adicionalmente, el IFI fue absorbido por BANCOLDEX, sin que esta última entidad asumiera las funciones de creación e implementación de proyectos productivos urbanos para la población desplazada. Por estas razones, en el momento actual no existe un proyecto o programa que éste siendo implementado, dirigido a ofrecer facilidades para que la población desplazada urbana pueda desarrollar proyectos productivos  

Así mismo, la insuficiencia de cobertura de las políticas de estabilización económica de la población desplazada por la violencia, ha tenido repercusiones graves en las condiciones de vida de estas personas. La fase de transición, definida como una etapa en la cual la persona desplazada ya no cuenta con la posibilidad de recibir los beneficios de la atención humanitaria de emergencia, pero todavía no ha accedido a programas de estabilización socioeconómica, es "una etapa en que el sistema colapsa, (...) y los niveles de realización en todos los derechos son bajos o casi nulos”, se extiende a puntos inaceptables. De acuerdo a la Red de Solidaridad Social, durante esta fase “pueden transcurrir de 6 meses a 2.5 años en promedio”. Por su parte, la Red de Solidaridad Social también reconoce que existen fallas en la cobertura durante la etapa de transición. En la descripción de las distintas etapas de ayuda a la población desplazada incluida en la respuesta que esta entidad dio al cuestionario formulado por la Sala Tercera de Revisión, la Red afirma que, culminada la etapa de atención humanitaria de emergencia, y sólo “en algunos casos coetánea a ésta”, se inicia la etapa de estabilización y consolidación económica, manifestando así, que con frecuencia, el período entre una y otra etapa no es continuo. La situación de los desplazados en esta tutela confirmaría este hecho.

En el mismo sentido, el componente de generación de proyectos productivos para la población desplazada, también ha tenido una cobertura de apenas 19.5% de la demanda potencial para el período 2000-2002. Los documentos también reportan la existencia de una muy baja cobertura de los proyectos de capacitación laboral. En palabras de la Defensoría del Pueblo, “los cuellos de botella en el acceso a este tipo de programas son (…) el poco impulso y apoyo que esta alternativa de generación de ingresos recibió en el período anterior …y  “la baja disponibilidad presupuestal para este tipo de componentes, ya que la prioridad presupuestal en programas de estabilización económica la tenía el programa de proyectos productivos.”

De otra parte, en materia de soluciones de vivienda para la población desplazada, sucede algo similar. La Red de Solidaridad Social, afirma que “con los recursos invertidos (gestionados con diferentes entidades por el Red de Solidaridad Social) se ha logrado satisfacer el 50% de la demanda en algunos departamentos, y menores porcentajes en otros.”  A su vez, en documento conjunto, el ACNUR y la Red de Solidaridad Social establecen que “la cobertura total del programa durante el presente gobierno (6.061 soluciones de vivienda rural y urbana) ha satisfecho un 3.7% de la demanda potencial, y se ha cumplido apenas el 11.4% de la meta planeada, lo cual puede caracterizarse como una limitación muy importante de la política.” Por su parte, la Defensoría del Pueblo describe la “incapacidad del Estado para dar cobertura a la demanda” en los siguientes términos: “el propio Estado reconoce que las metas 2000 - 2002 eran otorgar subsidios a 53.366 familias, frente a una demanda estimada de 155.000 (cobertura del 34%).” Por último, el ACNUR expresa que a pesar de los esfuerzos realizados por el Inurbe para mejorar los mecanismos de acceso de la población desplazada a las soluciones de vivienda, “ …no contó con recursos para la puesta en marcha de sus políticas. Solamente, de acuerdo con el balance adelantado por el ACNUR en materia de vivienda se ha satisfecho un 3.7% de la demanda potencial de subsidios de vivienda para la Población Desplazada, en el período evaluado" "A lo anterior se suma que para el 2003, de acuerdo con la Ley de Presupuesto General de la Nación, se asignarán subsidios por valor de 120.000.000 de pesos. No más de 10 mil familias podrán ser atendidas, incluso si se sacrificaran otros sectores de la población.” 

La baja cobertura en materia de vivienda ha llevado a que las personas desplazadas se vean obligadas a utilizar la acción de tutela para que les sean solucionadas sus necesidades. En efecto, varios de los expedientes acumulados en la presente tutela muestran casos en los cuales los funcionarios del Inurbe, al ser preguntados por el procedimiento para acceder a la ayuda de vivienda para las personas desplazadas, responden que es necesario utilizar la vía de la tutela. Igualmente, de los datos presentados por el Inurbe se constata que la mayoría de subsidios han sido asignados acatando órdenes de tutela.  

Por último, en relación con el servicio de educación, el Ministerio de Educación constata que "la oferta de cupos es superada por la demanda escolar, situación que se vive en todo el país."  La insuficiencia de cupos es apreciada por el Ministerio de Educación como un problema causado más que todo por la ausencia de recursos. 

1.3. Falta de coordinación en la formulación e implementación de las políticas y dispersión de las funciones y responsabilidades. 

La falta de coordinación del aparato estatal respecto de las responsabilidades inherentes a las políticas de atención a la población desplazada, ha sido un problema que ha sido detectado de tiempo atrás, y, no obstante el trabajo realizado, sigue siendo evidente en el presente. 

A pesar de que en 1999 el Documento CONPES 3057 afirmaba que existía una “dispersión y descoordinación de competencias y formulación de políticas”, este problema no ha sido superado todavía. Dos ejemplos dan cuenta de esto: Primero, la falta de coordinación institucional en la respuesta misma de parte de las entidades gubernamentales en los casos objeto de la presente tutela. Por ejemplo, las respuestas de la Red de Solidaridad Social a las acciones de tutela incoadas en su contra, hacen evidente la ausencia de claridad acerca las responsabilidades de cada entidad, pues sostiene “no ser el organismo directamente responsable”, lo cual denota las dificultades para el ejercicio efectivo de su función de “coordinador” SNAIPD, y evidencia la carencia de mecanismos de coordinación efectivos y de criterios comunes de respuesta institucional. Igualmente, en la respuesta de las entidades que componen el SNAIPD al cuestionario formulado en la presente sentencia por la Sala Tercera de Revisión, se constata la imprecisión en la distribución de funciones entre las distintas entidades. Por ejemplo, en relación con la pregunta sobre el número total de personas desplazadas, la Red de Solidaridad Social afirmó que el manejo de dichos datos no era de su competencia, pero que oficiaría al Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) para que dicha entidad, que contaba dentro de sus funciones con la mencionada tarea, respondiera la pregunta de la referencia. No obstante, el DANE contestó el cuestionario enviado por la Corte Constitucional, afirmando que el manejo de datos relacionados con el fenómeno del desplazamiento forzado no estaba incluido dentro de sus competencias. En el mismo sentido, el Inurbe, al ser preguntado por la Corte acerca de las apropiaciones presupuestales y el gasto público destinados a los programas de ayuda a la población desplazada, respondió: “(e)n cuanto a la pregunta sobre la evolución de las apropiaciones presupuestales y del gasto público destinado a la población desplazada, no es posible responderla dado que no somos la entidad competente para hacerlo.”  Dicha afirmación  riñe con lo sostenido por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, según el cual, además de los rubros incluidos en el Presupuesto General de la Nación, las entidades que conforman el Sistema Nacional para la Atención Integral de la Población Desplazada, “realizan las operaciones presupuestales necesarias” para el cumplimiento de sus funciones relacionadas con el fenómeno del desplazamiento.   

De otra parte, cinco aspectos de la deficiente coordinación institucional son reportados en los documentos analizados por la Corte. 

1.3.1. En primer lugar, las distintas entidades señalan como causa de los problemas de coordinación, la dispersión de competencias y la ausencia de claridad acerca de las responsabilidades de las entidades que conforman el SNAIPD. A pesar de algunos esfuerzos estatales para mejorar la situación, se denotan algunas carencias fundamentales del actual funcionamiento del Sistema. En opinión del ACNUR, “el gobierno nacional ha acertado al asignar la responsabilidad de la coordinación de la política a una entidad con presencia nacional (Red de Solidaridad Social) y al diseñar un conjunto de instrumentos jurídicos y de política para la atención de la población desplazada. Sin embargo, se presentan situaciones recurrentes que limitan la eficacia de muchas de esas medidas, por lo que se considera importante reforzar al SNAIPD, y, en particular, a su entidad coordinadora, a saber, la RSS.” 

La misma organización, en otro documento afirma que “(u)na limitación importante en este sentido es que la Dirección General de la Red de Solidaridad Social ni tiene ascendiente político sobre las demás entidades del SNAIPD, ni dispone de instrumentos de tipo coercitivo para hacer cumplir sus disposiciones de política, ni una programación coordinada en el nivel operativo.” En el mismo sentido, en respuesta al cuestionario formulado por esta Sala de Revisión, la Red de Solidaridad Social estima que “existe un vacío jurídico en relación con el papel de la Red de Solidaridad Social como coordinadora del sistema, toda vez que no existe potestad legal que le otorgue la fuerza vinculante necesaria a la RSS para que las entidades miembros del SNAIPD cumplan las directrices que la RSS dispone en su papel de coordinador y no ejecutor de los diferentes programas que prestan las demás entidades del sistema.”

Por último, en cuanto a la coordinación en la ejecución práctica de las políticas, el ACNUR y la Red de Solidaridad Social consideran que 

"(...) hasta la fecha la Red de Solidaridad Social ha venido llenando el vacío que dejó el Consejo Nacional en formulación de la política, haciendo un gran esfuerzo para una concepción integral de la misma y logrando avances muy significativos (pero con limitaciones aún importantes) en la coordinación con las otras entidades del SNAIPD en materia de formulación de nueva normatividad y de desarrollo concertado de protocolos de atención. Sin embargo, la coordinación se ha mantenido en este ámbito, sin lograr trascender a la práctica en el terreno." 

Adicionalmente, los organismos encargados de asesorar al Sistema Nacional de Atención no han operado para que la coordinación de las actividades entre las diferentes entidades que lo componen sea efectiva. Por ejemplo, el Consejo Nacional para la Atención Integral de la Población Desplazada, creado por la Ley 387 de 1997 como un órgano asesor “encargado de formular la política y garantizar la asignación presupuestal de los programas de las entidades responsables del funcionamiento del SNAIPD”, no se reunió al menos durante los primeros once meses del actual gobierno.

Por su parte, lo mismo puede ser considerado para cada uno de los componentes de la política. En relación con la estabilización socioeconómica de la población desplazada, se denota una "ausencia de mecanismos de exigibilidad sobre las funciones del Comité Territorial, pues la efectividad de dicho organismo depende de  la voluntad política local."  De otra parte, en lo concerniente con la generación de proyectos productivos urbanos, la Red de Solidaridad Social, en respuesta al cuestionario formulado por la Sala Tercera de Revisión, anota que el IFI está en proceso de fusión con BANCOLDEX, lo cual ha ocasionado “que no se tenga una opción real para la población que desea desarrollar alternativas de generación de ingresos urbanos”. Además, son claros los problemas relativos a una delimitación adecuada de las funciones de las entidades responsables de prestar la atención en materia de proyectos productivos. Por ejemplo, en el caso de los créditos del Banco Agrario para proyectos rurales, se observa "la existencia de múltiples trámites innecesarios, que pudieron haber sido simplificados si el Banco Agrario, hubiese asumido el apoyo técnico, el estudio y aprobación del crédito, en vez de dispersar esta función a las unidades territoriales de la Red de Solidaridad Social." En cuanto a los programas de adjudicación de tierras, en opinión del ACNUR, las políticas de reforma agraria se caracterizan por la "incertidumbre en la estabilidad de la institución encargada del desarrollo de la política, como es el caso de la liquidación del INCORA, sin que se conozca hasta ahora qué entidad desarrollará las políticas de atención a la población desplazada en la materia."

El mismo fenómeno se constata en la prestación del servicio de educación para la población desplazada. El Ministerio de Educación Nacional evidencia problemas de coordinación de las políticas de educación de la población escolar y constata una "clara falta de coordinación interinstitucional de los Comités en el proceso de definir las opciones de reincorporación.

1.3.2. En segundo lugar, no existe claridad acerca de las responsabilidades de las entidades territoriales. En efecto, el Documento CONPES 3057 de 1999, al observar la descoordinación en esta materia y la excesiva centralización de las responsabilidades en relación con la ayuda a la población desplazada, propuso "establecer un esquema de ejecución descentralizada que tenga en cuenta la responsabilidad de los municipios y los departamentos, y facilite la participación del sector privado, agencias internacionales, Iglesia y ONG´s en alianza con el Estado." Adicionalmente, indicó que no estaba resuelto "cómo transferir los acumulados que se tienen en el nivel central, y cómo generar los ajustes de la política necesarios a partir de su aplicación en los niveles locales." Así mismo, autores como Muggah indicaban en 1999 que “el traspaso de recursos a los niveles locales por medio de una genuina transferencia de recursos a las agencias ejecutoras en los municipios afectados es necesario para la promoción de un esquema descentralizado de provisión de servicios."

En vista de estos problemas, fueron creados los Comités Territoriales para la Atención Integral a la Población Desplazada, compuestos por los alcaldes y gobernadores, los comandantes de brigada y de policía, el director del servicio seccional de salud, y representantes del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la Cruz Roja, la Defensa Civil, las iglesias y la población desplazada, los cuales están dirigidos a cumpir diferentes funciones en materia de prevención del desplazamiento y atención integral de las víctimas del fenómeno. Sin embargo, dichos comités, cuando actúan, no han logrado la conformación de una política clara, integral y transparente respecto de las funciones de las gobernaciones y municipios. Según la Red de Solidaridad Social, “si bien el avance en la visión y estructuración de sistema mediante la reactivación de los Comités Territoriales es innegable, persisten grandes dificultades para que ello se traduzca en una verdadera respuesta Integral.”

1.3.3. En tercer lugar, se observa una falta de coordinación en relación con el suministro de información a las comunidades desplazadas acerca de la oferta institucional. Por ejemplo, en lo relacionado con la prestación del servicio de educación escolar, el Ministerio de Educación Nacional opina que “se presenta desconocimiento por parte de los padres y madres o responsables, de los requerimientos para acceder a los cupos debido a que la información no ha sido suficientemente divulgada por el Ministerio de Educación y las Secretarías de Educación.”  Igualmente el ACNUR y el Red de Solidaridad Social opinan que existe un “ambiente generalizado de desinformación que se puede constatar por el desconocimiento de la Población Desplazada sobre los programas de atención y sobre los requisitos y procedimientos para acceder a los mismos.” En cuanto al componente de generación de proyectos productivos, se observa que la población desplazada cuenta con escasa información de las diferentes alternativas que existen y los requisitos necesarios para acceder ellas.

1.3.4. En cuarto lugar, también es evidente la insuficiente capacidad de coordinación entre las entidades estatales y las Organizaciones No Gubernamentales. En este sentido, desde 1999, el Documento CONPES 3057/99 afirma que existe una “ausencia de articulación con ONG´s agencias internacionales”. Dicho problema persiste el día de hoy. El ACNUR y la Red de Solidaridad Social recomiendan establecer "un sistema efectivo de comunicación al interior del SNAIPD que debe existir entre las diferentes entidades, entre el nivel nacional y el nivel regional y entre las entidades del nivel central y las administraciones locales y departamentales, entre los comités y las ONG y las organizaciones de la población desplazada." 

1.3.5. Por último, se constata un manejo desagregado y desordenado en la consecución y el manejo de recursos provenientes de la comunidad internacional. Este problema se evidencia a partir de tres factores: Primero la ausencia de coordinación nacional en relación con la consecución de recursos, segundo, el deficiente manejo de información concerniente a los dineros recibidos y por último, el efecto perverso causado por “esperar” la ayuda internacional. 

En 1999, algunos autores proponían la creación de un modelo de “combinación” de organizaciones, a partir de una agencia líder, de acuerdo al cual una organización sería responsable de coordinar los esfuerzos humanitarios y de reconstrucción, de los cuales la atención a la población desplazada hace parte. Por su parte, el Informe de la Red de Solidaridad Social al Congreso acerca de la gestión 1998-2002 indica que la "Estrategia de Fortalecimiento Institucional y Desarrollo Social" alcanzó una financiación de 1328 millones de dólares, de los cuales 318 millones fueron invertidos, y 1028 "se invertirán en programas y proyectos entre los años 2002 y 2006." No obstante, no es claro cuánto de estos dineros es destinado a la ayuda a la población desplazada. Igualmente, la Red de Solidaridad Social, en el documento enviado a la Corte presenta un gráfico en el cual se observa que el componente social del plan Colombia alcanzó en 2002 recursos por más de 350 millones de dólares. Aquí, tampoco es claro si estos dineros están destinados a la ayuda a población desplazada.

Además, la Corte encuentra que el problema señalado también se evidencia en la respuesta de las entidades preguntadas por la Sala Tercera en cuanto a la existencia y descripción de la ayuda internacional recibida. Las entidades se limitan a hacer una descripción parcial de algunos de los proyectos realizados con base en convenios internacionales. En ninguna de las respuestas se observa un análisis genérico de la ayuda recibida. Ni una sola de las entidades envió una estadística acerca de la totalidad de proyectos realizados, o de recursos otorgados por la comunidad internacional, a pesar de que dicha información fue solicitada por la Corte Constitucional.

Adicionalmente, se observa que a pesar de que el Estado no cuenta con un sistema integrado para la consecución y seguimiento de los recursos provenientes de la comunidad internacional, la atención a la población desplazada depende del nivel de ayuda internacional. 

1.4. Ausencia de participación de la población desplazada en la formulación y ejecución de la respuesta institucional. 

La formulación y la ejecución de las políticas de atención a la población desplazada, no contienen espacios suficientes ni adecuados de participación de las comunidades en condición de desplazamiento. En este sentido, el Documento CONPES 3057/99 afirmó que es necesario fortalecer los espacios de participación y la capacidad de la población desplazada para influir en ellos. 

A pesar de los reparos formulados en 1999, en el año 2002 la Red de Solidaridad Social sostuvo que "ha venido impulsando una línea de desarrollo de capital social con la población desplazada. Los objetivos son apoyar los procesos organizativos de la población desplazada, garantizar el ejercicio del derecho a la participación de la población desplazada en la elaboración ejecución y gestión de propuestas para la superación de la situación, y promover la  integración de la población desplazada en las dinámicas sociopolíticas territoriales. Se han impulsado la conformación de mesas de trabajo como instancias de participación de la población desplazada y de concertación control y veeduría para la identificación, priorización y seguimiento de proyectos."   

Lo anterior demuestra que la Red de Solidaridad Social, tiene conocimiento del problema. Sin embargo, su respuesta únicamente se ha visto plasmada en documentos como el anterior, que son excesivamente genéricos, y que no plantean soluciones en la práctica.  

En igual sentido, desde una perspectiva de género, el Observatorio de los Derechos Humanos de las Mujeres en Colombia establece que 

“En el diseño de los “kits” de ayuda humanitaria, así como en su distribución, debe consultarse la opinión de las mujeres en situación de desplazamiento beneficiarias, así como de aquellas personas que ya recibieron esa ayuda, para efectos de recoger sus sugerencias.”  

1.5. Énfasis en las soluciones de corto plazo. 

Diversos documentos han criticado que la política de atención a la población desplazada, tiene un "(e)nfoque asistencialista, de emergencia y de corto plazo”, según el cual prima la solución de los problemas inmediatos de la población desplazada, y se deja de lado el contexto estructural, tanto del fenómeno en sí mismo, como de la situación de las personas afectadas. Así, las personas desplazadas se ven eventualmente beneficiadas por la atención humanitaria de emergencia, pero sus posibilidades de acceder a planes exitosos de estabilización socioeconómica son mínimas. Las políticas centradas en el asistencialismo resultan en la desatención del ámbito de la prevención y de la auto sostenibilidad futura del desplazado y su familia.

Por esta razón, en 1999, el Documento CONPES 3057/99 diseñó un plan de acción integral, con el fin de "enfrentar las causas estructurales del fenómeno del desplazamiento” y trascender el perfil de corto plazo que hasta el momento se le había dado al tema. En el mismo sentido, autores como Muggah afirmaban que era necesario superar el “enfoque asistencialista” a partir de un tratamiento del desplazamiento forzado como una “oportunidad de desarrollo en sí misma.” No obstante, hasta el día de hoy se observan reparos muy similares al anterior. En documento elaborado en el presente año, la Defensoría del Pueblo sostiene que “la política pública para el desplazamiento forzado, no puede obedecer a un modelo de "oferta política" (enfoque de asistencia social) sino a un marco de demanda social (enfoque de protección y reparación de derechos).”

En el mismo orden de ideas, el gobierno, a través de documentos elaborados por la Red de Solidaridad Social, ha establecido que una de las causas más importantes de la ausencia de cobertura y de resultados de los proyectos de estabilización socioeconómica es la escasa trascendencia que estos programas han tenido en comparación de aquellos relacionadas con la prestación de atención humanitaria de emergencia. En efecto la Red considera que “(e)l Estado ha hecho un énfasis fuerte en la AHE mientras que la fase de la consolidación económica no ha sido abordada en toda su dimensión”. Adicionalmente, el Balance realizado por el ACNUR y la Red de Solidaridad Social, aduce que "ha primado una gestión de los proyectos muy puntual y de corto plazo, aislada de procesos integrales de reasentamiento de la población desplazada y de una articulación con las actividades económicas territoriales lo que puede llevar a su falta de sostenibilidad.

En documento de 2001, Pastoral Social afirma que “(s)i la acción humanitaria no está dirigida a la construcción de estrategias de protección mediante el acompañamiento continuo y a largo plazo, ni al desarrollo de mecanismos de coordinación efectivos (...) continuarán sucesivos retornos fallidos, y consecuentemente nuevos desplazamientos. (...)Si se continúan fortaleciendo, de manera exclusiva, los procesos de gestión y las alianzas estratégicas para la fase de emergencia, debido a la concepción asistencialista de la acción humanitaria y las connotaciones del desplazamiento como un problema que hay que resolver y no como una problemática que se puede prevenir, los procesos de retorno tenderán cada vez más hacia la dispersión y la debilidad” 

Igualmente, COHDES afirma que la respuesta institucional: es “una política pública que prácticamente no otorga prioridad a la prevención y que no tiene la capacidad o la voluntad de resolver los problemas de retorno, ni la estabilización económica y social. Por ello, no ha logrado que estas personas salgan del estado de vulnerabilidad y exclusión social en el que se encuentran.” 

De otra parte, respecto a la atención a las mujeres desplazadas, el Observatorio de Derechos Humanos de las Mujeres en Colombia establece que “el actual esquema de atención a las MSD [Mujeres en Situación de Desplazamiento] desconoce esta carga tradicional y plantea respuestas asistenciales que se apoyan precisamente en esa tendencia. En otras palabras, muchas de las medidas de atención a las MSD y a su hijos, dan por sentado que las mujeres deben seguir cumpliendo con el rol tradicional de responsables del hogar, sin siquiera facilitar el cumplimiento de esta responsabilidad (…) e, inclusive, podría afirmarse que el sistema de atención se edifica a partir de la fortaleza de la mujer para el manejo de las situaciones de crisis, sin crear medidas de reconocimiento, apoyo y potenciación de dicho rol.”

1.6. Insuficiente preparación de las personas que atienden a la población desplazada. 

Se observan varios reparos que señalan una pobre e insuficiente preparación de los funcionarios que atienden a la población desplazada, sobre todo al nivel de los servidores de los entes territoriales.

En 1999, el Documento CONPES 3057 de 1999 sostuvo que era prioritario “el entrenamiento de los entes territoriales para que desempeñen con eficiencia las responsabilidades que se les asignan". Igualmente, algunos autores afirmaban que "la evidencia sugiere que los funcionarios públicos no se encuentran bien informados sobre sus obligaciones bajo la Ley 387 de 1997, ni de los requerimientos de la población desplazada." Aunque estas críticas fueron formuladas en 1999, en el principio del presente gobierno el Ministerio de Educación Nacional manifestó lo siguiente: 

"Los entes municipales, por su parte, no cuentan con los suficientes medios técnicos y económicos, ni con equipos humanos entrenados para identificar, diseñar y ejecutar políticas propias para atender a la población desplazada, bien por desconocimiento del problema o por falta de voluntad política para el reconocimiento del mismo"   

1.7. Insuficiente planeación en la configuración de las políticas públicas. 

También se constata una crítica consistente a la insuficiencia de procesos de planeación integral de la política estatal de atención a la población desplazada. En 1999, Muggah sostuvo que los diseños de las políticas públicas relacionadas con la población desplazada por la violencia no estaban “vinculados con una política social nacional.” 

Por su parte, a pesar del esfuerzo que significó la creación del Plan Nacional de Atención a la Población Desplazada el cual realizó un diagnóstico del problema, y determinó los objetivos y acciones públicas que habrían de desarrollarse, no se ha logrado mejorar los procesos de planeación. Según el ACNUR, en cinco años, "además de no haberse ejecutado dicho plan, las características del desplazamiento al igual que las diferentes políticas  sectoriales se han ido transformando. Hay entidades que ya no cumplen la misma labor, o entidades que tienen el mayor peso de la responsabilidad, como es el caso de la RSS quien previamente solamente se encargaba de la administración del programa de atención a las víctimas de la violencia."  En este sentido, 

"El objetivo de alcanzar una respuesta coherente del conjunto de entidades, con objetivos y metas definidas y verificables, será más complejo mientras se carezca de un proceso conjunto y preciso de planificación entre quienes intervienen en la respuesta en favor de la población desplazada.”

(...) 

"La ausencia de un plan de acción dentro del SNAIPD ha significado la actuación desarticulada de las instituciones en múltiples situaciones. (...) De igual manera, ha significado la ausencia de un modelo de seguimiento y evaluación de la respuesta institucional sobre la materia. No es posible medir lo que carece de objetivos, metas e indicadores claros. Se aclara que no se está señalando que las entidades no cuentan con instrumentos de planeación, medición y evaluación, sino que en la operación conjunta del Sistema se carece de estos instrumentos." 

Igualmente, el ACNUR y la Red de Solidaridad Social, afirman que “la ausencia de un plan nacional actualizado ha impedido hasta la fecha contar con instrumentos jurídicamente efectivos de control sobre el cumplimiento de los compromisos presupuestales, el cumplimiento de responsabilidades y el logro de metas por parte de las entidades involucradas en el SNAIPD. Tampoco cuenta con una base sobre la cual sentar un sistema de seguimiento a la gestión, que cuente con indicadores de gestión.”  

Así mismo, el ACNUR y la Red de Solidaridad Social afirman que el Plan Nacional formulado a partir del Decreto 173 de 1998 es obsoleto. 

1.8. Inexistencia de mecanismos de seguimiento de la gestión. 

Tanto los documentos estudiados por la Corte, como las respuestas que varias entidades enviaron a la Sala Tercera de Revisión, indican que no existen sistemas o herramientas que permitan evaluar la gestión de las políticas de atención a la población desplazada. Esto es evidente, al menos desde la expedición del Documento CONPES 3057/99 el cual detectaba la “(a)usencia de un sistema de seguimiento y de un sistema de indicadores de gestión que permitan definir responsabilidades institucionales y generar un marco para la rendición de cuentas.”  Dado lo anterior, el mencionado Documento recomendó “evaluar la gestión de la política dentro del Sistema Nacional de Evaluación de Resultados. (SINERGIA)”. 

Dos años después, el Documento CONPES 3115/01, solicitaba al Departamento Nacional de Planeación DNP definir, en conjunto con la Red de Solidaridad Social, “los indicadores para la evaluación de resultados del Plan de Acción para la atención integral de la población desplazada.”

Pese a esto, en los escritos elaborados en el año 2002 y 2003 se sigue detectando la misma falencia. Es así como el ACNUR, en documento dirigido a la Red de Solidaridad Social, en agosto de 2002, además de criticar la ausencia de un sistema de seguimiento y evaluación de la gestión en la totalidad del sistema de atención a la población desplazada, afirma en referencia a los Comités regionales, que "no existe un estudio que permita establecer un estado de situación ni se dispone de un sistema de seguimiento a la gestión y de verificación y evaluación de los resultados con indicadores específicos."  

En el mismo sentido se expresa el Ministerio de Educación Nacional:

"A pesar del tiempo transcurrido en la ejecución de programas para atender a la población desplazada, aún se evidencia ausencia de sistemas de alerta temprana, de indicadores de gestión y de sistemas de seguimiento y evaluación, e imprecisión en los sistemas de incentivos" 

Además, es evidente la estrecha relación que existe entre la falta de una planeación adecuada descrita en el aparte anterior, y la ausencia de mecanismos de control de la gestión. Por esto, ACNUR sostiene que 

"la ausencia de un plan de acción (...) ha significado la ausencia de un modelo de seguimiento y evaluación de la respuesta institucional sobre la materia. No es posible medir lo que carece de objetivos, metas e indicadores claros. Se aclara que no se está señalando que las entidades no cuentan con instrumentos de planeación, medición y evaluación, sino que en la operación conjunta del Sistema se carece de estos instrumentos." 

Así mismo, la falta de indicadores de gestión es palpable en varios de los componentes de la respuesta institucional. 

En cuanto a las políticas de asistencia alimentaria, la Defensoría del Pueblo sostiene que “es necesaria la creación de un sistema de información que sirva como línea de base para analizar de manera permanente, temas tales como peso, talla, estado nutricional de la población desplazada. (...) Este sistema debe estar a cargo del Bienestar Familiar y debe hacer parte del sistema nacional de salud.”

En el mismo sentido, de acuerdo al ACNUR, los proyectos de estabilización socioeconómica de las comunidades desplazadas no cuentan con herramientas de evaluación de resultados. No es posible “hasta el momento conocer cuántos de ellos en efecto han alcanzado un grado de integración efectiva y de reparación de sus derechos”.Por su parte, varios documentos critican que al menos algunas de las políticas de generación de proyectos productivos no cuentan con herramientas para efectuar un seguimiento y evaluación. Por ejemplo, no existe un seguimiento sobre el estado actual de los proyectos productivos rurales financiados por capital semilla, y si estos han cumplido con los fines de la política. 

En cuanto al servicio de educación de la población escolar desplazada, también se observa que no se han implementado herramientas para evaluar las políticas dirigidas  a la población escolar desplazada:  

"Es insuficiente la disponibilidad real de cupos escolares para los niños y niñas en situación de desplazamiento y existe carencia de los elementos mínimos (kits educativos) necesarios para que éstos puedan llevar a cabo sus actividades académicas. Sin embargo, no existe información para estimar la dimensión real de este problema". 

Esta Sala puede llegar a las mismas conclusiones con fundamento en las pruebas solicitadas en el transcurso del presente proceso. Como se observó en los antecedentes de esta sentencia, en los cuestionarios enviados por la Corte se incluyeron expresamente preguntas relativas a la existencia de mecanismos de evaluación, seguimiento y control de la gestión. Sin embargo, ninguna de las entidades preguntadas respondió realmente este punto. 

Así, por ejemplo, la Red se refiere en su respuesta a los mecanismos de control disciplinarios y fiscales, y no a las herramientas de evaluación de la gestión con que debe contar toda política pública. La Red de Solidaridad Social contestó que “en relación con los sistemas de seguimiento y control a las entidades del SNAIPD, los mismos corresponden a los sistemas generales de seguimiento y control establecidos legal y constitucionalmente para las entidades estatales, ejercidos por la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República.”. Por su parte, el Ministerio de Educación Nacional responde lo siguiente: “Para adelantar las diferentes estrategias para atender a la población escolar desplazada [el Ministerio] se basa en información suministrada por la Red de Solidaridad Social –sistema único de registro-, con base en dicha información prioriza los municipios mayores receptores de población, establece criterios como la relación entre la matrícula total pública y privada y el número de niños desplazados ubicados en las ciudades intermedias y municipios que hacen parte de programas de retorno y zonas de rehabilitación.”  Se observa que la respuesta del Ministerio no está, de manera alguna, relacionada con la existencia de herramientas de evaluación de la gestión en lo concerniente a las políticas de atención a la población escolar desplazada. Por su parte, el INURBE y el Ministerio de la Protección Social se abstuvieron de contestar las preguntas referentes a si existían o no indicadores de la gestión de las políticas de atención a la población desplazada en el ámbito de sus respectivas competencias. 

1.9. Bajo nivel de compromiso de la sociedad civil no desplazada.    

Otro problema que se ha detectado desde hace varios años es la ausencia de conciencia y de participación que ha manifestado la sociedad civil no desplazada en la ayuda  a la población desplazada. En efecto, el Documento CONPES 3057 de 1999 exhorta a “involucrar a la población civil y al sector privado en la ejecución de acciones.” 

No obstante, según ACNUR y la Red de Solidaridad Social el fenómeno del desplazamiento forzado “es aún casi invisible o lo es apenas de manera incipiente para el común de los colombianos y para la sociedad colombiana."

De manera más concreta, los documentos precisan que dicho problema se manifiesta en el caso de las políticas de inserción la laboral de la población desplazada, que no contienen estrategias orientadas a una mayor vinculación del sector privado, por ejemplo, a través de estímulos tributarios para fomentar la oferta de empleo, o la prestación de apoyo técnico o de capacitación.   

En el mismo sentido, Pastoral Social afirma que “Las decisiones y los responsables de la implementación de las políticas nacionales en el ámbito local, no convergen con los sistemas sociales locales; situación que no permite un rol de mayor participación a la sociedad civil en las políticas sociales globales. En este orden de ideas, la política gubernamental (y no estatal) orientada a la problemática del desplazamiento forzado, tiene un carácter transitorio que no impacta en los estructural. Esta circunstancia incide en la no restitución de la legitimidad del Estado y en la no neutralización de los intereses ajenos a las políticas, próximos a la intensificación del conflicto armado.”

1.10. La falta de flexibilidad en relación con el fenómeno.

De acuerdo al ACNUR y la Red de Solidaridad Social, existen algunos procedimientos dentro de la ejecución de las políticas que son excesivamente rígidos, y no compaginan con la situación de emergencia de la población desplazada. Por ejemplo, en lo concerniente a los procesos de contratación, 

“(l)os procesos la ejecución de los recursos se enfrenta a numerosas rigideces propias de la normatividad que rige la contratación pública. Los procedimientos y mecanismos utilizados están diseñados para atender situaciones normales de gasto, pero impiden atender la emergencia humanitaria inherente al desplazamiento de manera eficaz.” 

Igualmente, en cuanto a la atención humanitaria de emergencia, la Red de Solidaridad Social indica que “los sistemas de contratación son inflexibles en relación con el contexto de la emergencia.” También se constata que los procesos de contratación para la ejecución de algunos de los proyectos productivos, son efectuados en base a las disposiciones de la contratación estatal ordinaria (Ley 80 de 1993), lo cual es excesivamente demorado si se tienen en cuenta las necesidades inmediatas de los hogares desplazados.

1.11. Bajo compromiso de las entidades territoriales. 

Los documentos presentados por las distintas entidades también dan cuenta de la ineficacia de las labores de las entidades territoriales y de los Comités Territoriales de Atención Integral a la Población Desplazada, ya sea a causa de su falta de compromiso, de la ausencia de recursos, o de la insuficiencia de infraestructura material y humana para lograr sus cometidos. Por ejemplo, el secretariado general de Pastoral Social afirma que existe una "lentitud e inoperancia de  la mayoría de los comités municipales y departamentales de desplazados.” 

Por su parte el ACNUR y la Red de Solidaridad Social, recomiendan "revisar y reformar el artículo 8 de la Ley 387, buscando mejorar la integración de los comités para hacerlos más eficaces."  Esto, bajo el fundamento de que 

“Es evidente la inadecuación de la actual estructura de comités departamentales y municipales a la dinámica territorial del fenómeno del desplazamiento, que muy frecuentemente involucra a varios municipios de diferentes departamentos, o a varios departamentos. El manejo de esta situación implica ingentes esfuerzos de coordinación por parte del gobierno central y altos costos de transacción.” 

1.12. Ausencia de políticas favorables dirigidas a los grupos de desplazados que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. 

Algunas normas disponen que las personas desplazadas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, tales como las mujeres cabeza de familia o las que integran comunidades étnicas, deben recibir una atención especial por parte del Estado. Sin embargo, dichas órdenes no han sido plasmadas en normas concretas o programas integrales, ni se han instaurado procedimientos que hagan más fácil el acceso de estas personas, de acuerdo a sus condiciones especiales, a la oferta institucional.

En este sentido, la organización International Crisis Group sostiene “que los programas de ayuda de emergencia y post-emergencia se deben diseñar de modo tal  que tengan en cuenta las necesidades específicas de género, así como las necesidades de los niños, los ancianos y los grupos étnicos.

En cuanto a la protección de las personas pertenecientes a comunidades étnicas, el Director de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos afirma que 

“la oficina mira con singular preocupación ciertas conductas omisivas de las autoridades colombianas con respecto al cumplimiento de sus deberes de protección y garantía de los derechos humanos de los miembros de las  minorías indígenas.” 

 

Igualmente, CODHES establece que es necesario “diseñar políticas públicas orientadas a garantizar los derechos de estas comunidades desde una perspectiva de ciudadanía democrática cultural.”  

En cuanto a la atención dirigida a las mujeres desplazadas, el Observatorio de los Derechos Humanos de las Mujeres en Colombia indica que 

“El amplio conjunto de normas de protección específica de la población desplazada no ha sido construido con un enfoque de género y su aplicación y adopción programática a nivel interno, dependería de una plena realización de estos instrumentos, en consonancia con los relativos a la protección de la mujer. Ésta, sin embargo, no ha sido la realidad de las cosas y de hecho, en los diversos pronunciamientos de los organismos del Sistema de  Naciones Unidas, el llamado para que se incluya un enfoque diferencial a favor de las mujeres es una de las recomendaciones más reiteradas. 

(…)

“(R)esulta indispensable la formulación de una política pública a favor de las mujeres en situación de desplazamiento, como parte integral de la política pública general vigente, que adopte un conjunto de medidas positivas, construidas considerando las necesidades específicas de las mujeres víctimas del desplazamiento.”   

Por su parte, el mejoramiento de las políticas de respuesta al fenómeno del desplazamiento en relación con la atención especial que debe ser prestada a las mujeres se divide, entre otros, en los siguientes aspectos: Primero, es necesaria la inclusión del sexo de la persona desplazada como uno de los criterios sospechosos de discriminación enunciados en la Ley 387 de 1997. Segundo, en cuanto a los sistemas de información, se requiere que estos lleven a cabo una desagregación por sexo e identifiquen las mujeres cabeza de familia, y que permitan la inscripción a título personal, “de tal forma que, los cambios en los vínculos conyugales o en la convivencia no alteren el reconocimiento como beneficiario(a) de todos los inscritos.” Tercero, en relación con la asistencia socioeconómica, se deben financiar proyectos productivos que las mujeres desplazadas cabeza de familia puedan realizar desde sus casas. 

2. Observaciones a los distintos componentes de la Política de Ayuda Integral a la Población Desplazada.

La Corte pasa a estudiar los reparos dirigidos a cada uno de los componentes de la respuesta institucional al fenómeno del desplazamiento forzado. 

2.1. Sistemas de Información relativos a la población desplazada y la ayuda recibida. 

Desde la expedición de la Ley 387 de 1997 el Congreso de la República planteó la necesidad de que existieran sistemas adecuados de información. Igualmente, el Documento CONPES 3057 de 1999, advirtió acerca de la ausencia de una metodología única para verificar la cantidad de personas desplazadas. En el momento de la publicación de dicho documento era evidente la dispersión de las fuentes de información, lo cual llevaba a deficiencias en el registro de las personas desplazadas, dificultaba el seguimiento de las políticas de ayuda y el desarrollo de los mecanismos de alerta temprana. Por estas razones, el Documento recomendó la creación de un sistema que comprendiera la “estimación global [del fenómeno del desplazamiento] que incluya el número de personas afectadas, municipios expulsores y receptores y causas del desplazamiento.” El mismo documento afirma que “la Red de Solidaridad Social definirá una metodología de medición y pondrá en marcha un mecanismo de estimación técnicamente aceptado, (...) y el diseño de un formulario único que será diligenciado en el Ministerio Público.”. 

Por estas razones, el Decreto 2569 de 2000 creó el Sistema Único de Registro el cual incluye a todas las personas desplazadas registradas y las clasifica de acuerdo a variables socioeconómicas. Igualmente se dio inicio al Sistema de Estimación por Fuentes Contrastadas (SEFC), el cual registra información de las 35 Unidades Territoriales de la Red de Solidaridad Social, sobre los eventos de expulsión, llegada, reubicación y retorno de la población desplazada, y por lo tanto, constituye una herramienta para estimar tendencias territoriales del desplazamiento. De esta manera, el Estado dio un avance significativo en su capacidad operativa para atender a la población en condición de desplazamiento. 

No obstante, los sistemas de manejo de información son objeto de los siguientes reparos: De una parte, el Sistema Único de Registro no incluye la totalidad de la población desplazada. Primero, prescinde de las personas desplazadas que toman la decisión voluntaria de no acceder a la ayuda, o de no estar incluidas en la base de datos. De esta manera, si bien el registro es útil para el control y la evaluación de las personas desplazadas a las cuales se presta la atención, no es una fuente de información adecuada para analizar el fenómeno del desplazamiento forzado en su conjunto. Segundo, el Sistema Único de Registro excluye a las personas que desean ser incluidas en la base de datos, pero que no fueron inscritas por los funcionarios de la Red de Solidaridad Social dadas las condiciones impuestas por la normatividad vigente. En estos casos, dado que una de los requisitos para acceder a la ayuda prestada a la población desplazada es estar inscrito en el registro único, se presentan situaciones en las que personas desplazadas, al no estar registradas, no reciben auxilio alguno. Varios de estos casos ya han sido tratados por la jurisprudencia de tutela de la Corte Constitucional, que, como se observó anteriormente en esta sentencia, ha decidido que la condición de desplazado(a) es independiente de la inclusión del particular en el registro único.

De otra parte, el SUR no registra ayudas que no son entregadas por la Red de Solidaridad Social, tales como la educación, salud proyectos productivos, capacitación laboral y vivienda, lo cual impide llevar a cabo un seguimiento completo e integral de la ayuda prestada. Adicionalmente, dicha carencia permite una eventual duplicación de esfuerzos, pues diferentes entidades u organizaciones pueden acabar prestando una ayuda específica a una persona que ya la ha recibido en el pasado. Por último, que el sistema no incluya la integralidad de la atención recibida por el beneficiario, impide focalizar la atención para que ésta esté dirigida a los grupos de mayor vulnerabilidad. 

El sistema SUR tampoco incluye información acerca de las tierras o bienes inmuebles que las personas desplazadas han abandonado. Esto es esencial para que puedan implementarse las políticas concernientes a la protección de la propiedad o de la posesión de dichos predios, o que permitan la adjudicación de tierras en el caso de la reubicación de las familias desplazadas. 

Por último, en concordancia con lo anterior, como se observó en el acápite de reparos generales contra la respuesta institucional, los sistemas de registro no desagregan a la población inscrita de acuerdo al sexo o la inclusión de la persona en grupos étnicos vulnerables, no distinguen a las mujeres cabeza de familia, y no permiten la inscripción de la persona independientemente de su grupo familiar. 

2.2. Prevención del desplazamiento. 

La insuficiencia de las políticas de prevención ha sido uno de los elementos que con más consistencia ha sido criticado desde años atrás. La propia Red de Solidaridad Social ha expresado en diferentes ocasiones que “el componente de prevención ha sido casi inexistente: está escasamente desarrollado en su formulación y existen apenas algunos intentos puntuales de implementación práctica.”  En el mismo sentido, la Red ha indicado que “la prevención es el componente de la política que menos se ha desarrollado en cuanto a su normatividad y hay pocas estrategias de acción en marcha. También es el componente más difícil de manejar en la actual situación del conflicto.”

A pesar de que la Ley 387 de 1997 contenía numerosas disposiciones relativas a la necesidad de prevenir el fenómeno del desplazamiento forzado, el Documento CONPES 3057 de 1999 criticó la “ausencia de políticas que detecten y neutralicen el desplazamiento” y de mecanismos de alertas tempranas. Por esta razón, dicho documento estableció en el marco del Plan de Acción para la Prevención y la Atención del Desplazamiento, la implementación de cuatro estrategias dirigidas a la “detección y neutralización” del desplazamiento dentro de las que se encuentran las siguientes: (i) “Seguridad” (ii) “Apoyo y Fortalecimiento de las autoridades locales”; (iii) “Promoción de la paz cotidiana” y el incentivo de “procesos de seguridad y convivencia democrática que integren acciones entre la fuerza pública y las comunidades para facilitar las condiciones de permanencia." 

Adicionalmente, se estableció el Sistema de Alertas Tempranas -SAT-, que, bajo la coordinación de la Defensoría del Pueblo, pretende “establecer procedimientos que, gracias a una amplia gama de posibilidades, -como presencia de entidades del Estado, de organismos internacionales, de organizaciones de la sociedad civil o de la Fuerza Pública – respondan y protejan a las comunidades ante las amenazas.”  Dicho sistema funciona a partir de las evaluaciones de riesgo adelantadas por la Defensoría del Pueblo, las cuales son enviadas al Comité Interinstitucional del Ministerio del Interior, quien evalúa dicha información con base en inteligencia militar, y decide sobre la emisión o no de la alerta temprana. 

Posteriormente, se expidió el Decreto 2007 de 2001, en el cual se desarrolla la herramienta de “declaratoria de inminencia de riesgo de desplazamiento” y ordena la implementación de varias acciones de protección de la propiedad en los casos en los cuales se presenta dicho riesgo. 

Sin embargo, las políticas mencionadas en líneas anteriores han sido consideradas insuficientes. Por ejemplo, la Red de Solidaridad Social y ACNUR consideran que "en general(…) no se han desarrollado suficientemente en el nivel conceptual ni en el nivel operativo los componentes básicos de la estrategia de prevención establecidos tanto en la Ley 387 de 1997 como el CONPES 3057/99 (…)."  La Red también manifiesta que no se ha logrado que la inversión social sostenible sea dirigida hacia comunidades en riesgo de desplazamiento.

En el mismo sentido, el Ministerio de Educación Nacional aduce que “a pesar del tiempo transcurrido en la ejecución de programas para atender a la población desplazada, aún se evidencia ausencia de sistemas de alerta temprana, de indicadores de gestión y de sistemas de seguimiento y evaluación, e imprecisión en los sistemas de incentivos.” 

En cuanto al Sistema de Alertas Tempranas, el Comité Interinstitucional tarda excesivamente en la evaluación del riesgo y, por consiguiente, el tiempo de respuesta es muy alto. Adicionalmente, ni la Defensoría del Pueblo, ni el Comité Interinstitucional han logrado que las instancias militares actúen a partir de la información proveniente de las alertas tempranas. Por último, se constata que existe cierta desconfianza entre el Comité Interinstitucional y la Defensoría del Pueblo. Por último, no se han implementado programas tales como el observatorio nacional del desplazamiento establecido en el artículo 13 de la Ley 387 de 1997. 

2.3. Atención Humanitaria de Emergencia AHE

El Estado, a través de la atención humanitaria de emergencia, ha manifestado de manera consistente su deber de prestar asistencia alimentaria a la población desplazada. En comparación con otros componentes de la ayuda prestada a la población desplazada por la violencia, éste ha mostrado resultados relativamente exitosos. De acuerdo a la Red de Solidaridad Social y al ACNUR, la asistencia humanitaria “es el componente más desarrollado y consolidado, comparativamente con el resto de los componentes de la política. Ha habido avances muy importantes en cuanto al diseño e instrumentalización de la atención, creación de capacidad institucional de respuesta, oportunidad en la misma y volumen de inversión.”

No obstante, además de los reparos expuestos en la parte general de las políticas de atención a la población desplazada, tales como la insuficiencia en la cobertura, la existencia de procedimientos de contratación inflexibles y la falta de claridad en cuanto a la responsabilidad de las entidades territoriales en la prestación de servicios públicos básicos, se observan los siguientes reparos: 

Primero, que de acuerdo a la Red de Solidaridad Social, no existe un esquema de ayuda que responda a las nuevas modalidades de desplazamiento (intra-urbano o inter veredal).

La segunda crítica radica en el hecho grave de que existe un número considerable de casos en los cuales la población desplazada no recibe dicha prestación. De una parte, esto se debe a que en ocasiones la atención de emergencia no se presta dentro del término legal de 72 horas posteriores a la urgencia, y puede inclusive llegar a tardarse seis meses. De otra parte, en los momentos en los cuales la población desplazada se encuentra sin posibilidades de obtener alimentación (por ejemplo, por encontrarse en el período de transición entre la atención humanitaria de emergencia y los programas dirigidos a la autosuficiencia económica), se presentan "colapsos alimenticios", los cuales son definidos por la Defensoría del Pueblo como aquellos eventos en los cuales la población desplazada es encuentra sin posibilidades de obtener alimentación.   

Tercero, se observa la inexistencia de mecanismos de seguimiento y monitoreo que permitan consolidar, por casos o territorios, la situación alimenticia de la población en condición de desplazamiento.  

Cuarto, la insuficiencia de recursos ha llevado a que se congelen la ejecución o renovación de los contratos entre la Red de Solidaridad Social y las ONG´s que prestan atención humanitaria de emergencia, lo que ha entorpecido en gran medida que la población desplazada reciba la atención básica para su supervivencia.  

Por último, se han dispuesto requisitos adicionales para la prestación de la atención humanitaria de emergencia, tales como la exigencia de una visita domiciliaria, que obstruyen la ejecución eficiente de este componente. 

2.4. Salud

Los artículos 17 y 19 numeral 4º de la Ley 387 de 1997,  ordenan implementar mecanismos para que la población desplazada por la violencia acceda a los servicios de asistencia médica integral. En este contexto, se han implementado una multiplicidad de normas que reglamentan los procedimientos a llevar a cabo para que los particulares en condición de desplazamiento puedan recibir el servicio de salud. 

Así, por ejemplo, para el año 2003, con el Acuerdo 243 se aprobó el Presupuesto del Fondo de Solidaridad y Garantía - FOSYGA para la vigencia fiscal de 2003 y se definió la forma como serían empleados los recursos de la subcuenta de riesgos catastróficos ?Subcuenta ECAT FOSYGA, de acuerdo con los convenios que celebren el Ministerio de Salud y los departamentos y distritos certificados como receptores de esta población y sujeta al monto de los recursos presupuestales disponibles. Igualmente definió que los costos de los servicios de salud de la población desplazada estarían a cargo de las ARS a las que se encuentren afiliados antes de producirse el desplazamiento, hasta la terminación del período contractual, luego de lo cual deberán trasladarse a una ARS del lugar en el que se encuentren asentados. 

Sin embargo, además de la insuficiente cobertura, los documentos allegados a la Corte critican principalmente tres elementos de dichas políticas. 

En primer lugar, el alto grado de descoordinación entre las entidades encargadas de inscribir a la población desplazada en el registro único, las entidades competentes para prestar los tratamientos, y los organismos que deben pagar por dichos servicios. 

En este sentido, la Defensoría del Pueblo considera que la verificación de la inclusión en Sistema Único de Registro al momento de solicitar servicios de salud, "es un proceso dispendioso, susceptible de repetirse por razones que generalmente tienen su origen en la falta de coordinación interinstitucional y (...) en la insuficiencia de bases de información" (...) Los costos sociales de falta claridad, coordinación  y tecnología para llevar a cabo el proceso de verificación de inclusión son asumidos por la población desplazada ”.

Igualmente, la Defensoría del Pueblo estima que la reclamación de reembolsos por parte de las entidades prestadoras de salud es difícil y demorada. Para que el FOSYGA cancele los servicios prestados a la población desplazada se deben llevar a cabo cuatro verificaciones de inclusión en el SUR, y una quinta realizada por FISALUD en Bogotá, sin contar con la confrontación de los demás papeles anexos a la cuenta. Por estas razones, dicho trámite puede requerir meses, generando problemas de liquidez a las IPS, y una mayor resistencia a prestar los servicios de salud a los desplazados o a suministrarles los medicamentos que se les hayan recetado.  

En lo concerniente a los trámites del pago de los costos de los tratamientos y servicios de salud por parte del FOSYGA, el documento del ACNUR y la Red de Solidaridad Social indica que “se ha extendido la negativa de las IPS a atender a la Población Desplazada arguyendo el retraso en el pago de las reclamaciones por parte de FISALUD. Este factor se ha convertido en una restricción del derecho a la salud de carácter estratégico, e invalida en la práctica el acceso universal y gratuito al servicio para la Población Desplazada logrado mediante el desarrollo normativo y mediante la provisión de recursos financieros por parte del gobierno nacional. Los factores que generan este problema son a) la centralización del manejo de los recursos en una sola fiduciaria, además localizada exclusivamente en Bogotá, b) la inadecuada capacitación a los funcionarios de las IPS sobre la compleja tramitología para el reconocimiento de las reclamaciones por parte de FISALUD, lo que causa errores en la facturación y devolución de las cuentas, c) la inconsistencia entre la información de la base de datos de Registro que maneja la RSS y la información que genera la IPS que preste el servicio.” 

En el mismo sentido, existe arbitrariedad en la prestación del servicio, pues los centros médicos exigen, cada uno, documentos y trámites distintos, apartándose así de los procedimientos establecidos en las normas. 

“Para las mujeres víctimas del desplazamiento forzado el acceso oportuno a atención médica de ellas y sus familiares (especialmente hijas e hijos) se dificulta por el manejo arbitrario, que los centros médicos hacen de las políticas y programas establecidos para atender a esta población. Algunas han sido atendidas presentando una carta que acredita su condición, a otras se les ha exigido además de la carta estar en el sistema nacional de información. Los trámites burocráticos para lograr la atención dificultan notoriamente el acceso de las mujeres desplazadas a la oferta institucional y cuando lo logran, deben enfrentar las limitaciones económicas para adquirir las medicinas y/o practicarse exámenes especializados.” 

En segundo lugar, no se han desarrollado los componentes de atención psicosocial a la población desplazada. 

Por último, ante la necesidad de incorporar o reincorporar a las población desplazada al Sistema General Seguridad Social en Salud, vinculándola al régimen respectivo (subsidiado o contributivo), y de evitar así la duplicidad de pagos del servicio de salud, el Ministerio de la Protección Social expidió la Circular 042 de 2002. Ésta señaló que los cobros sobre prestación del servicio de salud a población desplazada deben ser realizados a las ARS cuando: (i) No excedan el POS, (ii) No se produzcan por servicios prestados dentro de los tres o seis meses de la ayuda humanitaria, y (iii) no correspondan a las afecciones “inherentes a la condición de desplazamiento.” De resto, el servicio de salud sí está a cargo del FOSYGA. No obstante, la implementación de dicha circular causó varios problemas. 

A pesar de que la circular referida solucionó en parte el problema de duplicidad de pagos, y reintegró al menos a una parte de la población desplazada al sistema general de seguridad social en salud, causó "restricciones, discriminaciones en la práctica, congestión e incluso negación en la prestación del servicio." De acuerdo a algunos de los documentos estudiados, la circular 042 resultó en la desatención de la población desplazada en diferentes ciudades del país. En este orden de ideas, la necesidad de ordenar el sistema llevó a la toma de la mencionada medida sin considerar su impacto práctico en la población desplazada, ni en el funcionamiento del conjunto de entidades del SNAIPD. 

2.5. Estabilización socioeconómica. 

Para la generalidad de políticas de estabilización socioeconómica, se constata una diversidad de problemas relacionados con las políticas dirigidas a la estabilización socioeconómica de la población desplazada por la violencia. 

Primero, el acceso de la población desplazada a los programas de estabilización, se obstaculiza por la existencia de requisitos y condiciones que no se ajustan a la especial situación de las personas en situación de desplazamiento. En este sentido, el documento CONPES 3115 de 2001 indicó que “(l)os procedimientos para el acceso de la población desplazada  a programas de Inversión a través de entidades del orden nacional han sido restrictivos.  En algunos programas a los cuales se accede por demanda, como es el caso de los créditos para actividades productivas, subsidios o acceso a tierras y vivienda los mecanismos de focalización no contemplan canales especiales de acceso para la población desplazada. En muchos casos, existiendo demanda por parte de esta población, algunas entidades no han podido ejecutar recursos programados debido a que los mecanismos de calificación limitan su asignación a desplazados.” Por esto, el Documento recomendó “revisar y adecuar los mecanismos de calificación y acceso a los programas a  cargo del Sistema”.

Segundo, el Documento CONPES 3057 de 1999 afirmó que no existían programas que respondan a la realidad según la cual “cerca de la mitad de las familias desplazadas tienen a mujeres como jefe de hogar”. Por ejemplo no había criterios de ponderación que promuevan la participación de las mujeres cabeza de familia en los programas de estabilización económica. Tampoco existe un programa del ICBF que, a través de hogares infantiles, cuide a los menores para que las mujeres puedan disponer de parte de su tiempo para actividades productivas. En este sentido, el Observatorio de los Derechos Humanos de las Mujeres en Colombia sostiene lo siguiente:

“Se hace indispensable la creación de guarderías o el aseguramiento de cupos suficientes en las guarderías públicas ya existentes para los niños en situación de desplazamiento que no están aún en edad escolar, que les garanticen un cuidado especial mientras que las madres trabajan.”  

Adicionalmente, se observan reparos específicos a los diferentes componentes de la estabilización socioeconómica. Estos se estudian a continuación. 

2.6. Proyectos productivos. 

La obligación de proveer ayuda para la población en condición de desplazamiento incluye la creación de proyectos productivos que conduzcan a la estabilización socioeconómica de dichas comunidades. Lo anterior está previsto en el artículo 17 de la Ley 387 de 1997. Dicha disposición establece que el gobierno nacional debe promover medidas que permitan el acceso de la población desplazada a programas de proyectos productivos y de fomento a la microempresa. Por su parte, el Decreto 2569 de 2000, fija las funciones y responsabilidades de las diferentes entidades, tanto en el nivel central como en el territorial, en lo relacionado con la ejecución de las políticas de estabilización socioeconómica. Los artículos 26 y 27 establecen la existencia de unos montos de ayuda máximos, y condiciona la ejecución de los programas a la disponibilidad presupuestal. 

Por su parte, los proyectos de capital semilla fueron sustituidos a partir del Plan Nacional de Desarrollo (2203-2006) por líneas de crédito de cuyo diseño e implementación estarían a cargo de Finagro. De otra parte, el Acuerdo 003 de 2003, expedido en cumplimiento del Decreto 2569 de 2000, “en adelante la Red de Solidaridad Social no apalancará las iniciativas productivas con capital semilla, pues no es su función y las acciones se han encaminado hacia la gestión con el Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (FINAGRO), el cual ha abierto una línea de crédito para beneficiar, entre otras, a la población afectada por el conflicto con prioridad en la población en condición  de desplazamiento. Dicha línea posee condiciones más favorables en cuanto a tasas de interés y garantías, especialmente, que otras líneas crediticias de la misma entidad.” Por su parte, la Circular VO 007 de 2003 reguló líneas de créditos agrícolas con tasas de interés favorables, y garantías que cubrían el 100% del monto. 

No obstante, a pesar de la abundancia de normas en materia de proyectos productivos, se denotan ciertas falencias. En 1999, autores como Muggah afirmaron que “la introducción de proyectos productivos ha sido vista como un error a gran escala y sus fracasos han sido atribuidos a la incapacidad de las personas desplazadas para devolver los créditos en los meses previos a la primera producción / cosecha." Por su parte, el Documento CONPES 3115 de 2001 consignó que las entidades del SNAIPD no habían realizado una apropiación suficiente de recursos para atender el problema y estableció asignaciones presupuestales para cada una de ellas. Adicionalmente el Documento criticó que las políticas en materia de generación de proyectos productivos no se ajustaban a las características de la población desplazada. También abordó problemas relacionados con la ausencia de capacidad técnica por parte de las entidades responsables de los programas y la poca información sobre la oferta institucional con que contaba la población en condición de desplazamiento. 

En el momento presente, tiempo después de la publicación de los anteriores documentos, las políticas de atención a la población desplazada por la violencia en materia de generación de proyectos productivos sufren de las mismas carencias. Las críticas a dichas políticas se dividen en (i) las que se dirigen contra ciertos aspectos del diseño de la política, y (ii) aquellas que hacen reparos a cuestiones relacionadas con su implementación.

2.6.1. En cuanto a la formulación, se observan principalmente cuatro dificultades. En primer lugar, tanto los requisitos y condiciones para acceder a la ayuda, como las alternativas ofrecidas, no concuerdan con las condiciones específicas de la población desplazada. Para acceder a algunos de los créditos ofrecidos, la población desplazada debe demostrar que no se encuentra reportada en las centrales de riesgo del sistema financiero (para lo cual debe cancelar el valor de la consulta en dicho sistema, lo cual por sí mismo restringe el acceso a la ayuda) o probar la propiedad de vivienda o tierra en la cual desarrollará el proyecto; estos requisitos no se apiadan de las condiciones patrimoniales y económicas en las que se encuentra dicha población. En el mismo sentido, a pesar de que en el trámite de algunos de los créditos, la garantía es cubierta por alguna entidad estatal (FINAGRO por ejemplo), para acceder a ella es necesario el pago de una comisión, lo cual está por fuera de los alcances de la población desplazada. En este sentido, se observa que los requisitos de acceso créditos son los mismos que los exigidos para la banca comercial. 

También se constata que las oportunidades económicas ofrecidas en algunos de los programas no se adaptan a las habilidades y experiencia de la población desplazada. Por ejemplo, los criterios técnicos de evaluación de los proyectos propuestos no se ajustan a las condiciones técnicas de las personas desplazadas. Por esto, “a los proyectos presentados para obtener el capital semilla, muy raramente cumplen con los criterios técnicos que garanticen su viabilidad.

En segundo lugar, las disposiciones del Decreto 2569 y el Acuerdo 049 que señalan unos montos máximos para la financiación de las alternativas urbanas y rurales, excluyen “consideraciones básicas de cada proyecto, tales como el contexto socio demográfico, o el tipo de proyecto". Por esto, la Defensoría del Pueblo arguye que en vez de montos límite, “la política debió establecer la financiación de los proyectos, según sus requerimientos expresados en una rigurosa formulación y teniendo como referente índices de precios de los insumos más frecuentes por tipo de proyecto, estableciendo con las entidades ejecutoras contratos con cláusulas de penalización por incumplimiento de lo establecido en el proyecto formulado y un constante seguimiento técnico a la ejecución de los proyectos.

En tercer lugar la línea de crédito agrario otorgada por Finagro está instituida de tal forma que los recursos se desembolsan a organizaciones que integran en sus proyectos productivos a los desplazados, y quienes son las responsables por el pago del crédito. El hecho de que las personas desplazadas no asuman riesgo alguno, genera un desincentivo para que las organizaciones “integradoras” se presten para dicha labor.

2.6.2. En relación con la implementación de las políticas relativas a proyectos productivos, se constatan reparos en dos aspectos:

Primero, las entidades competentes no han flexibilizado los requisitos para acceder a cupos para proyectos productivos. En efecto, “aunque la Ley 387 de 1997 asignó responsabilidades a diferentes entidades componentes del SNAIPD, éstas han abierto cupos para la población desplazada en sus programas regulares, pero no han flexibilizado y ajustado los requisitos de acceso a ellos, en vista de las características especiales de la población desplazada."

Segundo, en las ocasiones en que las personas desplazadas logran cumplir con todos los requisitos para acceder a los programas, los desembolsos para iniciar el proyecto son demorados y no son planeados de acuerdo a los ciclos establecidos en los planes de negocios, lo cual, es esencial para la sostenibilidad de los mismos. 

Tercero, los proyectos productivos no cuentan con un seguimiento técnico adecuado por parte de las entidades competentes. Las autoridades no aportan, ni cuantitativa, ni cualitativamente, ayuda para la viabilidad de los proyectos. Por ejemplo, en cuanto a la capital semilla para proyectos rurales, “las entidades competentes para ello a nivel local, no han asumido de manera sistemática la labor de apoyo técnico”.

Por último, desde la fusión del IFI con Bancoldex, la ejecución de proyectos productivos en el ámbito rural ha sido inexistente, pues la segunda entidad heredó los activos y pasivos de la primera, pero no sus funciones. En este sentido, en el momento presente no existe ninguna entidad que haya asumido la responsabilidad de ejecutar proyectos productivos en las ciudades. 

2.7. Capacitación laboral 

También se han intentado crear programas dirigidos a la inserción laboral de la población desplazada. Por ejemplo, se han ofrecido proyectos de capacitación a través de las Unidades Territoriales de la Red de Solidaridad Social. Algunos de estos programas contienen pasantías, y un pago moderado en dinero para a que los alumnos cuenten con medios de supervivencia durante la duración del curso. También existen programas de escolarización, que tienen énfasis en la capacitación técnica para la consecución de ventajas comparativas en el mercado laboral. Igualmente, operan algunos proyectos de capacitación laboral financiados por el Fondo de Inversiones para la Paz, que aunque no están dirigidos específicamente a la población desplazada, tienen como objetivo la población más vulnerable del país. 

Las estrategias de capacitación laboral han tenido buenos resultados. Por ejemplo, dos programas ejecutados por la Red de Solidaridad Social lograron una vinculación laboral del 65% y 86% de los beneficiarios. Por lo tanto, los resultados de las políticas de inserción laboral de las personas desplazadas han sido superiores que los de las estrategias de financiación o subsidio de proyectos productivos urbanos o rurales. Pese a esto, las organizaciones o entidades expertas en el tema del desplazamiento han manifestado la existencia de varios puntos criticables de dichas políticas.

El primero de ellos está relacionado con lo parco que ha sido el gobierno para adelantar estas estrategias, debido a que ha prestado más atención a la generación de proyectos productivos. Esto ha repercutido en una muy baja cobertura de los proyectos de capacitación laboral. En palabras de la Defensoría del Pueblo, “los cuellos de botella en el acceso a este tipo de programas son (…) el poco impulso y apoyo que esta alternativa de generación de ingresos recibió en el período anterior …y  “la baja disponibilidad presupuestal para este tipo de componentes, ya que la prioridad presupuestal en programas de estabilización económica la tenía el programa de proyectos productivos.”

El segundo problema radica en los obstáculos para que la población desplazada acceda a los programas. Por ejemplo, el acceso a los proyectos relacionados con el Fondo de Inversiones para la Paz, está condicionado a que la población beneficiada esté incluida en el Sisbén, característica que no cumplen las personas desplazadas, pues dicho sistema de información sólo tiene validez en el lugar de origen. En el mismo sentido, algunas entidades especializadas exigen para admitir a los programas, niveles educativos excesivamente altos, que restringen el ingreso de un número significativo de personas desplazadas. 

Por último, se critica la ausencia de estrategias orientadas a una mayor vinculación del sector privado, por ejemplo, a través de estímulos tributarios para fomentar la oferta de trabajo a la población desplazada, o la prestación de apoyo técnico o de capacitación en los programas.   

2.8. Vivienda. 

En relación con la solución de las necesidades de vivienda de las personas en condición de desplazamiento, la Ley 387 de 1997 establece que el gobierno nacional promoverá acciones y medidas, de mediano y largo plazo, con el propósito de generar condiciones de sostenibilidad económica y social para la población desplazada, para lo cual estas medidas deberán permitir su acceso a la oferta social del gobierno en atención social de vivienda urbana y social. 

A pesar de esto, el Documento CONPES 3057 de 1999, dada la ausencia de reglamentación en la materia, dispuso que la “Red de Solidaridad Social, los Ministerios de Agricultura y de Desarrollo y el departamento Nacional de Planeación, diseñarán un esquema flexible para facilitar el acceso a una solución habitacional para aquellas familias desplazadas (...). Dicho esquema deberá tener en cuenta los siguientes aspectos: a) Incorporar la aceptación de los bienes inmuebles perdidos por la población desplazada, como aporte al esquema de soluciones habitacionales, b) Promover la construcción y reparación de vivienda a través del programa de generación de empleo de emergencia, así como el de alimentos por trabajo (...)

Un año y medio después de la promulgación del mencionado Documento, el Ministerio de Desarrollo Económico expidió el Decreto 951 de 2001, el cual  “reglamenta parcialmente las leyes 3ª de 1991 y 387 de 1997, en lo relacionado con la vivienda y el subsidio de vivienda para la población desplazada”, y establece ciertas reglas para la asignación de subsidios para vivienda. Además, el Decreto describe las funciones y responsabilidades de las distintas entidades públicas en materia de vivienda. 

En el mismo momento en el cual se promulgaba el Decreto 951, el Documento CONPES 3115 de 2001 señaló algunas dificultades que se habían presentado para el acceso de la población desplazada a los diferentes bienes y servicios como la vivienda. Entre los obstáculos encontrados se observan la dispersión de funciones, la insuficiente asignación de recursos, y recomienda un aumento en la destinación presupuestal para estos asuntos.

Aun así, posteriormente a la expedición de una ley, dos Documentos  CONPES y de un Decreto al respecto, la atención estatal a la población desplazada en materia de vivienda, ha sido muy exigua. A continuación se observan las dificultades y carencias señaladas por diferentes entidades y organizaciones. Se observan tres dificultades principales: (i) La menguada cobertura de los programas de solución de vivienda, la cual ya fue expuesta en líneas anteriores (ii), la impertinencia de algunas normas que excluyen a la población desplazada de dicha atención o que tienen efectos nefastos, y (iii), las carencias de calidad de algunas viviendas adjudicadas.  

En cuanto al diseño de las políticas de solución de vivienda de la población desplazada por la violencia, se observa en primer lugar que los requisitos para acceder a este componente no se compadecen con las posibilidades económicas de la población desplazada. Las normas imponen ciertos requisitos y condiciones de crédito que no se ajustan a las carencias especiales de los hogares desplazados, y por lo tanto, se convierten en un obstáculo para el acceso a las soluciones de vivienda. Por ejemplo, las alternativas de financiación de vivienda estilo “leasing” no son congruentes con la ausencia de capacidad de ahorro programado de las familias en condición de desplazamiento. En el mismo sentido, la normatividad vigente no toma en cuenta la posibilidad de que la población desplazada  pueda dar como parte de pago los inmuebles abandonados, a pesar de que el CONPES 3057 de 1999 ya estimaba que dichas facilidades debían ser contempladas por las entidades competentes.  

 

También, se critica la decisión del Estado de dar un excesivo énfasis a la adjudicación de subsidios, dirigidos a que la población desplazada se convierta en propietaria de vivienda, dado que esto ha generado consecuencias sociales nocivas, pues "provocan el reasentamiento de los desplazados en barrios marginales de la ciudad (...) o el reasentamiento en zonas ilegales" Respecto de este problema, se critica el modelo mismo según el cual se quiere hacer a la población desplazada propietaria de vivienda.

De manera más puntual, algunos documentos indican que las condiciones de las viviendas adjudicadas no cumplen con los mínimos requisitos cualitativos de dichos espacios. De acuerdo a la Defensoría del Pueblo, las viviendas adjudicadas no cumplen con “las especificaciones mínimas de servicios públicos domiciliarios, ubicación, calidad de los materiales y el terreno, tamaño y separación de espacios, haciendo por ejemplo más fácil la trasmisión de enfermedades de tipo endémico.”    

2.9. Adjudicación de tierras. 

 

La adjudicación de predios a la población desplazada está dispuesta en los artículos 18 y 19 de la Ley 387 de 1997, en los cuales se establecen mecanismos de compensación entre los predios abandonados por los desplazados y aquellos entregados por Estado, a través del Instituto Colombiano para la Reforma Agraria INCORA. No obstante, en 1999 ya se criticaba la política de adjudicación de tierras, en cuanto a la insuficiencia en su aplicación, y la entrega de predios basados en la disponibilidad de tierras en lugar de terrenos de calidad deseable. Muggah informaba acerca del carácter inadecuado con el cual se llevaban a cabo las adquisiciones de tierras con fines de atender a la población desplazada. Según dicho autor, “en algunas situaciones analizadas, el Estado ha comprado tierras de mala calidad a precios absurdos.” Por último, también se reparaba desde entonces que la asignación de tierras estuviera al estar ligada a las políticas nacionales de reforma agraria, lo que ponía a las personas desplazadas en el mismo nivel de los otros colombianos a quienes debía asignárseles tierras. 

En el año 2001, se promulgó el Decreto 2007 el cual prohibe la enajenación o transferencia de los bienes inmuebles que son propiedad o están en posesión de personas desplazadas, en zonas de inminencia de riesgo de desplazamiento, y establece un procedimiento para que dichas víctimas puedan reubicarse en otros lugares, accediendo a otras tierras. Sin embargo, dichas políticas son insuficientes y han sido implementadas de manera muy exigua. En este sentido la Red de Solidaridad Social y el ACNUR, afirman que “(e)ste ha sido el elemento más débil de la política de estabilización. No se ha resuelto el cuello de botella del acceso de tierras como factor crítico para hacer factibles los programas de relocalización planeada de la población desplazada en zonas rurales.” Lo anterior se manifiesta en tres aspectos, adicionales a la ausencia de coordinación descrita en la crítica a la política general de atención a la población desplazada: 

Primero, de acuerdo a la Defensoría del Pueblo, el Decreto 2007 de 2002 es insuficiente, pues no dispone la expropiación de tierras: “Como el gobierno sólo es una agente facilitador del mercado (no expropia) los precios del mercado son inaccesibles para la población desplazada”. Segundo, hasta finales de 2002 "se había avanzado muy poco en la ejecución de los dispuesto en el decreto [2007]. Sólo en un lugar (Carmen de Bolívar) se ha logrado implementar una metodología para la identificación de los predios abandonados.” Tercero, no existen las herramientas adecuadas y suficientes para aplicar correctamente la política. El ACNUR y la Red de Solidaridad Social manifiestan que es necesario "acometer de inmediato, con recursos del Estado, la tareas que faltan por desarrollar para lograr la implementación efectiva del Decreto 2007: Definir metodológica y técnicamente todos los instrumentos necesarios para implementar los procesos y procedimientos establecidos, hacer pruebas de los mismos a través de experiencias piloto, y masificar luego su aplicación a municipios expulsores." Por último, las familias que ya han sido desplazadas no tienen posibilidad transmitir a las entidades estatales la información acerca de los predios abandonados, de tal manera que las instituciones gubernamentales en el lugar de recepción puedan tramitar dicha información hacia el lugar de expulsión, con el fin de que sean protegida la propiedad o posesión de los inmuebles. 

2.10. La educación a la población escolar desplazada. 

Desde el año 1989, el Estado ha demostrado un decidido interés por proferir normas tendientes a satisfacer las necesidades de educación de la población escolar desplazada. En dicho año, el Ministerio de Educación expidió el Decreto 2231, el cual daba prioridad a la población “víctima de la violencia” en la adjudicación de cupos escolares, la cual, por su condición, recibía “el beneficio de exoneración total del pago de matrícula y pensión”. En relación con la población desplazada específicamente, la Ley 387 de 1997 dispuso que el gobierno nacional debía promover “acciones y medidas de mediano y largo plazo” que permitieran el acceso directo de la población desplazada a los programas de educación a la niñez.

Por su parte, el Plan Estratégico para el manejo del desplazamiento forzado, en su estrategia No 5 correspondiente a la política del mejoramiento de la atención humanitaria de emergencia, ordena “(i)mplementar en todos los municipios receptores, un esquema especial de atención a la población desplazada en educación, el ingreso de los niños desplazados a los establecimientos educativos locales (utilizando los recursos disponibles o ampliando la cobertura), y la capacitación de docentes para atención a la población desplazada y el diseño de metodologías especiales para la recuperación psicoafectiva (...).” 

En 1999, el CONPES 3057 de 1999, detectó varias carencias de los servicios de educación prestados a la población desplazada en virtud de las normas anteriores. Por esto, dispuso que  “la Red de Solidaridad Social coordinará con el Ministerio de Educación Nacional y con las Secretarías de Educación respectivas, el establecimiento de convenios para aumentar la cobertura de establecimientos educativos, garantizar la presencia de docentes en los asentamientos temporales, capacitar a estos docentes, diseñar metodologías especiales, (...) y gestionar apoyos para facilitar las condiciones de estudio de los niños (materiales) y las ayudas sicológicas requeridas”.  

Con base en el documento anterior, en Julio de 2000, el Ministerio de Educación y la Red de Solidaridad Social suscribieron una Circular Conjunta dirigida a las Secretarías de Educación. Ésta dispone en su párrafo 8º: “Las Secretarías de Educación ofrecerán el servicio educativo a los niños(as) desplazados en sus instituciones educativas, en cualquier momento del año, en los grados que correspondan a su nivel académico y edad.” La Circular conjunta también establece que la matrícula de las personas desplazadas se hará sin exigir “la presentación de los documentos que se requieran para realizar este proceso” Adicionalmente, establece que en el caso de insuficiencia de cupos disponibles, “la respectiva secretaría de educación tratará de gestionar recursos o convenios que permitan, al menos provisionalmente, ampliar las coberturas de emergencia tanto con instituciones públicas como privadas. En los proyectos futuros de ampliación  de cupos se deberá tener en cuenta prioritariamente a la población desplazada.”

También con fundamento en el Documento CONPES 3057/99, en el año 2001 el Ministerio de Educación Nacional profirió el Decreto 2562, el cual ordena que “las entidades territoriales, según su órbita de competencia deberán garantizar la prestación del servicio público en los niveles de preescolar, básica, y media, en donde quiera que se ubiquen las poblaciones desplazadas por la violencia, tanto en la etapa de atención humanitaria como en la de retorno o reubicación.” El Decreto, en el mismo sentido que la circular conjunta, prohíbe la exigencia de documentos que las personas desplazadas no estén capacidad de presentar. Dispone también la realización de reformas de infraestructura y la adecuación de aulas e instalaciones pertinentes para la adecuación de los menores desplazados. Por último, instaura la formación y actualización de docentes, a cargo de las secretarías de educación.

A pesar de este amplio desarrollo normativo, la prestación de dicho servicio a la población desplazada sigue siendo insuficiente. Varios obstáculos han dificultado el acceso de la población desplazada al sistema escolar.

Primero, a pesar de que las personas desplazadas están exentas del pago de las matrículas, éstas deben en ocasiones sufragar el "costo educativo", es decir, “el valor mínimo costeable por los padres de familia como contribución para el funcionamiento de la institución educativa.” Dado el bajo ingreso de la población desplazada, dicha exigencia ha causado un número alto de deserción escolar.

Segundo, existe un conjunto de necesidades esenciales para el desenvolvimiento escolar, tales como la alimentación, el vestido, los útiles, los implementos, y el transporte los cuales no pueden ser sufragados por las familias en condición de desplazamiento. Ésta también constituye una causa grave de deserción. Es así como lo considera el Ministerio de Educación para quien “aunque se logre ingresar al sistema educativo, no se tienen los recursos suficientes para cumplir con mínimas obligaciones económicas, como son los derechos escolares, compra de uniformes, útiles escolares, transporte y alimentación.” 

Lo mismo afirma la Defensoría del Pueblo, al señalar que “mientras que la familia no pueda proveerlos, el Estado debe suplir al menos parte de dichos materiales, por ejemplo a través de la distribución de bonos intransferibles y de materiales resultado de campañas de reciclaje.” 

Por las razones anteriores, a pesar que la normatividad no ha dispuesto nada acerca del problema descrito, el documento de trabajo del Ministerio de Educación esgrime que "con el fin de asegurar la asistencia y permanencia en educación básica a los niños, niñas y jóvenes en situación de desplazamiento en los municipios identificados como mayores receptores de la población desplazada, el Ministerio de Educación  con cofinanciación de las entidades locales, apoyará la asignación de subsidios por un año lectivo a esta población

Tercero, un factor importante para la ausencia de inscripción o para la deserción de menores desplazados, sobre todo en las áreas rurales, es, en algunos casos, la lejanía entre los establecimientos educativos y los lugares de ubicación de la población desplazada.

También se detectan algunos problemas en la calidad en la prestación del servicio de educación a la población desplazada por la violencia, el cual no se adapta a las especiales características de dichas familias. Se observa, de una parte, la necesidad de capacitar a los docentes. Por esto, el Ministerio de Educación afirma que “la formación actual de los docentes carece de conceptualizaciones, estrategias y metodologías que permitan asumir al interior del sistema educativo, los retos que impone al país la situación actual del desplazamiento, en sus diversas etapas.” Las circunstancias especiales de la población escolar desplazada, “obligan a capacitar docentes en el manejo y aplicación de modalidades educativas y pedagógicas no convencionales que respondan a la naturaleza del problema.

De otra parte, se constata la carencia tanto de currículos en materias que incentiven la integración de las personas desplazadas al mercado laboral, como de ayuda psicoactiva a los alumnos en condición de desplazamiento.

Como conclusión, refiriéndose a la calidad de la educación prestada a las personas desplazadas en edad escolar, el Ministerio de Educación afirma que “es necesario que la ampliación de cobertura vaya acompañada de procesos de mejoramiento de la calidad y de formación a los docentes que los cualifiquen en el manejo de estos niños y jóvenes afectados por el conflicto armado y en metodologías alternativas de capacitación de probada calidad y pertinencia en el país.”   

Los documentos del Ministerio de Educación Nacional también constatan varios problemas de coordinación de las políticas de educación de la población escolar desplazada. Por esto, un documento de trabajo de dicho Ministerio establece que 

"(e)l Ministerio de Educación ofrecerá asistencia técnica orientada a fortalecer la capacidad de planeación, ejecución y seguimiento de los entes territoriales, particularmente de las Secretarías de Educación (...). Énfasis particular se pondrá en el desarrollo de la capacidad local para identificar y ejecutar soluciones racionalizando la utilización de recursos disponibles y maximizando su efectividad e impacto." 

(...)

"Se establecerán mecanismos que permitan desarrollar acciones a través de la modalidad de cofinanciación y mejorar la coordinación intersectorial e interinstitucional, así como la capacidad para realizar seguimiento y evaluación aplicando adecuadamente indicadores de gestión." 

También, en concordancia con las críticas generales a la atención a la población desplazada, la Defensoría del Pueblo manifiesta que la población desplazada no cuenta con información suficiente acerca de la oferta institucional en educación: 

"Se presenta desconocimiento por parte de los padres y madres o responsables, de los requerimientos para acceder a los cupos debido a que la información no ha sido suficientemente divulgada por el Ministerio de Educación y las Secretarías de Educación" 

En resumen, no obstante la abundancia de normas dirigidas a la prestación del servicio de educación a las personas desplazadas en edad escolar, en la práctica existen serios problemas concernientes a la cobertura, la calidad de la enseñanza y de los programas, el acceso real de la población desplazada a la educación escolar, la coordinación entre el Ministerio, los Comités Territoriales y las Secretarías de Educación, y la divulgación de la oferta institucional a la población desplazada.  

A pesar de haber enviado una respuesta escueta al cuestionario formulado por la Sala Tercera de Revisión, el Ministerio de Educación Nacional, ha publicado  documentos que reconocen la existencia de la mayoría de estos problemas. Esto demuestra que dicha entidad está al corriente de ellos, y planea confrontarlos. Así mismo, el Plan Nacional de Desarrollo 2003-2006, afirma, en el numeral 5º letra A de su artículo 8º que los menores de edad víctimas del desplazamiento forzado “contarán con asistencia educativa formal en Instituciones del Estado”. En este sentido, refiriéndose a la necesidad de una mayor cobertura, el Ministerio de Educación afirma que "en el Plan Nacional de Desarrollo, la "Revolución Educativa" 2002 -2006 se incluyen tres componentes básicos para este gobierno: Cobertura, calidad, y eficiencia. En el caso que nos ocupa el proyecto responde fundamentalmente a la cobertura, al poner en marcha mecanismos que garanticen la ampliación del sistema educativo para incluir los niños y jóvenes en edad escolar, especialmente a los más vulnerables", entre los que se encuentra la población en edad escolar desplazada”. 

2.11. Políticas de retorno. 

Respecto del retorno de la población desplazada, el artículo 28 del Decreto 2569 de 2000 dice que “el gobierno apoyará a la población desplazada que voluntariamente desee retornar a sus lugares de origen, desarrollando los componentes de la consolidación económica.” Así mismo, como se observa en la Ley del Plan Nacional de Desarrollo, este componente ha cobrado un especial protagonismo dentro de la estrategia del gobierno actual para la solución de la situación de las personas desplazadas. Para el año 2006 se ha establecido como objetivo el retorno de 30 mil familias campesinas desplazadas. No obstante, las políticas de retorno han sido objeto de varias críticas. Éstas pueden dividirse en dos. 

2.11.1. Primero, en algunas situaciones las entidades del Estado han promovido el retorno de familias en condición de desplazamiento a localidades que continúan en conflicto, o en las cuales todavía son activos los fenómenos de violencia que causaron el desplazamiento. Esto, debido a que (i) no se le ha informado adecuadamente a las familias que desean retornar acerca de los riesgos en dichas áreas, o (ii) porque se realiza un acompañamiento militar a los retornados, pero, una vez estos se encuentran establecidos, la fuerza pública debe retirarse a atender otros asuntos, sin que haya cesado la amenaza contra la integridad personal de las personas que anteriormente fueron obligadas a desertar. 

A pesar de lo anterior, el ACNUR señala que "la persistencia del conflicto armado limita el éxito de los procesos de retorno voluntario y reubicación." En el mismo sentido, el documento de Pastoral Social observa que "mientras no haya resolución del conflicto armado colombiano (...), no puede pensarse en procesos de retorno exitosos. Así mismo, la normatividad al respecto de los procesos de retorno dispone claramente que éstos no pueden realizarse cuando en las áreas en las cuales se pretende retornar no hayan cesado las actividades hostiles. En tales circunstancias, se pone en riesgo el derecho a la seguridad de las personas desplazadas que intentan retornar, lo cual puede resultar, ya sea, en un nuevo desplazamiento, lo cual añade traumatismo a los hechos iniciales que originaron la huida, o peor aún, en la muerte de estas personas. 

2.11.2. Segundo, en cuanto al análisis de la política misma, se observa que los esfuerzos de retorno auspiciados por el gobierno no proveen los elementos de consolidación socioeconómica necesarios. Así. la Red de Solidaridad Social, establece que, con el fin de adecuar y hacer efectivas las políticas de retorno es necesario, entre otras medidas, lo siguiente: 

"Recuperación del territorio a través de acciones de la fuerza pública, y garantía de su permanencia (...) "Promoción y construcción de redes ciudadanas de apoyo para generar espacios de confianza y recuperación del tejido social de arraigo en los lugares de retorno." (...) "Fomentar proyectos de desarrollo integral acordes con las características de la región y de sus potencialidades, que integren la inversión pública, privada e internacional." (...) “Incentivar la aplicación del Decreto 2007 de 2002 con el propósito de recuperar las tierras y buscar mecanismos que permitan la obtención de otros bienes abandonados.”   

Pastoral Social considera que dichas medidas deben estar acompañadas de facilidades adicionales para que las personas que vuelven a su lugar de residencia tengan menos dificultades en el proceso de readaptación y consolidación económica. Según dicha organización, “en las regiones de conflicto, el retorno coercitivo y el reasentamiento forzado de la población, que se lleva a cabo sin suficiente protección o sin prever la estabilización económica, constituyen una situación explosiva que pone en riesgo "todo el proceso de reconciliación y reintegración de un país.”  (...) “Los procesos de retorno deben desarrollar estrategias de reparación integral, tanto sobre los perjuicios económicos, como de los perjuicios sociales, morales y culturales; para ello se requiere el establecimiento de responsabilidades sobre los hechos que motivaron el desplazamiento forzado y los mecanismos de justicia para la aplicación del DIH.”

Por su parte, la organización International Crisis Group considera lo siguiente

“Es dudoso que el retorno sea una opción real para la mayor parte de los desplazados. En las circunstancias actuales, es difícil que el gobierno garantice las tres condiciones esenciales para un regreso exitoso: que sea seguro, voluntario, y que cuente con el apoyo de programas económicos y sociales de reintegración/ restablecimiento. El gobierno debe considerar seriamente el reasentamiento de las poblaciones desplazadas en sus nuevos lugares de residencia y diseñar y poner en ejecución una estrategia de desarrollo rural integral como parte de la política de “seguridad democrática.”

Por último, como se observó en el apartado acerca de la adjudicación de tierras, las personas que han tenido que abandonar sus predios no tienen la posibilidad de informar al Estado acerca de los inmuebles dejados atrás, de forma tal que su propiedad o posesión sean protegidos. Esto resulta en que muchas de los desplazados retornan a tierras que ya han sido ocupadas por otras personas, lo cual, a su vez, (i) limita las posibilidades de estabilización económica del retornado, y (ii) genera un nuevo conflicto entre los antiguos y actuales tenedores. 

2.11.3. Por último, la Corte considera que independientemente de eventuales reproches contra los programas de retorno, dadas las condiciones actuales del conflicto y del fenómenos de desplazamiento dicha política, es insuficiente por sí sola, para atender el fenómeno del desplazamiento forzado en Colombia. Varias fuentes afirman que existe una mayoritaria y creciente renuencia de las personas víctimas del desplazamiento forzado a retornar a sus lugares de residencia. En vista de lo anterior, y dado que los procesos de retorno deben estar condicionados a la voluntad informada de la población desplazada, el Estado no puede limitar su política de atención a las estrategias de retorno, y debe proveer la atención necesaria para la preservación de los derechos fundamentales de aquellas personas que por el momento no desean o no pueden retornar. 

3. Resumen de las observaciones acerca de la política pública de desplazamiento forzado. 

3.1. Observaciones generales.  

Varias organizaciones que enviaron documentación en el presente proceso señalan, de manera consistente, que la política pública de atención a la población desplazada continúa centrada en la formulación y que existe una brecha excesivamente amplia entre la expedición de normas y la redacción de documentos, por un lado, y los resultados prácticos, por el otro. Los reparos están dirigidos contra los siguientes trece aspectos interrelacionados entre sí. 

(i) Insuficiencia en la apropiación de recursos para la implementación de las políticas y el desarrollo de los programas de atención a la población desplazada. La escasez de recursos ha sido señalada consistentemente por los documentos aportados al proceso, publicados en distintos momentos y elaborados por entidades tanto de carácter público como particular, como la causa central de las fallas en la implementación de las políticas de atención a la población desplazada. Si bien existió un aumento considerable de los recursos destinados a la atención de la población desplazada entre los años 1999 y 2002, el nivel absoluto de los montos asignados continúa siendo insuficiente, y muy inferior a los niveles necesarios para (a) satisfacer la demanda de las personas desplazadas, (b) proteger los derechos fundamentales de las víctimas de este fenómeno, y (c) desarrollar e implementar efectivamente las políticas previstas en la ley. Adicionalmente, esta Sala constata que para el año 2003 la asignación de recursos para la ejecución de dichas políticas se redujo. Por ejemplo, en el año 2002 fueron asignados en el Presupuesto General de la Nación $103´491 millones de pesos a la “población desplazada”, mientras que para el año 2003 dicho monto fue de $70´783 millones, produciéndose una disminución del 32 % de los dineros asignados.

(ii) Escasa cobertura de los programas de atención a la población desplazada. Por ejemplo, aunque la atención humanitaria de emergencia ha sido el componente de la política al cual han estado dirigidos la mayor parte de los esfuerzos estatales, la cobertura para el período 1998–2002, sólo alcanzó el 43.32% de la población registrada como desplazada. A su vez, los programas de vivienda para la población desplazada, sólo han favorecido un 3.7% de la “demanda potencial”.

(iii) Falta de coordinación efectiva en la formulación e implementación de las políticas y dispersión de las funciones y responsabilidades de cada entidad que hace parte del SNAIPD. Esto se atribuye a varias razones: (a) la Red de Solidaridad, no tiene herramientas para ejercer una coordinación de manera efectiva; (b) ausencia de una concepción integral de la política; (c) la confusión sobre las funciones y responsabilidades de las distintas entidades que hacen parte del SNAIPD (d) la falta de claridad sobre la responsabilidad de las entidades territoriales; (e) la incertidumbre sobre el impacto de los cambios institucionales por la liquidación o fusión de varias entidades del SNAIPD (INURBE, INCORA, IFI); (f) la falta de comunicación y coordinación entre los esfuerzos institucionales y los realizados por organizaciones no gubernamentales; (g) el manejo desagregado en la consecución de los recursos y ayuda provenientes de cooperación internacional, (h) la falta de información a la población desplazada sobre la oferta institucional, los procedimientos y requisitos para acceder a ella, y las instituciones responsables de su prestación.

(iv) Ausencia de participación de la población desplazada. La formulación y la ejecución de las políticas de atención a la población desplazada, no comportan espacios suficientes ni mecanismos eficientes de participación de las comunidades en condición desplazamiento. 

(v) Debilidad de las medidas de mediano y largo plazo para enfrentar problemas estructurales del desplazamiento, debido a la orientación de soluciones de corto plazo, de carácter temporal y enfocadas primordialmente a la atención humanitaria al desplazado.  

(vi) Falta de preparación de funcionarios. Sobre todo a nivel territorial, los funcionarios públicos no se encuentran adecuadamente informados acerca de sus funciones y responsabilidades, de las características del fenómeno del desplazamiento, ni de los requerimientos de la población desplazada. Tampoco son entrenados para tratar con personas en condición de desplazamiento. 

(vii) Ausencia de planificación. Inexistencia de un plan de acción actualizado e insuficiente planeación de los diferentes programas. No han sido establecidos objetivos, prioridades e indicadores claros. 

(viii) Inexistencia de mecanismos y sistemas de evaluación y seguimiento de la gestión. Ni a nivel nacional ni territorial se dispone de sistemas o indicadores de verificación, seguimiento y evaluación de los resultados. Esto es evidente en la implementación de las políticas referentes a los componentes de asistencia alimentaria, estabilización socioeconómica, educación y vivienda. 

(ix) Bajo nivel de compromiso de la sociedad civil no desplazada. No se han implementado políticas efectivas dirigidas a que la sociedad civil no desplazada adquiera conciencia de la magnitud del fenómeno, y a que el sector empresarial se involucre en programas dirigidos a su solución.

(x) Falta de flexibilidad de la reacción estatal al fenómeno del desplazamiento. Algunos de los procedimientos necesarios para la ejecución de las políticas públicas son excesivamente rígidos y no se compadecen de la situación de emergencia de la población objetivo. Igualmente, los procesos de contratación son inflexibles y demorados. 

(xi) Bajo grado de compromiso (a) de varias de las entidades que componen el SNAIPD, las cuales no han creado programas especiales para la población desplazada, a pesar de que éstos fueron definidos como necesarios, y (b) de las entidades territoriales, las cuales se abstienen de asignar los recursos financieros o humanos necesarios para cumplir con sus obligaciones.

(xii) La entrega de las ayudas y la prestación de servicios en las distintas etapas del proceso de atención a la población desplazada se hace de manera discontinua y demorada, agravando la situación de los desplazados. Este problema está presente en casi todos los componentes de la política. Así, la prestación de la atención humanitaria de emergencia puede tardar hasta seis meses, mientras que los periodos de espera para acceder a programas de estabilización socioeconómica y soluciones de vivienda son aún más prolongados. 

Por último, (xiii) ausencia de políticas o programas tendientes a la atención prioritaria de grupos de desplazados de mayor debilidad. No existen normas concretas que faciliten el acceso a la oferta institucional de grupos de desplazados en situaciones de mayor vulnerabilidad, tales como las mujeres cabeza de familia, los niños o los grupos étnicos. Tampoco existen programas especiales que respondan a las especificidades de los problemas que aquejan a dichos grupos. 

3.2. Observaciones a los distintos componentes de la Política.

La Corte pasa a resumir los reparos dirigidos a cada uno de los componentes de la respuesta institucional al fenómeno del desplazamiento forzado.

(i) En relación con los Sistema de Información, a pesar de los avances, subsiste el problema del subregistro, en particular cuando se trata de desplazamientos menores, o individuales, en los que no se acude a la Red para solicitar su inscripción. Esta debilidad obstaculiza dimensionar el esfuerzo futuro que será necesario para diseñar las políticas de retorno y devolución de propiedades o reparación de perjuicios causados a la población desplazada; impide el control sobre las ayudas entregadas por otras agencias; y dificulta la evaluación del impacto de la ayuda entregada. De otra parte, el Sistema Único de Registro no comprende las ayuda que no es entregada por la Red de Solidaridad Social, lo excluye del registro el seguimiento de la prestación de los servicios de educación, salud y de vivienda. El sistema de registro tampoco contiene información acerca de las tierras y bienes inmuebles que sido abandonados por causa del desplazamiento. Por último, los sistemas de registro no son sensibles a la identificación de necesidades específicas de los desplazados que pertenecen a grupos bajo un mayor nivel de vulnerabilidad, tales como las mujeres cabeza de familia y los grupos étnicos tradicionalmente discriminados. 

(ii) En materia de prevención del desplazamiento, la política es casi inexistente, y es tal vez el componente que menor desarrollo ha tenido en normas y documentos. No obstante, en el ano 2003 se constató el logro más grande en este aspecto puesto que el número de nuevos desplazamientos forzados se redujo.

(iii) En cuanto a la Atención Humanitaria de Emergencia, se observan los siguientes problemas: (a) Su diseño con énfasis en el factor temporal, resulta demasiado rígido para atender de manera efectiva a la población desplazada. El límite temporal de tres meses, que en principio debía ser una condición para que las instituciones que atienden al desplazado aceleraran el proceso de transición y de estabilización económica, se convirtió en un plazo en contra de los desplazados, que no responde a la realidad de la continuación de la vulneración de sus derechos. La prolongación en el tiempo de dicha prestación no depende de la consideración de condiciones objetivas de necesidad y urgencia de la población objetivo, sino del simple paso del tiempo. Esto es especialmente alarmante si se tiene en cuenta que la posibilidad de obtener la ayuda para el restablecimiento o el retorno supone tiempos de espera largos. (b) No existen suficientes recursos para atender de manera oportuna las necesidades de ayuda humanitaria de la población desplazada, hasta el punto en el los contratos con la ONGs prestadoras no se ejecuten. (c) No hay seguimiento del impacto de esta ayuda, ni una adecuada coordinación con las organizaciones no gubernamentales que prestan este tipo de ayuda.

(iv) En relación con la atención de salud, se observa que además de los problemas de cobertura e insuficiencia de recursos, se han introducido restricciones normativas a la cobertura de dichos servicios, que impiden una adecuada atención para la población desplazada. De otra parte, no existe claridad sobre la responsabilidad institucional para atender a la población desplazada, ni sobre el sistema de repetición al Fosyga por parte de las IPS que atienden a estas personas.

(v) Los diferentes componentes dirigidos a la estabilización socioeconómica de la población desplazada (proyectos productivos, capacitación laboral, soluciones de vivienda y adjudicación de tierras), se caracterizan por su muy baja cobertura y su precaria implementación. A pesar de que las instituciones encargadas de proveer este tipo de ayuda son distintas, existen problemas comunes que explican dicha carencia: (a) Las entidades responsables de adelantarlos no tienen en cuenta un tratamiento diferencial para la población desplazada, de tal forma que los requisitos para acceder a los programas de ayuda son los mismos que los exigidos para el resto de la población civil; (b) es insuficiente la apropiación de recursos; (c) no hay una asesoría o un acompañamiento adecuado a la población desplazada dirigida a que ésta tenga acceso a las ayudas o haga buen uso de ellas; (d) no existen mecanismos ni indicadores que hagan un seguimiento sobre el impacto y la efectividad de los programas; (e) no son claras las responsabilidades institucionales en la prestación de los diferentes servicios; (f) se han producido cambios importantes en el enfoque de los distintos programas que no son conocidos ni comunicados a la población desplazada; (g) varias de las entidades del SNAIPD que atienden este tipo de programas se encuentran en liquidación, sin que sea claro para la población desplazada, y en ocasiones para las demás entidades del SNAIPD, quién y bajo qué condiciones se asumirá la continuidad de los programas; (h) no se han diseñado programas encaminados a prestar la ayuda específicamente a grupos de personas desplazadas de mayor vulneración; (i) la manera como se han diseñado algunos de los componentes ha tenido efectos negativos en su implementación, por ejemplo, en los campos de la vivienda y de las líneas de crédito agrícolas. 

(vi) En cuanto a la educación de la población escolar desplazada, se observa que a pesar de la abundancia de normas dirigidas a la prestación del servicio de educación a las personas desplazadas, en el nivel de su ejecución existen serios problemas concernientes a la cobertura, la calidad de la enseñanza y de los programas, el acceso real de la población desplazada a la educación escolar (por ejemplo, para su inscripción en la escuela y para su desenvolvimiento escolar se exige a los escolares desplazados desembolsos que no son acordes a su situación económica), la coordinación entre el Ministerio y las Secretarías de Educación, y la divulgación de la oferta institucional a la población desplazada.

(vii)En cuanto a la política de retorno, si bien bajo la presente administración se ha enfatizado en la importancia de este programa, no se han adoptado programas ni medidas efectivas dirigidas a un proceso de retorno seguro para la población desplazada, ni se han diseñado los instrumentos de estabilización económica y social que permitirían asegurar un proceso exitoso. Tampoco se han implementado las políticas tendientes a la protección de la propiedad o posesión de las tierras abandonadas por los desplazados.  

I. ANTECEDENTES 1

1. Hechos 1

2. Las decisiones que se revisan 27

II. PRUEBAS SOLICITADAS POR LA SALA TERCERA REVISIÓN. 29

III. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS 30

1. Competencia 30

2. Problemas jurídicos a resolver y resumen del argumento y de la decisión 30

2.1. Problemas Jurídicos 30

2.2. Resumen del argumento y de la decisión 32

3. La legitimación de las asociaciones de desplazados para la interposición de acciones de tutela para la protección de los derechos de sus asociados 35

4. La supuesta existencia de temeridad 37

5. La jurisprudencia constitucional relacionada con la vulneración de los derechos de la población desplazada. Ordenes dictadas para proteger sus derechos constitucionales y persistencia de los patrones de desconocimiento de tales derechos. 42

5.1. Derechos fundamentales de la población desplazada reiteradamente protegidos en casos concretos por esta Corte 42

5.2. Gravedad del fenómeno del desplazamiento interno por los derechos constitucionales que resultan vulnerados y la frecuencia con que se presenta tal vulneración. 43

5.3. Las órdenes dictadas para la protección de los derechos de las población desplazada 51

6. Identificación de las acciones u omisiones estatales que configuran una violación de los derechos constitucionales de los desplazados. 54

6.1. La respuesta estatal al fenómeno del desplazamiento forzado. 57

6.2. Los resultados de la política pública de atención a la población desplazada. 59

6.3. Los problemas más protuberantes de la política de atención a la población desplazada. 61

7. La constatación de un estado de cosas inconstitucional en la situación de la población desplazada 73

8. El Estado Social de Derecho y los deberes constitucionales de las autoridades frente a la dimensión prestacional de los derechos. La exigencia constitucional de concordancia entre los objetivos de la política de atención a la población desplazada y los medios económicos y administrativos destinados a su logro efectivo y oportuno. 79

9. Los niveles mínimos de satisfacción de los derechos constitucionales de las personas en situación de desplazamiento. 88

10. Las órdenes 93

10.1. Ordenes para la superación del estado de cosas inconstitucional. 94

10.2. Las órdenes necesarias para responder a las solicitudes de los accionantes en el presente proceso. 100

IV. DECISION 103

INDICE DE ANEXOS

ANEXO 1:

Resumen de las sentencias de tutela (T-653010 y acumulados)  revisadas en este proceso

115-171

ANEXO 2:

Resumen de las pruebas aportadas por entidades públicas y organizaciones.

172-183

ANEXO 3:

Los deberes del Estado en relación con la protección de los derechos fundamentales de las personas en situación de desplazamiento, según los Principios Rectores del Desplazamiento Forzado Interno (1998).

184-202

ANEXO 4:

Resumen de las sentencias de la Corte Constitucional sobre los derechos de la población desplazada valoradas en la presente sentencia.

203-226

ANEXO 5:

La política estatal de atención a la población desplazada: Descripción y observaciones relevantes para la decisión adoptada en la presente sentencia.

227-305

A. Descripción

227-243

B. Observaciones

244-305

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